Revista Investigación y Desarrollo

ISSN electrónico: 2011-7574
Vol. 17 Nº 1 enero-junio de 2009

FECHA DE RECEPCIÓN: ENERO 24 DE 2009
FECHA DE ACEPTACIÓN: ABRIL 30 DE 2009


PARTIDOS, MOVIMIENTOS Y FACCIONES EN LAS ELECCIONES POPULARES DE ALCALDES EN BARRANQUILLA (COLOMBIA), 1988 - 2007

POLITICAL PARTIES, MOVEMENTS AND FACTIONS IN MAJOR'S POPULAR ELECTIONS IN BARRANQUILLA (COLOMBIA), 1988 - 2007

JAIRO GARCÍA OÑORO

POLITÓLOGO, UNIVERSIDAD DE LOS ANDES MAGÍSTER EN DESARROLLO SOCIAL, UNIVERSIDAD DEL NORTE-UNIVERSIDAD PARÍS XII. PROFESOR DEL PROGRAMA DE RELACIONES INTERNACIONALES, UNIVERSIDAD DEL NORTE, BARRANQUILLA (COLOMBIA).
DIRECCIÓN: PROGRAMA DE RELACIONES INTERNACIONALES, UNIVERSIDAD DEL NORTE, KM 5, VÍA A PUERTO COLOMBIA.
jonoro@uninorte.edu.co

HORACIO GODOY

PH. D (C) EN CIENCIA POLÍTICA, FLORIDA INTERNATIONAL UNIVERSITY.
INVESTIGADOR DEL GRUPO AGENDA INTERNACIONAL. PROFESOR DEL PROGRAMA DE RELACIONES INTERNACIONALES, UNIVERSIDAD DEL NORTE, BARRANQUILLA (COLOMBIA).

hgodoy@uninorte.edu.co


RESUMEN

Observando las ocho elecciones populares de alcalde que se han realizado en Barranquilla (Colombia) entre 1988 y 2007 y a partir del análisis de sus resultados electorales, conformación de las alianzas y de entrevistas a líderes políticos, se encontró que la política en la ciudad responde a dinámicas personalistas faccionales coyunturales y desideologizadas, que sin embargo han generado una forma propia de estabilidad en el sistema. Los partidos presentan alto grado de desinstitucionalización, el sistema electoral muestra síntomas preocupantes de deslegitimación y el sistema de partidos es precario. Los grupos políticos muestran una gran facilidad de adaptación a las reglas de juego, y por esa razón no ha sido significativo el impacto de las reformas políticas sobre su comportamiento. La aplicación de la teoría tradicional se dificulta porque está pensada para otros contextos poco equiparables con las particularidades de la política local.

PALABRAS CLAVE: Partidos políticos, facciones, movimientos, sistemas de partidos.


ABSTRACT

Since 1988 there have been eight mayoral elections in Colombia. In Barranquilla, the introduction of popular elections for mayor has proved to follow apattern of dynamic alliance formations centered around strongpersonal and factional presence and weakpoliticalparties and movements. However, this arrangement has produced its own kind of stability. This paper examines the eight popular mayoral elections in Barranquilla, assesses the degree of party institutionalization, inter party completion and alliance formation between different party factions. It argues that Political groups show a great adapting capability to new rules and that is why political reforms have not had an important impact on their behavior. We conclude that applying traditional

political party theory presents difficulties in explaining patterns of party affiliation and alliance formation.

KEYWORDS: Political Parties, partyfactions, movements, politicalparty systems.


INTRODUCCIÓN

En 1988 se iniciaron en Colombia las Elecciones Populares de Alcaldes (en adelante EPA), producto de las reformas políticas de 1986, que buscaban profundizar la democracia política a nivel de los municipios. Esta reforma, en conjunto con aquellas que buscaban la descentralización administrativa, constituyeron el primer avance para consolidar el nivel municipal como eje central de lo que se pretendía fuera la superación de la vieja política clientelista, producto del centralismo del sistema político nacional y la superación del sistema bipartidista tradicional en el país. Las esperanzas eran las de lograr que desde la base se recompusiera la conformación de lo político más apegado a las expectativas y al control de los electorados locales. Veinte años después, es posible y necesario hacer una revisión de lo que efectivamente sucedió, y en el caso de la ciudad de Barranquilla (Colombia) resulta interesante hacer un análisis transversal, tomando en conjunto los ocho procesos electorales desde 1988 hasta 2007.

Esta investigación buscaba determinar a partir del análisis de las EPA cómo se podría insertar a los principales partidos y movimientos políticos de la ciudad en el debate académico nacional acerca de si los partidos se encuentran en crisis y decadencia (Pizarro, 1997, 2001; Medellín, 2006) o si, por el contrario, muestran rasgos de auge y permanencia a raíz de su capacidad adaptativa (Gutiérrez, 2007).

Para llegar a conclusiones sobre lo anterior era necesario conocer cuál ha sido el comportamiento de las principales fuerzas políticas de la ciudad en las EPA realizadas hasta el momento, con el fin de establecer tendencias, cambios y continuidades.

Las preguntas centrales que guiaron este estudio fueron las siguientes:

¿Cuáles han sido en las ocho EPA realizadas las principales fuerzas políticas (partidos, movimientos y facciones) de la ciudad y cómo han construido sus alianzas? ¿Qué tan atomizados o fraccionados han sido? ¿Ha existido un sistema de partidos en la ciudad? De ser así, ¿en las clasificaciones teóricas clásicas existentes ¿dónde se puede ubicar a esas fuerzas y al sistema de partidos?

METODOLOGÍA

Se trató de una investigación de tipo descriptivo, no experimental, longitudinal o evolutiva, ya que se analizan cambios a través del tiempo en las variables de estudio sin controlarlas. Se recolectaron datos a través del tiempo en períodos concretos (EPAs de 1988, 1990, 1992, 1994, 1997, 2000, 2003, 2007) para hacer inferencias respecto a cambios.

Se podría denominar como un diseño expost facto, ya que las variables pertenecen al pasado y no pueden ser modificadas por el investigador. Fue una investigación cuantitativa, ya que se hizo primero una revisión de la literatura y de los principales postulados teóricos, para construir las variables y aplicarlas al caso específico de la EPA en Barranquilla. Por consiguiente, se trata de un proceso deductivo, se parte de conceptos generales y llega a un caso particular.

RESULTADOS

Partidos movimientos y facciones representativas

De las ocho EPA realizadas, nominalmente, el Movimiento Ciudadano ha ganado cuatro, el Partido Liberal dos, Cambio Radical una y una coalición de diferentes fuerzas una. Sin embargo, y como podemos ver en la forma como estaban organizadas las alianzas, la definición de ganadores y perdedores no se puede hacer en términos de partidos o movimientos, ya que lo que se encuentra es una sólida tendencia a la estructuración de alianzas bipartidistas y, sobre todo, subpartidistas o de facciones de partidos.

Un primer hallazgo que se hace a partir de la tabla 1, complementado con la observación de la 2 (ver página 109) y de artículos de prensa y que guiará el análisis de aquí en adelante, es la identificación de los grupos o facciones predominantes en el período de estudio. Se consideran predominantes aquellos grupos políticos que han logrado mantener su presencia en las coaliciones ganadoras o en los segundos lugares en por lo menos seis de las ocho elecciones cumpliendo esta condición en por lo menos dos de las tres últimas.

Históricamente, según Querubín, Sánchez y Kure (1998), en la Costa Atlántica, y Barranquilla no es la excepción, el Partido Liberal ha tenido la participación más fuerte, seguido un tanto de lejos por el Partido Conservador y muy esporádicamente por otras fuerzas.

En las EPA vemos cómo dentro del Partido Liberal las facciones lideradas por Fuad Char y José Name se fueron imponiendo, desplazando a otras consideradas en su momento como tradicionales en la política de la ciudad. Nos referimos a las facciones del Partido Liberal lideradas por los grupos de Pedro Martín Leyes, Juan Slebi y Emilio Lébolo, que dominaron el escenario político en las dos décadas anteriores a la primera EPA.

Si bien uno o varios de estos grupos hacen presencia en las alianzas electorales hasta 1997, desde 1990 habían iniciado un proceso de decadencia que los llevó a perder para siempre sus curules en el Senado en las elecciones posteriores a la promulgación de la nueva Constitución Política de 1991 (en adelante CP91) (El Heraldo, 18 de septiembre de 1997). Por lo tanto, desde 1992 eran opciones minoritarias que sin embargo seguían militando dentro del Partido Liberal.

En el Partido Conservador, la facción predominante ha sido la del grupo de Roberto Gerlein, seguida de lejos por las de los senadores Gabriel Acosta Bendek y Efraín Cepeda. El grupo del ex senador Mario Varón ha sido tal vez el de menor fortaleza, lo que se refleja en la pérdida de su curul en el Senado en las elecciones parlamentarias de 2006.

Fuera de las facciones nacidas dentro de los partidos tradicionales, el único grupo político que ha tenido una presencia importante y determinante en las EPA, desde 1992, ha sido el Movimiento Ciudadano, liderado por el sacerdote salesiano Bernardo Hoyos Montoya. Si bien para las elecciones de 1992 y 1994 aún no existía legalmente con personería jurídica, llamaremos Movimiento Ciudadano (en adelante MC) al grupo político nacido del apoyo de ciertos sectores del suroriente y suroccidente de la ciudad a la gestión social del clérigo.

Alianzas

Todos los candidatos ganadores, sin excepción, representaban y fueron apoyados por alianzas formadas por diferentes facciones dentro de los partidos Liberal y Conservador y otros movimientos y partidos minoritarios. Así, por ejemplo, si bien Jaime Pumarejo se presentó con el aval del Partido Liberal y obtuvo la adhesión de importantes figuras del partido en el departamento como Pedro Martín Leyes, Emilio Lébolo y Juan Slebi, no contó con el apoyo de los senadores Name y Vargas, tradicionales cabezas visibles del partido en la época. Sin embargo, estaba respaldado por el más fuerte sector del conservatismo en el Atlántico, el del senador Roberto Gerlein (Bell & De la Espriella, 1988).

De la misma manera, el movimiento del padre Bernardo Hoyos, en las cuatro ocasiones en que obtuvo la victoria en las elecciones (1992, 1994, 1997 y 2003) lo hizo apoyado por fuertes sectores identificados tradicionalmente con el Partido Liberal. En su primer período como mandatario local contó con el respaldo del Movimiento Voluntad Popular, creado por la facción del entonces senador Fuad Char. En la elección de su sucesor Edgar George en 1994, habiendo roto con Voluntad Popular, recibió la adhesión y apoyo directo del Misol, nombre con el que se conocía al movimiento creado y liderado por el senador José Name.

En la tercera victoria alcanzada por el mismo grupo político en 1997 continuó la alianza con el Misol, y además recibió por primera vez la de un sector del conservatismo, el que lideraba el entonces representante a la Cámara Mario Varón Olarte. La misma alianza ganó las elecciones de 2003. Incluso en 2000 cuando su candidato Guillermo Hoenigsberg perdió las elecciones, se había establecido por segunda vez, desde 1992, una coalición con el grupo Char.

La misma lógica de alianzas la encontramos en la elección de Caiaffa en 2000 y Char en 2007.

Las fuerzas políticas se han aglutinado siempre en torno a los dos candidatos más opcionados, ya sea porque ellas mismas los convierten en tal con su apoyo (como en el caso de Caiaffa o George, quienes venían de la práctica médica) o porque gozan de un respaldo popular propio que puede ser aprovechado en su beneficio (como en el caso de Hoyos).

En cada elección, la competencia ha estado definida en términos de enfrentamientos entre alianzas de diferentes facciones más que entre partidos, y por esa razón encontramos alianzas multipartidistas tanto entre los ganadores como entre los que ocuparon el segundo lugar (ver tabla 2).

Las únicas elecciones en las que no se registró lo señalado anteriormente fueron las de 2003, en las cuales el segundo lugar fue ocupado por un candidato sin apoyos faccionales importantes pero con una imagen mediática de gran penetración. El candidato apoyado por una facción importante, la del grupo Char, obtuvo la tercera votación.

Todas las facciones han hecho alianza en algún momento con todas las demás y por lo general en más de una ocasión (ver tabla 3). Tanto con facciones dentro de su propio partido como con aquellas fuera de éste. Por esa razón es importante mencionar lo ocurrido en las elecciones de 2007, que se convierten en las únicas en las cuales todas las principales facciones se aglutinaron en torno a un único candidato, Alejandro Char. Dentro de esa alianza se dio una situación atípica: Desde las elecciones de 1990, en todas las elecciones se habían enfrentado las dos principales facciones políticas de origen liberal: Misol y Voluntad Popular o, mejor, los grupos Char y Name, convirtiéndose la última en la primera en la cual estos dos grupos se sitúan en la misma orilla.

¿Es este el inicio de una nueva forma de hacer política en la ciudad para monopolizar los resultados y cerrarles la entrada a nuevas opciones políticas? ¿O fue sólo una estrategia desesperada y coyuntural de grupos políticos que sienten su supervivencia amenazada hacia el futuro? Futuros estudios que analicen las elecciones por venir tendrán que decirlo.

Otra observación importante, y que tal vez podría mostrarnos algo de coherencia ideológica en la conformación de las alianzas, es el hecho de que las facciones del Partido Liberal han sido más propensas a hacer coalición con el movimiento del padre Bernardo Hoyos que aquellas del Partido Conservador. En todas las campañas, ganara o perdiera, en que participó dicho grupo político siempre se iba en coalición con una o más facciones liberales, mientras que en 1992 y 1994 no se hizo presente en la coalición ganadora ninguna facción conservadora. En 1997 y 2003 sólo lo hizo una: La de Mario Varón. Y en 2000, cuando el candidato de esa corriente obtuvo el segundo lugar, sólo hacía parte de su coalición una facción conservadora: La de Roberto Gerlein. Las facciones de Efraín Cepeda y Gabriel Acosta Bendek nunca han estado presentes en alianzas con el grupo orientado por el sacerdote salesiano.

En la tabla 3 se puede observar cuántas veces se han aliado cada una de las principales facciones liberales con cada una de las principales facciones conservadoras.

Como ya sabemos, dos de las facciones liberales más importantes de los setentas y parte de los ochentas, las lideradas por Pedro Martín Leyes y Juan Slebi se diluyeron muy rápidamente en los noventas, y de ahí la razón de su menor participación en alianzas. La de Jaime Vargas fue muy representativa en los ochentas y parte de los noventas, sin embargo, luego de la elección de 1997 desaparece de las alianzas y no vuelve a ocupar curul en el Senado. A pesar de lo anterior, se puede observar que durante el tiempo que participó fue muy activa a la hora de realizar alianzas interpartidistas, 11 en total. Muy significativo es el hecho de que fue el único liberal que nunca formó parte de una coalición favorable al movimiento del padre Hoyos.

No deja de ser notorio también que el comportamiento más repetitivo a la hora de hacer alianzas se da entre dos facciones de partidos diferentes, las de Mario Varón (PCC) y José Name (PLC). En todas las elecciones en que participaron siempre apoyaron a los mismos candidatos, en oposición a la facción Char. De hecho, la única ocasión en que se encuentra la facción Varón en coalición con la facción Char es en la última, en la cual también estaba presente la facción Name.

Todo lo anterior estaría aportando evidencia, a nivel local, a la hipótesis de Rodríguez (2001) en el sentido en que la competencia electoral en Colombia sería más intrapartidista que interpartidista.

Partidos, movimientos y facciones y la tipología teórica tradicional

En las elecciones locales en Barranquilla las colectividades políticas no parecen cumplir con las condiciones mínimas necesarias para ser incluidos en una u otra clasificación teórica tradicional.

Si bien tienen la escasa disciplina y la ideología poco consistente de los partidos de cuadros, lo que les permite hacer alianzas con cualquiera dependiendo de los intereses electorales, también acogen a todo tipo de seguidores, lo cual es típico de los partidos de masas (Martínez-Sospedra, 1996). Los parlamentarios gozan de gran autonomía, y sin embargo en el plano formal ambos partidos, Liberal y Conservador, de acuerdo con sus estatutos cuentan con organizaciones estructuradas. López Michelsen al referirse al Partido Liberal lo definió alguna vez como un partido de masas, supuestamente "porque tiene muchos matices, las decisiones se toman en conjunto y no por un individuo, no es jerarquizado" (El Heraldo, 19 de febrero de 1992). Sin embargo, esas características no son aplicables para el partido a nivel local, donde las decisiones importantes, sobre todo con respecto a candidaturas, como veremos, las ha tomado cada facción por separado de acuerdo con su conveniencia política.

Incluso el mismo Emilio Lébolo, líder reconocido del Partido Liberal en la ciudad y quien sería durante gran parte de la década de los noventa codirector del mismo a nivel nacional, afirmaba que "en Barranquilla se le dio la espalda a las doctrinas liberales para seguir apetitos burocráticos y presupuestales. Además, el Partido está muy separado de Bogota" (El Heraldo, 28 de febrero de 1992).

Tratando de darle sentido al bipartidismo colombiano, Pierre Gilhodes (1996) introdujo para el contexto la clasificación de Partidos Catch All, con ideologías escasamente definidas, poca disciplina, la dirección en manos de un grupo de notables, buscan adhesiones policlasistas, tienden a la personalización, tienen capacidad de absorber y dirigir todo lo que se les aparezca. De manera preliminar se podría aplicar esta clasificación a los partidos en las EPA en la ciudad.

Tampoco sería posible catalogar en las EPA a las colectividades políticas como partidos cartel. Estos son, según Katz y Mair (1995), aquellos cuyo principal objetivo es ganar las elecciones, así que para conseguirlo a menudo tratan de limitar la competición, imponiendo barreras a la entrada de nuevos partidos. Este tipo de partidos regula la competencia entre ellos y protege su acceso privilegiado a los recursos estatales. Estas colectividades se instalan dentro de los aparatos e instituciones estatales, y operan desde ahí, en una relación de convivencia cómplice con los demás partidos incluidos en el régimen.

Posiblemente esta clasificación sería pertinente para los partidos colombianos a nivel nacional e incluso local durante el período del Frente Nacional y hasta la CP91. Sin embargo, éstos no podrían seguirse clasificándose como partidos cartel a partir de las elecciones de 1992, cuando luego de la reforma política del año anterior aparecen con gran ímpetu nuevas opciones políticas, como el Movimiento Ciudadano, que reorganizan la realidad electoral en la ciudad.

Otra de las clasificaciones más conocidas (Blondel, 1971) diferencia tres clases de partidos: Partidos Tribales, Partidos Étnicos y Partidos Religiosos. Todos representantes de los intereses políticos de grupos sociales bien diferenciados. Por su característica de recibir todo tipo de adhesiones, los partidos y movimientos en la ciudad tampoco podrían ser etiquetados de esta manera.

El Movimiento Ciudadano en la teoría

Roberts (2002), refiriéndose a América Latina, argumenta que los partidos populistas han sido los más típicos en la zona. La tesis principal de Roberts, y que parecería tener coherencia con lo ocurrido en Barranquilla, consiste en que luego de los procesos neoliberales en la región, las consecuentes crisis económicas coadyuvaron a la pérdida de credibilidad en los partidos, lo que pudo profundizar su desinstitucionalización, ahondando el individualismo que el mercado promueve, lo cual, a su vez, contribuyó al surgimiento de outsiders, o personajes ajenos a la política, no surgidos de colectividades, con un discurso confrontativo e independiente. Así mismo, Pinzón de Lewin (1998) señala que las zonas urbanas, las ciudades, son más propensas a ver el surgimiento de un voto más independiente, e incluso de protesta, por concentrarse en éstas la población marginada que resulta de la proletarización y la exclusión social.

En Barranquilla, la aparición de la figura de Bernardo Hoyos coincide con la mitad del período de la presidencia de tendencia neoliberal de César Gaviria. Las consecuencias de la apertura económica en la ciudad han sido documentadas mostrando cómo el proceso de desindustrialización se aceleró (Bonet, 2005), así como el descontento social (Castro & De Castro, 1995), lo que de acuerdo con la tesis de Roberts habría llevado a la aparición de este tipo de nuevos liderazgos políticos conocidos como outsiders. Cabe decir, sin embargo, que Roberts, al plantear su tesis, parece referirse más a fenómenos de tipo nacional que a movimientos locales o regionales.

Si bien Mustapic (2002) tampoco parece interesarse por los movimientos locales o regionales, sino que elabora una estructura teórica para el análisis de los partidos carismáticos y sus transformaciones partiendo del estudio del Partido Justicialista (peronista) argentino, podemos encontrar en dicha estructura ciertas características que nos permitirían clasificar al MC. Son partidos que dependen del carisma de su fundador y son identificados con la imagen de su líder, están subordinados a su voluntad, son completamente centralizados, y lo más importante, tienen carácter movimientista, lo que quiere decir que se basan en lazos personales, el líder es el único intérprete de la doctrina, que por lo general es vaga e imprecisa, la carrera política de sus miembros depende sólo de la voluntad de éste y existe una total ausencia de reglas y procedimientos estandarizados que regulen la vida interna del partido.

Al preguntarle en una entrevista a Bernardo Hoyos cuál era la ideología de su movimiento, su respuesta hace clara alusión a los principios de la Teología de la Liberación. Sin embargo, desde el principio éste hizo alianzas con grupos como Voluntad Popular (facción Char) y más tarde con Misol (Grupo Name), nacidos en el seno del tradicional Partido Liberal y conformados mayoritariamente por empresarios, comerciantes, clases emergentes y contratistas del Estado. En respuesta a la pregunta sobre la organización del movimiento, respondió que ésta era de carácter informal, para darle movilidad y mayor capacidad de acción y respuesta, lo que implicaba la ausencia de reglas y procesos estandarizados1. Por último, ya vimos arriba cómo se centralizaba el proceso de selección de candidatos en cabeza del líder, de acuerdo con preferencias personales.

Así que el MC tiene características tanto de partido populista (Roberts) como de partido carismático (Mustapic). Sin embargo, no sería un partido en el sentido general de la definición planteada por Sartori (2005), ya que le faltan por lo menos dos de las cualidades necesarias: Primero, no fue una organización duradera. Sólo perduró por un poco más de diez años, desde 1992, cuando obtuvieron su primera elección, hasta 2003, cuando ganaron la última con Guillermo Hoenigsberg, quien al poco tiempo cortaría sus lazos con el movimiento intentando crear el suyo propio, conocido informalmente como "Acuerdo Caribe". Y segundo, no se articuló en otras regiones para convertirse en una fuerza con presencia nacional.

Grado de institucionalización de los partidos o colectividades

Una clasificación más clara podría estar determinada por su consistencia organizativa. Para Panebianco (1990) existen partidos fuertemente institucionalizados y débilmente institucionalizados. Los primeros cuentan con una penetración social fuerte, sólida estructura organizativa, patriotismo de partido sólido, disciplina notable y una base social estable y determinada; los segundos son los que adolecen de fallos notables en el control de su base social y de su estructura orgánica, tienen débil disciplina interna y poco control de los órganos locales por parte de los centrales. Estas mismas características ya habían sido mencionadas por Lapalombara (1966).

La mayoría de los estudiosos del contexto colombiano, entre ellos Giraldo (2007), concuerdan en cuanto a la falta de institucionalización de los partidos. Este autor le agrega a las características el hecho de que no existan procesos claros de elección de los candidatos. Dávila y Delgado (2001) le agregan el que no han existido patrones de comportamiento, reacción y toma de decisiones homogéneos, y existe una inmensa variedad de soluciones que dependen de la región, del partido, de la facción, de la situación y de la coyuntura.

En Barranquilla, es claro para las EPA el divorcio entre los partidos a nivel nacional y local, como lo evidencian las afirmaciones del senador Roberto Gerlein en vísperas de la EPA de 1990: "Una cosa es el Partido Conservador en Bogotá y otra el conservatismo en el Atlántico" (ElHeraldo, 3 de febrero de 1990). Lo anterior a propósito de la petición expresa de la Dirección Nacional Conservadora de apoyar la candidatura de Carlos Rodado y la negativa de dicha facción, la más importante a nivel local dentro del Partido.

En las elecciones siguientes se presentó más de lo mismo cuando Abel Carbonell, cabeza de una de las facciones conservadoras más representativas de entonces, criticó a Gerlein por, esta vez sí, apoyar a Rodado desconociendo la jefatura de Acosta Bendek en el departamento, quien había decidido avalar a Rodolfo Vega. Lo curioso es que al final también Carbonell se pasó al lado de Rodado y Gerlein. Vega, siendo el único candidato con el aval del Partido Conservador, se quedó sin el respaldo de las dos facciones conservadoras más influyentes del momento.

En 2003 se presentó una situación aún más significativa en cuanto a la ausencia total de disciplina interna. El Partido Liberal Colombiano entregó en casa del senador José Name aval a la candidatura a la alcaldía de Guido Nule, ex ministro perteneciente a la facción Char (El Heraldo, 22 de septiembre de 2003). Sin embargo, los directorios distrital y departamental del Partido adhirieron oficialmente a la campaña de Hoenisberg, del Movimiento Ciudadano (El Heraldo, 19 de septiembre de 2003). El mismo José Name y su grupo político hicieron alianza con este último. Incluso el candidato a la gobernación que contaba con el aval del PLC hacía campaña y aparecía en publicidad política en alianza con el candidato del MC y no con Nule (El Heraldo, 5 de septiembre de 2003).

De otra parte, la forma de elección de candidatos no ha contado con reglas claras y preestablecidas. Estos han sido generalmente escogidos a través de reuniones a puerta cerrada de los líderes de las principales facciones, como las dos candidaturas de Humberto Caiaffa en 1997 (El Heraldo, 28 de julio de 1997) y 2000 (El Heraldo, 2 de septiembre de 2000). O en el caso del MC, directa y exclusivamente por su fundador y líder, Bernardo Hoyos (entrevista con Hoyos). Incluso según Brieva (2000), en 1994 escogió a Edgar George como su sucesor, a pesar de la oposición clara de los más importantes miembros de la dirigencia del movimiento como Guillermo Hoenigsberg y José Matías Ortiz.

Elegirlos por consulta interna tampoco es una opción que las colectividades consideren con mucha seriedad. Hasta 2003 cuando la Reforma Política (en adelante RP03) las formalizó, sólo en una ocasión, 1992, se generó un proceso de este tipo en la ADM19 para la escogencia de su candidato. Pero incluso en esa oportunidad fue un proceso atípico, ya que el candidato que ganó, Bernardo Hoyos, ni siquiera era ni había sido miembro de ese movimiento.

En 2003 el PLC organizó una que terminó no realizándose entre otras razones por el retiro de varios de los precandidatos.

En 2007 se realizaron en la ciudad y el departamento consultas internas para escoger a los candidatos a alcaldía y gobernación del Polo Democrático Alternativo y el Partido Conservador. La abstención estuvo por encima del 95% En cuanto a la membresía, ninguno de los partidos tradicionales ni el Movimiento Ciudadano han contado jamás con un proceso de carnetización efectivo que genere diferencias reales entre los que lo están y los que no2. Precisamente con respecto a medir los grados de adhesión de los ciudadanos a los partidos y movimientos, en el contexto colombiano, y mucho más en el local, la tarea se dificulta, ya que las colectividades no cuentan con bases de datos actualizadas ni jerarquías reales3.

Sistema de partidos

Sartori (2005) planteaba la existencia de dos clases de sistemas: Competitivos y no competitivos.

Mirando las tablas 1 y 2 se puede afirmar con toda certeza que en las EPA celebradas en la ciudad no se han dado las características de los segundos, y por lo tanto debemos concentrarnos en los primeros.

Dentro de éstos, Sartori identifica tres sistemas diferentes: De partido predominante, bipartidista y pluralista. Tradicionalmente se ha pensado a Colombia en el segundo sistema, y sin embargo el mismo Sartori señala que a duras penas se puede decir que este país tenga un sistema de partidos. Para que sea bipartidista, el sistema debe garantizar la alternancia en el poder, o por lo menos la expectativa real de ésta y que los partidos estén en disposición de gobernar solos, es decir que no dependan de alianzas con el otro. Todo lo anterior implica una competencia real y abierta entre los dos por el poder.

En el caso de Barranquilla es imposible encontrar en alguna EPA una competencia demarcada entre los dos partidos tradicionales. Desde la primera hasta la última lo que se encuentra son alianzas faccionales interpartidistas. Facciones liberales en alianza con facciones conservadoras, tanto con el candidato ganador como con el segundo.

De acuerdo con el desempeño electoral del MC en el período, podría existir la tentación de ubicar a las EPA en el sistema de partido predominante, que se define como aquel en el cual, a pesar de que está permitida la existencia y competencia de otros partidos tanto formal como realmente, sólo uno logra ganar de manera repetitiva las elecciones. Sartori establece un número mínimo de cuatro elecciones seguidas ganadas para hablar de partido hegemónico. Se podría hablar de cierto predominio del MC durante algún tiempo cuando logró ganar tres elecciones seguidas, 1992, 1994 y 1997. Sin embargo, ocupó el segundo lugar en 2000. Luego volvió a ganar en 2003 y en 2007 se había prácticamente diluido dentro del Polo Democrático. Por lo tanto, no es posible hablar de sistema de partido predominante en la ciudad.

Los sistemas pluralistas de Sartori no parecen ser aplicables al caso, ya que necesitan la existencia de por lo menos tres partidos diferenciables con ideologías contrapuestas, visiones de la forma de organizar la sociedad y el estado contrastables.

Una clasificación reformulada por Mainwaring y Scully, (1995) a partir de Sartori, del concepto de multipartidismo (pluralismo) lo entiende en tanto la existencia de más de dos partidos con posibilidades reales y legales de acceder al poder. Sin embargo, Giraldo (2003) afirma que la proliferación de grupos y movimientos políticos en Colombia después de la CP91 no debe confundirse con multipartidismo, y más bien lo que puede estar ocultando es la ausencia real de partidos o una dramática dispersión de éstos fragmentados en listas electorales. Además Duverger (1954) aclaraba que allí donde la opinión se divide en grupos numerosos pero inestables, efímeros, fluidos, no cabe la verdadera noción de multipartidismo.

En Barranquilla, hasta la EPA de 2007 los partidos con mayor presencia eran el Liberal, el Conservador y el MC. Sin embargo, han presentado todas las particularidades mencionadas por Giraldo y Duverger que no le permitirían al sistema ser considerado como multipartidista.

DISCUSIÓN Y REFLEXIONES FINALES

La revisión de las ocho Elecciones Populares de Alcalde en Barranquilla (Colombia) deja ver una serie de desarrollos interesantes tanto en la conformación de partidos y alianzas electorales como en las conductas de los electores. Primero, cabe resaltar una relativa estabilidad en los patrones de conformación de las candidaturas, más ligadas a alianzas políticas que cruzan barreras partidistas y que no se mantienen estables de elección a elección. Esta estabilidad dinámica, si se quiere, parece estar influenciada por dos factores principales: Primero, por la debilidad de los grandes partidos a nivel nacional que no determinan, ni imponen una oferta electoral ligada a una disciplina central; segundo, que la fluidez en la conformación de alianzas parece estar más influenciada por las dinámicas y circunstancias particulares a nivel local, sin que exista ninguna instancia que pueda otorgarle coherencia nacional al proceso (Dávila & Corredor, 1998). Esto parecería que se mantiene aún en los momentos actuales, donde la aparición de una fuerte alianza uribista a nivel nacional no se tradujo en igual articulación a nivel de la ciudad. Hacen falta estudios más específicos sobre la conformación del uribismo como fuerza y su dispersión en Barranquilla, al igual que con respecto al Polo, que como fuerza, si bien ha tenido importantes logros, tampoco parece separarse de la lógica de las alianzas de corto plazo que han dominado.

Segundo, merece atención la prevalencia de fuerzas locales como el Movimiento Ciudadano, las fuerzas electorales de los grupos Char y Name, así como otros que sin constituir fuerzas políticas ordenadas capaces de conformar partidos políticos estables y duraderos, mantienen un caudal electoral importante. Resulta interesante ver cómo esta estabilidad dinámica logra recomponerse y rearmarse en cada elección, traspasando barreras tanto de filiación partidista como ideológica y hasta personales, lo que se hace visible, por ejemplo, en la aparición de alianzas catalogadas por algunos como impresentables e inexplicables (Brieva, 2007). Lo que parecería ser fuente de inestabilidad, se vuelve fuente de estabilidad en la oferta, que aunque no se institucionaliza logra una continuidad sorprendente.

Al final se ha podido establecer que el problema de desinstitucionalización que enfrentan los partidos a nivel nacional no es ajeno a las dinámicas mostradas a nivel local. El diagnóstico de tener Colombia uno de los sistemas políticos más personalistas del mundo se ha cumplido a cabalidad en estas ocho elecciones locales analizadas.

La adaptabilidad de los grupos y personajes políticos muestra rasgos sorprendentes.

Esas estrategias de adaptación son visibles, por ejemplo, y parecen encajar en el concepto de "políticos transicionales" de Gutiérrez (2007), al desligarse las facciones tradicionales Name y Char del Partido Liberal y entrar a formar parte de partidos nuevos como La U y Cambio Radical.

Alejandro Char en su última campaña a la alcaldía consiguió lo que Gutiérrez considera la gran ventaja de los que logran hacer el salto hacia transicionales: Tener las destrezas de los tradicionales pero ser capaces a la vez de apelar a un sector de opinión que rechaza definitivamente a los políticos.

En últimas, dicha adaptabilidad podría estar generando una dinámica propia digna de ser analizada en otros estudios y que escapa a la teoría política tradicional. La pregunta que queda es: ¿Aporta dicha adaptabilidad de las fuerzas políticas a la calidad y estabilidad de nuestra democracia o la socava


1Entrevista realizada a Bernardo Hoyos Montoya, ex alcalde del distrito de Barranquilla y fundador del Movimiento Ciudadano, 15 de julio de 2008.

2Esto se desprende de las entrevistas realizadas en el último año a líderes barriales y comunitarios pertenecientes a diversos grupos políticos de la ciudad.

3Si bien estas últimas existen de manera formal, por ejemplo a través de los directorios departamentales o distritales, sus funciones reales se encuentran muy desdibujadas por la actuación de las facciones, que terminan siendo los verdaderos núcleos decisorios.


REFERENCIAS

BLONDEL, J. (1972). Introducción al estudio comparativo de los gobiernos. Madrid: Editorial Fundación José Ortega y Gasset.

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Investigación y Desarrollo
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Desarrollo Humano
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2013
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