Recibido: 3 de marzo de 2025
Aprobado: 27 de agosto de 2025
DOI: https://dx.doi.org/10.14482/eidos.45.002.006
Teoría crítica hoy: apuntes para organizar nuestro pesimismo*
Critical Theory Today: Notes to Organize our Pessimism
Silvana Rabinovich
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) silvanar@unam.mx ORCID ID: 0000-0002-9648-4155
R E S U M E N
En tiempos de oscuridad, al evocar el gesto de lectura de la teoría crítica, en el presente artículo abordaremos la experiencia apocalíptica de la cual nuestra época nos volvió testigos. Referiremos a la teología política nacional colonial genocida que la habilita mientras campea hoy en Palestina. La leeremos con las advertencias oportunas de Günther Anders: su exhortación a activar la imaginación crítica anestesiada por la técnica. Luego, nos detendremos en el uso colonial del término "antisemitismo", por cuyo medio se suele amenazar y censurar a las voces críticas. Finalmente, trataremos �con Walter Benjamin�de imaginar algunas estrategias que nos permitan organizar nuestro pesimismo.
Palabras clave: teología política, Walter Benjamin, Günther Anders, Gaza, antisemitismo.
A B S T R A C T
In times of darkness, in the path of critical theory, this article will approach the apocalyptic experience of our days. Firts, we will refer to the genocidal national colonial political theology that enables it, as it reigns today in Palestine. We shall read it with the warnings that Günther Anders bequeathed to our time: his exhortation to activate the critical imagination anesthetized by technique. Then, we will dwell on the colonial use of the term "anti-Semitism," by means of which voices are often threatened and censored. Finally, we will try �with Walter Benjamin� to imagine some avenues that allow us to organize our pessimism.
Keywords: political theology, Walter Benjamin, Günther Anders, Gaza, anti-Semitism.
Introducción
Desde hace un siglo, la teoría crítica señaló la necesidad de un cambio de posición ético y político en la filosofía. En la primera parte del presente artículo abordaremos el gesto de lectura que habilita el cuestionamiento radical que hoy renueva la actualidad del ejercicio de la teoría crítica. Desde esta perspectiva, especialmente teniendo en cuenta el pensamiento crítico de Walter Benjamin y Günther Anders, en la segunda parte nos aproximaremos a la teología política apocalíptica que caracteriza a nuestro tiempo. Señalaremos su aspecto colonial para enfocarnos en el carácter apocalíptico que se ha encarnizado en la Franja de Gaza. Finalmente, en la tercera parte, esbozaremos algunas estrategias para responder a la exhortación benjaminiana a "organizar el pesimismo".
Empecemos por recordar el motivo de la teoría crítica según Max Horkheimer en 1937 (2000, p. 77):
Pese a su comprensión profunda de cada uno de los pasos y a la coincidencia de sus elementos con las teorías tradicionales más avanzadas, la teoría crítica no tiene de su parte otra instancia que el interés, vinculado a ella misma, en la supresión de la injusticia social.
La teoría crítica filosofa con la brújula de la justicia social. Para señalar ese horizonte, traza un camino (un "método" muy particular, nada cartesiano, que involucra al cuerpo en un gesto).
UN GESTO DE lECTURA : LA PERSPECTIVA DEL NEGATIVO FOTOGRÁFICO1
Diversos filósofos, entre quienes se cuentan Nietzsche o Lévinas, han cuestionado la hegemonía de la metáfora óptica o heliológica en lo que atañe al conocimiento. Baste un repaso: el verbo griego "contemplar" (theorein), dio origen a la palabra teoría, la Ilustración (o Iluminismo) proviene del mismo campo semántico, al igual que los términos perspectiva, reflexión o idea (este último proviene del verbo griego idein cuyo significado es ver).
Ahora bien, si la teoría tradicional (Horkheimer, 2000) remite a la contemplación desencarnada que tiene origen en la alegoría de la caverna de Platón (República, vii, 514a.) y con Hegel llega a la identificación de lo real con lo racional, podríamos decir que el hábito de interpretación característico de la teoría crítica corresponde a un abordaje de la realidad que se parece a la visión de un negativo fotográfico al trasluz. Si la teoría tradicional se corona con la dialéctica positiva hegeliana, la teoría crítica se presenta como dialéctica negativa. Si la teoría tradicional supone un punto de vista exterior y desinteresado por parte de quien ejerce una pretendida autocomprensión, la teoría crítica reconoce que quien la practica se encuentra inmerso en la sociedad que le ocupa y que, por tratar de transformarla, su relación con esta es dialéctica. Al manifestar su compromiso político, la teoría crítica insta a la teoría tradicional a reconocer que su pretendida apoliticidad es... una decisión política.
De este modo, la racionalidad negativa practicada por la Escuela de Frankfurt cumplía la tarea de desafiar a la "irracionalidad" que se había apoderado de la sociedad europea desde los años 30 y que se revelaba como una consecuencia �siniestra� de la razón Ilustrada. Cabe señalar, en este caso, las metáforas del campo semántico de la fotografía ("negativo", "revelar"), que resuenan en términos propios de la teología ("teología negativa", "revelación"). Estos temas convergen en el pensamiento crítico de Walter Benjamin, en el cual se entrecruzan estética y política, así como ética y "teología".2 Al modo del negativo fotográfico visto al trasluz, en estos cruces transparecen los dispositivos ocultos de nuestra cultura (que muchas veces no son visibles por hallarse tan expuestos, al modo de "la carta robada" de Poe).
Tal vez en una lejana resonancia de Fedón, 118b, que deja el enigma de la deuda con el dios de la medicina, Horkheimer y Adorno (2009, p. 240) supieron mostrar la enfermedad de la cultura causada por la "falta de emancipación real de los hombres" que la ilustración (metáfora óptica por excelencia) había fracasado en generar. Evidentemente no se trató de desechar la razón. Señalando su polimorfismo, la teoría crítica se dedicó a rescatar la razón de aquellas categorías que la traicionaban (y, en esto radica su actualidad). Un ejemplo muy actual �en el contexto de la crisis ambiental y el recrudecimiento del belicismo en su fase de la así llamada "inteligencia artificial"� es la crítica a la ideología del progreso. La teoría crítica puso en entredicho uno de los pilares de la modernidad que hoy muestra su rostro más dañino: ideologizar el progreso causa daños sociales, morales, políticos, económicos y ecológicos cada vez más graves. En resumen: aquello que se presenta como "crecimiento" y "calidad de vida" . multiplica la muerte.
La Dialéctica negativa adorniana ubica a la elocuencia del dolor como condición de verdad (1975, p. 26), el cuerpo como expresión, gestualidad que (al modo del jesuita Marcel Jousse, cuya Antropología del gesto era conocida al menos por Benjamin) señala la potencia del corporage que reta al lenguaje a poner su atención en todos los sentidos. Con la lectura del gesto, del cuerpo, la potencia del negativo conjura una ideología homogeneizante que se pretende deshistorizada. La gestualidad lectora de la teoría crítica responde en acto a la pregunta spinoziana sobre lo que puede un cuerpo y muestra su potencia política.
En su esfuerzo por suprimir la injusticia social, la teoría crítica cambia el gesto de lectura para �a través de la luz difusa del negativo� dejar traslucir aquello que a plena luz no se ve y hace patente la opacidad de aquello que desde la positividad de la teoría tradicional parecía nítido. De una instantánea actual, una mirada del negativo fotográfico señala la trama teológico-política que sostiene el genocidio en Palestina. Es lo que abordaré en la segunda parte.
Teología política apocalíptica: Walter Benjamin con Günther Anders
Si en la medianoche del siglo pasado Walter Benjamin (2008), en la primera tesis sobre el concepto de historia, se empeñó en mostrar la necesidad de una teología que desde su ocultamiento salve a la política de sí misma, Günther Anders, quien �aun sin ser parte de la Escuela de Frankfurt, hizo teoría crítica con un inquebrantable compromiso por suprimir la injusticia� alertó, después de Hiroshima, de una perversión (secularista) de la apocalíptica.
El filósofo que dedicó su vida a alertar al mundo sobre los peligros y la aberración de la era atómica, el mismo que declaró la obsolescencia del ser humano (Anders, 2011), así como la obsolescencia del odio en el acto de matar a otro (Anders 2019b), percibió una escisión en la apocalíptica moderna. Este cisma entre el tiempo del fin y el fin de los tiempos sin duda se debe a la "a-sincronía del hombre con su mundo de productos" a la que dio el nombre de "desnivel prometeico" (Anders, 2011, p. 31). Denomina Günther Anders "vergüenza prometeica" (2011, p. 35) al impulso por acabar con los límites en la capacidad productiva que, paradójicamente, hace crecer la limitación de las capacidades humanas para dominar aquello que se produce. La tradición cabalística judía prefiguraba este pensamiento en el Golem (Scholem 1988, p. 175). Producto de la aspiración humana de parecerse al Altísimo (Isaías 14: 14), esta leyenda advertía contra la desmesura. Es sabido que la envidia (a Dios) produce una vergüenza (por la humana limitación) que puede derivar en el odio a sí mismo. Todos estos elementos auguran un final aterrador, el cual es acelerado por un miedo que, paradójicamente, consuma lo temido.
En 1960, en el contexto de la producción de armas atómicas, Anders sostuvo que estamos condenados a vivir como "los primeros de los últimos hombres" (2007, p. 27). Productores de aquello mismo que nos amenaza, a diferencia de los apocalípticos religiosos (judíos y cristianos, que esperan el fin de los tiempos), los modernos seculares �fabricantes de los mismos instrumentos que amenazan con la catástrofe� padecen de una "pasión apocalíptica" que consiste �en un medio claramente belicista� en evitar el apocalipsis. Esta nueva situación tecnificada �ascética que se considera a sí misma objetiva y ajena a la maldad� crea la escisión, cargada de temor al desconsuelo, que da origen al tiempo del fin (Anders, 2007, pp. 29-30). Esto se vuelve patente en nuestra era de las armas autónomas, que se pretenden más "morales", pues su "objetividad" en la detección de las víctimas les permite actuar exentas de odio. En estos días, el uso de la "inteligencia artificial" por parte del ejército de Israel (Abraham, 2024) con el fin de masacrar a la población que se encuentra sitiada en la Franja de Gaza, remite a actos cometidos presuntamente "sin intervención humana" (Anders, 2007, p. 74).
En el tiempo del fin, según el filósofo, actúa una "ley de la oligarquía" (Anders, 2007, p. 62), la cual permite que, en pocas manos agraciadas por la técnica al servicio de las formas de la dominación política, se produzcan las matanzas de la mayoría de la humanidad a la que se considera como una "cantidad insignificante". El apelativo "terrorista" es suficiente para deshumanizar a quien designa. Desprovistas de su humanidad, esas "masas" encierran vidas que se consideran inmerecidas. Acabar con ellas se percibe como una misión moralmente plausible y hacerlo desde la alta tecnología libera al ejecutor de cualquier sentimiento de culpa. Anders caracteriza a esta era "poshumana" por la "instrumentalidad total" (2007, p. 75). Dicha poshumanidad no deja indemnes a los perpetradores: ellos mismos se sorprenden del poder de su tecnología... ante el cual se victimizan.
Catástrofe sin redención la llama el historiador Enzo Traverso (2014): el tiempo del fin, propuesto por Anders, anuncia aquello que teme: el fin del tiempo, pues solo vislumbra un apocalipsis "sin Reino" (Anders, 2007, p. 87). Entonces pretende postergarlo bajo el espejismo del progreso. Así, se mantiene indefinidamente al borde del fin, soñando con vivir en un "reino sin apocalipsis" (2007, p. 90).
Como es sabido, la trama teológico-política había sido propuesta por Schmitt y discutida por Taubes (este último se diferenció de la apocalíptica contrarrevolucionaria del primero asumiéndose � en la línea de Benjamin� como "apocalíptico de la revolución"). Me interesa aproximarme a la teología política colonial que, desde octubre de 2023, desató la última amarra apocalíptica en Palestina/Israel.
a- Teología política colonial: distorsiones de la soberanía y del antisemitismo3
El trágico acontecimiento que permitió su nacimiento se ha convertido gradualmente en su principal justificación histórica y, una vez inscripto en su mesianismo nacional, en el pretexto constantemente invocado para justificar sus actos. En otros términos, la memoria del Holocausto se ha injertado en el tronco del sionismo para convertirse en matriz de una religión política: el nacionalismo israelí. (Traverso, 2014, p. 187)
Esta cita de Enzo Traverso señala al Holocausto como clave de la religión política israelí. En cuanto al "mesianismo nacional", debe entenderse a partir de la secularización, por parte del sionismo, del atributo divino de la soberanía. En la religión judía, solo Dios es considerado soberano del mundo (ribon 'olam). Ahora bien, en la lengua hebrea secularizada, el substantivo abstracto ribonút (soberanía) ahoga el concepto teológico mencionado en el corsé del Estado nacional.
El sionismo, como movimiento nacional europeo, imitó las categorías políticas que habían dado el marco de exclusión de los judíos en aquel continente y, en una lectura mediocre del superhombre nietzscheano, desde un impulso prometeico robó a Dios sus atributos para darlos como ofrenda al "nuevo hombre judío". Este último recibió el nombre de tzabar (castellanizado como sabra), que es el fruto del cactus, que se explica por la descripción de este hombre nuevo: "espinoso por fuera, pero dulce por dentro". Esta metáfora desértica fortalecía el mito de que las inmigraciones sionistas hicieron un "vergel" del "desierto" (cuando en realidad, la astucia y el engaño fueron los medios que permitieron a sus miembros cumplir con el objetivo de expoliar la tierra, los cultivos, los pozos de agua a los habitantes originarios). Que la industrialización y el monocultivo sean vistos como "vergel" indica que fue necesario hacer un desierto de la tierra entonces cultivada por los habitantes originarios de Palestina según la técnica de terrazas. El documental Bayyaratina, de Suha Shoman (2009), da cuenta de la destrucción de los cultivos de su abuelo (naranjas, mandarinas, dátiles), en diversas etapas, por el ejército que se precia de ser "el más moral del mundo".
En los años previos a la fundación del Estado de Israel (momento al cual los palestinos denominan con la palabra árabe que designa la catástrofe: nakba), el pasado reciente de la destrucción de los judíos europeos había sido visto como una memoria vergonzosa. El sabra sería joven y fuerte, viril. De este modo, prometía borrar aquel pasado de hombres y mujeres conducidos como ovejas a las cámaras de gas que se percibía como indigno para una nación fuerte. El estatus de víctima no tenía cabida en los albores del proyecto de un Estado sionista hasta que, en la década de 1960, en el contexto de una crisis del laborismo israelí, el Gobierno decidió dar un golpe político maestro para unificar el sentir de la población del joven Estado. Se trata del secuestro de Adolf Eichmann en Buenos Aires por parte de los servicios secretos israelíes. Con el famoso juicio que tuvo lugar en 1963 �y que fuera reportado desde una crítica implacable por Hannah Arendt (1999)� se instituye la religión civil (Traverso 2014) en nombre de la cual hoy el Estado de Israel se constituye como víctima esencial. El nombre escogido �Shoá� es un substantivo hebreo que aparece 13 veces en la Biblia para designar determinadas desgracias. La secularización de la lengua bíblica encubre una vez más una operación política de esencialización, y, por tal razón, esta denominación ha sido criticada duramente por el traductor y pensador Henri Meschonnic (2005), quien, además de señalar su impertinencia para designar el genocidio, indica que en hebreo no existen las mayúsculas, cuyo poder esencializador contradice el lenguaje bíblico. En su momento, el historiador Raoul Hilberg (1985) prefirió llamarlo con el vocablo ídish que utilizaban las víctimas: jurbn. "Destrucción": una palabra traducible a todas las lenguas y en la cual, además, en el idioma de los judíos religiosos que la hablan resuena la destrucción del Templo. No hay víctimas esenciales: todo genocidio es único y escandaloso, y traducirlo no significa quitarle su singularidad. A partir de la década de 1960, la destrucción de los judíos de Europa (que no de los judíos que habían nacido en países árabes, en otros continentes) se monumentaliza como memoria nacional, se instrumentaliza políticamente a partir del mencionado juicio (llevado a cabo en Jerusalén y no en el continente en el cual habían sucedido los hechos juzgados). Según Idith Zertal (2010), el "legado de Eichmann" sirvió para equiparar cualquier amenaza militar "real o aparente contra el joven Estado" con "una nueva Shoá":
Como señalaba un miembro eminente de la cúpula militar, 'la paz no depende de nosotros; lo que depende de nosotros es hacer todo lo posible para que no se repita Auschwitz'. Estas fórmulas, reiteradas sin cesar en plena vida pública israelí, evocaban un sistema simbólico más antiguo y tradicional, que parecía expresar más adecuadamente la perpetua condición israelí de nación solitaria y asediada, en medio de un universo antisemita y hostil: la condición de víctima eterna". (p. 204)
Con este juicio radicado en Jerusalén y la instrumentalización del Holocausto, el antisemitismo, producto de Europa, que fuera analizado al trasluz por Horkheimer y Adorno, adoptó la senda del sionismo (que también había sido creado en Europa): se fue a colonizar Palestina. Una vez trasplantada la criatura europea, se instituyó el quidpro quo: los "nazis", a partir de agosto de 1947, fueron señalados por Ben Gurion en "los árabes" (es decir, los palestinos, porque el líder sionista nacido en Polonia ignoraba la nacionalidad árabe de los judíos que el sionismo reclutó como ciudadanos de segunda clase). El primer ministro que, en plena ebriedad soberanista, declaró la fundación del Estado de Israel, llegó a considerar a los palestinos como "los discípulos e incluso los maestros de Hitler" (2010, p. 179). Desde 1947 se arraigó esta distorsión y en octubre de 2023 el primer ministro Benjamín Netanyahu echó mano de la misma, repitiéndola, para confundir a la opinión pública mundial insistiendo en que semejante manipulación es la realidad. Por su parte, a Europa le convenía esta confusión: poner el énfasis en la "amenaza" presente para enturbiar la memoria ominosa. Según Zertal (2010), esta ofensiva e infundada ecuación entre Hitler y el muftí de Jerusalén, que respondía a un antisemitismo transterrado, "infravaloraba la amplitud de las atrocidades cometidas por los nazis, trivializaba la agonía inconmensurable de las víctimas y de los supervivientes y, por último, demonizaba a los árabes y a sus dirigentes" (p. 182). La memoria de las víctimas de la Shoá se revelaba como un instrumento muy eficaz para justificar el nacionalismo colonialista israelí y su creciente belicismo:
Las víctimas de la Shoah se convertían a posteriori en mártires de la causa sionista. La victoria era sacralizada y la ocupación de los territorios palestinos ratificada como una garantía necesaria frente a la amenaza que representaba la hostilidad ineluctable del mundo circundante. (Traverso 2014, p. 192)
b- Teología política apocalíptica en Gaza (el antisemitismo transterrado)
Con el antisemitismo desplazado de Europa a Palestina, la teología política colonial del sionismo fue criando una bestia apocalíptica en la industria bélica del novel Estado. En 1957 Shimon Peres, a quien 37 años más tarde le fuera otorgado el premio Nobel de la Paz, acordó con el Gobierno francés la construcción secreta e ilegal de una central nuclear, cuyo centro de investigación hoy lleva su nombre (Aftergood y Kristensen, 2007). En el Negev, que es el desierto en el cual fue erigida la misteriosa central nuclear, según el historiador israelí Amnon Raz-Krakotzkin (2007), se encuentra el "templo" de la distorsión apocalíptica. El historiador describe a la central nuclear de Dimona, emblema de la apocalíptica sionista, como "el otro templo" (Raz-Krakotzkin 2007, p. 152). He aquí la comparación secularista distorsiva: al estilo de la sancta sanctorum (lugar del Templo que solo estaba permitido al Sumo Sacerdote) está prohibido acercarse o penetrar en el recinto (la "investidura suprema" se atribuye ahora a los "sacerdotes de la seguridad", que son los únicos conocedores de la fecha del día del Juicio y del advenimiento del fin de los tiempos); la apofática, que es la imposibilidad de decir algo sobre la esencia divina debido a su absoluta trascendencia, se distorsionaría en la prohibición de hablar del proyecto (durante décadas los Gobiernos de Israel no afirmaron ni negaron su existencia). En 1986 un trabajador de dicha central nuclear salió del país y reveló a la prensa internacional la existencia de ojivas nucleares. Hasta hoy, Mordechai Vanunu vive condenado al ostracismo. Su caso, aun con todas las diferencias, consuena con las penurias que vivió Claude Eatherly, conocido como "el piloto de Hiroshima" (Anders, 2012). Ambos hombres tomaron conciencia del mal que habían ocasionado a la humanidad al formar parte del desarrollo de armas nucleares (Vanunu por haberlas fabricado, Eatherly por haberla lanzado), pero su toma de conciencia fue percibida como una amenaza y no como una salida al atolladero en el cual la humanidad se encuentra sumida por esa industria de destrucción de la vida.
Si la literatura apocalíptica remite al fin de los tiempos, la apocalíptica colonial, cuyo objetivo se reduce al despojo, vive un tiempo del fin (Anders, 2007) y para ello se vale de la sofisticación en armas e inteligencia artificial. Un territorio especialmente flagelado por el anexionismo de la apocalíptica sionista es la Franja de Gaza. A partir de la "desconexión" operada por el entonces primer ministro Ariel Sharon en 2005, que simulaba ante el mundo la voluntad de devolver un territorio ocupado, en realidad consumó el encierro de su población (compuesta por refugiados, múltiples veces, de la incesante nakba) con el fin de someterla a las pruebas de las armas de la industria bélica israelí. La venta de "armas probadas" permite que Gobiernos de casi todo el mundo sean sus clientes o socios.4 Las pruebas de las armas de industria israelí se iniciaron sobre aquella población sitiada por tierra, mar y aire desde 2006. A partir de las elecciones por las cuales en ese territorio fue preferido Hamas al Fatah, el sitio de la Franja, por parte de Israel, se fue endureciendo (por medio de restricciones de circulación de personas y alimentos, la erección de un muro polimorfo, en fin: un control absoluto por tierra, mar y cielo). Una señal apocalíptica tuvo lugar a fin de 2008 e inicios de 2009: se trata de la operación "plomo fundido", que fue replicándose periódicamente. Entre 2006 y 2023 el sitio se fue recrudeciendo: hambre, sed, agua contaminada, falta de vacunas... muertos y más muertos. La población palestina de la Franja de Gaza padeció 17 años de castigo colectivo por haber votado a una fuerza de ideas extremas. Dicho "castigo colectivo" (figura aberrante para el derecho internacional) recibió el apoyo de las "democracias de Occidente", que avalaron el derecho de "la víctima eterna" (Zertal) a "defenderse".
Ahora bien, si comparamos resultados electorales, en 2023, la población israelí �también en elecciones limpias� votó a una fuerza de ideas extremistas. Sin embargo, ninguna "democracia de Occidente" consideró que debería castigarse colectivamente a su población por el resultado. Aunque el Gobierno electo consumaba y pregonaba la expulsión definitiva de los palestinos, sus socios �autoproclamados adalides de la "democracia"� no le objetaron. En medio de una crisis política de este Gobierno de extrema derecha, los servicios de inteligencia fallaron (en ambos sentidos del término) y un grupo de milicianos de Hamas burlaron el pretendidamente invulnerable aparato de seguridad de Israel5cometiendo numerosos actos crueles.6 En octubre de 2023 se desató la última amarra apocalíptica que aceleró una irrefrenable destrucción y masacre, por parte del ejército israelí, que numerosos organismos internacionales no dudan en calificar como genocidio. En cuanto al silencio de las "democracias de Occidente", además de la sociedad en la industria bélica, hay un componente teológico-político que no debe desdeñarse. Se trata del sionismo cristiano, cuya complicidad con la apocalíptica sionista judía hoy se expresa en la convicción de que "Jerusalén es la capital eterna y exclusiva de los judíos" (Sizer, 2009, p. 300) alentando el traslado de las embajadas a Jerusalén (como anunció Donald Trump, de Estados Unidos, en 2017, y, entre otros, el Gobierno de Javier Milei, de Argentina, en 2023). Por ejemplo, desde 2014 en Sao Paulo, puede visitarse la sede de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que es una réplica del Templo de Salomón y ha sido construida con toneladas de piedras importadas de Hebrón.7
Jerusalén se considera la sede del futuro Tercer Templo, a favor de cuya erección firmaron varios presidentes del mundo como, por ejemplo, Jair Bolsonaro. Es importante aclarar que el requisito para dicha construcción sería la destrucción de la mezquita de Al Aqsa y el domo de la roca, que constituyen un lugar sagrado para el islam. Sizer (2009) describe la creencia apocalíptica en la que se funda el sionismo cristiano:
Que habrá una guerra entre el Bien y el Mal en un futuro cercano. En virtud de esta creencia, los sionistas cristianos consideran inviable todo proyecto de paz duradera entre los árabes y los judíos. Más aún, propugnar que Israel llegue a un acuerdo con el islam o que los judíos coexistan con los palestinos es como alinearse junto a quienes están destinados a ser los enemigos de Dios e Israel en la inminente batalla de Armagedón. (pp. 300-301)
La complicidad entre el sionismo cristiano (especialmente el pentecostal) y el sionismo judío teje la trama de la teología política genocida. El premio "amigos de Sion" recibido por expresidentes como Jair Bolsonaro de Brasil, Donald Trump y George W. Bush de Estados Unidos, así como el príncipe heredero Alberto II de Mónaco, el presidente Rosen Plevneliev de Bulgaria y el presidente Jimmy Morales de Guatemala, da testimonio de la magnitud del sionismo cristiano (Mike Evans, presidente de la organización que lo otorga, menciona en una nota de 2019 que el Museo Amigos de Sion cuenta con el apoyo de 58 millones de miembros, de los cuales varios millones provienen de Brasil).8
En sus tesis para la era atómica, Anders (2019) llama utopistas invertidos a las personas que habitamos el tiempo delfin: "mientras que los utopistas corrientes son incapaces de producir lo que pueden imaginar, nosotros somos incapaces de imaginar lo que estamos produciendo" (a: #9). Ante el cuadro apocalíptico, el filósofo hace una exhortación a parar la máquina de producción y crecimiento ilimitado para recordar cómo era imaginar. Si asumimos el pesimismo que impone aceptar esta incapacidad de imaginar lo que se produce, por aquello que Anders mismo acuñó como "supraliminal" (2019 a: #11), tal vez, siguiendo a Benjamin podamos darnos a la tarea de "organizar el pesimismo" (2010, p. 314).
Apuntes para organizar nuestro pesimismo
En su texto de 1929, El surrealismo. La última instantánea de la Inteligencia europea, Walter Benjamin describe una relación entre desconfianza y confianza que caracterizó al "pesimismo absoluto" del movimiento surrealista:
Desconfianza en el destino de la literatura, desconfianza en el destino de la libertad, desconfianza en el destino de la humanidad europea, pero sobre todo desconfianza, desconfianza y desconfianza en todo entendimiento: entre las clases, pueblos, individuos. Y solo una confianza ilimitada en la I. G. Farben y en la pacífica modernización de la Lufttwaffe. Bueno, ¿y ahora qué? (p. 315)
Es frecuente confundir desconfianza con lucidez. En 1929 Benjamin advertía sobre la peligrosa contracara de la desconfianza entre los seres humanos que campeaba en el surrealismo, esto es, la confianza en la industria bélica: no olvidemos que tiempo después ig Farben construiría la Planta Química Buna (en la cual 15 años más tarde trabajaría el cautivo Primo Levi fabricando caucho sintético). De la fuerza aérea no hay nada que agregar.
Paréntesis. 1929 fue funesto: crisis económica que trajo un cambio de sistema, primeras revueltas anticoloniales en varias ciudades palestinas (Hebron, Safed, Jerusalén). En 1929, Mariátegui (2024) escribía sobre Palestina y hacía énfasis en su preocupación por el vuelco decepcionante que daban los judíos en esa tierra. En 1929, Hans Kohn (2024) renunciaba al movimiento sionista por causa del colonialismo que había sofocado un proyecto de justicia social.
En el mismo texto donde constata el pesimismo surrealista, Benjamin (2010) dice:
Pues organizar el pesimismo no significa sino extraer la metáfora moral justamente a partir de la política y, a su vez, descubrir en el espacio de lo que es la actuación política el espacio integral de las imágenes. Un espacio de imágenes que no es susceptible de medirse de manera sin más contemplativa. Si la doble tarea propia de la inteligencia revolucionaria consiste justamente en acabar con el predominio intelectual de la burguesía y contactar con las masas proletarias, ha fracasado casi por completo en la segunda mitad de la tarea, porque esta ya no se puede acometer solamente con la contemplación. (p. 315)
Volvamos a nuestros días de ineludible pesimismo: urge volver al cuarto oscuro de la teoría crítica para revelar estas imágenes del pesimismo que bombardean nuestras pantallas y salir a leer el negativo. ¿Cómo organizarlo?
Anders, generoso, en sus "Tesis para la era atómica" ofrece algunas pistas (sutiles hebras de confianza). Me detendré solo en dos: La tesis 13 remite al coraje de temer, que asocia el temor producido por la frágil capacidad para imaginar los alcances de la capacidad de producir. El temor corajudo es:
a- Un temor sin miedo, intrépido (...).
b- Un temor excitante, que debe llevarnos a las calles más que a refugiarnos bajo la cama.
c- Un temor amante, que tema por lo que le pueda pasar a todo el mundo, incluidas las generaciones venideras y no solo por lo que nos pueda pasar a nosotros mismos.
La tesis 7 formula la Internacional de las generaciones que se basa en la responsabilidad espacial y temporal hacia las generaciones que nos preceden y las que nos sucederán. Así, define a nuestros nietos como "nuestros vecinos en el tiempo".
Escogí estas dos de las 22 Tesis para la era atómica del filósofo Günther Anders porque las interpreto como vulner(h)abilidades (con H intermedia),9 esto es, una tímida invitación a confiar en lo más propio y frágil de lo humano: la vulnerabilidad. Entiendo estas tesis como respuestas al exhorto de Walter Benjamin para organizar el pesimismo frente a la amenaza atómica. Encuentro en ellas, además, un correlato en una expresión de la ética heterónoma levinasiana (la que leo como "justicia del otro", que radicaliza la formulación altruista de "(mi) justicia para el otro"). Hacia el final de De otro modo que ser o más allá de la esencia, Levinas (2003) implora:
Para lo poco de humanidad que adorna la tierra es necesario un aflojamiento de la esencia en segundo grado: en la guerra justa declarada a la guerra, temblar e incluso estremecerse en todo instante por causa de esta misma justicia. Es necesaria esta debilidad. Era necesario este aflojamiento sin cobardía de la virilidad por lo poco de crueldad que nuestras manos repudiarán. (p. 268)
Organizar nuestro pesimismo, ante el genocidio que campea en Palestina bajo la bota apocalíptica colonial del sionismo, implica anteponer a esta "plegaria" de Levinas un "escucha, oh, Israel" (Deuteronomio 6:4). En Deuteronomio 6: 4-9 se encuentra la formulación del monoteísmo que las personas judías deben tener presente en todo momento y repetírsela a sus hijos. La plegaria conocida en hebreo como shemá' es una vacuna contra el soberanismo arrogante que hoy corre por la senda del genocidio. Me atrevo hoy a parafrasear, como una botella lanzada al mar:
Escucha, oh Israel, las sangres de tus hermanos (hijos de Abraham/ Ibrahim) que claman desde la tierra. Atrévete a tener miedo del Golem que creaste: esa industria de la muerte con nombres bíblicos (Rafael, Merkabá, Sansón, Columna de nube...) porque el Dios de los ejércitos (del sol, la luna y las estrellas) no se enroló en tus fuerzas de "defensa ".
Pesimismo organizado es la humana humildad que nos permita asumir �en "la Internacional de las generaciones"� la responsabilidad de aceptar que no sabemos, que en hebreo la misma palabra (tamím) designa al ingenuo y al íntegro.
Pesimismo organizado, profundamente amoroso, es la palabra poética de Natalia Ginzburg con la cual cierro estos apuntes:10
No podemos saberlo. Nadie lo ha contado.
Tal vez allí no haya nada más que una red desfondada,
cuatro sillas despanzurradas y una vieja zapatilla
roída por los ratones. Puede ser que Dios sea un ratón
y que corra a esconderse cuando lleguemos.
O tal vez sea también la vieja zapatilla
roída y destrozada. No podemos saberlo.
Tal vez Dios tenga miedo de nosotros y huya, y durante mucho tiempo
tengamos que llamarle una y otra vez con los nombres más dulces
para que vuelva. Desde un punto lejano de la habitación Él nos observará inmóvil.
(...)
No podemos saberlo. Nadie lo sabe.
Puede ser también que Dios tenga hambre y debamos quitársela,
tal vez se muera de hambre, tenga frío y tiemble de fiebre
bajo una manta sucia y llena de chinches,
y tengamos que correr en busca de leche y leña,
y llamar a un médico, y quién sabe si encontraremos
enseguida un teléfono, la ficha y el número,
en la noche llena de gente, quién sabe si tendremos
suficiente dinero.
[junio de 1965]
* El presente artículo es resultado del Proyecto PAPIIT IN 403425 "Heteronomías de la justicia: traducir para descolonizar", cuya responsable es la autora.
1 Una primera versión de esta parte fue publicada en el capítulo de mi autoría "El negativo fotográfico como método de lectura" dentro el libro colectivo, coordinado por Ambra Polidori y Raymundo Mier, Nicht für immer! ¡No para siempre! Introducción al pensamiento crítico y la Teoría crítica frankfurtiana, Libro i, uam-x � Gedisa, cdmx, 2017, pp. 865-870.
2 El término "teología" va entrecomillado porque no se puede decir que Benjamin se haya ocupado de esa disciplina como tal, sino que, en su ejercicio de la teoría crítica enfocado a la búsqueda de la justicia social, le prestó atención especial para leer el negativo de la política y del derecho.
3 Esta sección y la que sigue actualizan una primera versión que es parte del artículo "La modernidad judía entre el tiempo del fin y el final de los tiempos. Una mirada apocalíptica de El final de la modernidad judía de Enzo Traverso", Pensamiento al margen. Revista Digital de Ideas Políticas. Número 21 (2025), pp. 21-35, número dedicado al historiador Enzo Traverso.
4 La ONG israelí Hamushim se propuso indagar en los datos de la industria de guerra israelí, presupuestos, etc. Aquí se encuentra un mapa de 2019 con los países a los cuales la industria armamentística israelí exporta su producción. https://ha-mushimcom.wordpress.com/israeli-arms-exports-worldwide-map/
5 Cfr. Isabel Kershner, "Israel está construyendo un muro nuevo, diferente de los demás", NYT, 15 de agosto de20i7 .https://www.nytimes.com/es/2017/08/15/israel-esta-construyendo-un-muro-nuevo-diferente-a-los-demas/
6 Cfr. https://www.aljazeera.com/news/2024/3/21/october-7-forensic-analysis-shows-hamas-abuses-many-false-israeli-claims
7 https://www.monitordeoriente.com/20230612-el-mito-del-templo-de-salomon-ii-ostentacion-en-brasil/;
8 https://www.evangelicodigital.com/mundo/6701/bolsonaro-apoya-construccion-del-tercer-templo-de-jerusalen
9 Desarrollé esta idea en mi libro Trazospara una teologiapolitica descolonial, IIFL-UNAM, 2022, pp. 205-219.
10 https://barbarieilustrada.wordpress.com/2018/12/01/poema-no-podemos-saberlo-natalia-ginzgurg/
Referencias
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