Psicología desde el Caribe, No. 27: Ene-Jun 2011

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Psicología desde el Caribe

ISSN 0123-417X
e ISSN 2011-7485
n.° XXVII, enero-junio de 2011
Fecha de recepción: 27 de octubre de 2010
Fecha de aceptación: 29 de enero de 2011


Orientación sexual en adolescentes y jóvenes mexicanos de 12 a 29 años de edad

Sexual orientation among 12 to 29 year-old mexican adolescent and youths

José Moral de la Rubia*

Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

* Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Nuevo León. c/ Dr. Carlos Canseco 110. Col. Mitras Centro. C.P. 64460. Monterrey, Nuevo León, México. Teléfono: (00 52 81) 8333 8233. Ext. 423. Fax. Ext. 103. e-mail: jose_moral@hotmail.com.

Agradecimientos: a INMUJERES, FLACSO-México y Alianza Cívica, A. C. por proporcionar de forma abierta a todos los investigadores, ya sean nacionales o extranjeros, la base de datos del ENJUVE2005 en formato SPSS dentro del portal BDSocial/MX en la dirección electrónica: http://www.bdsocial.org.mx/, que se empleó para elaborar este estudio.


Resumen

Los objetivos del artículo fueeron describir la prevalencia de identidad no heterosexual y pronosticar su presencia o ausencia con datos de la segunda Encuesta Nacional de la Juventud (ENJUVE, 2005). En una muestra probabilística de 25.630 mexicanos de doce a diecinueve años de ambos sexos. La prevalencia de orientación no heterosexual autodefinida fue 2,5% en hombres y 1,1% en mujeres. La identidad no heterosexual es pronosticada por género masculino, haber tenido relaciones homosexuales, enamorarse de personas del mismo género y ausencia de adscripción religiosa, es decir, factores facilitadores que implican el mayor impulso de la sexualidad masculina, integrar la propia conducta homosexual, reconocer el deseo homosexual y liberarse de la condena moral que acarrea la concepción judeocristiana de la homosexualidad. Finalmente, estos datos nos hablan de una realidad que está presente para ser escuchada y respetada.

Palabras clave: conducta homosexual; orientación sexual; género; adolescentes; jóvenes..


Abstract

The aims of this paper were to describe the prevalence of self-defined sexual orientation, and to predict its presence or absence with the second National Survey of the Youth (ENJUVE, 2005) data. In a probability sample of 25,630 Mexicans of 12 to 29 year-old women and men, the prevalence of the non-heterosexual identity was 2.5% men and 1.1% women. The non-heterosexual identity was predicted by masculine gender, homosexual intercourses, falling in love with a person of the same gender and absence of religious adscription, that is, facilitating factors that imply the greater impulse of the masculine sexuality, to integrate the own homosexual behavior, to recognize their homosexual desire, and to free themselves from the moral condemnation that endures the Judeo-Christian conception of the homosexuality. The data show a reality to be listened to and respected.

Keywords: Homosexual behavior; sexual orientation; gender; adolescents; youths.


INTRODUCCIÓN

Definición y determinantes de la orientación sexual

La orientación sexual se clasifica en función del sexo del individuo y del sexo de las personas deseadas y con quienes se mantienen relaciones sexuales. Se suelen distinguir cinco tipos: heterosexual (hacia el sexo opuesto), homosexual (hacia el mismo sexo), bisexual (hacia ambos sexos), asexual (hacia ninguno) y ambigua (en los casos de transexualidad). La orientación sexual autodefinida se suele denominar identidad sexual, la cual constituye un aspecto de la identidad personal con clara proyección social (Troiden, 1989). Troiden señala como una serie de fases para asumir una identidad homosexual:

  1.  Aceptación creciente de la etiqueta homosexual como una cualidad que describe a la propia persona.
  2.  Una imagen cada vez más positiva de la identidad homosexual.
  3.  Contactos personales y sociales cada vez más frecuentes con personas homosexuales, lesbianas, bisexuales o transexuales.
  4.  Un deseo creciente de revelar a los demás la nueva orientación sexual asumida.
  5.  La integración de la identidad homosexual en el autoconcepto global.

La propuesta de este modelo se basa en estudios empíricos con cuestionarios de preguntas cerradas y abiertas. Además, permite discernir entre un proceso saludable o adaptativo (con la integración de la orientación sexual dentro de la identidad personal construida) de otro patológico, donde no se produce dicha integración (Cain, 1991).

Existen determinantes neuroendocrinológicos (García, Pinos, Collado et al., 2005) y genéticos (Bailey, 2003; Turner, 2004) de la orientación homosexual, pero el punto de vista dominante considera que los aspectos culturales, experienciales y de integración cognitiva tienen más peso en la orientación sexual autodefinida, siendo ésta flexible, por lo que puede variar a lo largo de la trayectoria vital de una persona (Moral, 2010).

Ellis, Robb y Burke (2005), en un estudio con una muestra de 8.000 estudiantes universitarios, encontraron que el 10% de ambos sexos reportaba que al menos la mitad de sus fantasías sexuales implicaban parejas del mismo sexo. Con diferencia estadísticamente significativa, 25% de las mujeres y 20% de los hombres reportaron haber tenido al menos una fantasía homosexual. A los participantes se les pidió indicar su orientación sexual: 97% se identificaron como heterosexuales, aunque con criterios estrictos, sólo el 80% podría ser considerado exclusivamente heterosexual. Un número considerable de los participantes que se declaraban heterosexuales, 5% de los hombres (202) y 11% de las mujeres (447) reportaron que más del 91% de sus fantasías sexuales involucraban a miembros de su mismo sexo. Por el contrario, cuatro hombres y catorce mujeres que se identificaban como homosexuales declararon que menos del 10% de sus fantasías sexuales involucraban miembros de su mismo sexo. De ahí que los autores concluyeran que la identidad sexual surge de un proceso personal de integración siempre en curso.

Schindhelm y Hospers (2004), en un estudio en Alemania con 961 hombres que se definen como homosexuales, encontraron que el 68% de los encuestados habían tenido su primera experiencia homosexual antes de adoptar tal identidad. Dubé (2000) señala que la identidad homosexual en los hombres se adquiere, en el 58% de los casos, por una secuencia de contactos sexuales con personas del mismo género. Diamond (2000), en una muestra de mujeres de catorce a veintiún años, pertenecientes a minorías raciales, observó que la mitad de las participantes cambiaba su identidad sexual más de una vez durante el periodo de seguimiento de dos años. Diamond (2003) remarca que las mujeres muestran mayor variabilidad que los hombres en la edad en que deciden de forma consciente su primer contacto homosexual y su disidencia sexual. A su vez, es más probable que las mujeres señalen que es una opción personal, frente a los hombres, que indican que es algo dado y fijo.

En un seguimiento de cinco años, Diamond (2003) encontró que un cuarto de las mujeres renunciaba a su identidad lésbica o bisexual. Dentro de este grupo con cambio, la mitad se definía como heterosexual y la otra mitad evitaba etiquetas de identidad. Rosario, Scrimshaw, Hunter y Braun (2006), en una muestra extraída de organizaciones que atienden a homosexuales, lesbianas y bisexuales en la ciudad de Nueva York, registraban que el 5% de los participantes se definía como heterosexual en un seguimiento de un año. Kinnish, Strassberg y Turner (2005) critican la hipótesis manejada por muchos estudios de que la orientación sexual se fija a muy temprana edad, defendida por autores como Ellis y Ames (1987), Dõrner (1976) y Money (1987). Proponen que la orientación sexual es flexible e indican que esta flexibilidad es mayor en las mujeres que en los hombres.

Una de las críticas al modelo evolutivo de identidad de Troiden (1989) es que no toma en cuenta factores importantes, como la historia, cultura, geografía y política, que proporcionan los modelos de identidad y su fases de asunción (Elizur & Mintzer, 2001). Precisamente, Hsueh-Hao (2009) señala que la diferencia sociodemográfica más importante que surge en las muestras poblacionales en relación con la conducta homosexual es el lugar de residencia. En la muestra nacional de Estados Unidos de América hay una gran variabilidad entre ciudades. La ciudad donde la persona pasó su pubertad y adolescencia era un claro determinante de orientación homosexual. Lo cual apoya la hipótesis de una identidad sexual socialmente construida e internalizada en el proceso de experiencias personales y de maduración.

Objetivos

El objetivo de este estudio es describir los datos sobre identidad sexual de la Encuesta Nacional de la Juventud (ENJUVE 2005) (Instituto Mexicano de la Juventud [IMJ], 2006), asimismo, realizar comparaciones y estimar la relación de la identidad sexual con conducta manifiesta y enamoramiento homosexual, género, edad, años de escolaridad, nivel socio-económico, ingreso mensual familiar, valoración de la religión, estado civil, región geográfica, estado federal y estrato poblacional. Finalmente, se pretende generar un modelo predictivo con las variables asociadas.

Hipótesis

Se pronostica diferencia de género en la orientación autodefinida, con una mayor proporción en hombres, atribuible a un mayor impulso sexual (Alcock, 1993) y mayor libertad sexual en un ámbito personal (Cain, 1991), pero no así en el plano social, al estar la homosexualidad más estigmatizada en el hombre (Aguirre & Rendón, 2008; Vázquez & Chávez, 2008). Se espera que la identidad no heterosexual se asocie con relaciones y enamoramientos homosexuales, surgiendo de un proceso de integración y reducción de la disonancia consecuente a la conducta y al deseo (Cain, 1991; Dubé, 2000), asimismo, con la mayor escolaridad y nivel socio-económico por un mayor acceso al desarrollo intelectual y a la crítica cultural ante unos valores homofóbicos dominantes (Álvarez, 2002), con una mayor edad por los procesos de madurez y mayor cúmulo de experiencias (Castañeda, 2000), con el estrato poblacional urbano por una mayor libertad individual e influencias cosmopolitas (Hsueh-Hao, 2009), con menor religiosidad por la profunda transformación que implica integrar el deseo y conducta homosexuales ante la condena moral de la religión católica y cristiana (Moral, Álvarez & Ibarra, 2010; Rudy, 1997).

Se pronostica mayor presencia de identidad homosexual en la zona sureste, por influencia de la cultura maya, que ha sido históricamente la más tolerante a su práctica (Garza, 2002; Trueba, 2008), así como en zonas de frontera con Estados Unidos de América, por el mayor contacto con una cultura más liberal y mercantilista, donde existe un próspero mercado de consumo en el que las ciudades de la frontera norte tienen una amplia oferta de prostitución masculina homosexual (Carrillo, 2005).

MÉTODO

Participantes

La población objeto de estudio está conformada por adolescentes y jóvenes de doce a veintinueve años de edad, que residen en México. La muestra quedó integrada por 25.630 participantes. El 51% es de género femenino y el 49% (12.563 de 25.630) masculino. Hay significativamente más mujeres por la prueba binomial (p < ,01). El participante promedio de la encuesta (mujer u hombre) tiene diecinueve años de edad (adolescente tardío), nueve años de escolaridad (secundaria completa), es soltero, de religión católica y considera la religión como importante, es de nivel socio-económico medio-bajo, con un ingreso familiar mensual de unos 5.615 pesos, se halla radicado en una localidad urbana y vive con sus padres. Hay un promedio de cuatro a cinco personas en la vivienda (véase cuadro 1).

Instrumento

El cuestionario ENJUVE 2005 está integrado por dos secciones: una de hogar y vivienda y otra de opinión, cada una con 163 preguntas cerradas y 43 abiertas. Para este estudio se contemplan cuatro preguntas sobre homosexualidad, que aparecen dentro de la sección de opinión: 4_5a, ¿alguna vez has tenido relaciones sexuales con alguien de tu mismo sexo? (cualitativa dicotómica: 1= sí y 2=no) y 4_5b, ¿cuántas veces? (ordinal: 1=una vez, 2=pocas veces, 3=muchas veces y 4=siempre), del módulo de sexualidad. Las preguntas 6_8, ¿alguna vez te has enamorado de alguien de tu mismo sexo? (cualitativa policotómica: 1=nunca me he enamorado, 2=sí y 3=no, la cual es dicotomizada: 1=sí [2 previo] y 2=no [1 y 3 previos]) y 6_9, ¿cuál consideras que es tu orientación sexual? (cualitativa policotómica: 1=heterosexual, 2=homosexual, 3=bisexual y 4=lesbiana, la cual también es dicotomizada: 1=no heterosexual [2, 3 y 4 previos] y 2=heterosexual [1 previo]) del módulo de esfera de la vida privada.

Procedimiento

El diseño de la muestra de la encuesta ENJUVE 2005 es probabilístico, estratificado, polietápico y por conglomerados. La última unidad de selección es la vivienda y la unidad de observación fueron los jóvenes de doce a veintinueve años de edad residentes habituales o permanentes de la vivienda seleccionada para la entrevista. La encuesta considera un efecto de diseño de 1,75 y una tasa de no respuesta del 15%. La base de datos cuenta con un factor de expansión por diseño muestral. El cuestionario integral de 326 preguntas cerradas y 86 abiertas se aplicó en forma de entrevista individual durante una visita domiciliaria sólo a adolescentes y jóvenes de doce a veintinueve años de edad. Los entrevistadores fueron capacitados y remunerados por el Instituto Mexicano de la Juventud, con la colaboración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La participación de las personas encuestadas fue voluntaria y no remunerada, tras un consentimiento informado. En caso de rehusar participar, se pasaba a la siguiente unidad de muestreo programada, sin reponer el caso de no respuesta por otro nuevo.

Análisis estadísticos

Los análisis se aplican sobre la muestra sin expandir; no obstante, se repiten también con los datos expandidos (por factor de diseño de la muestra) que constituyen el universo objeto de estudio. Estos últimos se manejan como datos adicionales. Se privilegian los datos muestrales sobre la inferencia poblacional por tres razones: (1) para dar juego a la estimación del azar por las pruebas de contraste; (2) porque el altísimo número de casos en la muestra expandida hace que todo contraste resulte significativo e impide que algunos procedimientos no paramétricos puedan ser aplicados; y (3) porque se juzgan más confiables los datos obtenidos que la inferencia con base en una fórmula compleja de expansión, cuando en algunos análisis se observan discrepancias.

Las comparaciones de la distribución de frecuencias de identidad no heterosexual por las variables sociodemográficas cualitativas se realizan por la prueba chi-cuadrado (χ2), empleando la corrección de Yates con las variables sociodemográficas dicotómicas. La asociación se estima por el coeficiente de contingencia (CC) y, cuando ambas son dicotómicas, por el coeficiente phi (φ). La diferencia de promedios de las variables ordinales sociodemográficas se contrasta por los dos grupos de la variable de identidad sexual (heterosexual y no heterosexual) por la prueba U de Mann-Whitney. La asociación se estima por el coeficiente V de Cramer. La diferencia de medias de las variables numéricas sociodemográficas se compara por los dos grupos (heterosexual y no heterosexual) por la prueba t de Student, y la asociación se estima por el coeficiente de correlación biserial-puntual (rbpp). La predicción de la autodefinición de la orientación sexual (dicotomizada) se realiza por regresión logística binaria, empleando el método de pasos progresivos hacia adelante (forward stepwise) con el criterio de la probabilidad condicional (conditional). El nivel de significación estadística para el rechazo de la hipótesis nula se fija en p < .05. Los cálculos estadísticos se realizan con el SPSS16.

RESULTADOS

Prevalencia de la identidad sexual autodefinida

El 98,3% de la muestra (sin expandir) define su orientación sexual como heterosexual; 0,9% homosexual; 0,7% bisexual y 0,1% lésbica. La tasa de no respuesta es muy alta (51%), aunque desciende a una mínima al aplicar el factor de expansión según el diseño de la muestra (2,2%). Los porcentajes coinciden con los de la muestra expandida (98,5; 0,7; 0,6 y 0,1%, respectivamente) (véase el cuadro 2). Considerando que el muestreo fue probabilístico y que la población tiene un tamaño de 34.119.352 mexicanos de doce a veintinueve años (muestra expandida), y el tamaño de muestra es de 25.630 participantes, para una estimación de 1,7% de identidad no heterosexual, le corresponde un error absoluto de 0,16, así, el porcentaje con un intervalo de confianza del 95% se ubicaría entre 1,54 y 1,86%.

Hay diferencia entre hombres y mujeres en la distribución de frecuencias de la autodefinición de la orientación sexual (χ2 (1, N = 12516)=39,75, p < ,01, con la corrección de Yates χ2 (1, N = 12,516) = 38,88, p < ,01). El 2,5% (138 de 5.421) de los hombres se define como no heterosexual frente al 1% (76 de 7.095) de las mujeres. En la muestra expandida la diferencia es ligeramente menor (1,9% versus 0,9%). Al ser la población de varones de doce a veintinueve años de 15.276.513 y la de mujeres de 18.842.840 (muestra expandida) y tenerse una muestra de 12.562 hombres y 13.067 mujeres (considerando un intervalo de confianza del 95%), a la prevalencia de 2,5% de identidad no heterosexual masculina le corresponde una estimación intervalar entre 2,23% y 2,77%, con un error absoluto de 0,27. A su vez, a la prevalencia de 1,1% de identidad no heterosexual femenina le corresponde una estimación intervalar entre 0,92% y 1,28%, con un error absoluto de 0,18.

La identidad lésbica en la muestra sin expandir es mínima (0,2%, 17 de 7.095), la homosexual masculina asciende a 1,6% (85 de 5.421) y ambas prácticamente suman lo mismo que la bisexual (1%, 53 de 5.341 en hombres y 0,5%, 37 de 7.095 en mujeres), es decir, el 1% de los entrevistados (124 de 12.516) se define como homosexual, versus 0,7% (90 de 12.516) bisexual, siendo ambos porcentajes estadísticamente equivalentes ( χ2(1, N = 214) = 2,12, p = ,14 con la corrección de Yates: x2(1, N = 214) = 1,72, p = ,19).

En la muestra de mujeres también se mantiene la equivalencia (x2 (1, N = 76) = 0,05, p = ,82; prueba binomial: p = ,91), pero en la de hombres hay más homosexuales que bisexuales (x2(1, N = 138)=7.42, p = ,01 prueba binomial: p = ,01).

Asociaciones con relaciones, enamoramiento y variables sociodemográficas

El grupo de identidad no heterosexual presenta más hombres (x2(1, N = 12.516) = 39,75 con la corrección de Yates x2(1, N = 12.516) = 38,88, p < ,01, p = ,06), mayores porcentajes de relaciones sexuales con personas del mismo sexo (x2(1, N = 5.103) = 1.576,62 con la corrección de Yates x2, N = 5.103) = 1.556,68, p < ,01, p = ,55), enamoramiento homosexual o lésbico (x2(1, N = 12.442) = 541,14 con la corrección de Yates x2(1, N = 12.442) = 536,05, p < .01, p = ,25), ausencia de religión o adscripción a otra distinta a la católica y cristiana (x2(3, N = 4.921)=54,39, p < ,01, CC = ,10), menor valoración de la religión (ZU = -5,33, p < ,01, V = ,06), mayor escolaridad (t(217.76) = 5,34, p < ,01, rbp=-.05), ingreso familiar mensual (ZU = -2,74, p < ,01, V = -,02), estatus socioeconómico (ZU = -3,76, p < ,01, V = ,03) y edad (t (12,514) = 4,65, p < ,01, rbp = -,04), estado civil soltero (x2(1, N = 12.516) = 13,12 con la corrección de Yates: x2(1,N = 12.516) = 12,52, p < ,01, p = -,03), residencia en la región noreste (x2(4,N = 12.672) = 62,90, p < .01, CC = ,03), en los estados de Durango y Chihuahua (x2(31, N = 12.516) = 120,16, CC = ,10) y los estratos poblacionales urbanos (x2(4, N = 12.672) = 62,90, p < ,01, CC = ,03) (véanse cuadros 3, 4 y 5).

Modelo clasificatorio de ausencia o presencia de identidad no heterosexual

La frecuencia de relaciones sexuales con personas del mismo sexo no se incluye en la estimación del modelo clasificatorio (por regresión logística binaria) para evitar pérdida de casos (n=178), aunque es diferencial (ZU=-5,77, p < ,01, V = ,44). De las once variables introducidas, sólo cuatro quedan dentro del modelo: haber tenido al menos una vez relaciones sexuales con una persona del mismo sexo, enamorarse de una persona del mismo sexo, género y religión. El modelo es significativo (x2(6, N = 3.937) = 443,65, p < ,01), se ajusta a los datos (prueba de Hosmer y Lemeshow: n2(3, N = 3,937) = 4,38, p = ,22), explica el 51% de la varianza del criterio binario por el índice de Nagelkerke y 11% por el de Cox y Snell, asimismo, clasifica de forma correcta al 98% (3.860 de 3.937) de los participantes, siendo más específico (99% heterosexuales, 3.816 de 3.838) que sensible a la hora de detectar casos (56% no heterosexuales, 55 de 99).

Como factores de riesgo de identidad no heterosexual aparecen el haber tenido al menos una vez relaciones sexuales con una persona del mismo sexo (OR = 0,02), haberse enamorado de alguien del mismo sexo (OR = 0,12) y ser hombre (OR = 0,42), además, la religión actúa como factor de riesgo desde las categorías de ateísmo (valor omitido por redundante) y otra confesión religiosa (OR = 0,29). Las categorías de religión católica (OR = 1,82) y cristiana (OR = 1,89) actuarían como factores protectores si fuesen significativos (véase el cuadro 6).

DISCUSIÓN

Prevalencia de la orientación no heterosexual entre adolescentes y jóvenes

Laumann, Gagnon, Michael y Michaels (1994), desde la "Encuesta de vida social y de salud nacional" de 1992 hallaron que el 2,8% de los hombres estadounidenses se identificaba como homosexuales y el 1,4% de las mujeres como lesbianas. Black, Gates, Sanders y Taylor (2000) y Seidman y Reider (1994) coinciden al encontrar que del 2 al 3% de hombres se definen como homosexuales y del 1 al 2% de mujeres como lesbianas en muestras estadounidenses. Smith, Rissel, Richters, Grulich y de Visser (2003), en Australia, en una encuesta telefónica con 19.307 personas de entre 16 y 59 años, formulada entre 2001 y 2002, encontraron que el 97,4% de los hombres se definía como heterosexual, el 1,6% como homosexual y el 0,9% como bisexual. El 97,7% de las mujeres se definía como heterosexual, el 0,8% como lesbiana y el 1,4% como bisexual.

Debe señalarse que estos datos coinciden con los obtenidos en la presente muestra de adolescentes y jóvenes mexicanos de doce a veintinueve años, con 2,5% de los participantes masculinos que se definen como no heterosexuales y el 1% de las mujeres. En este sentido, la proporción de homosexualidad y bisexualidad es equivalente en la muestra conjunta y de mujeres, pero diferencial en hombres (1,6% homosexuales versus 1% bisexuales), lo cual apoya el planteamiento de que la identidad no es un fenómeno de todo o nada, sino flexible, más en las mujeres que en los hombres (Dubé, 2000; Kinnish et al., 2005).

Identidad no heterosexual: asociaciones y modelo de clasificación binario

Hay algunos autores que argumentan que la identidad bisexualidad es una condición de homosexualidad no aceptada en gran parte por efecto de los valores de homofobia internalizados, especialmente en mujeres (Margolies, Becker & Jackson, 1987); no obstante, otros muchos autores dan legitimidad a la posición bisexual y al continuo flexible de la orientación sexual (Álvarez, 2002; Moral, 2010). Al carecerse de indicadores de homofobia dentro del ENJUVE 2005, no se puede contrastar estas hipótesis, lo que genera variables compuestas y estima correlaciones parciales. Se puede argumentar que las mujeres tienen más flexibilidad en su orientación sexual autodefinida, como consecuencia de su mayor aceptación de la homosexualidad y del hecho de que el castigo social es menos severo sobre ellas (Herek, 2000), lo que les permite reflejar con más libertad la complejidad del deseo, las elecciones y oportunidades relacionales, cuando se atreven a realizar el mismo, aunque la inhibición frena más el paso a la conducta que en los hombres.

La cultura latina tradicional es fuertemente homofóbica en relación con el hombre, pero es más permisiva con la mujer. En esta lo castigado es la promiscuidad e infidelidad, que, por el contrario, son aspectos más tolerados en el hombre (Paternostro, 1998; Vázquez & Chávez, 2008). En ambos géneros hay un control de la sexualidad con fines reproductivos, estabilidad de la crianza y transmisión de la herencia. La sexualidad es más fácil de controlar en la mujer por su menor impulso y posición social de subordinación (a los padres y al esposo) y son las mujeres, finalmente, quienes controlan la sexualidad de los hombres, limitando el acceso y oportunidades (tanto en situaciones de sexo ocasional y noviazgo como en situaciones de amantes). Además, son la fuerza cohesiva de la familia, de ahí la importancia de evitar el desvío homosexual en los hombres y el celo cultural por la homosexualidad masculina.

Tan sólo el sexo comercial está instrumentalizado como válvula de escape a este control, siendo la convención que el proveedor sea mujer y el cliente hombre, quedando como manifestación ilegal el soborno y acoso sexuales.

Los predictores de identidad no heterosexual en la encuesta ENJUVE 2005 son el ser hombre, el haber tenido al menos una vez relaciones sexuales con alguien del mismo sexo, el haberse enamorado de alguien del mismo sexo y el definirse sin religión. Con estas cuatro variables se logra clasificar con un acierto muy alto a los encuestados y la varianza explicada alcanza a ser la mitad por el criterio de Nagelkerke. El modelo se centra en aspectos facilitadores como el mayor impulso de la sexualidad masculina, el integrar y dar sentido a una conducta homosexual manifiesta, el reconocer un deseo homosexual y el liberarse de las asunciones y prohibiciones de la moral judeocristiana.

Como se señaló antes, el hombre tiene más libertad sexual, puede tener relaciones sexuales con sexo-servidoras, ser promiscuo e infiel, sin ser abiertamente rechazado, como sí sería el caso de la mujer. La dignidad y el pudor de las propias mujeres son su cortapisa, pero no les está permitido hacer esto con otros hombres. De ahí que la mayor libertad sexual masculina no aplica propiamente a la conducta homosexual y que el efecto del género deba atribuirse al deseo e impulso masculino y a una mayor libertad general o crítica cultural.

El menor deseo, la mayor represión sexual y el conformismo cultural femenino no parecen ser subrayados tanto por este modelo predictivo, es decir, los aspectos inhibidores. El modelo destaca los aspectos facilitadores de la sexualidad masculina y la liberación de la religión. Precisamente el porcentaje de personas sin religión es mucho mayor en hombres (5,2%; 273 de 5.223) que en mujeres (2,7%; 185 de 6.916) dentro de la encuesta ENJUVE 2005, al igual que en otros estudios (Moral et al., 2010).

Como en otros estudios (Laumann et al., 1994; Sell, Wells & Wypij, 1995), la prevalencia de enamoramiento homosexual o lésbico (11,5%) es mayor que los porcentajes de identidad no heterosexual (2%) y de conducta homosexual o lésbica manifiesta (3%), al implicar el enamoramiento un proceso de deseo antecedente que puede ocultarse sin consecuencias sociales, cuando la conducta manifiesta ya se enfrenta a esas consecuencias y la identidad no heterosexual autodefinida surge de un proceso de integración y reducción de la disonancia consecuente a la conducta y al deseo (Cain, 1991; Dubé, 2000).

Los datos no confirman las expectativas de distribución geográfica con relación al contacto con la cultura estadounidense y las culturas precolombinas. Se esperaba mayor prevalencia de homosexualidad en toda la zona norte y en la zona suroeste. Probablemente en ciudades de frontera, como Tijuana, Tecate, Mexicali, Nogales, Piedras Negras, Ciudad Juárez, Matamoros, Nuevo Laredo, Nuevo Progreso y Reinosa, así como en la gran metrópoli del norte, Monterrey, se confirme la mayor presencia de homosexualidad, lo cual es un nivel de análisis que no maneja esta investigación y de ahí que se requieran estudios adicionales. Dentro de la zona suroeste, sólo Campeche se muestra liberal con relación a la homosexualidad, por consiguiente, la mayor liberalidad maya parece haberse perdido o quizá nunca ha estado presente en el México poscolonial. Precisamente la mayoría de los indígenas mayas que actualmente viven en México (1,5 millones concentrados en la Península de Yucatán) son católicos o practican formas de un sincretismo maya-católico y muestran actitudes hacia la sexualidad muy semejantes al resto de la población mexicana de su mismo nivel socioeconómico (bajo) y estrato poblacional (rural) (Marzal, 1993).

La explicación de la distribución geográfica hallada entre jóvenes de doce a veintinueve años no se relaciona de forma clara con movimientos de inmigración temporales de mexicanos hacia Estados Unidos de América o con el mayor contacto con ciudadanos estadounidenses, pues en ese caso deberían destacarse Baja California y Nuevo León. Tampoco la suscripción política la aclara, pues los ciudadanos que se identifican con el Partido de la Revolución Democrática son los que más aceptan la homosexualidad (Campos & Penna, 2007) y en ninguno de estos estados es un partido con peso en el poder. Por el contrario, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de Acción Nacional son los partidos fuertes en el poder, ambos postulan suscripciones democristianas y son reacios a aceptar que se homologuen los derechos de parejas de mismo sexo con las parejas heterosexuales, con la excepción del gobierno del PRI en Coahuila, aunque este no es un Estado destacado en rasgos de homosexualidad.

Debe señalarse que, aunque el Estado, la región y el estrato poblacional son diferenciales, no tienen presencia dentro del modelo de clasificación y toman más peso las variables biológicas y psicológicas (Castañeda, 2000; Troiden, 1989) cuando otros autores le otorgan más peso a las variables geográficas y políticas (Elizur & Mintzer, 2001; Hsueh-Hao, 2009).

CONCLUSIONES

A pesar del muestreo poblacional, el estudio cuenta como limitaciones: el carácter de autoinforme de los datos que fueron obtenidos a través de una entrevista cara a cara en el domicilio y el nivel de medida cualitativo u ordinal, además las conclusiones de este estudio sólo pueden ser aplicadas a la población mexicana de doce a veintinueve años de edad. Las generalizaciones a otros rangos de edad y países deben manejarse como hipótesis y datos argumentativos. Se concluye que en la población de jóvenes mexicanos de doce a diecinueve años, de ambos sexos, la prevalencia de definirse como no heterosexual es de 1,7%. Estas estimaciones son coincidentes entre la muestra sin expandir y la expandida. Las diferencias por género son significativas, con 2,5% en hombres y 1,1% en mujeres.

La identidad no heterosexual es pronosticada por género masculino, haber tenido relaciones sexuales con una persona del mismo sexo, enamoramiento homosexual o lésbico y definirse sin religión, es decir, factores facilitadores que implican el mayor impulso de la sexualidad masculina. Integrar la propia conducta homosexual, reconocer el deseo homosexual y liberarse de la condena moral que acarrea la concepción judeocristiana (dominante en México) de la homosexualidad son otros factores. Finalmente, estos datos nos hablan de una realidad que está ahí presente entre los adolescentes y jóvenes mexicanos para ser escuchada y respetada.


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