Investigación & Desarrollo, Vol 20, No 1

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Revista Investigación y Desarrollo

ISSN electrónico 2011-7574
ISSN impreso 0121-3261
vol. 20 n°1., enero-junio de 2012
Fecha de recepción: 13 julio de 2011
Fecha de aceptación: 30 octubre de 2011


ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN / RESEARCH ARTICLE

LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES EN COLOMBIA

International Migrations in Colombia

Maguemati Wabgou
Universidad Complutense de Madrid (España)
Doctor en Sociología y Ciencias Políticas, Universidad Complutense de Madrid (España). Postdoctorado en «Études Ethniques » (Estudios Étnicos), Centre d'Études Ethniques des Universités Montréalaises, Université de Montréal (Canadá). Profesor Asociado, con dedicación exclusiva del Departamento de Ciencia Política; Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales (Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Director del Grupo de investigación "Migraciones y Desplazamientos", Unidad de Investigación Socio-Jurídica (unijus), Universidad Nacional de Colombia. Integrante del Grupo de Estudios Afrocolombianos gea-ces. Universidad Nacional de Colombia. mwabgou@unal.edu.com; maguewl@gmail.com
Correspondencia: Ciudad Universitaria. Avenida Carrera 30, N° 45-03. Edificio 210, Oficina 301. Bogotá - Colombia. Tel. 3165000 ext. 16459.

Daniel Vargas
Universidad Nacional (Colombia)
Politólogo, Universidad Nacional de Colombia. Abogado, Universidad Santo Tomas. Profesor, Politécnico Grancolombiano. Investigador auxiliar del Grupo de Investigación Migraciones & Desplazamientos, unijus, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia. danielvargasolarte@yahoo.es

Juan Alberto Carabali
Universidad Nacional (Colombia)
Politólogo, Universidad Nacional de Colombia. Investigador auxiliar del Grupo de Investigación Migraciones & Desplazamientos, unijus, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia. jaco723@gmail.com


RESUMEN

El artículo expone los resultados de una investigación sobre los flujos migratorios internacionales que han estado llegando a Colombia desde el siglo XVI hasta la actualidad. La metodología investigativa se fundamenta en la recolección y el análisis de datos derivados de investigaciones anteriores. Los resultados son significativos en la medida que presentan el estado de las migraciones en Colombia entre los siglos XVI y XIX y desde la primera mitad del siglo XX hasta la actualidad. Por un lado, engloban a la inmigración británica, jamaiquina y africana en las islas de San Andrés y Providencia; junto con la inmigración árabe, judía, alemana, francesa, italiana y gitana en Colombia continental. Por otro, aluden a las migraciones japonesas, suramericanas, junto con los crecientes asentamientos de inmigrantes norteamericanos, europeos y las nuevas oleadas de migraciones asiáticas y africanas en Colombia. Todo ello lleva a aprehender la envergadura del papel jugado por Colombia como un país de destino de las migraciones internacionales, lo que contrasta con la imagen más conocida de Colombia como un país expulsor de emigrantes.

Palabras clave: Migraciones internacionales; Inmigrantes internacionales; Colombia; país de destino; siglos XVI, XIX, XX y hoy.


ABSTRACT

The article presents the results of a research on international migration flows that have been arriving in Colombia since the 16th the present time. The methodology of the research is based on data collection and the data analysis (bibliographical, statistical, etc.) deriving fromprevious research works. The results of this exercise of data collection and analysis are significant inasmuch as they present the state of international migration flows in Colombia between the 16th and 19th and from the first half of the 20th Century up to now. On the one hand, they include the British, Jamaican and African immigrations in the islands of San Andres and Providence; along with Arab, Jewish, Gemían, French, Italian and Gypsy migrations in continental Colombia. On the other, they refer to the Japanese, South American (Ecuadorian, Argentine, Venezuelan, Peruvian, Mexican, Brazilian, etc.) migrations, along with the increasing establishments of North American (mainly from the United States of America, European immigrants and the new flows of Asian and African migrations in Colombia. All this leads to apprehend the importance of the role played by Colombia as a pole of attraction for international migration flows; a situation that contrasts with the most well-known image of Colombia like a traditional country of emigration.

Keywords: International migrations; International immigrants; Colombia 16th, 19th, 20th Centuries up to today.


INTRODUCCIÓN

Este artículo presenta una radiografía de las migraciones internacionales que han llegado a Colombia desde el siglo XVI hasta la actualidad. Se adelanta este trabajo, como síntesis de los resultados de un trabajo investigativo de mayor envergadura1, desde una perspectiva holística articulando los flujos migratorios que llegaron en Colombia como país de destino durante la época mencionada. En este sentido, es un trabajo analítico que abarca la inmigración de extranjeros en Colombia por motivos, principalmente, económicos y políticos.

Así mismo, con el fin de profundizar el conocimiento sobre el fenómeno migratorio en Colombia, en primer lugar, se hace un recorrido histórico de las grandes olas migratorias internacionales que llegaron al país entre los siglos XVI y XIX, antes de centrarse, en segundo lugar, en las migraciones del siglo XX y actuales; lo que, por último, permite evaluar el papel que ha jugado y que sigue jugando Colombia en la historia de las migraciones internacionales. De esta forma, el artículo pretende contribuir a llenar el vacío que existe en el campo de conocimiento relacionado con el fenómeno de las inmigraciones en Colombia, en general, y en la época de los siglos XVI y XXI en particular.

MIGRACIONES EN COLOMBIA ENTRE LOS SIGLOS XVI Y XIX

En el marco de las incursiones en las Américas como destino de los europeos, se produjo el encuentro de dos culturas (la europea y la indígena) que supuso la sumisión, esclavización, degradación y parcial extinción de la cultura indígena2. En Colombia, se registran datos relacionados con este exterminio: en el año 1540, existían más de 331.000 familias aborígenes en las zonas mineras, sólo se contaba a 29.900 en 1580: según reporta Kalmanovitz (2007, p. 38), Tunja contaba con 196.000 indígenas en 1551, cifra que bajó a 49.000 en el año 1600, mientras que en Popayán y Pasto el número de los indígenas disminuyó en una tercera parte, pasando de 31.000 en 1558 a 10.000 en 1608.

La disminución numérica3 de esta población significó menores exportaciones de metales preciosos hacia Europa: el flujo anual de oro era de 0.42 toneladas, nada comparable con las 3 toneladas anuales que se exportaban en 1590, cuando llegó a su punto máximo, porque máxima era la explotación del indígena. Para recuperar el flujo de metales, se necesitaba nueva mano de obra; este es el momento en que se importaron seres humanos de África en condición de esclavizados, de tal forma que en 1720 aumentaron los flujos de oro hacia España en 2.2 toneladas anuales.

Es en este contexto histórico que se inscribe la configuración del mapa poblacional colombiano. Durante tres siglos se asentaron migrantes españoles en desmedro de la población indígena y de la inmigración forzosa de la población africana que fue recluida en la minas, mientras los escasos indígenas que quedaban los abastecían con el producto de su trabajo agrícola. Según Kalmanovitz (2007,p. 41), en el siglo XVII se presentó la mayor inmigración española en la Nueva Granada, asentándose principalmente en Santander y Antioquia donde ya no había nativos a diferencia del centro y suroccidente del virreinato caracterizada por la esclavización y tributación indígena.

[...] En tanto la zona centro y suroccidental de la Nueva Granada fue de fácil dominación por los españoles al encontrar una avanzada organización social nativa, con división de clases, división del trabajo, jerarquización de caciques, lugartenientes y capitanes y apropiación de excedentes por parte de la cúpula militar y religiosa, no sucedió lo mismo en áreas como Santander y Antioquia donde los nativos con menor estructura resistieron la invasión y no permitieron ser esclavizados, lo que provocó su exterminio. Es por esto que esta zona necesitaba ser poblada y fue el lugar de destino de los inmigrantes españoles en el siglo XVII en donde se consolidaron relaciones de producción menos opresivas como la aparcería e, incluso, con trabajo libre que dio origen a un gran artesanado en Santander (p. 41.).

En general, se observa cierto racismo que motivó decisiones políticas migratorias puesto que se buscaba quitar la tierra a los indígenas mientras se estimulaba a los inmigrantes europeos a que se asentaran en el país regalándoles lotes de 300 y 600 fanegadas. Para finales del siglo XVIII el territorio de la actual Colombia tenía un 7.2% de esclavizados, 25.5% de blancos y mestizos, 19.5% de nativos y 47.8% de españoles. Pero en provincias como Popayán la población negra representaba el 24% y en Cartagena y Antioquia rondaba el 16%. Es así como en el siglo XIX y principalmente en el XX Colombia conoce la inmigración de árabes, judíos, gitanos, alemanes, franceses, italianos, británicos y jamaiquinos.

LA INMIGRACIÓN ÁRABE4

Los inmigrantes árabes comenzaron a llegar a Colombia hacia finales del siglo XIX, principalmente en la década de 1880, procedentes de países como Líbano, Siria, Palestina y Jordania, que corresponden a los territorios dominados por el imperio turco-otomano entre los años 1516 y 1917. Entre las causas más destacadas de estas migraciones se encuentra la represión social y política (factor de expulsión) que ejercía el imperio turco-otomano sobre los habitantes de estos territorios; es más, se considera los maltratos sufridos por los sirio-libaneses por parte de los turcos y sus maniobras políticas para mantener al pueblo sirio-libanés en la ignorancia y el analfabetismo (con el propósito de ejercer un control total sobre ellos) como otros factores determinantes de su emigración; por lo tanto muchos de estos emigrantes eran poco cualificados y ejercían actividades económicas más relacionadas con la venta ambulante. Oriundos de territorios sometidos al imperio turco-otomano, estos emigrantes llegaban a Colombia con un pasaporte turco; lo que explica el hecho de que los nacionales colombianos les llamaban inmigrantes "turcos". Como su emigración-inmigración fue motivada principalmente por factores económicos, sin desconocer lo político, Colombia se volvió un lugar de destino donde estos inmigrantes podían desarrollar sus actividades relacionadas principalmente con el comercio de artículos manufacturados, pese a lo atractivo que eran Estados Unidos, Argentina, México y Brasil para ellos.

Los primeros inmigrantes libaneses en Colombia eran oriundos de ciudades como Zable, Akkar, Trípoli, Batel, Beirut, Jarlein y Miniara; los palestinos provenían de Belén y Betjala, así como los sirios de Damasco. Todos estos inmigrantes eran comerciantes (dedicados a ventas ambulantes), agricultores y joyeros (Igirio, 2008: 303). Muchos de estos vendedores llegaban con la intención de "hacer las Américas", es decir, trabajar durante unos seis meses para luego regresar con las ganancias al Oriente, mientras que otros llegaban por casualidad; esto es, llegaban por error, puesto que muchas veces, los que se dirigían hacia los Estados Unidos o Argentina pensaban haber llegado al final del viaje y se bajaban del barco antes de darse cuenta de su equivocación. Entonces, no tenían más opción que quedarse en Colombia empezando a organizarse en el país, y abriendo pequeños comercios. Sin embargo, el desempeño económico de estos inmigrantes fue limitado por su desconocimiento del castellano, situación que les llevó a sub-emplearse y ejercer actividades económicas precarias.

Los migrantes, tanto libaneses como sirios, eran jóvenes solteros que venían hacia Suramérica motivados por los relatos de sus amigos y familiares sobre las oportunidades económicas que ofrecía este territorio para desarrollar sus actividades productivas por medio del apoyo de las redes sociales. Aunque Estados Unidos, Argentina, México y Brasil eran los países más atractivos para la mayoría de estos inmigrantes por representar lugares más seguros de protección contra todo tipo de persecución étnica y religiosa. Colombia comenzó a registrar un alto número de inmigrantes sirio-libaneses a partir de finales del siglo XIX quienes empezaron a establecerse en el norte del país principalmente (Astudillo, 2008). En suma, se observa que la migración de los sirio-libaneses hacia América del Sur en general fue provocada por varios motivos: "1) el reclutamiento de jóvenes por parte del Imperio Otomano; 2) precarias condiciones económicas; 3) la sobrepoblación que experimentó el Líbano en las décadas de 1830 y 1840 en Monte Líbano; 4) la apertura del Canal del Suez en 1869; 5) la fuerte competencia japonesa en el mercado de la seda; 6) la visita del emperador de Brasil, Pedro II, en 1877 a Palestina" (Igirio, 2008. pp. 305-306). Como se observa, estas causas están atravesadas por elementos de índole internacional que abarcan fenómenos políticos (dominio), históricos (vínculos históricos), y socioeconómicos (mercado de trabajo, presión demográfica y economía mundial).

Los árabes se ubicaron especialmente en la Costa Norte del país (Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Montería, Sincelejo y Maicao) y poco a poco comenzaron a penetrar el interior del país, con excepción de la zona paisa donde encontraron una fuerte competencia a su actividad mercantil. Las primeras olas de inmigrantes sirio-libaneses llegaron a Puerto Colombia a partir de la primera mitad del siglo XIX: hubo una primera oleada (pioneros) de esta inmigración sirio-libanesa en Barranquilla, que se ha vuelto la segunda ciudad más importante del país con mayor población sirio-libanesa. Con el tiempo, sus familiares y amigos llegarán con su auspicio, activando las afinidades sociales o las redes sociales de apoyo, ya que los inmigrantes establecidos necesitaban a personas de confianza que les ayudaran en sus almacenes o negocios. De allí, surgieron entonces las llamadas "cadenas de ayuda" en la medida que el inmigrante establecido en Colombia enviaba un monto de dinero o un pasaje para facilitar el viaje de uno o varios de sus familiares. De esta forma, se iban configurando y fusionando redes sociales que estimulan, facilitan o apoyan la llegada de inmigrantes, igual que su integración social (sobre todo cuando son recién llegados). Sin duda, la adaptación de quienes llegaron después de los pioneros fue más fácil porque, en su condición de recién llegados, encontraban a paisanos establecidos que les brindaban apoyo o estaban dispuestos a brindarles información.

Así mismo, la inmigración sirio-libanesa, palestina y jordana, conocida en Colombia como la inmigración "turca", es tal vez la más importante que haya tenido el país desde la instauración de la República por haber dejado un gran impacto económico, político y cultural en la sociedad colombiana en general y en particular en la zona norte: "una de las colonias más reconocidas son los sirio-libaneses, quienes desde 1880 comenzaron a llegar al país, particularmente a Barranquilla. En esta ciudad, así como en buena parte de la región Caribe y a lo largo del río Magdalena, los sirio-libaneses se dedicaron al intercambio de mercancía y a la actividad comercial" (Cárdenas & Mejía, 2006, p. 27).

En el plano económico, se destaca su presencia y dominio en los principales centros de comercio del norte de Colombia, igual que su influencia sobre el desarrollo de la industria costeña. En este sentido los árabes aportaron a Colombia su capacidad de trabajo y habilidad de comercio que los posicionó económicamente en estratos privilegiados de la sociedad colombiana. Igualmente, en el plano político, la influencia de los inmigrantes árabes se hace sentir en el país en la medida que, por ejemplo, los Char Abdala y los Chaljub, familias de ascendencia árabe, son actualmente unas de las elites políticas más poderosas de la región Caribe: tuvieron en su poder la alcaldía de Barranquilla (2008-2011) que es la principal ciudad de la región Caribe. Por último, en el plano cultural, se observan aportes de la religión musulmana practicada por los inmigrantes árabes en la construcción de las múltiples identidades de la sociedad del norte del país: esta se sumó a las raíces africanas e indígenas que dominan la costa norte. En esta región de Colombia, especialmente en Maicao, el islam ha dejado su huella más importante hasta tal punto que allí se encuentra una de las comunidades islámicas más importantes de Suramérica, y se construyó la segunda mezquita más grande de la región5. Esta situación ha contribuido, junto con otros aspectos culturales, a la consolidación de un importante legado en la sociedad colombiana puesto que los inmigrantes sirio-libaneses, palestinos y jordanos que arribaron a Colombia desde finales del siglo XIX trajeron consigo una serie de costumbres que encontraron un importante lugar en sociedad colombiana.

INMIGRACIÓN JUDÍA

Aunque ya desde los tiempos de la Colonia vinieron muchos judíos españoles, los judíos sefardíes o sefarditas, fueron obligados por la Corona española a la conversión y después perseguidos por la Inquisición que prácticamente los hizo desaparecer del Virreinato. Había que esperar hasta finales del siglo XIX para que vinieran a Colombia judíos de distintas partes del mundo, especialmente, los del mundo árabe (con énfasis en Palestina —judíos mizrajíes—) y de Europa del Este (judíos asquenazíes), que se ubicaron generalmente en Barranquilla, Valledupar, Medellín, Bogotá y Cali. En este contexto, se observa igualmente la inmigración a Colombia de los judíos desde las Antillas, especialmente de Curazao, que apoyaron económicamente la gesta libertadora de Simón Bolívar: entre ellos se destacan Abraham de Meza y Mordechai Ricardo. Recordamos que en 1819, el gobierno colombiano entregó a "los miembros de la nación hebrea" el derecho de radicarse en Colombia, garantizándoles su libertad religiosa y los mismos derechos políticos que el resto de los ciudadanos colombianos. Pues afianzamos el planteamiento de Cárdenas y Mejía (2006, p. 27), según el cual

los inmigrantes judíos, y en especial los provenientes de Polonia, también formaron una colonia prominente en el país. La primera oleada de inmigrantes arribó en la década de los veinte y se establecieron en comunidades compactas en Cali, Bogotá, Medellín y Barranquilla. En su gran mayoría, se emplearon en oficios artesanales, a los que se dedicaban en su país de origen, y como vendedores, lo que no requería grandes inversiones de capital.

INMIGRACIÓN DE LOS GITANOS O DEL PUEBLO ROM

Los gitanos llegaron a Colombia a partir 1900, procedentes de Cataluña, algunos de ellos obligados por los españoles a embarcarse a América; aunque sus orígenes más remotos remontan a Rumania6. Después de la Primera Guerra Mundial, los desintegrados imperios austro-húngaro y otomano, así como países ubicados en los Balcanes y Rusia, fueron territorios de origen de una nueva ola migratoria gitana. De igual manera, la persecución de los nazis se constituyó en un factor de expulsión a partir de 1933.

En resumen, "el Pueblo Rom de Colombia llegó al país en cuatro momentos: durante la Colonia, en la época republicana y en la Primera y Segunda Guerra Mundial. Desde 1998 irrumpe en la vida social y política del país, siendo parte integral de la diversidad de la nación" (Gómez Baos, 2002, p. 8). Aunque no existen cifras precisas sobre su número y su ubicación, se estima la población gitana en Colombia en unas ocho mil personas y se considera las ciudades de Bogotá, Girón, Cúcuta, Cali, Nariño, Cartagena y varios municipios de la Costa Atlántica como los principales núcleos donde están ubicados. Los motivos de su inmigración en Colombia están relacionados, entre otros, con su huida de la persecución esclavista de la cual eran víctimas en Europa del Este:

Nuestro pueblo no fue esclavo en América. Precisamente vino a Suramérica huyendo de la esclavitud que estaba sufriendo en diversos países de Europa, principalmente del Este. En este continente, aproximadamente desde el siglo XIII, los rom comenzaron a ser esclavizados por una variedad de razones económicas, sociales, militares y, con toda seguridad, «raciales». El ser considerados extranjeros a donde quieran que llegaran facilitó su sujeción y explotación. En toda Europa del Este el etnónimo Tzigane pasó con el tiempo a ser considerado como un buen sinónimo del término esclavo. En Wallachia —en lo que hoy es Rumania— los esclavos rom, conocidos como tzigane robo sclav o scindrom, fueron divididos en: a) esclavos de campo, tzigane de ogor, y b) esclavos de la casa tzigani de casali [...] La abolición de la esclavitud para los rom en Europa del Este llegó hacia 1864, es decir, varios años después de que fuera abolida legalmente en Colombia y en otros países de América Latina (Gómez Gaos, 2002, 75-76).

En un principio, se dedicaron al cuidado, domesticación y entrenamiento de los caballos (chalanes) y a trabajar el cobre (jhorkuna), haciendo pailas (ishturi) y todo lo relacionado con este metal. Pero pasadas las décadas, han ido abandonando estas ocupaciones tradicionales para dedicarse a arreglar maquinaria industrial; igualmente, sus costumbres ancestrales relacionadas con las formas de conectarse con el espacio (vivir al aire libre y en comunidad), vestirse (ropas de colores, con sus faldas largas —rocha— y pañoleta en la cabeza -dikló-) y divertirse (canciones típicas, aires musicales y bailes) han ido desapareciendo hasta tal punto que Nossa (1997, p. 2) estima que "actualmente cada uno está en su casa viendo la televisión y sólo nos reunimos en las fiestas de matrimonio o de bautizo y durante algunas fiestas religiosas".

INMIGRACIÓN ALEMANA, FRANCESA E ITALIANA EN COLOMBIA

En el siglo XIX llegaron alemanes a los departamentos de Santander y Boyacá, principalmente al municipio santandereano de Zapatoca, alentados por el pionero Geo von Lengerke que comerciaba quina con Europa. No obstante, después de la Primera Guerra Mundial y aún más con la Segunda Guerra Mundial, vendrían grupos de judíos alemanes hasta que el gobierno colombiano prohibió su ingreso en 1939.

Por su parte, los franceses empezaron a explorar las costas de Urabá a partir de 1700. Se registran 140 calvinistas franceses dedicados al cultivo de cacao entre 1740 y 1757, antes de ser expulsados de la región tras un cruento enfrentamiento en el que murieron 87 de ellos en 1757 debido a las alianzas estratégicas entre ingleses e indígenas miskitas. Así mismo, los sobrevivientes escaparon para ubicarse en las zonas del Valle del Sinú (departamento de Córdoba). En este contexto, Parsons (1996, p. 41) reporta que "hay muchos apellidos franceses que se encuentran entre los actuales cuna del río Caimán [Panamá] y en el Sinú [Colombia]; algunos de estos derivan de la compañía francesa del Canal de Panamá".

Y desde el siglo XVII, llegaron los italianos a los puertos de Cartagena y Santa Marta, y a algunos fluviales como Mompós. También, a finales del siglo XIX en Barranquilla se registraron implantaciones de industrias italianas de zapatos, joyas, bebidas, entre otras. Pero en general los italianos se establecieron en su gran mayoría en la capital del país. La presencia italiana en Colombia, aunque discreta, registra nombres famosos como el de Agustín Codazzi que llegó a Bogotá en 1849 y dibujó por vez primera el mapa de Colombia: el mapa que hoy tenemos de Colombia, con algunas modificaciones, fue trazado por este inmigrante italiano.

INMIGRACIÓN BRITÁNICA, JAMAIQUINA Y AFRICANA EN LAS ISLAS DE SAN ANDRÉS Y PROVIDENCIA

El origen del pueblo raizal de las islas de San Andrés y Providencia remonta al siglo XVII cuando los británicos decidieron asentarse allí por ser islas ignoradas por España. De esta forma, estos británicos tuvieron plantaciones de tabaco y algodón en las cuales trabajaron personas esclavizadas traídas de África, y también de las colonias inglesas del mar Caribe. De esta forma, estos británicos pudieron imponer la lengua inglesa y su religión. No obstante, los esclavizados africanos expresaron una resistencia cultural al conservar sus lenguas tradicionales de origen africano; lo que ocasionó un sincretismo lingüístico toda vez que estas lenguas con raíces africanas (twi, ewé, ibo, mende, mandinga, etc.) se fusionaron con la lengua inglesa —con una fonética propia— dando lugar al criollo sanandresano, también denominado el inglés criollo o el creolle, y sin desconocer las influencias de la lengua castellana.

Había que esperar hasta finales del siglo XVIII para que España iniciara la reconquista de estas islas, aun aceptando que los ingleses permanezcan en las islas bajo promesa de fidelidad a la Corona española. Esta situación explica la fuerte relación que las islas de san Andrés y Providencia mantuvieron con el mundo antillano anglófono, contribuyendo así mismo al moldeamiento de su cultura con la de las comunidades indígenas de las Costas de Mosquitos, correspondiente a las costas caribeñas o atlánticas de Honduras y Nicaragua. Además, la influencia de la religión bautista de corte británica sobre la cultura raizal de San Andrés y Providencia es tan relevante que en 1845 se fundó la Iglesia Bautista que, desde aquella época, se ha edificado como una auténtica autoridad organizativa en estas islas.

La presencia jamaiquina en las islas de San Andrés y Providencia se explica por el entrelazamiento de las rutas de la trata negrera con destino a San Andrés pasando por Jamaica. En este contexto, se observa que la isla de Providencia empezó su poblamiento desde 1788, cuando se estableció un capitán escoses llamado Francis Archbold, dedicado al comercio de esclavos entre el oeste de África y Jamaica. El capitán se radicó en compañía de diez tripulantes blancos y doce negros de origen africano y jamaiquino. Pasadas un par de décadas en 1813, se registra la llegada a la isla de trescientos colonizadores provenientes de Jamaica que se dedicaron a la agricultura. Es de este grupo mayoritariamente británico que se desprendió la lengua y cultura inglesas que migraron a San Andrés (Wilson, 1973, p. 60).

A mediados del siglo XX, precisamente con la administración del general Rojas Pinilla (1953), inició un proceso de "colombianización" de las islas con el propósito de "integrar" ambas islas a Colombia continental; lo que, por un lado, impulsó una ola de inmigración de los continentales provenientes de la Costa Atlántica (o región Caribe) de Colombia, incluyendo a los árabes colombianos en las islas; y por otro, ocasionó frustraciones de índole política (en términos del ejercicio de la soberanía), cultural e identitaria (tensiones entre la cultura "colombiana" y la identidad raizal) entre las poblaciones isleñas. Esta situación introduce a una breve exploración de la evolución de las migraciones internacionales en Colombia, desde el siglo XX hasta la actualidad.

INMIGRACIÓN EN COLOMBIA DESDE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX HASTA LA ACTUALIDAD

Colombia, en tema de migraciones durante el siglo XIX y XX, se ha destacado por ser receptor de migrantes, es decir, un país de inmigración. Sin embargo, después de haber entrado en un periodo de profunda violencia (desde 1948), Colombia se destaca en el inicio del siglo XXI por ser un país expulsor de emigrantes puesto que las cifras muestran que en el 2010 casi cinco millones de colombianos residen en el exterior, motivados por causas como la grave crisis económica que atraviesa el país, los efectos de la violencia sociopolítica que se expresan generalmente en el desplazamiento forzado7 de miles de colombianos a países vecinos, oportunidades de estudio y trabajo más asequibles en otros países, etc.

Además, cabe mencionar que a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, Colombia conoció uno de los más sangrientos conflictos en la historia colombiana: la Guerra de los Mil Días, que entre 1899 y 1902 devastó al país y fue protagonizada por enfrentamientos entre liberales y conservadores. De las graves consecuencias de este conflicto, se destacan los cientos de miles de muertos, la crisis económico-política con la pérdida de Panamá y la crisis social: según estimaciones, esta guerra se saldó con cerca de 180.000 muertos y unas pérdidas de 25 millones de pesos oro. Así mismo, a nivel social, Colombia era una sociedad marcada por grandes diferencias sociales, esencialmente católica, y recién convertida a los grandes cambios de la modernidad, cuya máxima expresión fue un Estado teocrático que articulaba sus dinámicas a la gracia de Dios. En el plano político, las condiciones geográficas y de soberanía del país fueron profundamente afectadas en la medida que el país perdió parte de su territorio (Panamá). En el aspecto económico, Colombia se volvió uno de los países más pobres de la región suramericana. Lo anterior, contribuyó a hacer de Colombia un país poco atractivo para los inmigrantes europeos, quienes preferían dirigirse hacia otros países suramericanos, como Brasil, Argentina, México donde se promovía la inmigración extranjera.

Hacia mediados del siglo XX culminó un lento proceso de industrialización en Colombia que se inició a partir de 1890, y que se expresa a través de una transformación apreciable de la sociedad colombiana (Kalmanovitz, 2007, p. 231). En este periodo comienza la introducción del sistema capitalista de producción en Colombia, país que empieza a desligarse del feudalismo que sufrió durante el siglo pasado. Ya para 1920, la economía colombiana se vio impulsada por un importante flujo de capitales provenientes de Estados Unidos, incluyendo la indemnización a Colombia por la pérdida de Panamá y la creciente economía cafetera. Esta situación provocó una transformación en la percepción que tienen los candidatos a la inmigración en Colombia de tal modo que, para 1940, Colombia registraba una población estimada en 8.697.0418, de los cuales aproximadamente 56.487 eran inmigrantes (Biermann, 2001: 70)9. En cuanto a las migraciones internas, se insertan en la lógica de la producción del éxodo rural, derivado de los procesos de industrialización que provocó desplazamientos por motivos económicos (atracción) a las principales ciudades, puesto que miles de campesinos (expulsión —exodo rural—) llegaron a las ciudades para buscar trabajo, ganar dinero y encontrar nuevas oportunidades de vida.

Los censos de población llevados a cabo en Colombia en los últimos años revelan que la población inmigrante todavía no ha superado las 190 mil personas: además,

[...] las cifras muestran que durante el periodo 1964-1985 se dio la única oleada migratoria notable hacia Colombia, el número de inmigrantes se duplicó al pasar de 82 a 165 mil personas. A partir de 1985 el stock de inmigrantes ha decrecido sostenidamente, y en 2005 se contaban menos de 100 mil (Cárdenas & Mejía, 2006, p. 29).

De las oleadas de inmigrantes internacionales que llegaron a Colombia en los primeros cincuenta años del siglo XX, se destacan las japonesas, las suramericanas, norteamericanas y europeas. En la actualidad (siglo XXI), cabe señalar la llegada de nuevos flujos migratorios asiáticos y africanos en Colombia.

INMIGRACIÓN JAPONESA10

La llegada a Colombia de inmigrantes de Japón se debió principalmente a que países europeos y Australia cerraron sus puertas a la creciente migración japonesa, es decir, "la restricción impuesta en los países de habla inglesa hizo que el rumbo de la emigración japonesa cambiara hacia los de habla española y portuguesa" (Sanmiguel, 2006, p. 81). En este contexto, tras distintas restricciones del gobierno de los Estados Unidos, el gobierno japonés tuvo un fuerte control sobre la emigración de sus ciudadanos, mediante el establecimiento de varios acuerdos con los países de destino para asegurar que los emigrantes japoneses pudieran llegar bajo condiciones seguras a estos países receptores. Desde el gobierno japonés se proyectaron reglas de juego que regulaban la salida de emigrantes desde Japón y su exitoso asentamiento en los países de destino: se pensó las migraciones como una forma de cooperación internacional bajo principios de políticas internacionales de gestión y regulación de los flujos migratorios.

La coherencia en materia de políticas migratorias del gobierno japonés hacia países europeos y Australia no le impidió girar su mirada hacia otras regiones como Suramérica con el fin de ampliar zonas de oportunidades para los candidatos a la emigración. Al respecto, Sanmiguel (p. 81.) afirma que "a partir de 1924 hubo un gran cambio en la orientación que le dio el gobierno japonés a la emigración internacional. En este año el gobierno envió a Suramérica una misión comercial con el fin de que se investigaran las posibilidades de comercio e inmigración". Esta misión comercial arrojó como resultado una promoción, en Japón, de emigración a gran escala hacia el subcontinente suramericano, en general, y Brasil y Perú en particular.

Cabe recordar que, en principio, una de las líneas fundamentales que regía la política de migración japonesa se basaba en la migración de peones y trabajadores a nivel individual que llegaban a las plantaciones de los países receptores en calidad de empleados. Sin embargo, en los años treinta esta política migratoria cambió: "[...] el gobierno cambió la orientación de la inmigración de peones rurales asalariados a agricultores con tierras propias, los candidatos ya no fueron individuos, sino familias [...]" (Sanmiguel, 2006, p. 83).

En el caso particular de Colombia hubo planes para promover la inmigración de japoneses. Llegaron "tres grupos de familias en 1929, 1930 y 1935, que contaron con la subvención y el apoyo de la Compañía de Emigración de Ultramar y de la Prefectura de Fukuoka, y de otro grupo de hombres, contratados en 1960 por una firma privada para trabajar en una plantación bananera" (p. 82). Así mismo, el norte del Cauca fue considerado como una región sana y propicia para inmigrantes japoneses; allí, se establecería una colonia importante de inmigrantes japoneses.

En 1940, se registraban 198 inmigrantes japoneses en Colombia, mientras que en 1960, se contaba a unos 176 individuos. (p.53). Este ligero descenso se explica por la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Japón y Colombia por iniciativa de este último tras el ataque de Pearl Harbor en 1941. Esta situación de distanciamiento diplomático va a enfriar las relaciones de cooperación entre ambos países, afecta negativamente a los inmigrantes japoneses que residían en Colombia, lo cual limita su movilidad y la interacción con los demás inmigrantes de ese país. Al respecto, Sanmiguel (p. 90) reporta que

las reuniones de los inmigrantes japoneses que vivían en Barraquilla se terminaron, puesto que quedó prohibido que se reunieran más de tres japoneses. Los habitantes del Valle del Cauca perdieron la libertad de movimiento sin el salvoconducto expedido por la Policía.

Entre los inmigrantes japoneses, se observa a

los pioneros que viajaron por cuenta propia y que en su mayoría no llegaron directamente desde Japón, los que viajaron por contrato con la compañía de emigración como parte de un programa agrícola y los que fueron llamados por parientes y amigos (p. 88).

Entonces, aunque los inmigrantes japoneses no dejaron huellas importantes en el orden nacional, a nivel local si dejaron su legado, como es el caso del departamento del Cauca y la Costa Atlántica, donde llegaron y establecieron una importante dinámica comercial pese a las limitaciones lingüísticas. Sin duda, los inmigrantes japoneses en Colombia hacen parte de las colonias de inmigrantes que desarrollaron actividades productivas y empresariales exitosas en el país, con mayor asentamiento en la región del Valle del Cauca.

INMIGRACIÓN DE SURAMERICANOS Y NORTEAMERICANOS EN COLOMBIA

La inmigración suramericana en Colombia incluye a bolivianos, ecuatorianos, venezolanos, brasileños, argentinos, chilenos, entre otros. Las causas de su inmigración son variadas: abarcan a motivos laborales, políticos, matrimoniales (reunificación familiar) y de cercanía geográfica.

Según datos oficiales de 2005, los inmigrantes venezolanos (37,350) representan el mayor grupo de inmigrantes suramericanos en Colombia, seguidos de ecuatorianos (11,404), peruanos (4,042), argentinos (2,563) y mexicanos (2,286). Aunque la presencia ecuatoriana en Colombia ha sido escasa a lo largo de la historia11, se observa la creciente inmigración ecuatoriana en el siglo XX. Al respecto, se registra la inmigración de más de diez mil ecuatorianos en Colombia, sin desconocer la realidad de las migraciones ilegales. Llama también la atención el hecho que el ex presidente ecuatoriano José María Velasco Ibarra haya encontrado refugio en Colombia, en las tres ocasiones en que fue derrocado (1935, 1947 y 1961), estableciéndose en el municipio de Envigado, y dictando clases en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia.

En cuanto a la inmigración argentina, Colombia fue el destino de futbolistas argentinos, siendo esta historia parte de su legado de país, al que se suma el tango. Sin duda, gracias a esos primeros argentinos que trajeron su talento futbolístico y el tango a Colombia, los vínculos entre las dos naciones empezaron a fortalecerse, apoyados por acercamientos diplomáticos impulsados por ambos países. Además, la importancia de la restauración de Argentina ayudó a que los argentinos encontraran otra oportunidad u otro pretexto para radicarse en Colombia: de esta forma, se observa que los inmigrantes argentinos también se desenvuelven en actividades económicas relacionadas con los restaurantes, los bares, los cafés y las escuelas de baile de tango en las grandes ciudades colombianas, sobre todo Medellín (donde murió Carlos Gardel en 1935) y en Bogotá. Sin embargo, con el tiempo,

Colombia ha ido perdiendo su atractivo como destino para los habitantes de los países vecinos, debido a la recuperación de la economía petrolera venezolana a finales de los ochenta y a la mayor emigración de los ecuatorianos hacia el Perú (Cárdenas & Mejía, 2006, p. 29).

A su vez, se observan los crecientes asentamientos de inmigrantes norteamericanos (sobre todo estadounidenses) en Colombia: aunque su presencia fue escasa durante el siglo XIX, se observa que es una de las migraciones con más relevancia para el país durante el siglo XX. En efecto, gran parte de los pocos estadounidenses que llegaron a Colombia en el siglo XIX eran técnicos especialistas, producto de la nueva economía industrial de la joven república norteamericana. Fueron contratados por dueños de minas y ferrocarriles para contribuir en la construcción de hoteles, diseñar y excavar túneles, establecer y enseñar en escuelas y colegios y dirigir teatros.

El fin de la Primera Guerra Mundial facilitó el surgimiento de nuevas oportunidades de inversión en el extranjero para el capital estadounidense; por lo tanto, en Colombia mucho de este capital se invirtió en explotación de petróleo y exportación de banano, instituciones financieras como el National City Bank de Nueva York, fabricantes como Singer Sewing Machines y detallistas como Sears; todo ello, promovió la inmigración estadounidense en el país. Después de la Segunda Guerra Mundial, esta presencia ha ido aumentando debido a varias razones de las cuales se destacan las siguientes:

[a] los programas panamericanos de Estados Unidos durante el período de Franklin D. Roosevelt (1932-1945) fomentaron un intercambio de científicos, técnicos, estudiantes y educadores entre las Américas; las relaciones educativas, personales y comerciales se desarrollaron desde esos contactos y continuaron fuera de la esfera gubernamental.
[...][b] La Segunda Guerra Mundial contribuyó a eliminar las rutas marinas del comercio entre América Latina y Europa, lo que permitió que las exportaciones colombianas destinadas previamente a Europa fueran dirigidas a Estados Unidos. [...][c] los programas culturales y educativos de Washington en Colombia hicieron más fácil que familias estadounidenses se mudaran al país. Por décadas anteriores, hombres de negocios estadounidensesse habían negado a trabajar en América Latina, por falta de escuelas y colegios seculares y bilingües para sus hijos. Con la ayuda financiera desde Washington a colegios binacionales se borró un obstáculo a las inversiones y migraciones norteamericanas hacia Colombia (Corcoran, 2006).

Sin embargo, con el aumento del narcotráfico entre los dos países y la violencia derivada del conflicto interno, asistimos a una gradual declinación de migrantes estadounidenses a Colombia, aunque siguen llegando contratados por grupos de investigación, universidades, el Estado, varias empresas privadas y otras organizaciones multidisciplinarias.

INMIGRACIÓN EUROPEA12 EN COLOMBIA

Estas migraciones europeas son más bien asociadas a las dos guerras mundiales y la Gran Depresión Mundial del año 1929; además, el periodo entre guerras fue marcada por las migraciones de millones de europeos que tuvieron que abandonar su lugar de origen por causa de persecuciones políticas, religiosas, éticas, raciales, etc. para buscar refugio en otras partes más apacibles del mundo. Es en este contexto que miles de europeos vinieron a países de América del Sur (como Colombia), donde encontraron espacios de acogida favorables a su inmigración: se observan a cientos de nazis europeos que buscaron refugio en distintos países de Suramérica13, huyendo de la justicia internacional.

En Colombia, la inmigración de los europeos iba aumentando a partir de las primeras décadas del siglo XX, sin igualar a otros países de la región como Argentina o Brasil. Colombia fue uno de los pocos países en la región que no promovió con mucho entusiasmo la inmigración europea: no se hicieron adecuaciones institucionales para motivarla y mucho menos hubo campañas de publicidad en Europa para promocionar a este país como un importante lugar de destino. Sin embargo, para 1928 se habían registrado en el país aproximadamente 35.251 extranjeros inmigrantes, de los cuales se destacaban 2.465 españoles, 1.916 italianos, 1.682 alemanes y 1.436 ingleses (Biermann, 2001: 69). Años después, aumentaría el número de inmigrantes a 56.487 en 1940 (correspondiendo a un 7% de la población colombiana), de los cuales casi 13.000 eran europeos (Llordén, 1994, pp. 41-70).

NUEVAS OLEADAS DE MIGRACIONES ASIÁTICAS Y AFRICANAS EN COLOMBIA

Con el fin de contribuir al debate sobre las recientes migraciones asiáticas y africanas en Colombia para nuevas perspectivas de conocimiento y una mejor claridad en este campo específico de investigación, se observa que Colombia se ha convertido en una nueva etapa en el periplo de inmigrantes asiáticos y africanos hacia Estados Unidos. La mayoría de estos inmigrantes llegan al país por motivos de reunificación familiar, religiosos (sobre todo las comunidades misioneras y religiosas de origen africano), comerciales, económicos y políticos. Sin embargo, debido a la posición estratégica de Colombia entre dos océanos, sus conexiones con Centroamérica y su acercamiento geográfico a Estados Unidos, algunos de estos inmigrantes convierten a Colombia en un lugar de paso o tránsito hacia Norteamérica; recurriendo a menudo a redes ilegales de traficantes de drogas y de personas para alcanzar los puertos de Barranquilla, Buenaventura, entre otros.

A MODO DE CIERRE

No cabe duda que, comparado con Brasil, Argentina, México, Colombia es más un país de expulsión de emigrantes (por cuestiones políticas) que de destino de inmigrantes por ser poco atractivo sobre todo para los extra-continentales. Sin embargo, se habla poco de su papel como país de destino de inmigrantes desde el siglo XVI hasta la actualidad. Por lo tanto, este artículo ha intentado aportar elementos de conocimientos sobre este aspecto del fenómeno migratorio internacional. Así mismo, se ha señalado la importancia de la inmigración de árabes, judíos, gitanos, alemanes, franceses, italianos, británicos, jamaiquinos, suramericanos y norteamericanos, sin desconocer la inmigración de los españoles y los esclavizados africanos en el país.

Actualmente, se observa una tendencia creciente olas migratorias extra-continentales de origen asiático y africano que arriban a Colombia, lo que plantea nuevos desafíos para las autoridades colombianas.

Al respecto, las políticas migratorias en el país son en general muy débiles; por lo tanto, se requiere mayor precisión y claridad sobre temas relacionados con la identificación y la deportación de inmigrantes ilegales, la mayor elaboración y accesibilidad de registros y estadísticas relacionadas con estos extranjeros en Colombia, clasificados según criterios, como ciudad de residencia, ramas de actividad económica, ocupación, nivel de estudio, entre otros, todos atravesados por la perspectiva de género.

En este mismo orden de ideas, es necesario poner en marcha políticas en favor de la visibilización de los gitanos o pueblo Rom de Colombia, una de las minorías étnicas más vulnerables del país. Es necesario que, para el caso de los gitanos, se tomen medidas específicas (políticas públicas con enfoque diferenciado) para la protección de sus derechos y la promoción de su participación ciudadana, partiendo de la puesta en marcha de censos fiables para conocer con precisión su magnitud numérica y ubicación geográfica, ya que no existe en Colombia un censo específico con precisiones numéricas de dicha población; y tampoco existe un conocimiento exacto sobre la localización de la misma.

Se requiere mayor estudio e investigación sobre las inmigraciones internacionales en Colombia durante los siglos XVI hasta la actualidad para aprehender las dimensiones del papel jugado por el país en el campo de las migraciones y las relaciones internacionales.


Notas

1 Se trata de un trabajo de investigación realizado por los autores del presente artículo como integrantes del Grupo de Investigación Migraciones & Desplazamientos, UNIJUS, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia. Los resultados de la investigación fueron presentados como ponencia en el marco del IV Foro Social Mundial de Migraciones en Quito (Ecuador), 8- 12 de octubre de 2010.

2 De treinta millones de indígenas ubicados en las tierras de México, diez millones en Centroamérica y las Antillas y los treinta millones de indígenas andinos solo quedaron tres millones y medio para 1650 (Galeano, 2004: 58).

3 Entre las más conocidas causas del exterminio de los indígenas de América, se registran las enfermedades traídas por los europeos, el rompimiento de los núcleos familiares indígenas y el trabajo forzado en las minas.

4 Este acápite está muy marcado por el trabajo de Igirio (2009) en el cual se consignan elementos para el análisis de las dinámicas que generaron los inmigrantes árabes en la sociedad colombiana.

5 La más grande mezquita en América del Sur se encuentra en Buenos Aires (Argentina).

6 Por cierto, Rom significa gente gitana en romanés o romaní que es el idioma propio de los gitanos.

7 Los registros del Departamento Nacional de Estadística (DANE), institución encargada de realizar los censos poblacionales en Colombia, muestran en el último CENSO (2005) que la población colombiana residente en el exterior ha crecido de manera exponencial desde 1985 hasta el 2005. En 1985, se registra una emigración de 1.500.000 colombianos en el exterior: esta significativa cifra se debe esencialmente al recrudecimiento de la violencia en Colombia, articulada con la lucha contra el narcotráfico. En este sentido se va presentando un exponencial registro de colombianos en el exterior a medida que se profundiza la violencia en el país, la cual se acompaña de una grave crisis económica y política. Pese a que la migración colombiana hacia el exterior registra números significativos, los desplazamientos forzados en el interior del país, causados por el conflicto armado interno son los que más afectan negativamente la sociedad colombiana. Según cifras oficiales, el número de desplazados internos puede alcanzar los 3.300.000 (Acción Social, 2009: 1), datos que difieren de los presentados por organizaciones sociales de desplazados y de ACNUR, las cuales consideran que el número de desplazados puede rodear los 4.000.000 (El Espectador, 2009: 1), demostrando que Colombia después de Sudan (en África) es el país con mayor número de desplazados en el mundo. No cabe duda que en este contexto de violencia y desplazamientos forzosos, las poblaciones indígenas y afrodescendientes son de las que más están afectadas por el desarraigo y el destierro.

8 El Tiempo, agosto 14 de 1940, p.2.

9 Al respecto, señalamos la imprecisión de los datos ya que Esguerra (1940, p. 50) estima el número de inmigrantes en esta época en 27.437.

10 Para mayor indagación sobre la inmigración japonesa en Colombia, recomendamos la consulta del trabajo de Sanmiguel (2006).

11 En el siglo XIX, se registró la presencia ecuatoriana en ciudades colombianas como Popayán, Bogotá, Buenaventura y Pasto. Por cierto, a finales del siglo XIX, el ex presidente ecuatoriano Eloy Alfaro, reconocido militar y político que adelantó la revolución liberal en su país, se estableció en Colombia.

12 Este apartado está muy marcado por los trabajos de Biermann (2001) y Llordén (1994). El primero se centra esencialmente en los inmigrantes alemanes en Colombia durante el periodo comprendido entre 1939 y 1945; y el segundo expone sobre las motivaciones y dinámicas de las migraciones de los centroeuropeos hacia Latinoamérica.

13 Sin embargo, cabe mencionar que el mayor número de inmigrantes europeos llegó a Estados Unidos donde, entre 1900 y 1915, alcanzó a casi 15 millones de personas, se registraron en el conjunto del continente americano, a más de 50 millones de personas europeas, entre 1846-1932, que vinieron en busca de nuevos lugares de asentamiento y trabajo.


REFERENCIAS

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Investigación & Desarrollo
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Desarrollo Humano
http://rcientificas.uninorte.edu.co/index.php/investigacion
rinvydes@uninorte.edu.co

Universidad del Norte
Barranquilla (Colombia)
2012
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