Psicología desde el Caribe, Vol. 29 No. 1: Ene-Abr 2012

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Psicología desde el Caribe. Revista de Psicología de la Universidad del Norte

ISSN electrónico 2011-7485
ISSN impreso 0123-417X
vol. 29 n.° 1, enero-abril de 2012
Fecha de recepción: 22 de mayo de 2011
Fecha de aceptación: 23 de febrero de 2012



ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN / RESEARCH ARTICLE


Formas y sentidos de Caracas desde relatos cotidianos

Shapes and senses that intertwine Caracas from everyday stories

Zahiry Martínez Araujo*
Universidad Simón Bolívar (Venezuela)

* Licenciada en Psicología Clínica Dinámica, Universidad Central de Venezuela. Magíster en Psicología Social, Universidad Simón Bolívar, Caracas (Venezuela). Actualmente profesora de Estudios Generales y de la Maestría de Psicología del Departamento de Ciencia y Tecnología del Comportamiento de la Universidad Simón Bolívar y de Psicología Social de la Escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela

Correspondencia: Edicio Estudios Generales, piso 1, Dpto. Ciencia y Tecnología del Comportamiento. Universidad Simón Bolívar, Sartenejas. Caracas (Venezuela). Tlf. 00-58-212-9068314. zamartinez@usb.ve.


Resumen

Nos interesa articular algunas formas afectivas que configuran la ciudad de Caracas (Venezuela) a partir de lo que sus habitantes cuentan sobre ella. Para esto, hemos partido de una psicología social que atiende al significado que tiene para la gente su vida cotidiana, y con auxilio de la hermenéutica de Gadamer y Ricoeur hemos procurado interpretar algunas narraciones que tejen la ciudad. Apostamos por comprender cómo aparece la ciudad en 15 relatos surgidos de las preguntas ¿qué significa para sus habitantes Caracas? y ¿cómo la relatan? En ellos encontramos una ciudad polémica: la que (se) sufre y la que (se) goza; en la primera emergen sentidos, tales como lo caótico, la inseguridad, el aburrimiento y la ciudad demediada; en la segunda, un mosaico iluminado, la oportunidad de sentirme libre, la seguridad del trabajo y la estética revolucionaria.

Palabras clave: Caracas, afectos, vida cotidiana, narrativa- interpretativa, hermenéutica.


Abstract

On this paper we discuss the affective forms that shape the city of Caracas, from what its citizens tell us. Hence, from a Social Psychology interested in how people make sense on their everyday life, we have tried to understand from the hermeneutic perspective of Gadamer (1977) and Ricoeur (2000), those aesthetics congurations that emerge in the daily stories about the city. We are committed to understand how the city appears through 15 stories that emerged from the questions: what does Caracas mean for its inhabitants? and how do they tell it? We found primarily a controversial city: The city that suffers and the city that enjoys. In the rst one, emerging senses such as chaos, insecurity, boredom, and the cloven city; in the second one, a light mosaic, the opportunity to feel free, the job security and the revolutionary aesthetic.

Keywords: Caracas, emotions, everyday life, narrative, interpretation, hermeneutics.


INTRODUCCIÓN

Desde nales del siglo XX y lo que va del XXI la vida cotidiana que dibuja la ciudad Caracas (capital de Venezuela) y sus habitantes ha tomado unos perles cada vez más complejos: sentimos que vivimos dentro — y con el enemigo—, y aún así mantenemos fuertes lazos afectivos. La vivencia de la inseguridad, el stress, la sobrepoblación, la basura y el tráco permean de manera trágica nuestro tránsito por la ciudad; la atmósfera política se concentra en lugares y construye a veces muros invisibles, fronteras que dividen en pedazos a Caracas... pero el entusiasmo, el buen humor, la complicidad callejera, la participación ciudadana se asoman por las aceras y los autobuses, que recorren, respiran y suspiran la ciudad. Vivimos, pues, en un permanente "te-quiero-no-te-quiero".

Como muestra de estas inquietudes, en los últimos años se han generado diversas reflexiones, estudios, evaluaciones y ensayos sobre la ciudad en espacios y esferas de la vida académica, intelectual y cotidiana. Así, sociólogos, economistas, politólogos, urbanistas, narradores, artistas, arquitectos, periodistas y demás actores de distintas disciplinas se han interesado por tratar de explicar y describir, justicar o planicar, a la ciudad de Caracas. La Fundación para la Cultura Urbana, a modo de ejemplo, publicó hasta el año 2009, 15 títulos que versan sobre Caracas, que van desde la sociología urbana, ensayos sobre música, arte y costumbres, pasando por la literatura, con cuentos cortos, novelas y poesía, e incluyendo crónicas y demás aproximaciones desde los estudios culturales y de la historiografía de Venezuela.

Asimismo, y sólo en esta primera década del siglo XXI , Caracas ha contado con una serie de revistas y periódicos cuyo foco si no el único, tal vez el principal, es estudiarla y describirla. Revistas como MarcaPasos , Veintiuno, Plátano Verde, semanario en Caracas, Ciudad CCS, entre otras, aparecen en las calles y kioscos de la ciudad, cada una relatando los sucesos y acontecimientos caraqueños, a través de la crónica y la ensayística, en el intento por dar cuenta de una "realidad" que emerge cotidianamente y que se antoja conictiva y polarizada.

Entre las investigaciones que han resultado interesantes contribuciones al estudio de la ciudad como espacio signicativo, desde la psicología social y la transdisciplina, aparecen estudios como el de Sánchez (s/f) titulado "La ciudad mediática, la ciudad de las ofertas: Entre el deseo y el fetiche", el cual es una aproximación a la ciudad a partir de lo que se conoce como consumos culturales urbanos, los que permiten, a efectos de dicha investigación, vincular la conguración de la identidad social con las formas de uso de la metrópoli criolla y, a su vez, comprender la polis como espacio signado por la fuerza mass-mediática, donde los individuos pueden reconocer en su cotidianidad, los valores y ofertas que les ayudan a constituir lo que los define.

Por su parte, los textos de Almandoz (2002, 2004, 2009) sobre la ciudad en el imaginario venezolano dan cuenta de una importante y sistemática investigación enmarcada dentro la perspectiva de la historia cultural urbana, que hace un recorrido a través de la literatura, especialmente el ensayo y la novela —como discursos "no especializados" (dentro del marco conceptual de disciplinas como arquitectura y urbanismo)— para comprender los procesos de cambio de la ciudad, la urbanización y la cultura urbana venezolana del siglo XX a partir de los imaginarios sociales.

Finalmente, la investigación de González (2005) "La ciudad venezolana. Una interpretación de su espacio y sentido en la convivencia nacional" es una referencia clave para aproximaciones que se interesen por traspasar las fronteras disciplinares dentro de las ciencias sociales, poniendo el énfasis en las nociones de convivencia, sentido de ciudad y ciudadanía —incluso desde su origen etimológico— apostando a una crítica cultural a la ciudad modernizada que construimos y que vivimos cotidianamente.

Cada uno de estos textos contribuye a nuestro propio interés sobre las formas y sentidos de Caracas como espacio cotidiano; no obstante, queremos seguirle la pista de manera provocativa, y desde una psicología social estética (Hernández-H, 2005) a la ciudad como espacio y mundo simbólico, haciendo hincapié en el lenguaje experiencial, el del diario vivir, y su faz afectiva, icónica, imaginativa. De allí que nos mueva el interés por acercarnos y comprender lo que una colectividad siente, entendiendo por sentir tanto aquello que se siente (con el corazón y las sensaciones) como a lo que se le busca sentido (Hernández-A. & Hernández-H., 2007).

De allí que nos planteamos las siguientes preguntas: ¿Qué significa Caracas para sus habitantes? ¿Cómo se congura en la cotidianidad la relación entre las personas caraqueñas y su ciudad? ¿Cómo se vive, se siente, se recuerda esta ciudad? ¿Qué sensaciones, emociones y sentimientos son descritos por ellos?


LA AFECTIVIDAD COLECTIVA COMO PERSPECTIVA FUNDAMENTAL

Normalmente, no pienso en la ciudad, es más bien la ciudad la que me piensa. Lo que quiere decir que la llevo metida en la cabeza.
Juan Calzadilla

Estudiar la ciudad vivida desde una psicología social que se propone atender a la vida cotidiana partiendo de la afectividad (Fernández-Ch., 1994), pasa por concebir a la sociedad desde el punto de vista de los sentimientos y los sentimientos desde el punto de vista de la sociedad (Fernández-Ch., 2000). Disertaremos sobre la ciudad como mundo simbólico y, por ende, como asunto relevante para la comprensión de nuestra cultura, particularmente la cotidiana.

En este sentido, nos ubicamos en una ciencia social que parte de y ejercita una razón sensible, tal como lo argumenta Maffesoli (1998), aproximándose a la vida cotidiana para comprenderla en su conguración afectiva, partiendo de que "la vida social [...] está hecha ante todo, y cada vez más, de emociones, de sentimientos y de afectos compartidos" (p.154). Suponemos desde esta perspectiva que la ciudad, como espacio vital y por ende signicativo, ocupa un lugar importante en la vida cotidiana, tomando en ella múltiples formas y dándole matices, contrastes, sentires y padecimientos.


LA ESTÉTICA COMO MIRADA

La palabra estética registra como origen etimológico la relación entre percibir y sentir (Corominas, 1954). Asimismo, Maffesoli (1998) señala que una ciencia social estética o vitalista (erótica ) se acerca a su fenómeno de estudio adentrándose en él y dejándolo mostrar (narrar) lo que él quiera para comprender su lógica interna con el concurso de intuiciones, es decir, de sentidos y sentires, de razones afectivas y afectos razonados (Hernández-H., 2005, p. 6). La estética es, según Maffesoli, "en su sentido más simple: el de vibrar en común, sentir al unísono experimentar colectivamente" (p.184), lo que nos permite sentirnos parte de este mundo y en sí mismo en este mundo.

Esta psicología es estética, nos dice Hernández-H. (2005) porque da cuenta de la afectividad, y Fernández (1994) apunta que la psicología colectiva nos permite interpretar situaciones para mostrar la afectividad que las atraviesa y las congura, y esa afectividad se expresa, se deja entrever, con el concurso de imágenes, signicados, metáforas, que están pegadas a los sentires. (Lakoff & Johnson, 1990; Blondel, 1945).

Volviendo a Fernández (1994), reconocemos en la psicología colectiva una gnoseología de la cultura cotidiana, es decir, "el conocimiento del conocimiento cotidiano" (p. 231) y en este intento por comprender el mundo simbólico del espacio cotidiano llamado Caracas, prestamos atención a todos estos acontecimientos signicativos que emergen, donde forman parte fundamental, fundacional y esquivo, la afectividad y el carácter simbólico de la realidad.


EN TORNO AL MÉTODO

Para aproximarnos a las formas y signicados de la ciudad de Caracas como espacio cotidiano, desde una perspectiva vitalista hemos seguido el camino que nos lleva a la descripción densa y pormenorizada de dichos signicados. Para ello, hemos recopilado narraciones cotidianas (Bruner, 1991), donde la gente cuenta con sus propias palabras, gestos y afectos sus versiones sobre la ciudad de Caracas y lo que ella significa , atendiendo no sólo a lo que dicen sino a cómo lo hacen.

Siguiendo a Bruner (1991), los relatos cotidianos poseen funciones explicativas o argumentativas; estéticas (relativas a las formas, estilos, sentimientos) y éticas (lo que debe o no debe ser) y, en general, ayudan a organizar la experiencia de una cultura, de una colectividad, representando así, una excelente vía para aproximarse al sentido común. Y si atendemos a lo que señala Garagalza (1990) re-latar es poner "en relación lo elemental disperso, articulándolo conforme a su sentido inmanente, emergente" (p.161), encontramos resonancia con la perspectiva que hemos asumido.

Para acceder a estas narraciones, realizamos entrevistas abiertas tipo conversación semi-estructurada (Kvale; 1983), considerando los elementos fundamentales que este autor nos sugiere para llevar a cabo una entrevista de este tipo, tomando en cuenta que la misma debe estar centrada en la experiencia del narrador (y del encuentro con la investigadora, agregamos); y por ende busca precisar las sensaciones, emociones, sentimientos y reflexiones signicativas del fenómeno desde una perspectiva descriptiva, comprensiva e interpretativa.

En total, realizamos 15 entrevistas entre agosto de 2010 y febrero de 2011, utilizando los supuestos del muestreo teórico (Glasser & Strauss, 1967). En principio, conservábamos la idea de que el gentilicio de una persona lo dispone la ciudad donde nació, sin embargo, y retomando lo que señala Duque (2006), a propósito de su historia personal, "Caracas le pertenece a quien ha hecho vida aquí y a quien le tiene algún afecto a esta ciudad bella y espantosa" (Duque & Alonso, 2006, p.13). Por ello, invitamos a participar en esta investigación a aquellas personas que dijeran sentirse caraqueñas.

Las entrevistas transcritas fueron analizadas como textos, es decir, como registro de acciones humanas signicativas (Ricoeur, 2002), buscando sus sentidos tanto superciales —lo que dicen al lector/investigador— como profundos —lo que quieren decir, a lo que se reeren—. El sentido es siempre aproximado, por lo que se ofrece la mejor interpretación posible en un cierto momento y circunstancias.

Partiremos de la lectura comprensiva, como dice Gadamer, que "es siempre también una forma de reproducción e interpretación" (1977, p. 212), por ello entendemos desde la propuesta hermenéutica, que comprender es encontrar el sentido y en ello está implicada la esfera afectiva de lector: el sentido discurre, y se esconde, habla con imágenes, y se escapa.

Abrazamos la hermenéutica como una experiencia de comprensión e interpretación de textos, que está en permanente apego a la afectividad y a la intelección, congurada por el encuentro de discursos diversos, quizás inconmensurables (Hernández, 2001). No se trata de interpretar una acción, una manifestación, una palabra, buscando supuestas y posibles motivaciones personales, individuales; lo que se propone es interpretar las formas de vida que adquieren, hacen y abren sentido para una persona dichas acciones (Gadamer, 1977).

Y los sentidos no están escondidos detrás de las palabras, detrás del texto, sino a partir del mismo y gracias a la resonancia, afectiva e intelectiva, que se produce entre ese texto y el investigador. Somos conscientes de que la interpretación desde el lugar donde nos ubicamos, no es nita, porque no da cuenta de una verdad objetiva y concreta. La interpretación es verosímil en la medida en que contribuye a la comprensión de los sentidos.

Por ello, el círculo hermenéutico (Gadamer, 1977) consiste en un diálogo, quizás inacabable e interesante de entabla y, desde Ricoeur (2000), la tarea que se emprende desde la hermenéutica consiste en recoger los contornos y texturas de la vida y esta experiencia se congura a partir de las tensiones y los giros que resultan de los momentos de acercamiento y distanciamiento al texto, como si de un arco se tratara.

En tal caso, asumimos que la interpretación no representa un simple proceso o condición metodológica, sino una experiencia fundamental de proyección de sentidos, que se mueve tensional y difícil entre la comprensión y la interpretación. Veamos, entonces, lo que por momentos hemos trazado como una bitácora que guía las formas y sentidos de Caracas. Entre comillas encontrarán aquellas frases, rescatadas de las entrevistas, que ayudan a mostrar nuestras intuiciones e interpretaciones a partir de las formas (estéticas) con las que se presentan y se recrean sus argumentos.


LA CIUDAD POLÉMICA

Nadie sabe mejor que tú, sabio Kublai, que no se debe confundir nunca la ciudad con el discurso que la describe. Y sin embargo, entre la una y el otro hay una relación.
Italo Calvino

La sensación que deja esta investigación es la vivencia de una ciudad polémica, controversial, paradójica, la cual se le recuerda y se le desea con nostalgia y se le habita con amor y padecimiento. Tomando otra vez las palabras de Calvino (1972/ 2006), parece ser el humor de quien la mira el que da a la ciudad su forma. Veamos pues estas dos ciudades que se encuentran y se presienten una a la otra, desde los afectos razonados y las razones sentidas.


LA CIUDAD QUE (SE) SUFRE

Caracas, vivida como desarticulada y desorientada, es un imán que atrae a los habitantes y a su vez los rechaza. Dice un periodista venezolano: "A Caracas no se le habita, se le padece" (Torres, 7 de junio de 2010), y desde este padecimiento, emergen algunos sentidos:


La mirada caótica

Caracas es sentida y vivida como una ciudad caótica: ella imposibilita ser vivida a plenitud. Se le mira y se la siente desde el desagrado, la locura, la maldad: ellos dicen "a mí la ciudad no me gusta"; "es una ciudad de locos"; "es una ciudad enferma"; "Yo la veo como una mala madre".

La ciudad es contemplada como espacio encarnado por la fealdad, su apreciación implica disgusto, horror. Tal como lo planteara Rosenkranz (1853, citado por Eco, 2007, p. 16) en su "estética de lo feo" existe una analogía entre lo feo y el mal moral, en ambos hay una desguración, una falta de armonía que exalta lo vil, lo criminal, lo débil y lo horrendo. Y todos ellos parecen desdibujar la experiencia de la ciudad, la cual potencia incluso la autoexclusión. Algunos se sienten extranjeros, no se sienten parte de ella y para otros es el lugar que se encuentra en el abandono: bien sea por el gobierno o por todos quienes habitamos Caracas; "no estamos queriendo a Caracas"; "la tenemos abandonada"; "todo está más sucio, más descuidado, más basura, más indigentes".

Así como la fealdad se predica en la descripción general de la ciudad, el abandono sale al paso como una imagen que particulariza las formas afectivas de relación entre nosotros (los "caraqueños") y ella (Caracas) como lugar, como espacio signicativo: Abandonar según el Diccionario de la Lengua Española (2001, p. 3) significa , en su tercera y cuarta acepción: "Dejar un lugar; apartarse de él" y "Cesar de frecuentar o habitar un lugar". Los habitantes de Caracas parecieran, en sus relatos, desligarse de su verbo primordial —aquel que los constituye como seres que habitan, moran, construyen un lugar—. Dice Heidegger "El rasgo fundamental del habitar es este cuidar (mirar por). Este rasgo atraviesa el habitar en toda su extensión" (2001, p. 110).

Si en el habitar está implicado el cuidar, esto plantea una ruptura de la supuesta distancia entre aquel que dice que el espacio está descuidado y el espacio en sí. Es decir, ¿cómo se significa la experiencia de ser-habitante cuando este no cuida, no pone a buen recaudo el espacio que habita? Tal vez a partir de lo que compromete a la persona (caraqueña) con su hacer —su sentir— sobre Caracas: Si esta es fea, algo —o mucho— tengo yo que ver con eso. Y el ver pudiéramos sustituirlo por el mirar, el mirar por del que habla Heidegger, el de poner atención, resguardar, proteger.

Otro de los sentidos que aparecen con insistencia en estos textos es la temporalidad de la ciudad, la cual es descrita con tonos apresurados, cuyo paso deber seguirse muy de cerca a riesgo de incluso perderse de sí mismo: "hay que seguirle el ritmo", "uno vive una vida acelerada"; "con el ritmo de la ciudad el tiempo no alcanza ni para que uno descubra sus emociones".

La ciudad contiene en sí el ritmo con el que la gente vive este andar por la calle, es el Tempo que nos dice María Zambrano (1988) "en él no hay participación ni pausa innecesaria" (p. 23). Se está en la ciudad sin el preciso reposo para pensarla y sentirla en su devenir.


Caracas insegura

La inseguridad es la sensación que permanece latente y a or de piel a lo largo y ancho de nuestro recorrido. Es la palabra relatada en mayúsculas; creemos que es la forma privilegiada con la que se transita y se transgura el cuerpo y la ciudad. Ellos dicen "uno vive con más temor", "tienes que ir abrazando la cartera"; "en lugar de dos ojos, con 9 ojos". Esta imagen grotesca y extrañamente afectuosa, describe a un cuerpo "deformado" que transita con múltiples ojos mientras ciñe con cariño sus pertenencias. Nos preguntamos si aquella sensación de fealdad con la que sienten a Caracas también la incorporan en su andar y su vivir como sujetos del temor, como sujetados al temor.

Y aparece otra vez el tiempo que marca, como en la fábrica, la hora de entrada y salida en la vida citadina "a las seis de la tarde no puedo andar en la calle"; "yo le tengo miedo a la noche en Caracas", "yo trato de estar en mi casa a más tardar a las 8 de la noche".

Estos relatos nos recuerdan los imaginarios de la violencia urbana de la que habla Sarlo (2009) en los que nos advierte que el miedo a la ciudad puede convertirla en un desierto donde "el recelo prevalezca sobre la libertad" (p. 97). Caracas tiene su horario, y sus agujas acompasan el miedo.


Caracas como autopista aburrida

La ciudad como espacio transitable, caminable es el que se asoma con insistencia en las añoranzas y deseos de estos relatos. "En Caracas no hay lugar para caminar", se quejan con lamento muchos de los entrevistados y para aumentar el padecer, "cada vez hay más carros y más tráco", "Caracas es una autopista que atraviesa un valle. Un estacionamiento". Así, muchas veces la ciudad es contada desde "el estacionamiento al carro, del carro a donde vaya". La sensación de no poder moverte —a pie— por la ciudad, y moverte muy lento —o casi estar detenido, estacionado— en el carro, reduce la satisfacción de la experiencia citadina, entendiendo a su vez lo que nos plantea Villoro (2007) sobre cómo las grandes ciudades vinieron a transformar la posibilidad de habitarla y transitarla; así, el ejercicio de moverse por las megalópolis se asocia más con el tiempo que con el espacio.

Al respecto dice un joven narrador: "Metido en el carro, entendí la rela- tividad del tiempo por el lado maluco. Lo terrible y lo aburrido siempre duran más" (García París, 2010). Estar "atrapado", "metido en el carro", "encerrado con los vidrios arriba" intensifica las sensaciones de desagrado, desconanza, ansiedad y temor antes relatadas. Estas imágenes que evocan un cuerpo inmovilizado nos recuerda aquella observación funesta que hace Ricoeur (2008): "Es cierto que mi lugar está donde está mi cuerpo. Pero colocarse en un lugar y desplazarse son actividades primordiales que hacen del lugar algo que hay que buscar. Sería terrible no encontrarlo. Estaríamos aniquilados" (p. 192).

Acá se plantean dos dilemas, o un mismo dilema mostrado en dos tiempos: el lugar donde estar y/o desplazarse aparece relatado en su negatividad: Caracas está en falta, de seguridad, de limpieza, de vías por donde transitar, por donde moverse. De ahí que lo primordial aparezca difuso, inasible ¿qué hay que buscar en Caracas?¿qué es ese algo que debo encontrar?¿qué es lo que la hace lugar?¿dónde me coloco como habitante?


LA CIUDAD DEMEDIADA

Leyendo cuidadosamente estos textos, Caracas aparece también escindida, dividida dentro de este malestar, en dos grandes esferas, que no son siempre de la misma naturaleza; a veces son de orden geográco, otras veces, político, otros culturales, y en ocasiones, temporales. Todos ellos tejidos con los mismos hilos y las mismas hebras: la intersubjetividad.

Siguiendo a Schutz (1979), entendemos la intersubjetividad como aquello que transita en, sobre y a partir de la realidad, entendida esta como mundo de la vida cotidiana, donde viven sujetos entre sujetos, en permanente relación; es en ella donde recae la conguración de la realidad social. Lo que propone este autor es que la intersubjetividad no pertenece exclusivamente al conocimiento trascendental sino que debe entenderse desde la vida diaria, desde el sentido común, desde lo que la gente dice que vive, que siente, que piensa; es en ella donde nos detendremos a interpretar cómo aparece ante la gente esta escisión.

Caracas se delinea con ciertos matices que la diferencian y la separan en dos ciudades; esta ilustración nos evoca la sociedad Barroca que describe Romero (2009): "Era algo muy diferente porque era una sociedad escindida. Una de las cosas que la caracterizan es la coexistencia de dos sociedades, y también de dos ciudades [...] una sociedad cuya escisión se maniesta tanto en la coexistencia de dos culturas —una cortesana y una popular— como de dos ciudades, que algunas veces son la alta y la baja, otra la antigua y la nueva, y otras la rica y la pobre (73-75). De aquí intentaremos comprender cómo se signican estas dualidades.


Desde el punto de vista geográco

Bordado por las diferencias socioeconómicas y políticas, Caracas aparece como un valle donde la gente vive "en ciudades superpuestas que no se comunican entre sí" (Torres, 2010), "la diferencia quizás entre el Este y el Oeste", dicen otros. "Los que viven en el Este tienen una forma de vida diferente a los que vivimos en un barrio, en una zona más media, más humilde".


La polarización

Estas distancias que emergen como divisiones, ya sea porque el gobierno de Chávez las produjo o porque las evidenció, son vividas como novedosas, como algo que se siente de manera incómoda en la cotidianidad. "Hay como que en esta zona transitas tú y en esta transito yo"; "uno tiene que disfrazarse [...] no llevar nada llamativo, la peor ropita".

Los de oposición al gobierno se identican con el lado Este de la ciudad y los revolucionarios con el Oeste (aun cuando sean sólo tendencias y no verdades denitivas que sabemos que no las hay). En ambos casos resulta limitante, intimidante e incómodo caminar la ciudad, para sentirla en su profundidad. Los lugares parecen pertenecer a los grupos políticos, y a partir de esta distinción pueden o no moverse por ellos; es lo que llama Lozada (2004) la territorialización de la polarización.

Duque (2006) dice: "[...] la música que estremece a las calles de Petare no es la misma que uye en la parte alta de La Castellana". (Duque & Alonso, 2006: 61) Y así como la música agrupa y distingue, los tonos de voz y acentos también. En Caracas hay al menos dos cadencias: la "sifrina" y la "malandra", cada una se antoja desde puntos cardinales distintos y desde diversas tendencias políticas.

Caracas tiene pues, tipos de gente; quienes viven en la periferia, en los cerros, y deben madrugar para lidiar con la falta de automóvil propio, y quienes viven en el centro de la ciudad, que al parecer deben también madrugar, para cocinar el almuerzo y para enfrentar el trajín del tráco y la congestión caraqueña. Al parecer ninguno disfruta con plenitud lo ancho y ajeno que resulta Caracas.

Nos preguntamos si tal vez esta incomodidad con la que se vive la ciudad sea uno (de los pocos) hilos que coinciden en este tejido escindido llamado Caracas, esta imagen especular que hace que nos veamos de frente pero al revés tiene al menos (por ahora) un elemento en común que pudiera resignicar las apreciaciones de los unos sobre los otros y las relaciones que configuran nuestro encuentro en —con— la ciudad.


El pasado y el presente

Caracas es sentida desde su pasado, rememorado con nostalgia, idolatría, desde una supuesta pureza —natural o religiosa— que se perdió y se transformó en su contrario. "Pienso en la Caracas de antes y mis pulmones se llenan de un aire más puro"; "era buenísima, fabulosa, pero se me volvió una bicha, una demonia"; "no dejemos que la sucursal del cielo se convierta en la capital del inerno".

Dice Heller (1994, p. 386): "el concepto losóco del tiempo se reduce a la irreversibilidad de los acontecimientos y de los hechos". Pero este concepto no aparece en el pensamiento cotidiano. Basta pensar en las frecuentes reflexiones cotidianas según las cuales "las cosas pasadas ya no volverán" [...] pero aun así "el pensamiento cotidiano no puede resignarse a ella y se afana continuamente en torno a lo irremediablemente pasado" (Heller, 1994, p. 386).

Retomando aquel lugar común que designa al pasado ¿en su completa extensión? como en superioridad frente al presente, podemos releer aquellas frases y revisar de cerca lo que aparece en este pensamiento cotidiano del que nos habla Heller: Todo tiempo pasado fue mejor. Mejor tanto en su cualidad natural ( aire puro, cielo como paraíso) como en su cualidad moral (era fabulosa ahora bicha, demonia, inerno). En cualquiera de las posibilidades, quien está implicado es el (cuerpo del) habitante, a quien se le vuelve, se le convierte, la ciudad en algo terrible, horrendo, malévolo, vil, contaminado.

Y a pesar de —y debido a— estas experiencias dramáticas, tejida a esta ciudad caótica, de mal humor y de temores se muestra también una Caracas con colores y sonidos bonitos, una ciudad amable y querida... ¿y un habitante interesado en morarla, en albergarse en ella? Veamos estos sentidos:


UNA CIUDAD QUE SE GOZA Lo que hace más polémico vivir en esta ciudad es la convivencia de ambas miradas: la controversial y la posible. Caracas es también el lugar de las oportunidades, donde se encuentra trabajo, donde hay posibilidades de estudio; donde es posible reconstruir su memoria y rescatar los espacios anteriormente vedados. Son los hilos invisibles que enlazan la ciudad feliz y la infeliz sin que ninguna de las dos sepa de su existencia (Calvino, 1972/ 2006),


Un mosaico iluminado

La belleza es otra de las emociones que impregnan la vida en la ciudad, y lo hace a partir de una de sus principales cualidades: la luminosidad. "Mi Caracas es espectacular, la luz, el clima"; "el (cerro) Avila (...) un día es azul, un día morada o verde o amarilla"; "un río de mil colores". Vemos como la sensación plena de la urbe se nutre de la sensación producida por los rayos luminosos que impresionan nuestros sentidos materiales.

Así, la belleza vista, mirada, sentida de la ciudad parece provenir de lo que la naturaleza dona a esa mirada: ya sea por sus cualidades esenciales (en este caso, la montaña, la luz) o por sus propiedades metafóricas de las cuales el habitante hace uso para referirse a Caracas (es un río multicolor). Estas imágenes nos recuerdan el poema de Baudelaire (1857, c.p. Eco, 2004) titulado "Las correspondencias", donde el autor se refiere a la naturaleza como un bosque de símbolos, los cuales se evocan unos a otros. Colores, sonidos, imágenes y cosas nos revelan anidades y consonancias misteriosas (p. 346). El misterio que en ocasiones vislumbra la ciudad natural y la naturaleza de la ciudad, que emerge no sin dicultad, en la mirada —privilegiada— de aquel que se admira por la belleza de esta.

Tal admiración sensorial conmueve, anima, enamora: "Yo amo este mosaico que tenemos por ciudad", dicen. La diversidad de colores, texturas, materiales y sensaciones se asocian y se sienten con amor (Gurméndez, 1993).


La oportunidad de sentirme libre

En los textos encontramos también la noción de seguridad tejida muy de cerca con las posibilidades de trabajar y ejercer el ocio que aprendieron: Caracas, a diferencia de los pueblos del interior del país, ofrece esta oportunidad: "porque uno en el campo sabe que pasa trabajo", "Caracas es la ciudad de las oportunidades, el que se muere, el que se duerme es porque quiere".

Con la sensación de seguridad se entrelaza la libertad, de poder estar, ser y pertenecer a un mundo, a una colectividad: "en Caracas se siente más libertad"; "me siento realmente libre, por todos los espacios que siento que hemos ido conquistando".

Y esa conquista de espacios nos evoca tanto imágenes bélicas como de seducción y enamoramiento. Así parece estar descrita la vivencia de esta libertad, que no es dada sino procurada con fuerza, habilidad y afecto.

Caracas significa la ciudad que se deja conquistar y a la vez te conquista, ofreciéndote oportunidades. En Caracas, el ciudadano también es testigo y testimonio de su propio devenir histórico.


Los nuevos signicados que configuran la ciudad

A lo largo de estos últimos años han surgido en Caracas unos rasgos particulares y distintivos del proceso revolucionario que vive el país. Es la aparición de vallas, graftis, muros, colores, canciones, programas de TV, que parecieran hacer sentido para ciertos espacios de la ciudad, como maneras de demarcar y de expresar el apoyo a las consignas y propuestas del gobierno actual.

Las pintas en los muros con mensajes y guras de personajes históricos, cuya gesta independentista, antiimperialista, revolucionaria es lo que se destaca, ya sea de estas tierras, como de América Latina o del mundo en su amplitud.

Los bustos de personajes como el Che Guevara, Martí, Bolívar, Mao, Evita Perón están apostados en una larga hilera a lo largo del Paseo Vargas, ubicado en la Avenida Bolívar de Caracas, así como en las vallas, autobuses y en el metro recuerdan un pasado heroico, resaltan su valor histórico y re-signican el sufrimiento del pasado en la posibilidad del presente.

Algunas entrevistas muestran los vaivenes que estas imágenes generan: "Se siente como una estética de los años 70", "un poco desfasada para mi gusto", "de escuela primaria", "yo creo que es imposible pasear por Caracas [...] y hacerse la vista gorda de los mensajes ideológicos [...] que están por todos lados (risas)" .

Mientras que otros dicen "tu antes no podías llevar una franela con el Che Guevara, era mal visto, porque la policía te caía a coñazos, hoy en día no, cada quien es libre de ponerse lo que quiera, una libertad que se está viendo cada vez más".

Para unos es el pasado que regresa, ya sea para "no ajustarse a las circunstancias ni a las condiciones ni a la corriente del momento" (Diccionario de la Lengua Española, 2001); o bien para ejercer su función ideológica —aunque no queda claro si es para integrar, legitimar o disimular— (Ricoeur, 2002); pero en tal caso aparece acompañada de la risa. Nos preguntamos si esa risa es un artilugio para romper con lo que se aprecia como "lo ideológico", para depreciarlo, restarle peso o valor y, de manera irónica, burlona o tal vez sarcástica, desgurar aquellos mensajes que decoran su ciudad.

Para otros, estas imágenes son signicadas y sentidas como la libertad: son los usos de símbolos que rescatan, reivindican y transforman un pasado doloroso hacia un presente que se estira y se intensifica en su vivencia liberadora, que es también vista o al menos se deja ver en este espacio y en este tiempo.

Esta reconguración de Caracas permanece constante en estos relatos, y como ejemplo de ello, encontramos al Teatro Teresa Carreño, el cual en algún momento representó una de las expresiones de la ciudad moderna, y parece haber estado restringida a un grupo socioeconómico especíco. Así describe, en entrevista de prensa realizada al Alcalde de Caracas, estos pareceres: "La mayor parte de la ciudad fue robada, apropiada indebidamente por manos privadas para ser explotada en forma indiscriminada" (Rodríguez, 2010).

A pesar de estas divergencias, para unos y para otros el complejo cultural Teresa Carreño parece encarnar el alma de la ciudad: "Aquí es muy fácil ser feliz", "es donde conuyen todos los sentimientos", "ahora... cada n de semana hay una actividad gratis en el Teresa". Los afectos con los que se describe este espacio simbólico particular se materializan sobre las dimensiones fenomenológicas de lugar y tiempo: Aquí y Ahora es gratis; Aquí y Ahora se es feliz.

Felicidad, gratuidad, oportunidad y libertad son algunas de las nociones que emergen de manera emotiva para relatar también esta bonita, buena ciudad.


DISCUSIÓN

Toda ciencia encierra un componente hermenéutico...
Mal hermeneuta el que crea
que puede o debe quedarse con la última palabra.
Hans-George Gadamer

Advertíamos al principio de estas páginas nuestra posición con respecto a las posibilidades casi innitas de la interpretación: esta no concibe dar cuenta de la realidad como si ella fuese susceptible de ser representada tal como si de un reejo especular se tratara; sin embargo, en el intento por comprender las formas como aparece la ciudad, no hemos asumido tampoco una suerte de relativismo ingenuo, donde prevalezca el todo vale o el dependiendo de, sino por el contrario, hemos propiciado este diálogo con la ciudad y sus acontecimientos desde una perspectiva vitalista, erótica, de la cual nos habla Maffesolli (1998), haciendo énfasis en el lenguaje experiencial y especialmente en su rostro afectivo e icónico.

Relatar la ciudad desde lo que ella significa en nuestra vida cotidiana, implica poner en juego sentires y saberes paradójicos, complejos, dilemáticos. Hemos intentado delinear, congurar las formas afectivas con las que las personas consideran, sienten, se relacionan con la ciudad de Caracas, sabiendo que ello implica una exigencia epistemológica particular: aquella que intenta dar cuenta, desde los avatares del significado y sus circunstancias, de la fugacidad del sentir y sus sentidos.

Hemos intentado poner atención a las formas cómo ocurre este sentir-ser parte de Caracas/ sentir-a Caracas y, con el concurso de las imágenes y metáforas, atender al parecer y al disfrute que se da en simultaneidad. De estas aproximaciones a la comprensión de una ciudad latinoamericana tan particular, nos hemos encontrado con ráfagas, ashes que iluminan momentáneamente este espacio simbólico, y que lo caracterizan a partir de sensaciones y sentimientos encontrados: Caracas es una ciudad controversial, dilemática, demediada, escindida, la cual es recordada y deseada con nostalgia; habitada con amor y padecimiento; concebida como desarticulada, caótica, polarizada. Presenta pues en este momento histórico un rostro con gestos barrocos, como el que nos plantea Romero (2009), donde los espacios geográcos, sociales y políticos se separan y distinguen, fortaleciendo lo que ha sido denominado como territorialización de la polarización (Lozada, 2004), imposibilitando u obstaculizando el encuentro entre los diferentes habitantes que hacen vida y que le dan vida a Caracas.

Asimismo, la ciudad aparece como encarnada por la fealdad, el disgusto, el horror y el abandono. Recordando a Bruner (1991), vemos cómo estos habitantes de Caracas construyen sus relatos no solo haciendo énfasis en su función estética, en cuanto al uso de las formas, los estilos y los sentimientos con que se describe, se recuerda y se cuenta la ciudad; sino también desde su implicación ética, es decir, aquello que debe o no debe ser. Si volvemos a Rosenkranz (1853), comprendemos entonces que la fealdad con la que es vista/vivida la ciudad —y lo que de ella se deriva— está atada a un mal moral, que exalta lo criminal, lo horrendo.

Simultáneamente, Caracas se describe acompasada con tonos apresurados y horarios de factoría, que promueven el ejercicio de una vida veloz e insegura, que se asocia cada vez más con el tiempo mas no con el espacio recorrido (Villoro, 2007); esto es, el transitar por la ciudad va sujetado por el reloj, el cual, a su vez, intensifica el temor a medida que transcurren las horas.

Y junto con estas sensaciones morticantes y casi agonizantes de la ciudad y sus ritmos, emergen afectos cariñosos, bondadosos, placenteros con las que se vivencia Caracas. Ella es sentida y signicada desde la admiración sensorial que conmueve, enamora y estimula las miradas privilegiadas que la naturaleza y sus cualidades donan a los habitantes. Es la belleza luminosa la que enmarca a la ciudad y como un gran conquistador, se deja también conquistar, al ofrecer como gesto de reconciliación, felicidad y libertad.

Finalmente, y partiendo de lo tejido hasta ahora, nos interesa preguntarnos por las posibilidades de que esta ciudad sentida como múltiple y a su vez dividida, logre converger en tiempos y espacios más reposados y más reflexivos, donde el ritmo y el reloj de la ciudad abran espacios de serenidad y conanza; que el miedo no nos consuma ni nos delimite; y que no dejemos de celebrar la libertad y la seguridad que también nos brinda.

Visitando otra vez a Calvino (1972/ 2006), encontramos algunas frases que nos recuerdan la experiencia de estar y atestiguar la ciudad: "se te aparece como un todo en el que ningún deseo se pierde y del que tú formas parte, y como ella goza de todo lo que tú no gozas, no te queda sino habitar ese deseo y contentarte" (1972/ 2006:11).

Habitar implica cuidar, nos muestra Heidegger (2001), mirar por la ciudad, a través de ella, vivirla y pensarla. La ciudad nos convoca a hacerla en el encuentro, en el espacio donde el habitante y su lugar se constituyen y se interesan por cada uno. Pareciera que aquí reside nuestra posibilidad.


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Psicología desde el Caribe
Revista de psicología de la Universidad del Norte
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Barranquilla (Colombia)
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