Psicología desde el Caribe, Vol. 30 No. 3: Sep-Dic 2013

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Revista del Programa de Psicología de la Universidad del Norte
ISSN Electronico 2011-7485
ISSN Impreso 0123-417X
Volumen 30, n.°3, Septiembre - Diciembre 2013
Fecha de recepción: 11 de Julio de 2012
Fecha de aceptación: 10 de julio de 2013

LA INVESTIGACIÓN NARRATIVA EN PSICOLOGÍA: DEFINICIÓN Y FUNCIONES *

Narrative inquiry in psychology: definition and functions

Elsy Domínguez De la Ossa, M.S.**
José Darío Herrera González, Ph.D.***


Resumen

En este artículo se hace una revisión analítica de los fundamentos teóricos y prácticos de la Investigación Narrativa. Para ello se inicia respondiendo al interrogante sobre qué es la investigación narrativa como fenómeno que ha venido ganando espacio en el campo de las ciencias sociales; luego se hace un repaso de los principios teóricos de la investigación narrativa, diferenciando dos posiciones epistemológicas: la posición realista, más convencional y común en los estudios cualitativos, y la posición relativista, más novedosa y que algunos consideran como distintiva de la investigación narrativa. A partir de estos supuestos básicos se profundiza en las características de la investigación narrativa, con especial atención a las particularidades propias de la posición relativista. Se finaliza con una panorámica de las posibles aplicaciones de la investigación narrativa en la Psicología, citando diversos trabajos que ilustran la aplicación de esta forma de investigación en dicho campo.
Palabras clave: Narrativas, investigación narrativa, identidad, historias de vida, enfoque constructivista, enfoque neopositivista


Abstract

In this article we made an analytic revision of both theoretical and practical fundamentals of Narrative research; to make this possible, it starts answering the question about what Narrative research is as a phenomenon that has been gaining space in the Social Studies field. Then, a review is made of the theoretical principles of Narrative Research differentiating two epistemological positions: realistic position, which is more conventional and common in qualitative studies, and relativist position, that is newer and considered as the distinctive one of Narrative Research. From these two basic assumptions, it goes deeper into the characteristics of Narrative Research, with special attention to the particularities characteristic of the relativist position. It ends with a panorama of the possible applications of Narrative Research in Psychology, taking into account various works that illustrate the application of this research form in that field.
Keywords: Narrative, Narrative Inquiry, Identity, Life Stories, cons-tructivist approach, neo positivist approach.


INTRODUCCIÓN

La investigación narrativa es un fenómeno que ha venido ganando espacio en el campo de las ciencias sociales. Se inscribe en lo que Denzin (2003) denomina "giro narrativo", es decir, el movimiento de algunos investigadores hacia postulados que conciben la narración como esencia ontológica de la vida social y, a la vez, como método para adquirir conocimiento. "Vivimos en el momento de la narración; está produciéndose el giro narrativo en las ciencias sociales... Todo lo que estudiamos está dentro de una representación narrativa o relato. De hecho, como académicos somos narradores, relatores de historias sobre las historias de otra gente y llamamos teorías a esas historias" (Denzin, 2003, p. xi).

Los fundamentos a favor del desarrollo y el uso de la investigación narrativa surgen de la idea de que los seres humanos, individual y socialmente, viven la vida de manera narrativa (Sarbin, 1986). Como señala Polkinghorne (1988), el ser humano es, por naturaleza, un ser narrativo, un animal que cuenta historias que en gran medida provienen del mundo social y cultural. Según señalan Andrews, Sclater, Rustin, Squire y Trea-cher (2000), "[...] si estamos construidos a través de historias o somos contadores de historias por naturaleza o, quizá ambas cosas, seguramente la narrativa debería ser una parte importante de las ciencias sociales"(p.1).

En este sentido, la narrativa es una condición ontológica para la vida; en un mundo construido y constituido por palabras existe una relación entre la vida y las narrativas, es decir que damos sentido narrativo a nuestras vidas, y asimismo, damos vida a nuestras narrativas.

Esta esencia del ser humano como narrador de historias se ha convertido en la oportunidad para que la narrativa sea útil en distintos sentidos: como método de investigación y como método terapéutico. Ante estas dos posibilidades, que pueden fusionarse en la práctica, al momento de relacionarnos con sujetos con necesidades e intereses que suelen ser distintos a los del investigador interesado, especialmente en la búsqueda de conocimientos, resulta interesante indagar, definir y organizar aquellos aspectos que han sido identificados como fundamentales para conceptualizar, caracterizar y perfilar a la narrativa como investigación y aquellos otros elementos que la definen como terapia; y se ha encontrado que estas dos funciones se entrecruzan en interacciones que los investigadores proponen con los actores sociales, en medio de lo cual se generan los relatos o las historias que se convierten luego en las narrativas como método de investigación.

Para ello, en este artículo se repasan los principios teóricos de la investigación narrativa, diferenciando dos posiciones epistemológicas: la posición realista, más convencional y común en los estudios cualitativos, y la posición relativista, más novedosa y que algunos consideran como distintiva de la investigación narrativa. A partir de estos supuestos básicos se profundiza en las características de la investigación narrativa, con especial atención a las particularidades propias de la posición relativista. Se finaliza con una panorámica de las posibles aplicaciones de la investigación narrativa en la Psicología, citando diversos trabajos que ilustran la aplicación de esta forma de investigación en dicho campo.

¿Qué es la investigación narrativa?

Al tratar de responder esta pregunta surge la necesidad de aclarar qué es una narrativa, y respecto a este segundo interrogante no puede darse una respuesta definitiva, lo cual no quiere decir que no se deba intentar buscarla, y resulta imperativo asumir el compromiso de retomar lo que se ha escrito acerca de lo que pueden significar las narrativas.

De una manera más precisa, las narrativas serían las estructuras o modelos que la gente suele emplear para contar historias (Bamberg, 2006; Freeman, 2006). Combinando distintas visiones acerca de esta cuestión, las estructuras narrativas suelen contener temas, personajes que se inte-rrelacionan mediante hechos y sucesos que dan forma a un argumento desarrollado secuencialmente en el tiempo y el espacio, y una explicación o una consecuencia final (Cobley, 2001; Czarniawski, 2004; Elliott, 2005; Gergen, 1999a; Nelson, 1998 ; Riessman, 2008).

A menudo los términos "narrativa" e "historia" se utilizan indistintamente como sinónimos; Frank (1995, p. 188) afirma que "[...] en la medida en que las narrativas solo existen en historias y todas las historias son narrativas, a veces es difícil mantener la distinción. Sin embargo, a pesar de sus muchas afinidades, una narrativa no es exactamente lo mismo que una historia. En primer lugar, existen distintas maneras de entender el concepto "historia". Denzin y Lincoln (2000) diferencian entre la "historia" (story) de vida y la "Historia" (history) de vida. El primer término, que enfatiza el carácter personal e individual de los relatos, se refiere a la narración biográfica que hace una persona de acontecimientos, situaciones y experiencias significativas en su vida. Contar 'historias' supone seleccionar y organizar elementos dispersos que se presentan en el transcurso de la vida, dotándolos de un significado global. Al narrarse, dicha globalidad configura una unidad comunicativa que, al mismo tiempo, expresa y conforma las identidades individuales. En cambio, la 'Historia', además de incluir el relato de vida, permite reconstruir más ampliamente la biografía en el marco de un determinado contexto social, cultural e histórico. El individuo construye su 'historia' —o la de otro-dentro de un marco significativo proporcionado por las 'Historias', las cuales ilustran la parte social de los relatos, los elementos compartidos en los relatos de los individuos.

El término "historia" se refiere además a los relatos que la gente cuenta, mientras que el término "narrativa" se utiliza para discutir acerca de las dimensiones o las propiedades de las historias, como su decibilidad1, secuencias de actos de habla, estructuras, temáticas, categorías, estrategias retóricas y/o temporales incluidas en una historia particular. El campo semántico de lo narrativo sugiere un contenido temático, una estructura, una dimensión representativa de las propiedades de la historia que crean y utilizan quienes las cuentan, aunque a menudo no se den cuenta de ello. Si bien muchos investigadores utilizan ambos términos como sinónimos, el de "narrativa" tendría una connotación académica, ya que, como plantea Frank (1995), la gente no cuenta narrativas, cuenta historias. Lo que hace la investigación narrativa es estudiar las narrativas para comprender las historias, y analizar las historias para obtener narrativas.

Una vez introducidos estas aclaraciones sobre las historias y las dimensiones de que se compone (las narrativas), es preciso volver a la pregunta inicial: ¿qué es la investigación narrativa?

De acuerdo con Clandinin, Pusher y Orr (2007), la investigación narrativa es un proceso dinámico de indagación basado en una serie de asunciones epistemológicas y ontológicas que se ponen en juego desde los primeros pasos de la concepción y el diseño de la investigación hasta la manera en que se procesan y analizan sus resultados. Esta definición amplia de las narrativas como forma de acceder al conocimiento, aunque imprecisa, permite reconocer que su conceptualización va a depender de la manera como el investigador concibe la realidad y algunos fenómenos que subyacen a las narraciones, como el de la identidad. En consecuencia, teniendo en cuanto los fundamentos epistemológicos, existen dos enfoques básicos para entender la narrativa como investigación: por un lado, los trabajos que responden a una epistemología neopositivista y, por otro, los que se basan en supuestos relativistas que se corresponden con una epistemología construcionista (Lieblich, Tuval-Mashiach & Zilber, 1998).

Los supuestos neopositivistas consideran que la realidad es independiente de nosotros, que está 'ahí fuera' y que puede ser aprehendida tal y como es. Estos principios propios de una concepción realista del mundo son trasladados a los objetos de estudio propios de la investigación narrativa. Por ejemplo, Smith y Sparkes (2006) plantean que, desde esta perspectiva, la identidad sería el relato que se encuentra escondido dentro de nosotros, el cual se ha construido con materiales recogidos a lo largo de nuestra historia personal. Responder a la pregunta 'quiénes somos' supondría, en este caso, descubrir esa historia 'real' que subyace en nuestra identidad y hacerla explícita. De esta manera, cuando se cuenta una historia no se está creando una identidad, sino describiendo una identidad preexistente, aunque estuviera escondida en la mente. La epistemología que se deriva de estos supuestos considera que existe un conocimiento objetivo del mundo y de la identidad, también, que puede establecerse algún sistema para diferenciar las interpretaciones veraces de las que no lo son.

En este sentido, la investigación narrativa tendría la capacidad de reflejar las experiencias de las personas tal y como son en la realidad y, por lo tanto, deberían establecerse relaciones congruentes entre lo que se cuenta de la vida de las personas y lo que realmente viven (Laboy, 2006; Johnstone, 2006).

Por el contrario, los supuestos relativistas consideran que el mundo y la identidad son múltiples, y que las múltiples realidades existentes no son dependientes de la mente de las personas. Desde estos supuestos, asimismo, el significado no se ubica en la mente individual, sino que son las relaciones las que lo crean; pasa de una construcción individual a una construcción social (Gergen & Warhus, 2003).

Es decir, se asume que 'ahí fuera' no existe una realidad social independiente del sujeto que intenta acceder a ella. Y, del mismo modo, se asume que la realidad social, al ser múltiple, resulta poco receptiva a la concepción de una verdad absoluta, y desde esta perspectiva, más bien, la posición es de continuo cuestionamiento de aquello que hemos considerado obvio, correcto, natural o evidente (Iñiguez, 2003). A partir de estos supuestos relativistas, el conocimiento sobre el mundo social se considera una construcción falible y subjetiva. No se plantea la existencia de una realidad social totalmente objetiva, es decir, una realidad que sea independiente de los propósitos, intereses, aseveraciones o supuestos teóricos. Desde esta perspectiva, nunca puede saberse con certeza qué hay 'ahí fuera' o cuál es la interpretación cierta de las cosas, lo que no supone un problema para quienes se adhieren al relativismo. Al contrario, como plantea Smith (1989), la verdad es "[...] el resultado de un acuerdo socialmente condicionado, que proviene del diálogo y del discurso razonado" (p. 171). Con otras palabras, las identidades y narraciones se consideran creaciones de las personas, construcciones narrativas a las que las personas dan forma en función de los referentes, de los marcos de interpretación que utilizan, con una determinada audiencia y en un momento y contexto particular.

En síntesis, la primera postura correspondería con una visión realista de la investigación narrativa, que tiene correspondencia con trabajos que intentan mostrar evidencias empíricas y explicaciones teóricas a la experiencia personal. La postura relativista/construccionista se vincula con estudios más subjetivos, en los que se sugiere una interpretación de la experiencia personal entre las múltiples posibles. Ambas posturas están vigentes, y son reconocibles y aceptadas en la literatura sobre investigación narrativa.

Sin desconocer las limitaciones y fortalezas tanto de la investigación científica empírica como la de otros modelos más subjetivos, el asunto de la rivalidad entre los dos modelos está prácticamente superado y lo que se busca, en cambio, es aprovechar las ventajas de cada uno en un intento por integrar los diferentes aportes de los enfoques tanto cuantitativos como cualitativos, y así obtener unos métodos que se ajusten de manera más precisa a los fenómenos sociales que se pretende estudiar.

No obstante, en este trabajo de revisión se privilegian las características y los usos de la postura relativista/constructivista en la medida en que supone una alternativa a los postulado neopositivistas que tradicional-mente se han presentado en los campos de las Ciencias Sociales y las Humanidades como la verdadera manera de reflejar la realidad y crear conocimiento. Sin embargo, como subraya Bruner (1990), las distintas formas de conocimiento son, básicamente, distintas narrativas. De hecho, sea cual sea la forma que tome el conocimiento, su fuerza, en parte, proviene de la manera en que se traslada al lector la experiencia que se está contando. Y, en este sentido, la investigación narrativa, especialmente desde los supuestos constructivistas, tiene la capacidad de dejar ver la realidad social desde sus complejidades y permite la permanente indagación sobre esa misma realidad, que cambia y se transforma.

CARACTERíSTICAS DE LAS NARRATIVAS DESDE LA PERSPECTIVA CONSTRUCTIVISTA

A partir de estos supuestos básicos que conforman y justifican la investigación narrativa es posible ofrecer un listado, siempre orientador y provisional, de una serie de elementos que contribuyen a concretar más lo que se entiende por "investigación narrativa", precisando especialmente en las características que derivan de los supuestos ontoepistemológicos relativistas, y enfatizando sus implicaciones en el campo de la Psicología.

Como primera característica de las narrativas se puede mencionar que en ellas se construyen lo significados básicos para el ser humano, en tanto que el ser persona implica (re)crear y vivir en un mundo lleno de significados. Esto es así porque, como comentan Brockmeier y Harré (2001), "[...] vivir es dar significado a tu vida: en realidad, el proceso de la construcción de ese significado es el verdadero centro de la experiencia vital" (p. 49). Del mismo modo, Polkinghorne (1988) señala que el estudio del comportamiento humano precisa explorar los sistemas que dan significado a la experiencia. Stelter y Roessler (2007) destaca la importancia de centrarse en comprender el significado de la experiencia humana, en la medida en que las personas vinculan sus experiencias y sus acciones con significados específicos. Sin embargo, desde un punto de vista narrativo, el significado no equivale a la posesión de información o la definición conceptual, sino que más bien se asocia a un continuo proceso interpretativo. Como afirma Bruner (2000a), el significado es "[...] una invitación a buscar la solución del problema. Hablar sobre el significado, supone más hablar sobre la carretera que sobre el destino al que conduce" (p. 20). Con otras palabras, se subraya el sentido procesual del significado, ya que un hecho o un objeto puede adquirir significados distintos en función de las narrativas que le dan sentido.

Las narrativas son unos de los instrumentos primordiales para la creación y comunicación del significado. Desde un posicionamiento narrativo, los significados no están teorizados como representaciones o propiedades estables de un objeto en el mundo.

Ni tampoco los mundos más íntimos ni las experiencias en sí mismas implican un determinado significado. Ellos, en cambio, son construidos, modificados y desarrollados de forma narrativa (Polkinghorne, 1988). Las narrativas son el marco en el que se da significado a las experiencias, las hacen significativas y le dan sentido (Bochner, 2002).

Ahora bien, cuando se intenta dar cuenta del papel que juegan los procesos de significado en la psicoterapia, emergen las narrativas como modelo de trabajo psicoterapéutico para generar cambios o mejorías frente a los problemas emocionales.

En las siguientes líneas se aprecian las aplicaciones terapéuticas que han hecho los profesionales de la Psicología a la conexión entre significado y narrativa.

Terapeutas en investigadores encuentran en los relatos la posibilidad de afrontar y superar diversidad de percances, de configurar y reflejar los valores e intereses de nuestros tiempos; lo que significa ser hombre o mujer; ser una familia, un padre o una madre, tener éxito o fracasar (Walsh, 2004) .

Joan Laird y Green (1996) remarcan que gracias a la elaboración de relatos y estructuración de narrativas se llega a conocerse a sí mismo y a construir identidades coherentes a fin de otorgar sentido al contexto social más amplio. Del mismo modo, Susan Griffin (1993) afirma que existe una profunda necesidad de las personas por mantenerse conectadas con la sociedad en general y con su propia historia. Sostiene que toda la historia forma parte de cada uno, de modo tal que cuando se cuentan relatos, ya se refieran a los miembros de la familia o a sucesos trágicos ocurridos mucho tiempo atrás o en sitios remotos, se llega a comprender mejor la propia vida.

Bertram Cohler (1987) ha subrayado la importancia de la coherencia narrativa para comprender los sucesos disruptivos, para construir, organizar y sintetizar las experiencias propias. La adversidad y la angustia que la acompaña se convierten en tensiones y principios organizadores de un relato de vida y un sistema de creencias coherentes (Bruner, 1986). Sea una catástrofe natural, una tragedia personal o un prolongado período de penurias, la adversidad genera una crisis de significado y una ruptura potencial de la integridad personal. Esa tensión da lugar a la construcción o reorganización de la historia (story) de vida y de las creencias.

Con el paso del tiempo se pueden revisar los relatos de adversidad y resiliencia a fin de encontrar o mantener un sentido de coherencia e integridad. Entonces, una de las tareas principales de la terapia basada en narrativas consiste en el esfuerzo por reorganizar un relato de vida en el que las desdichas pasadas o actuales se presentan como un impedimento a la capacidad de avanzar (Burke, 1985).

En investigaciones realizadas en Colombia también se han usado las narraciones para investigar fenómenos sociales y humanos en los que el núcleo problémico incluye un traumatismo inesperado. Tal como el estudio realizado por Rodríguez (2006) sobre las transformaciones que sufre un familia en situación de desplazamiento forzado. A través de las narraciones los integrantes de las familias que llevan un tiempo de asentamiento corto, y particularmente los desplazados, por el miedo o la amenaza, suelen desarrollar reflexiones en torno a los relatos y en los que al exaltar el valor fundamental de la vida, le dan un sentido a su experiencia. Este hecho es fundamental en el proceso de asumir el cambio y reorganizar la familia bajo las nuevas circunstancias.

Igualmente, frente a la decisión de desplazarse, los miembros de estas familias se narran como agentes activos y no meramente como actores de las adversidades externas. Así, las narrativas también permiten analizar cómo reflexionan los desplazados en torno a sus proyectos de vida, y de acuerdo con lo planteado por Meertens (1999), se identificó que esos proyectos están relacionados no solo con la supervivencia cotidiana, sino que van más allá, pues connotan futuro, planeación, metas y voluntad de superación.

Las narraciones que surgen en los desplazados sobre la lucha permanente que tienen que afrontar permite la reflexión y asunción de actitudes y el desarrollo de estrategias acorde con el sentido que pueden darles a sus vidas luego de la ruptura de los lazos sociales y familiares a causa del desplazamiento.

Una segunda característica hace referencia a que las narrativas se adquieren en la relación con los otros, en tanto que el ser humano en su condición inherente de mantenerse en interacción permanente con los otros no puede ser autosuficiente ni estar aislado, sino que es socialmente interdependiente. De ahí que las narrativas y los significados se generen y se adquieran en relación con los demás. Es más, como sugiere Gergen (1999a), la investigación narrativa difiere de otras perspectivas de estudio precisamente en su énfasis en las relaciones sociales, en la medida en que los significados se revelan y se hacen inteligibles en relaciones sociales. Es decir, las narrativas no están conceptuadas como guiones cognitivos alojados en el propio individuo, ni el significado se considera una propiedad perteneciente a la mente de las personas que, sencillamente, hacen llegar a los demás a través de las narrativas. En cambio, plantea Gergen (1999a), los significados se construyen de manera concertada con otros, ya sean estos reales o imaginarios. De este modo, las narrativas no recrean, generan y obtienen significado en el interior de las personas, por así decirlo, sino en las relaciones que se establecen con los demás.

Rodríguez (2006) ofrece un ejemplo de esta concepción relacional del significado narrativo en el ámbito de la Psicología al estudiar en su investigación con población desplazada la manera en que las mujeres, parientes o vecinas se apoyan en aspectos cotidianos como el cuidado de los hijos, el compartir alimentos y el préstamo de dinero en familias desplazadas del departamento de Cundinamarca (Colombia).

En efecto, como ha subrayado Meertens (1999), las mujeres son las que en las nuevas condiciones de vida conforman redes de apoyo entre la vecindad y en grupos comunitarios. Con otras palabras, con las narraciones se descubre que las familias desplazadas son agentes frente a las situaciones adversas que les toca afrontar y son capaces de generar recursos para poder sobreponerse y seguir adelante en la reconstrucción de sus vidas. Estas habilidades de interacción no se desarrollan aisladas y requieren de ciertas condiciones e interacciones sociales.

La tercera característica de las narrativas es su carácter personal, son únicas e individuales en la medida en que contienen circunstancias, emociones, sentimientos y motivaciones particulares. Esta dimensión individual afecta el concepto de autoría, según el cual, los individuos tienen determinados grados de libertad para construir el relato que cuentan (Gergen, 1999b). A pesar de ello, las narrativas no son enteramente personales: no brotan de la mente del individuo solamente. No son naturales, ni pueden construirse enteramente a voluntad; no todas las narrativas pueden contarse a todo el mundo, ni tampoco pueden ser contadas siempre de la misma manera. Las personas o audiencias a las que van dirigidas las historias, así como los lugares y los tiempos en los que se escuchan, influyen en lo que dicen y en cómo lo dicen (Smith & Sparkes, 2008). Las historias no son un producto exclusivo de su narrador. El receptor de la historia, de alguna forma, se convierte en su coautor. En este sentido, los investigadores no encuentran o descubren narrativas, sino que participan activamente en su creación (Riessman, 2008).

Por otra parte, las narrativas también son una forma de acción social. Como plantean Atkinson, Coffey y Delamont (2003), "[...] la gente hace cosas con las palabras y hace cosas con las narrativas. [...]. Con las narrativas se justifican o legitiman el pasado y las acciones presentes o futuras" (p. 117). Mediante las narrativas se defiende que la experiencia interior tenga cabida en el mundo cultural. Esto se hace con un repertorio limitado de recursos procedentes de la cultura en la que se vive, lo cual constriñe la capacidad de construir y comunicar narrativas. Como plantea McLeod (1997), "[...] aunque el narrador se refiera a un conjunto único e individual de asuntos personales, solo puede hacerlo acudiendo a estructuras y géneros que dependen de los recursos narrativos que proporciona una determinada cultura"( p. 94). De ahí que, si bien cada uno cuenta historias, ninguna historia pertenece exclusivamente a uno mismo (Smith & Sparkes, 2008a). La construcción y la comunicación de las historias personales son configuradas, facilitadas o dificultadas por las narrativas que circulan en la cultura en la que dichas personas están inmersas.

Una cuarta característica consiste en que las personas construyen sus identidades mediante narrativas y las cuestiones referidas al jo y a la identidad (la compresión de quién soy y quiénes somos) (Ricoeur, 2006), que han sido objeto de estudio de la Psicología desde sus inicios como ciencia del comportamiento humano, resultan primordiales en la investigación narrativa. Esto es debido a que, como plantea Bruner (2000b), no solo las personas hacen narrativas, sino que las narrativas hacen a las personas. Según Eakin (1999), se dice lo que somos y cómo queremos que los otros crean que somos mediante narrativas acerca de nosotros mismos y acerca de lo que pensamos que merece ser valorado. Este proceso se hace constantemente en tanto que las narrativas son la posibilidad de intercambio social dentro de un discurso y no hay conversación en la que no se haga uso de ellas.

De nuevo, la construcción narrativa de la identidad no está aislada del contexto social y cultural, sino que se produce en relación con ciertos interlocutores cruciales en los procesos de configuración del yo individual y colectivo. Al asumir que las identidades y los jos se generan en un proceso de intercambio narrativo, la investigación narrativa, especialmente la que se realiza desde postulados relativistas, ofrece una alternativa a la concepción tradicional o realista de que el discurso de las personas transmite de manera transparente lo que una persona, en esencia, es. De acuerdo con Polkinghorne (1988), una persona es, en esencia, "un cúmulo de historias contadas con alguien y para alguien que dan forma y sentido a diferentes maneras de ser y actuar en el mundo" (p. 16). Con otras palabras, la esencia narrativa de nuestro jo o nuestra identidad no se describe, sino que se crea en el proceso de contar historias.

La quinta característica de las narrativas desde la perspectiva construc-tivista es que ellas configuran una manera primordial de organizar y experimentar la temporalidad en la que se desarrolla la experiencia de vivir. A diferencia de otras perspectivas, esta investigación presta una atención especial a la manera en que se experimenta el tiempo en relación con los sucesos que acontecen. Como plantean Phoenix, Smith y Sparkes (2007), el tiempo es una dimensión de la existencia humana de la que no se puede escapar. Pero la manera en que se le da sentido al tiempo y a la experiencia temporal del pasado, el presente y el futuro está en gran medida determinada por significados construidos narrativamente. A ese respecto, Charon (2005) plantea que "[...] los seres humanos usamos las narrativas para documentar el paso del tiempo, el propio lenguaje marca un antes, un ahora y un después del relato de la historia que, a su vez, necesita un principio, un desarrollo y un desenlace" ( p. 30).

En este sentido, a diferencia de otras perspectivas de investigación, la investigación narrativa presta una especial atención a la naturaleza temporal de las experiencias vitales (Stelter & Roessler, 2007). Por una parte, organiza el tiempo cronológico narrativamente, estructurando la experiencia vital en ciclos, periodos o momentos separados por transiciones, y por otra, el tiempo ontológico, la vivencia subjetiva de lo temporal, es narrativa en la medida en que la percepción del pasado, el presente y el futuro depende de la manera de organizar la memoria y la perspectiva del porvenir, y ambas —memoria y porvenir— tienen un carácter esencialmente narrativo (Sparkes, 2003; Smith, 1989). Con otras palabras, la investigación narrativa ofrece la posibilidad de comprender no solo la manera en que se vive en el tiempo, sino la manera en que se vive el tiempo.

APLICACIONES EN PSICOLOGíA DE LA INVESTIGACIóN NARRATIVA

La investigación narrativa, fundamentalmente la de carácter construc-tivista, ofrece al campo de la Psicología una forma de representar y reproducir dramáticamente los eventos vitales (Villegas Besora, 1995). La experiencia de narrar, a su vez, ayuda a comprender y contener las tensiones, sorpresas e incoherencias de la experiencia real; sin embargo, a pesar de que al narrar se puede lograr que una experiencia sea más manejable, la oportunidad para la ambigüedad es mantenida porque la narrativa permite, simultáneamente, la reinterpretación y el resurgimiento de la experiencia desde distintas perspectivas (Robinson & Hawpe, 1986).

Es importante entender que todos los autores que se vinculan a la perspectiva narrativa están de acuerdo en que las narrativas permiten a los individuos satisfacer sus "necesidades de sentido" y dar a la experiencia su continuidad. Vogel (1995) toma prestada de Neimeyer (1994) y Neimeyer y Mahoney (1998) la idea de que una persona puede utilizar las narrativas para organizar y reorganizar su sentido de ser, es decir, para establecer una continuidad del significado de la experiencia vivida por el cliente.

Otras funciones que se les pueden atribuir a las narrativas son la de establecer un propósito a las acciones, justificar las mismas asignándoles un valor, lo cual permite el desarrollo de un sentido de eficacia y poder, lo cual conlleva a mantener la autoestima y el valor propio. Baumeister y Newman (1994) piensan que las narrativas permiten la integración de eventos negativos de manera que la autoestima sea mantenida.

En un estudio sobre narrativas resilientes en policías discapacitados por hechos violentos, realizado en Cali (Colombia) (Rodríguez, 2006), se encontró que la aparición de una narrativa resiliente estaba asociada a la conformación inicial de significados que fortalecían el sentido del sí mismo, a través de la interacción con diversidad de audiencias, siendo la familia de origen la más importante. En estos casos se identificaron aspectos como la autoestima personal, la interiorización de límites y normas, la independencia emocional y el rol de género, además del apoyo y solidaridad familiar que contribuyeron a la creación de una identidad narrativa inicial que se consolidó aún más con otras audiencias como los pares y el sentido de responsabilidad y servicio social que le otorgaron al hecho de ingresar a la policía.

También emergieron relatos que validaron la pérdida de recursos psi-cosociales y la dificultad para encontrar audiencias que aceptaran su nueva identidad narrativa como personas en situación de discapacidad. Sin embargo, el afrontamiento de la situación se transformó, a partir de la construcción de lazos de amistad con personas que compartían su misma situación, con la posibilidad de encontrar conversaciones que retaran los relatos dominantes del déficit, a través de la participación en el deporte, el trabajo, el activismo político, lo cual les permitió a los policías intercambiar recursos emocionales que los ayudaran a asimilar creativamente la perdida (Rodríguez, 2006).

Otro tema importante que trabaja la Psicología es el de la configuración de subjetividades, y en este sentido también la investigación narrativa muestra sus aplicaciones, como en el caso del estudio sobre mujeres indígenas en el Cauca (Corrales, 2005), donde se recogieron los dilemas que enfrentan en su diario acontecer, sus renuncias a sus sueños y esperanzas. Para ellas las narrativas se convirtieron en construcciones emocionales y sociales que les permitieron subsistir en medio de la barbarie y contribuir mediante la palabra a visibilizar, reconfigurar y contextualizar en Colombia el pensamiento femenino.

El conversar les permitió a las cinco mujeres participantes en el estudio, valorar sus quejas, resaltar sus resistencias individuales o comunales, su capacidad para sobrevivir y pervivir. En el fondo lo que se lograba en sus conversaciones era una tramitación de silencios acumulados, de recursos aplazados, de renuncias continuas, de sueños jamás hechos realidad y de dolores nunca purgados. Entonces las historias de vida se vuelven tradiciones orales que rompen linealidades previstas y esperadas por los dominadores (Shenhav, 2005). Este planteamiento, acotado por Benjamín, reconoce que la historia es el dominio de la clase dominante, mientras que los subordinados se relegan al campo de la tradición.

De igual manera, en las historias de vida de las mujeres afectadas por el conflicto armado colombiano se narran sus dramas pero también sus aspiraciones para situarse en sus territorios de padecimiento y de esperanzas; relatos en los que ellas son autores y actores, al unir el yo individual con el colectivo, reconociendo y sintiendo la distancia y cercanía de sus diversos yo (Corrales, 2005).

Del análisis de las historias en los estudios esbozados anteriormente se puede concluir que el campo de las narrativas tiene un sinnúmero de utilidades que permiten no solo comprender e interpretar fenómenos sociales impregnados de dolor y sufrimiento, sino también entender las posibilidades y recursos de los humanos para afrontar con valentía las adversidades. Así, los relatos desesperanzadores también abren la puerta para un camino de esperanzas por un futuro mejor (Vanistendael, 2002).

En últimas, las palabras dichas en los relatos, aunque surgen en medio de un proceso investigativo que busca esencialmente la comprensión de un fenómeno, conllevan, si hay una adecuada contención y atención del otro, la posibilidad de exteriorizar, resignificar y reparar el dolor humano; esto posibilita una forma de intervención psicológica sin estar formalizada en el contexto de la terapia propiamente dicha, pero que surge espontáneamente en los escenarios naturales donde transcurre el día a día de las personas.

CONCLUSIONES

Las narrativas juegan un importante papel en la vida de las personas y pueden resultar relevantes para comprender y ofrecer recursos a quienes investigan fenómenos en el campo de la Psicología.

La investigación narrativa centra su atención en la interpretación y comprensión profunda de experiencias y significados que están presentes en las historias que se cuentan (Ramsay, 1998); a través de ellas las personas dan forma a su realidad y al mundo en que se vive. Tienen la cualidad de ser personales y sociales en la medida en que sirven para configurar la presencia en el mundo; también las identidades y la organización temporal de la experiencia se configuran narrativamente.

La investigación narrativa puede contribuir a comprender y motivar a la acción comunicativa en ámbitos tan amplios y tan diversos como la dimensión relacional, los mundos personales, el fundamento sociocultural de las experiencias, la coherencia, los ciclos vitales y la vivencia corporal de la vida social. La investigación narrativa, especialmente desde su concepción constructivista, propone una alternativa a las concepciones neopositivistas, lo cual posibilita explorar diversas formas de análisis y de procesamiento de resultados. En el campo práctico, el estudio de las narrativas puede servir para ampliar el repertorio narrativo y el abanico interpretativo de las personas y los grupos.

Con esta revisión sobre sus supuestos, características y potenciales usos se ha intentado mostrar que a pesar de tratarse de una forma de investigación relativamente nueva, la investigación narrativa presenta un gran potencial en el campo Psicosocial y puede contribuir a ampliar los horizontes de investigadores preocupados por profundizar en los significados personales, sociales y culturales de muy diversos aspectos de la vida en sociedad.

Las narrativas proporcionan una organización de sentido en una situación de pérdida emocional o física ocasionada por un acontecimiento traumático; permiten comprender cambios y permanencias en la identidad narrativa antes, durante y después de ese acontecimiento y, a su vez, el intercambio lingüístico con otros impulsa a reeditar los significados sobre momentos de perdidas.

Al narrar se abre la posibilidad de transformar relatos dominantes concebidos desde el déficit, la incapacidad y la desesperanza a relatos alternativos de esperanza, satisfacción y recuperación que representan nuevas concepciones o formas de pensar sobre el sí mismo y la realidad.

Desde las historias de vida se recogen las subjetividades que revelan los dilemas y preocupaciones de personas que afrontan adversidades, pero también señalan los desafíos que se imponen para subsistir y salir adelante; esto posibilita una construcción emocional y social en las personas que con el arte de lenguajear2 logran dar sentido a sus vidas.

Dicho esto, es importante afirmar que la investigación narrativa, no es, por supuesto, la investigación que puede explicar todo, como tampoco lo es ninguna otra forma de investigación.

En la medida en que no responde a la ortodoxia metodológica, la investigación narrativa puede ser considerada como un método alternativo de investigación en el campo de la Psicología. Sería deseable que la comunidad de investigadores reconociera que acogiendo diversas formas de crear conocimiento, de una u otra medida pueden beneficiarse todos.

Además, resulta propio del espíritu crítico y la curiosidad científica acercarse a los límites de un campo de conocimiento para mirar más allá, reconociendo que la diversidad académica resulta especialmente adecuada en un campo de conocimiento tan heterogéneo como el nuestro, en el que coexisten diversos acercamientos disciplinares que aportan comprensión a muchos y muy diversos fenómenos humanos.

En definitiva, ninguna forma de investigar debería plantearse para poner en entredicho o imponerse a todas las demás, ni ninguna forma de análisis debería rechazarse a priori, sin valorar si puede proporcionar un conocimiento útil, relevante y adecuado en relación con los propósitos que la justifican.


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Notas

*Este artículo hace parte de la reflexión sobre el componente epistemológico - metodológico del proyecto "La Resiliencia Familiar emergente en situación de Desplazamiento Forzado: Un Modelo Teórico desde las Resiliencias de Padres e Hijos hacia los Recursos de las Familias en el departamento de Sucre", presentado como requisito para la candidatura al doctorado en Ciencias Sociales.

**Corporación Universitaria del Caribe, Sincelejo (Colombia).

*** Universidad de Manizales, Manizales (Colombia).

Correspondencia: Carrera 25 n° 11D - 17. Edificio Verónica, Apto. 403. Sincelejo (Colombia). elsydominguez@yahoo.es

1 Por decibilidad se entiende el conjunto de características destacadas que hacen a una historia digna de ser contada. La decibilidad de un relato depende de la naturaleza de los acontecimientos e incidentes narrados que confieren un interés concreto a la historia, convirtiéndose en puntos significantes, sorprendentes o merecedores de ser relatados en contextos específicos (véase Riessmann, 2008).

2 Maturana (2002) usa la palabra lenguajear para enfatizar el carácter dinámico relacional del lenguaje.


Psicología desde el Caribe
Revista del Programa de Psicología de la Universidad del Norte
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Universidad del Norte
Barranquilla (Colombia)
2013
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