Revista Investigación y Desarrollo

ISSN Impreso 0121-3261
ISSN Electrónico 2011-7574
vol. 23 n.° 1, enero-junio de 2015
Fecha de recepción: 10 de junio de 2014
Fecha de aceptación: 1 de diciembre de 2014
DOI: http://dx.doi.org/10.14482/indes.23.1.6448


ARTICULO DE REFLEXION / REFLEXION ARTICLE

El Elector colombiano una aproximación al perfil del volante de los principales partidos en elecciones presidenciales, 2002-2010

The Colombian elector. An approach to the voter's profile of the main political parties in presidential elections, 2002-2010

Carlos Enrique Guzmán M.*

Universidad del Norte

Adriana M. Ramírez B.**

Universidad EAFIT

*Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca (España). Profesor asociado e investigador de la División de Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte (Colombia). Miembro del Grupo de Investigación GIDECP y del IDEPI de la esta misma universidad. cguzmane@uninorte.edu.co

**Doctora en Procesos Políticos Contemporáneos de la Universidad de Salamanca (España). Profesora investigadora de la Universidad EAFIT de Medellín (Colombia). Miembro del Grupo de investigación Sociedad, Política e Historias conectadas de la Universidad EAFIT (Colombia). aramir96@eafit.edu.co


Resumen

En el estudio del comportamiento electoral, a pesar de que las teorías sociológica, partidista y de elección racional continúan aplicándose vigorosamente para analizarlo, la respuesta al interrogante sobre ¿cuáles son los factores que predominan en la toma de la decisión del voto? no alcanzan, aún, una respuesta que logre el consenso académico. Así, este trabajo pretende identificar el perfil del votante colombiano en las elecciones presidenciales de 2002, 2006 y 2010 a partir de las semejanzas y diferencias de estos en términos de sofisticación política, orientación político-partidista y características sociodemográficas. El análisis estadístico se realiza con datos de la encuesta LAPOP, y se centra en los votantes de los partidos Liberal, Polo Democrático y Partido de la Unidad Nacional. En la primera parte del documento se plantean los principales aspectos teóricos que guían la investigación. Luego se muestran los rasgos principales del contexto en el que se desarrollaron los tres procesos electorales. Finalmente, se presentan los resultados de los análisis así como algunas ideas a modo de conclusión.

Palabras clave: Perfil del votante, Colombia, elecciones presidenciales, sofisticación política.


Abstract

In the study of voting behavior, although the sociological, partisan, and rational choice theories continue to be applied vigorously in order to investigate the factors that predominate in making the decision to vote, a response is yet to be found that achieves academic consensus. Thus, this study aims to identify the profile of the Colombian voter in the presidential elections of 2002, 2006 and 2010 throughout the similarities and differences in terms of political sophistication, party-political orientation and sociodemographic characteristics. Statistical analysis was performed using LAPOP survey data, focusing on the voters of the Liberal Democratic Party of Polo and the National Unity Party. In the first part of the paper the main theoretical aspects guiding the research are raised; then, the main features of the context in which the three elections were held are shown. Finally, the results of the analysis are presented as well as some concluding ideas.

Keywords: Voters, Colombia, Presidential elections. Political sophistication.


Introducción

La ampliación del sufragio supuso para el actor individual, en términos de ampliación de derechos y libertades civiles y políticas, una mayor relevancia en las democracias contemporáneas. Lejos de las restricciones que el sufragio censitario imponía, todos los ciudadanos, sin distinción alguna, pasaron a desempeñar un papel central en una de las fundamentales actividades de los sistemas po-liárquicos: la selección, mediante elecciones, de sus representantes y gobernantes, tanto en regímenes parlamentarios como presidenciales. Estas, como institución fundamental de la democracia, se constituyeron en el proceso ordenador del conjunto de actores, reglas y actividades que no solo generan y producen representación sino que forman gobierno y legitiman el sistema político (Valles & Bosch, 1997, pp. 14-21). En este orden, las elecciones podrían considerarse parte del proceso de democratización observado en toda América Latina desde finales de la década de los años ochenta al posibilitar la apertura de sendos espacios de participación política, en general, y electoral, en particular.

Así, en aquellos contextos en los que las elecciones se han realizado de manera ininterrumpida y con un carácter igualitario y progresivo democráticamente, como es el caso colombiano por más de diez décadas1, resulta interesante observar que, a pesar de los esfuerzos académicos hasta hoy desarrollados2 y la regular convocatoria a elecciones, estas no se acompañan de un estudio sistemático y ordenado del comportamiento político electoral de los colombianos3.

Por otro lado, la dinámica política colombiana registra cambios importantes en los últimos años. Los circunscritos al sistema de partidos tradicional4, formato partidista en el que, a pesar de las señales de crisis y creciente desinstitucionalización que mostró a mediados de la década de los años noventa, resultaba poco previsible el ingreso de una fuerza partidista que lo transformara y pusiera en cuestión la continuidad de la competencia electoral como partidos mayoritarios de las dos fuerzas tradicionales: el Partido Liberal Colombiano (PLC) y el Partido Conservador Colombiano (PCC). Así, con la conformación —en 2002— y consolidación del Partido de Unidad Nacional (La U), en el 2010, como partido con mayoría en el congreso y continuidad en el gobierno, podrían ser indicadores del desplazamiento del electorado hacia la derecha del espectro ideológico.

Surgen aquí varios interrogantes: si hay un trasvase de votos tan significativo de los partidos tradicionales a otras nuevas fuerzas partidistas como La U, ¿existe y se constata la debilidad de la identificación o lealtad partidista como factor que explica las preferencias electorales en Colombia? Si es así, ¿son acaso los rasgos sociales los que influencian ahora sobre las preferencias electorales? De lo contrario, entonces ¿hay un cambio del electorado, en el sentido que responde más a evaluaciones de los problemas más relevantes? Es decir que ¿las preferencias electorales están guiadas por un mayor nivel de información e interés político? ¿Qué factores se identifican en la explicación de las preferencias electorales de los colombianos en las tres últimas elecciones presidenciales? ¿Existen continuidades en tales factores? O, por el contrario, lo que se ha producido desde el 2002 ¿es una rutinización de las preferencias electorales?

Así, con el propósito de aproximar respuestas a algunos de estos interrogantes, en un intento por contribuir a llenar el déficit en este tipo de estudios, el presente trabajo tiene por objetivo, a partir de un análisis de corte cuantitativo con pretensiones explicativas, aproximar la identificación del perfil del votante colombiano que vota al PL, al PDA, y a La U.5, en las elecciones presidenciales de 2002, 2006, 2010, conociendo las semejanzas y diferencias, términos de sofisticación política, orientación político-partidista y características sociodemográficas. Para el efecto, se analizan los resultados provenientes del Barómetro de las Américas —LAPOP—, en particular las encuestas de los años 2004, 2006, 20106.

El trabajo se estructura en tres apartados: una primera parte en la que se plantean los principales aspectos teórico-metodológicos que guían la investigación; otra, que describe el contexto socio-político del periodo de análisis; la tercera parte presenta los resultados de los análisis. Finalmente, se exponen algunas ideas a modo de conclusión y potenciales líneas de investigación.

En la búsqueda de la explicación más adecuada: la teoría y la propuesta de análisis

Para los estudiosos de ciencia política resulta complejo, cuando no difícil, entender cómo se toman las decisiones que afectan nuestra relación con la política en general, y, con la electoral, en particular. Adicionalmente, existe otro ingrediente que complejiza el intento explicativo de este comportamiento social: el porcentaje de personas que se interesa por el funcionamiento de los engranajes de poder es muy bajo, incluso es sorprendente que la ciudadanía tome decisiones tan importantes para la conducción del Estado con tan bajo nivel de información sobre las causas y consecuencias de la política (Milbrath, 1977; Lupia & McCubbins, 2000).

En este orden, los estudios electorales tratan de aislar los condicionamientos para identificar los factores que inciden en el acto de votar. No obstante, pese a una larga tradición de investigación iniciada con el trabajo de Lazarsfeld et al. (1944) Thepeople's choice, en el estudio del comportamiento electoral las respuestas al interrogante acerca de qué los factores son los que predominan al momento de tomar la decisión del voto continúan sin respuestas que logren el consenso académico. El interés centrado en el análisis individual del elector ha dado origen a un conjunto de herramientas metodológicas y a un aparato teórico valioso que ha pretendido obtener explicaciones generalizables, sin resultados concluyentes. A pesar de que, por ciertos periodos, algunas de estas teorías quedaron marginadas por su incapacidad explicativa, en el marco de cualquier análisis de comportamiento electoral la mención de las teorías sociológica, psicológica y racional sigue señalando no solo la ruta investigativa sino que estas mismas continúan aplicándose vigorosamente para estudiar al elector.

No obstante, el enfoque de estudio a nivel individual conlleva innumerables retos; su abordaje resulta por demás complejo debido a la dificultad de acceder a cierto tipo de información: nivel de información política, consumo de medios, entre otros. Por esta razón, las tres escuelas de análisis o teorías marco del comportamiento electoral definieron una nueva forma de análisis al utilizar datos cuantificables a partir de los resultados de aplicación de encuestas. Es por esta razón que el aporte de Lazarsfeld et al. (1944), aunque propio de la tradición sociológica, marcó un hito en la forma de abordar el estudio electoral. Destaca de en él, la prevalencia otorgada a los rasgos sociales y las características sociodemográficas como factores que explican o contribuyen a explicar la decisión del voto, aunque también incluye la influencia de los grupos, es decir, la pertenencia a asociaciones o agrupaciones, como sería el caso de la religión. Por lo que la integración social es determinante (Berelson, Lazarsfeld & McPhee, 1954) en las decisiones de voto.

En 1960 se produce el segundo cambio en el análisis; aparece con el trabajo de Campbell et al. (1960), The American voter, con el que surge la Escuela de Michigan o de la teoría psicológica, y propone la revisión e influencia de la identificación partidista como elemento explicativo del voto. Supuso, del mismo modo, un mejoramiento en los análisis de datos de encuestas y de los mismos instrumentos aplicados. No obstante, la principal debilidad de este modelo es que en contextos de inestabilidad política no tiene fuerza explicativa de cambios del electorado, por tal razón se puso en duda su capacidad de generalización. Además, los permanentes debates respecto al instrumento para medir la autoubicación ideológica en la escala izquierda-derecha y la forma en cómo redactar la pregunta supusieron escollos para los estudiosos adscritos a esta corriente.

La tercera teoría, Anthony Downs (1957) An Economic Theory of Democracy, proviene de la economía. Adopta postulados básicos de actuación racional por parte de los individuos aplicadas a la decisión electoral. Concibe a las decisiones del individuo un carácter racional, pero no en función del proceso sino en términos de resultados o beneficios esperados. Este enfoque, más conocido como la teoría de la elección racional, establece la relación entre economía y política para ofrecer otras posibles explicaciones, esta vez relacionadas con la evaluación que los ciudadanos hacen o pueden hacer de la gestión del partido de gobierno, de las características y habilidades de los candidatos o de la posición de estos en temas importantes. Así, el resultado de tales evaluaciones, en términos de la relación costo/beneficio, serían los posibles determinantes del voto. Lo importante era distinguir entre la influencia que tienen las simples valoraciones que son el resultado de opiniones constreñidas por las condiciones personales, y las valoraciones mediadas a través de estimaciones de la actuación del gobierno. No obstante, al igual que en las anteriores teorías, los críticos señalan el déficit de información en los electores, lo cual según ellos, disminuye su poder explicativo.

En este orden, la distinción del tipo de influencias en la decisión del voto es fundamental en el abordaje de un análisis de comportamiento electoral. Para el caso colombiano, teniendo en cuenta la escasez de trabajos, y dado que se propone un enfoque comparado, se compara la asociación de cada una de las teorías con la preferencia electoral de los colombianos para el periodo de análisis. Para ello, se han definido cuatro dimensiones que se contrastan con la preferencia electoral: sofisticación política, características sociodemográficas, orientación político-partidista y evaluación de contexto (ver apéndice A). Cada una de estas dimensiones contiene indicadores que reflejan la tradición analítica de las tres teorías. Por un lado, se busca identificar el grado de asociación de variables como sexo, nivel educativo, ocupación, tipo de remuneración, fuente de información política, para contrastar la asociación de variables que otros autores han señalado como determinantes de la preferencia electoral. Para Williams y Losada (1970), citado por Hoskin, Masías y García (2011, p. 397), son la edad y el estrato social7. Para estos últimos (2011, pp. 397-398) la educación y las características de la identidad personal, principalmente el sexo, son determinantes a la hora de explicar la adscripción, la identificación y por lo tanto la preferencia electoral del colombiano8. Por su parte, Guzmán Mendoza (2007, p.150) sostiene que son la socialización política, la identificación partidista y el desempeño del Ejecutivo, las características personales del candidato, principalmente, los factores que explican el comportamiento electoral de los colombianos. Como se puede observar, se recurre a un variopinto de variables asociados al individuo, para dar cuenta de la preferencia a la hora de votar por uno u otro candidato. En este trabajo abordaremos el tema a partir del análisis bivariado de cada una de las variables arriba señaladas y asociadas con la preferencia electoral, pero añadiendo la dimensión de sofisticación política e9.

¿Cuál es el ruido? El acceso a la Presidencia, cambios y continuidades en poco tiempo

Aunque las democracias de la región han avanzado notablemente en términos de procedimientos electorales, tal como lo señala el Índice de Democracia Electoral del PNUD (2010)10, aún persisten condiciones y actores que, con diferentes matices, continúan imponiendo restricciones a los procesos electorales en algunas de ellas. Se destacan las deficiencias en procesos de identificación de electores por parte de organismos electorales, la constricción al votante o restricción a candidatos en algunas zonas por acción de grupos armados ilegales (Colombia) o por la inseguridad y criminalidad (Guatemala)11, principalmente.

Sin embargo, Colombia, junto con Venezuela, es considerada como una de las democracias más antiguas de la región. Tal reconocimiento se debe, principalmente, a que junto con este país, en aquel, la realización de elecciones competitivas para la elección de cargos públicos se ha efectuado ininterrumpidamente desde mediados del siglo XIX. No obstante, su celebración resulta insuficiente12para considerar que sean casos que estén exentos de los retos que la región enfrenta en el proceso de consolidación de sus sistemas políticos democráticos.

En el caso de Colombia, las condiciones antes señaladas estuvieron presentes en los procesos de finales del siglo XX y comienzos del XXI, periodo en el cual la persistencia del conflicto armado fue intensa, principalmente por parte de las FARC13. En dichas elecciones -de 1997, 1998 y 2002-, en las que se eligieron autoridades regionales, congresistas y presidente de la República, el orden público fue un factor de riesgo en diversas regiones, tanto para candidatos como para electores14. A pesar de ello, en el panorama electoral desde el 2002 se ha producido un cambio en el estado de este factor puesto que el tema de seguridad relacionado con el conflicto armado y la paz se convirtió en el eje principal de las campañas, como se verá a continuación.

2002-2010: Un periodo corto pero histórico para los electores

La incertidumbre o vulnerabilidad en las elecciones es un indicador de la competitividad15. Es decir, siguiendo a Anduiza y Bosch (2004, p. 99), la dificultad de identificar previamente el ganador en un proceso electoral, que en términos democráticos ofrece una ventaja y una oportunidad tanto para los partidos como para los ciudadanos. Para el ciudadano, como elector, le sugiere que su decisión es relevante y por ende la motivación para acudir a las urnas es mayor. Entre otras razones o factores que pueden contribuir a la incertidumbre electoral pueden ser tanto estructurales como coyunturales. En el caso de los primeros se podría señalar a las características del sistema de partidos; para el segundo grupo, la influencia de eventos fortuitos como una catástrofe ambiental puede desencadenar la relevancia de algunos candidatos, de alguna de sus características o la aparición de un issue de campaña.

En Colombia, la incertidumbre en el resultado de las elecciones para presidente de la República había casi que desaparecido debido al predominio de un bipartidismo histórico, herencia del Frente Nacional. Tan solo hasta los procesos electorales de los años de 199816 y 2002, prevaleció en el ambiente electoral la falta de certeza respecto al ganador de la presidencia, circunstancia que pudo contribuir al incremento en los niveles de participación electoral que, desde las elecciones de 199017 venían rondando al 60% ver(gráfico 1).

Las elecciones de 1998, fueron el paso previo o una señal del cambio que habría que esperar para las siguientes del 2002, pues

(...) se trató de unas elecciones que produjeron una importante renovación de la clase política en ambas Cámaras.. .la incorporación de alternativas políticas diferentes y la constatación de un progresivo debilitamiento de los partidos. Esta circunstancia se reflejaba por el incremento de diputados y senadores de cariz independiente. (Alcántara, 2003, p. 354)

Así, en el 2002, con las elecciones legislativas y presidenciales se inició un nuevo periodo en la política colombiana. La aparición de un nuevo actor que congregaba tanto electores como disidentes partidistas liberales, y con ello los cimientos de un nuevo jugador en la arena político-partidista colombiana: el Partido de la Unidad Nacional, más conocido como el Partido de la U. El electorado colombiano, antes tradicional votante partidista, venía disminuyendo su apoyo al PL y al PC en elecciones presidenciales, pese a que estos dos lograban conservar su carácter mayoritario en las parlamentarias18. Esta tendencia venía registrándose desde inicios de la década de los años noventa, momento en se tuvo que apelar a estrategias de campaña diferentes como fue la presentación de candidaturas como movimientos independientes19. Desde entonces, con la elección excepcional de 1998, los apoyos liberales y conservadores continuaron observando un significativo descenso, tendencia que cristaliza hacia el 2006, cuando el PC no presenta candidatura a la Presidencia y que resultó en altos costos electorales en las elecciones de 2010 ver (gráfico 2), año en los que ambos partidos se vieron desplazados de la competencia presidencial, antes escenario exclusivo de los dos partidos tradicionales20.

Desde entonces, dichos cambios significativos en la dinámica electoral se han consolidado. Así, la candidatura independiente de Álvaro Uribe, de 2002, termina transformándose en la conformación de un nuevo partido con capacidad para generar gobierno y movilizar local, y regionalmente, a un electorado, quizás "cansado" de la política tradicional. De esta manera, las elecciones de 2006 serán un escenario totalmente transformado, con el Partido de la Unidad Nacional como protagonista. Fueron elecciones de continuidad, en las que los partidos que disputaron la Presidencia, y que quedaron en segundo lugar, cambiaron de una elección a otra: en 2002, los apoyos electorales le permitieron al Partido Liberal competir como segunda fuerza electoral a nivel nacional; en 2006, el electorado de izquierda, por primera vez luego de treinta años, logró un apoyo nacional relevante ubicándose como segunda fuerza partidista; sin embargo, en 2010, el escenario vuelve a cambiar, y en el segundo puesto de resultados electorales se observa al Partido Verde, de origen independiente y reciente creación, que logra posicionarse como rival de peso frente al partido de la U, pese a que al inicio de la campaña los resultados de encuestas anunciaban la disputa entre PC y este en segunda vuelta.

Los cambios en los resultados electorales de los principales partidos hacen referencia a las condiciones coyunturales específicas que pudieron incidir en cada momento para que el elector prefiriera una opción a otra, y a las transformaciones en las bases electorales de cada partido, resultado de un proceso de más largo plazo. Dentro de las condiciones coyunturales, para el caso de las tres elecciones, destaca la adaptación y reintroducción del tema del conflicto armado en la campaña electoral de 2002. Por su parte, frente a la importancia de posibles cambios en las bases de apoyo de los partidos que tienen su origen en factores de largo plazo, será abordarlo partiendo de la volatilidad electoral registrada en ese periodo.

Primero, hay que revisar las condiciones coyunturales. El contexto de las tres elecciones que podrían darle el carácter de elecciones críticas21 estuvo signado por el tema de la seguridad. En las Presidenciales del 2002, los desafíos que enfrentaron las candidaturas estuvieron enmarcados inicialmente en la seguridad nacional, la economía y la política social22. Esas condiciones tendieron al cambio, así que ofrecieron un escenario propicio de diferenciación del resto de las candidaturas, pese al riesgo electoral que conllevaría. De aquí que "si bien aún no se había hecho manifiesta la ruptura del proceso de negociación de la administración Pastrana, el país ya percibía su fracaso" (Murillo & Fernández, 2003, p. 9), por lo que la candidatura de Álvaro Uribe adoptó un discurso extremo a favor de la solución militar al conflicto alejándose de las demás propuestas23. Además, logró el predominio de la propuesta uribista, como tema de campaña; como señala Alcántara (2003, p. 358): "tal es el grado de impacto que la situación de violencia produce en la sociedad colombiana que esta desatendió el programa de Horacio Serpa... centrado en temas sociales relativos a empleo, educación, vivienda y servicios públicos", igual sucedió con la propuesta de Sanín en el tema de lucha contra el desempleo a pesar de registrar un promedio de 18 % en el periodo de Gobierno.

Para las posteriores convocatorias a elecciones, los ciudadanos encontraron un panorama muy diferente. Por un lado, en 2006 con una abrumadora victoria del uribismo en las elecciones legislativas, aunque el elemento incomparable fue la candidatura del presidente-candidato Uribe, como principal cambio político-institucional. En términos de los temas o de la coyuntura electoral fue un proceso con "resultados predecibles desde antes de iniciarse.. .[ofreció] una contienda sin gracia, desgarbada, sin debate, con más encuestas que propuestas, con más candidatos que partidos políticos, en la que Uribe utilizó más su investidura de Presidente que su condición de candidato" (Guzmán, 2007, p. 144). Por su parte, en las elecciones de 2010, sin la candidatura de Uribe aspirando a un tercer mandato, el tema de campaña volvió a ser la seguridad, en esta oportunidad a diferencia que en 2002, era su apuesta o no por la continuidad en las políticas de seguridad que venían implementándose, buscando articular una propuesta de política social.

Respecto a los cambios de las bases electorales, la volatilidad electoral del periodo sugiere un nivel alto de distribución de votos ver (tabla 1). Si bien el índice no indica qué tipo de electores votan a cuáles partidos, si dan información de los cambios netos en los resultados de los partidos. No obstante, teniendo en cuenta la tendencia de altos niveles de abstención electoral, no podría adjudicarse el trasvase de votos exclusivo entre los partidos. Lo que sí se puede señalar es que los partidos en consolidación, en particular los tres objeto de este trabajo, tienen un reto fundamental cual es el de lograr la lealtad del voto entre sus electores, pese a los factores en contra, como el sistema electoral proporcional, persistencia de muchos partidos políticos poco diferenciados y cleavages poco definidos24.

De esta manera, ¿cabría esperar que estos cambios sean un reflejo de los cambios del electorado y sus preferencias? ¿En qué se diferencian los votantes de las tres fuerzas partidistas, PL, De la U y PDA? ¿Se pueden identificar semejanzas en términos ideológicos, entre los que se inclinan por el PL y aquellos De la U? ¿A cuál grupo de electores se les asocia sus preferencias electorales a la condición socioeconómica? ¿Cuál grupo relaciona su preferencia partidista con la electoral?

Como se puede observar, la revisión del contexto general y de los resultados de los procesos electorales entre 2002-2010 sugieren muchos interrogantes, sobre todo si se considera principalmente el cambio de actores de la competencia electoral, manteniéndose débilmente solo el PL. Esto suscita incursionar en la respuesta de la pregunta central de investigación ¿Cuáles son las semejanzas y diferencias en términos de sofisticación política, orientación político-partidista y características sociodemográficas entre los electores colombianos que prefieren al PL, Polo y La U para las elecciones Presidenciales en 2002, 2006, 2010?

¿Quiénes prefieren votar por cuál partido?

Las últimas elecciones en Colombia han adquirido un tamiz especial debido a un conjunto de características que han ejercido cambios importantes en el panorama político. La entrada en la arena política nacional de Álvaro Uribe, con su capacidad de congregar a un electorado cada vez más distante de los partidos políticos, ha resultado en una nueva dinámica electoral y partidista, como ya se ha mencionado. ¿Qué factores explican el éxito de su estrategia basada en una candidatura distante de su partido político original (PL) y con propuestas de política polarizantes? Pese a la importancia de responder a estos interrogantes, su pretensión excede los objetivos de este trabajo.

Sin embargo, un aspecto que destaca de este panorama renovado es conocer cuáles son las características de aquellos que han preferido votar a Uribe en 2002 y 2006, y cuáles de aquellas se mantienen en el perfil del votante que decantó su voto por la propuesta "uribista", en 2010. En esa misma línea, y teniendo en cuenta la pérdida de apoyo electoral del Partido Liberal y relacionado con el hecho de que Uribe es un disidente de este grupo, interesa no sólo identificar las características sino también saber si ese perfil de votante de La U es similar con el del PL.

La izquierda colombiana logró consolidar y constituir con la articulación de las diferentes vertientes en 2006 al Polo Democrático Alternativo, en ese año el electorado que apoyó a este sector de la política-partidista colombiana, parecía responder a nuevas propuestas desmarcadas de la tradicional Liberal/Conservadora. No obstante, pese a los éxitos a nivel local y regional del partido, de nuevo ha cedido espacios de competencia, cuando no han dejado permear sus gobiernos locales con las prácticas que antaño eran criticadas a los partidos tradicionales. En este sentido, ante la existencia de un electorado que apoya desde 2002 a esta agrupación ¿quiénes son?, ¿en qué se diferencian con los aquellos que prefieren al PL o La U?25

Del comportamiento electoral, y otros enigmas: ¿qué hay de los votantes colombianos?

La tradición del estudio del comportamiento electoral indica que existe un conjunto de factores que contribuye a la estabilidad del mismo; entre aquellos más estudiados son la ideología, la clase social y la religión, los que se distinguen por su capacidad de amarrar el voto. En el caso de las democracias con baja capacidad de amarre del voto por alguna de estas vías u otras, los efectos se relacionan, entre otros, con la escasa institucionalización de los sistemas de partidos (Mainwaring & Torcal, 2005, p. 142). El caso colombiano puede considerarse como un ejemplo, pero si es así ¿en qué factores cada partido debería centrar su atención? Es decir, ¿cuáles son las semejanzas y diferencias en términos de sofisticación política, orientación político-partidista y características sociodemográficas entre los ciudadanos que prefieren electoralmente al PL, el Polo o La U?

En los aspectos relacionados con la sofisticación política de las variables que tradicionalmente han tenido más importancia en el análisis del comportamiento electoral, como el nivel educativo, este resulta en un aspecto significativo para los tres momentos electorales al mostrar un nivel alto de asociación (0,000) con la preferencia electoral. Lo que permite indicar que esta variable no pierde capacidad explicativa, coincide con uno de los resultados de Hoskin, Masías & Galvis (2003, p. 37) al analizar a los votantes de las elecciones de 2002 en los cuales observa que el nivel educativo está asociado en gran medida con la decisión electoral. Por otro lado, en este factor resulta interesante que los niveles educativos más altos —Universitarios/Técnico— son más comunes en los votantes del Polo, durante el periodo de análisis, que entre los de La U y el Liberal, aunque esta tendencia cambia en 2010 cuando tal característica es común para los tres grupos partidistas.

En estos casos la preferencia electoral está asociada al nivel de estudios primarios y universitarios, respectivamente. Asimismo, se destaca de estos electores del Polo, su nivel de interés en la política y el consumo de medios de comunicación. En el primer aspecto son más interesados comparativamente que los de La U y Liberales registrando mayores niveles —"algún interés" frente al "poco" — que estos últimos. De este elemento de la sofisticación, se puede señalar que su capacidad de incidir en la preferencia electoral no está clara en términos del coeficiente de asociación, pues mientras que para las elecciones de 2006 y 2010 fue alto (0.014 en ambos casos) para 2002 no señala asociación (0.686) alguna. Por otro lado, con el consumo de medios de comunicación la relación es más inestable, puesto que mientras en 2002 y 2006 se obtiene un nivel de significación de 0.000, en las últimas no existe tal asociación. De esta manera, para el caso del consumo de medios hay una prevalencia de la TV entre los tres grupos de electores y las tres elecciones, destaca el caso de los electores del Polo que de nuevo se distancian de las características de los de La U y los Liberales, puesto que consumen con mayor frecuencia la prensa; esto contrasta con un bajo o nulo consumo de este medio por parte de los electora del partido de la U, por ejemplo.

Resulta interesante este aspecto pues la inclusión de la televisión y su contrastación con otros medios, permite observar que aunque esta tiene un mayor uso para informarse, y definir el voto como señala Hoskin, Masías & Galvis (2003), hay diferencias entre votantes así como tendencias claras para cada grupo. Se encuentran indicios para distanciarse de la presunción de que la televisión es el medio exclusivo de información política y que opera de manera indistinta entre electores. Asi, en el caso de los que se decantaron en 2006 por el voto Liberal, la asociación es mayor con el consumo de la radio como medio de información, no obstante, queda planteada la necesidad de profundizar en el análisis del elector del Polo. Es decir, corroborar en qué medida la identificación ideológica puede estar operando como un factor correlacionado con el consumo de cierto tipo de medios de comunicación.

Estas pautas que distancian a los electores, que podrían denominarse de entrada como de la "izquierda", introducen uno de los principales factores que comúnmente se estudian en el comportamiento electoral: la orientación político-partidista. Aunque si bien la discusión académica acerca de los significados o contenidos y del mejor instrumento para la medición de este aspecto se encuentran aún vigentes, su importancia como factor para el análisis del comportamiento es menos cuestionable. Así, el posicionamiento en el continuo ideológico izquierda-derecha, junto con la identificación con un partido, son elementos a los que un elector puede recurrir para la toma de su decisión electoral.

Por esta razón, ambas medidas son valores políticos relevantes a los cuales hay que tomarles el pulso para el contexto colombiano, sobre todo si se tiene en cuenta que tanto medios como academia señalan el 2002 como el año en el que se inició la derechización del electorado colombiano (Nasi, 2007, pp. 171-173). De ahí que resulta interesante constatar que las diferencias entre los electores de uno y otro partido son más consistentes de lo esperado; por un lado, se tiene un grupo consistente de centro-derecha claramente definidos por la preferencia del partido de La U, quienes terminan definiendo para las últimas elecciones una mayoría identificada con dicho partido y escorando su autoubicación a la derecha.

En el caso del grupo de electores preferentes del Liberal, la tendencia a una posición de centro solo se ve cambiada en estas últimas elecciones en las que pasan en su mayoría a desplazarse a la centro-derecha, identificándose mayoritariamente con dicho partido (66%), Este aspecto podría sugerir la pérdida del carácter de oposición que este partido mantuvo durante los dos anteriores gobiernos uribistas. Una tendencia diferente es la identificada para los electores del Polo; estos que iniciaron en el centro izquierda en 2002, y luego pasaron al centro del espacio ideológico; regresando en 2010 a su posición inicial, pero en esta oportunidad con una clara y ma-yoritaria identificación con el Polo.

De las características sociodemográficas, no se encuentran variables que se asocien significativamente a la preferencia electoral para las tres elecciones. Destacan que en el 2002, no hay factores de esta dimensión que se encuentren asociados a la preferencia electoral. En cambio, en el caso de las elecciones de 2006, el estrato social cuenta con un nivel de asociación significativo (0.068) pero débil (.120), lo cual resulta insuficiente para afirmar su incidencia en el tipo de voto. Igual sucede con otros indicadores de esta dimensión, ni edad, ni estrato social conforme a lo señalado por Hoskin para 2002 están a asociadas al voto, ni para esas elecciones ni para las siguientes. Por otro lado, el tipo de ocupación que estuvo asociado en 2002, en este análisis no arroja resultado alguno que permita inferir relación alguna en cualquiera de los procesos electorales.

Pese a que en 2010 la relación con otros factores sociodemo-gráficos, como zona de residencia y género, ofrecen otro panorama, la capacidad explicativa de ambos en estas elecciones también es reducida. En el caso de la zona de residencia urbana, a pesar de que se asocia con el voto al Polo, el coeficiente de contingencia es muy bajo de manera que permita una conclusión satisfactoria (0.134, p-valor=0.000), similar situación se presenta con el sexo masculino y el voto Liberal (0.085, p-valor=0.078). El otro indicador sociodemo-gráfico de interés es la religión, aunque se observa una asociación entre el voto al partido de La U y ser católico, y el apoyo electoral al Polo y no tener una identificación religiosa, esta relación es débil (0.160). Sin embargo, esta última conclusión resulta esperada teniendo en cuenta que en Colombia la ausencia del clivaje religioso es ampliamente conocida, un resultado diferente sería extraño; los resultados permiten corroborar la tendencia del comportamiento electoral en relación a este factor.

Finalmente, con esta radiografía del comportamiento electoral de las últimas tres elecciones presidenciales, que permiten ratificar que no son las diferencias sociodemográficas las que determinan el voto, más que otros factores, como el nivel de sofisticación o la identificación partidaria que sí pueden incidir en la preferencia, queda otra dimensión por contrastar: la referente a la evaluación de la gestión y principal preocupación. Esta dimensión podría señalar algún cambio en la actitud de los ciudadanos, en el sentido de que pueda conocerse una valoración del desempeño y del contexto para la tomar su decisión de voto.

Los resultados señalan que si bien hay una relación entre manifestarse preocupado por la delincuencia o el conflicto armado, esto no determina el voto por el partido de La U. Asimismo, ocurre con las preocupaciones por las condiciones sociales y problemáticas económicas, las cuales no son el factor exclusivo que explican el voto por el Polo ni en 2002 ni en 2006. Con respecto a las diferencias entre los tres grupos de electores, se identifica poca entre los votantes que prefieren a La U y los que se inclinan por el Liberal; ambos en las tres elecciones presentan las mismas preocupaciones en 2002, 2006 y 2010: delincuencia, conflicto armado y asuntos económicos-infraestructurales, respectivamente. No obstante, con respecto a la evaluación de la gestión, los votantes Liberales parecen definir una postura crítica respecto a los del uribismo, como era de esperarse, señalando que en estos doce años la gestión ha pasado de ser buena a regular (ni buena, ni mala).

La fuerza explicativa en el tipo de preferencia electoral de la evaluación de la gestión es mayor que la percepción de problemas. Se observa más claramente en 2010, proceso electoral en el que la valoración de buena gestión se asocia al voto uribista, mientras que la valoración regular o mala-muy mala se asocia significativamente (0.000) con el voto al Partido Liberal y al Polo, respectivamente26. De mantenerse esta tendencia, el electorado colombiano podría estar describiendo un modelo de decisión de voto que responde más a valoraciones del contexto y a los rendimientos de los gobiernos, lo cual ofrece un escenario interesante para conocer qué elementos institucionales, sociales o individuales han incidido en dicho cambio.

A modo de conclusión

Así como señala Guzmán (2007), la violencia fue una variable de peso en la contienda electoral de 2002 y 2006; sin embargo, no fue el único factor ni el determinante. La tendencia se acentúa en las últimas elecciones con lo que la cercanía a los partidos señalan una recuperación de la credibilidad en ellos como actores de representación e intermediación. Lo señalado por Guzmán (2007) y Hoskin, Masías & Galvis (2011), se consolida en 2010; las elecciones por Álvaro Uribe estuvieron permeadas por múltiples factores entre los que se destacan la filiación partidista del electorado.

Las características sociodemográficas pierden cada vez más peso en la incidencia en el voto, lo que no se traduce en que no importen, solo indica que no lo determinan o no lo determinaron en el periodo de análisis, y que las coyunturas pueden modificar la tendencia descrita, como ya se señaló. Algunos resultados resultan interesantes aunque no sean explicativos del voto, entre ellos el voto urbanizado que sugiere un efecto, que habría que corroborar, de las acciones de desestabilización de los grupos armados ilegales a las elecciones; así cabría la hipótesis de que las estrategias que se concentraron en ataques a la infraestructura, buscando aislar a las poblaciones e impedir la asistencia a las urnas, determinaron a corto y largo plazo la "urbanización" del voto.

La sofisticación política y la valoración de la gestión son las dimensiones que destacan por las diferencias que se identifican entre los ciudadanos que prefieren votar por partidos Liberal, La U y el Polo. Como era de esperarse, las preocupaciones para aquellos que prefirieron votar por Uribe, tanto en 2002 como en 2006, fueron los temas relacionados con la seguridad, tanto interna como general; así, la delincuencia y el conflicto armado están asociados significativamente (0.000) a la decisión de voto uribista.

La percepción de capacidades de gestión de los candidatos o los resultados de la misma, en el caso de los gobiernos salientes, como factor que incide más que otros individuales, señalan un cambio en el ciudadano; parece tomar su decisión de voto con muchos más recursos de evaluación. Así, la rendición de cuentas se identifica como un elemento central en el ejercicio de la actividad política y/o gubernamental, al que todo político deberá apelar pues podría estar manifestando el paso a un elector más atento al desempeño de los candidatos, al menos en lo que concierne a los votantes de La U, el Polo y el Partido Liberal.


Notas

1Las primeras elecciones presidenciales en Colombia se realizaron en 1821, aunque solo hasta el año 1910 la Constitución instaura el sufragio universal.
2Hoskin, Masías y García (201, p. 396), destacan como estudios académicos sobre el comportamiento electoral de los colombianos a: Williams y Losada (1970); Murillo y Williams (1975), Sánchez (1982, 1991, 1994); Sanín (1982); Delgado (1986); Bejarano y Dávila (1988); Gaitán (1988); Puentes (1991); Pizarro León-Gómez (1994); García y Holguín (2002); Gutiérrez (2001); Losada (1982, 1984, 2001).
3Si bien su estudio no es nuevo, su tratamiento sí ha sido marginal. Desde el estudio pionero de la Universidad de los Andes en 1970 hasta hoy, solo se registran cerca de 15 estudios —0,35 estudios por año— cifra que da cuenta del aún incipiente desarrollo sobre el asunto por parte de la literatura especializada colombiana, y en el que prevalecen más lo cualitativo que los análisis mixtos sobre las elecciones. El enfoque cualitativo-descriptivo no se traduce en menor calidad investigativa, solamente se señala en virtud de que se hace relevante profundizar en abordajes también desde el enfoque cuantitativo-explicativo, de tal manera que contribuya a la comprensión del fenómeno.
4Los primeros síntomas de transformación del sistema partidista tradicional colombiano se empezaron a vislumbrar con la puesta en marcha de la Constitución Política de 1991. Posteriormente, la reforma política de 2003 —Acto Legislativo 01 de 2003— agudizó la alteración de dicho formato político-partidita.
5Se centra la atención en los votantes del PL, PDA y de La U, en razón a que estos tres partidos concentran entre el 85 y 90 % de la votación. Se incluye el Polo Democrático Alternativo en el análisis a pesar de que en las elecciones de 2010 perdió más de diez puntos porcentuales de apoyo electoral, puesto que ofrece capacidad de comparación al estar presentes en las tres elecciones.
6El Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) es líder en el desarrollo, implementación y análisis de encuestas de opinión pública, cuyo principal foco de atención son los ciudadanos y la democracia en América Latina. El Barómetro de las Américas, una de las muchas y crecientes actividades de LAPOP, es la única encuesta de opinión pública sobre democracia y comportamiento democrático que cubre las Américas (Norte, Centro y Sur América, y el Caribe). El Barómetro de las Américas es un esfuerzo hecho por LAPOP para medir los valores y comportamientos democráticos en el continente, utilizando muestras nacionales probabilísticas de adultos en edad de votar.
7Vale señalar que estas variables han perdido fuerza explicativa de la preferencia electoral del elector colombiano, aunque siguen estando presentes en posteriores análisis.
8Ya en el mismo sentido se había pronunciado Hoskin (1998) con ocasión del análisis efectuado a las elecciones presidenciales de 1998.
9Esta dimensión no responde a una teoría de las señaladas, de manera específica, su inclusión responde a la contrastación y verificación de los niveles de información e interés político como un aspecto independiente, asuntos que para algunos autores son determinantes. Así, que definir qué tanto saben o no los votantes sobre sus candidatos y los temas de política en una elección es ampliamente definido por la información (Álvarez, 1998, p. 25)
10Este índice está compuesto por cuatro componentes básicos: sufragio, elecciones limpias, elecciones libres y cargos públicos electos, y se mide en un rango de cero (0) a uno (1), indicando los límites negativo y positivo del Índice, respectivamente. En el último informe se señala que en el 2008 el Índice alcanza el 0,96 luego de registrar una tendencia creciente desde 1977 (0,28), año en el que se inició su cálculo para la región, ver más en pnud (2010, p. 65).
11Ibídem (2010, p.64).
12Esta idea responde a la extendida crítica respecto a que la democracia representativa es meramente formal, que si bien es cierta no resta relevancia a su logro en la región, al proveer de nuevos contenidos a los cambios sociales que se demandaron por más de dos décadas durante y después de los regímenes dictatoriales que emergieron de cambios irregulares de gobierno, entre 1930 y 1980 más de un tercio por medio de golpes militares, de 277 cambios en 104 fue a través de esta vía en 37 países de la región (PNUD, 2010).
13Siglas del grupo guerrillero denominado Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
14Ver Observatorio de los Derechos Humanos en Colombia.http://www.derechoshumanos.gov.co/Observatorio/Publicaciones/documents/2010/boletines/04_boletin_21/cifra21.htm.
15También indicado como vulnerabilidad electoral del partido en el gobierno, es decir, la existencia de probabilidad de alternancia política (Anduiza & Bosch, 2004, p. 99).
16Incertidumbre que requirió en 1998, la celebración de una segunda vuelta entre las candidaturas del Partido Liberal y Conservador.
17 En las elecciones presidenciales de 1998, el panorama estuvo enmarcado por la investigación al entonces Presidente Ernesto Samper por financiación ilegal en su campaña, más comúnmente conocido como el Proceso 8000. Esto signaría una da las candidaturas, la de Horacio Serpa, quien pese a ser identificado con el Presidente Samper, decide lanzarse a la competencia. Así, estas elecciones se destacaron por la incertidumbre de los resultados, ya que las tres principales candidaturas partieron con expectativas muy similares en los sondeos de opinión; dos de ellas de los tradicionales partidos Liberal (Horacio Serpa) y Conservador (Andrés Pastrana), y una tercera de carácter independiente (Noemí Sanín). En el caso de las elecciones de 2002, el fracaso del proceso de paz del Gobierno Pastrana con las FARC, supuso la pérdida de apoyo al partido Conservador, a este contexto se sumó la fuerte división dentro de los partidos Liberal y Conservador que terminó en un gran número de políticos disidentes de ambos grupos, presentando candidaturas independientes para Congreso, al igual que para Presidencia, es el caso de Álvaro Uribe, Ingrid Betancourt —del Partido Liberal— y No-emí Sanín —del Partido Conservador—. En estas elecciones, la intención de voto comenzó con una gran ventaja para la candidatura Liberal de Horacio Serpa (41,2%) que solo en cinco meses tuvo un revés definitivo, pasando al segundo lugar (24 %) después de Álvaro Uribe (59 %).
18Es el caso del Partido Liberal que, en 1998, consigue recuperar la mayoría parlamentaria con 54,9 % de curules del Senado.
19En 1994 fue la estrategia sin éxito de Andrés Pastrana que aunque logró una recuperación de parte del electorado tradicional no fue suficiente para obtener el cargo.
20Vale resaltar que esta dinámica fue descrita también a nivel regional y local, es así como en las elecciones regionales de 2000, los candidatos independientes fueron también protagonistas en esta arena. Así ganaron "solos", o en coalición, tres alcaldías de las cuatro principales ciudades del país: Bogotá, Cali, Barranquilla.
21Es decir, aquellas en las que los cambios en los resultados electorales de los partidos responden a cambios en las bases electorales.
22La primera medición de la Gran Encuesta del mes de septiembre de 2001, mostró que el 87% de los encuestados no creía que el Presidente Pastrana hubiera cumplido lo que prometió en ninguna temática. (Revista Semana,2001)
23Postura que se acentuó entre más se acercaba la fecha de elección, así las posturas de centro no tuvieron cabida y las otras propuestas insistieron en la búsqueda de la paz mediante la negociación política (Sanín, PC; Serpa, PL y Garzón, Polo Democrático). Sin embargo, esta tendencia no era la observada al comienzo de la campaña (septiembre de 2001) "cuando la mayoría de la población encuestada todavía creía posible una salida al conflicto por medio del diálogo y la negociación pacífica" (Hoskin, Masias & Galvis,2003, p. 22).
24Aunque sería interesante indagar por el nivel de anclaje del voto en el caso del Partido Liberal frente al de La U, teniendo en cuenta que en buena medida éste último está conformado por políticos disidentes del primero. Sin embargo, éste objetivo excede los propósitos de este trabajo.
25Aunque el objetivo del trabajo como ya se ha señalado no es avanzar en el nivel explicativo de las características de los votantes y la probabilidad de voto por uno u otro partido, asunto que queda para realizar en un próximo trabajo, el interés gravita en aproximarse a un conocimiento del electorado de tres fuerzas partidistas que tienen características que les hacen objeto de interés investigativo: origen, duración desde creación, características del liderazgo, experiencia en gobierno, principalmente. Estas y otras les han permitido obtener un caudal electoral durante las tres elecciones, ubicándose en el primer o segundo lugar de votación durante el periodo. De esta manera, para el logro del objetivo se realiza un análisis bivariado de chi-cuadrado de las variables independientes planteadas (ver apéndice A.) respecto a la variable de preferencia electoral, para cada año y cada partido.
26El coeficiente de asociación es de 0.480.


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