ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN / RESEARCH ARTICLE

"No extrañé más que afectos": migrantes argentinos/as, memoria, identidad nacional y aportaciones exóticas al paisaje cultural de la frontera México-Estados Unidos

"I missed nothing but affections": Argentine migrants, memory, national identity, and exotic contributions to the cultural landscape of the Mexico-United States border

"Não perdi mais que afetos": memória, identidade nacional e contribuì i ções exóticas à paisagem cultural fronteiriça na experiênc ia migratória de argentinos que vivem na fronteira Estados Unidos-México

Jose Navarro-Conticello
Doctor en Ciencias Humanas (Universidad de Talca, Chile), maestro en Estudios Culturales (El Colegio de la Frontera Norte, México) y licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina). Es investigador asistente en el Instituto de Investigación Interdisciplinaria de la Universidad de Talca (Chile). Investiga principalmente sobre fronteras y migración internacional. Entre sus publicaciones recientes destacan los artículos "Migraciones y movilidades de argentinos: revisión crítica de un campo de estudios en desarrollo, 1960-2020" (2020), en coautoría con Patricia Jimena Rivero, e "Imaginarios sobre la frontera norte en el discurso de la prensa nacional argentina" (2020), en coautoría con Alejandro Benedetti.
Orcid: https://orcid.org/0000-0002-2395-4873. Correo electrónico: jonavarro@utalca.cl.

Guillermo Alonso-Meneses †
Antropólogo, doctorado en la Universidad de Barcelona (España) y profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte (México). Sus líneas de investigación se centran en la antropología sociocultural del mundo contemporáneo, con énfasis en las fronteras internacionales, migraciones y movilidad humana y las transformaciones culturales reflejadas en los estilos de vida. Entre sus últimas publicaciones destacan la coordinación del libro "Fronteras simbólico-culturales, étnicas e internacionales. Su efecto en la vida de las gentes" (2017), mención honorífica en el Premio Antonio García Cubas, en la categoría de obra científica, del INAH y la Secretaría de Cultura, México, 2017, y el artículo "Los muros fronterizos y las deportaciones de inmigrantes como tecnologías biopolíticas en los Estados Unidos" (2020).
Orcid: https://orcid.org/0000-0001-9441-0956. Correo electrónico: gui@colef.mx.


Resumen

Buscando visibilizar las contribuciones de una comunidad migratoria minoritaria al paisaje cultural fronterizo, en este artículo se analizan cualitativamente los discursos de argentinos/as residentes en Tijuana y San Diego acerca de su experiencia migratoria, para identificar cómo operan en ellos/as la memoria y la identidad nacional como mecanismos mediante los cuales dan sentido a sus trayectorias. Mediante un método cualitativo y transversal, se seleccionó una muestra no probabilistica de 20 personas mayores de edad -12 hombres y 8 mujeres-, de nacionalidad argentina, 11 de ellas residentes en San Diego y 9 en Tijuana con una antigüedad de al menos un año, a quienes se les aplicaron entrevistas semiestructuradas del tipo 'historia de vida', cuyos contenidos fueron interpretados a partir del paradigma foucaultiano del discurso y tomando postulados de la escuela del Análisis Crítico del Discurso. Los resultados muestran que las relaciones entre memoria, identidad nacional y experiencia migratoria aparecen vinculadas a dos nodos significantes: i) los recuerdos y simbolizaciones del inicio del periplo migratorio y ii) los lazos identitarios y nostálgicos con el país de origen. En torno a estos dos nodos, los/as migrantes dejan entrever en sus discursos formas diversas de vincularse con el paisaje cultural fronterizo mediante negociaciones entre su identidad nacional y rasgos de la cultura local. Asimismo, se concluye que la memoria y la identidad nacional podrían tener un rol articulador en comunidades de migrantes que, como esta, carecen de redes y rutas migratorias sólidas y se caracterizan por la dispersión de sus integrantes.

Palabras claves: migración internacional, memoria, identidad nacional, experiencia migratoria, frontera México-Estados Unidos.


Abstract

Seeking to make visible a these minority community of migrants and their contributions to the border cultural landscape, this article analyzes qualitatively the discourses of Argentines living in Tijuana and San Diego on their migratory experience, to identify how memory and national identity operate in them as mechanisms through which they give meaning to their trajectories. Through a qualitative and cross-sectional method, a non-probabilistic sample of 20 people of legal age -12 men and 8 women-, of Argentine nationality, 11 of them residents in San Diego and 9 in Tijuana for at least one year, was selected. Semi-structured interviews of the 'life story' type were applied to them, whose contents were interpreted based on the Foucauldian paradigm of discourse and considering postulates from the school of Critical Discourse Analysis. The results show that the relationships between memory, national identity and migratory experience come out linked to two significant nodes: i) the memories and symbolizations of the beginning of the migratory journey and ii) identity and nostalgic ties with the country of origin, especially through the idea of return. Around these two nodes, migrants reveal in their discourses diverse ways of connecting with the border cultural landscape through negotiations between their national identity and features of the local culture. Furthermore, it is concluded that memory and national identity could have an articulating role in migrant communities that, like this one, lack solid migratory networks and routes and are characterized by the dispersion of their members.

Keywords: international migration, memory, national identity, migratory experience, Mexico-United States border.


Resumo

Uma paisagem cultural é o produto de uma construção histórica, cole tiva, não isenta de conflitos, por meio da qual diferentes grupos sociais lutam para se apropriar do território que habitam. As fronteiras s ão inseparáveis da mobilidade humana e, na fronteira México-Estados Unidos, predomin a a migração mexicana para os Esta dos Unidos. Consequentemente, na produção ac adêmica sobre migração internacional naquela fronteira há poucas evidências sobre outras comunidades menos numerosas, como as oriundas do Cone Sul. Buscando dar visibilidade a uma de ssas comunidades minoritárias e suas contribuições para a paisa gem cultural da fronteira, este artigo analisa qualitativamente os discursos de arge ntinos residentes em Tijuana e San Diego sobre sua experiênci a migratória , para identificar como a memória e a identidade nacional nelas operam como mecanismos pelos quais eles dão sentido às suas trajetórias. As relações entre memória , identidade naciona l e experiência migratória aparecem ligadas a d ois nós signi ficativos : i) as memó rias e simbolizações do início da viagem migratória; e ii) identidade e vínculos no stálgicos com o país de ori gem. Em torno desses doi s nós , os migrantes re velam em seus d isc ursos diver sas formas de se cone ctar com a paisa gem cultural da fronteira por meio de neg oc i ações entre sua identi dade nacional e tra ços da cultura lo cal. D a mesma fo rma, concluis e que a memória e a iden tidade nacional pod em ter um papel articulador nas comun idades imigr antes que , como est a, carecem de redes e rotas migratórias s ólidas e se caracterizam pela dispersão d os seus memb ros .

Palavras chave: paisagem cultural marítima, sinalização marítima, auxílios à navegação, XIXsecolo Colombia, navegação.


Introducción

Este artículo busca arrojar luz sobre las aportaciones de una comunidad minoritaria de migrantes de origen sudamericano al paisaje cultural de la frontera México-Estados Unidos, territorio históricamente marcado por las huellas del encuentro entre las culturas estadounidense-anglosajona y mexicana, donde la presencia de repertorios culturales que escapan a ese binomio tiende a ser menos visible. A partir de un análisis del discurso de mujeres y hombres argentinos/as residentes en Tijuana y San Diego sobre sus experiencias de emigración desde el lugar de origen, migración y asentamiento en el lugar de destino, la intención de este estudio es profundizar en el rol de la memoria como articuladora de identidades y trayectos migratorios exóticos -en el sentido convencional de extraños, de afuera o poco frecuentes- en este contexto. Se parte de la idea de que, mediante el acto de rememorar o hacer memoria, los/as migrantes recurren a repertorios identitarios provenientes de temporalidades y espacialidades distantes para resignificar su experiencia presente y adaptarse de manera activa a un paisaje cultural que los/as preexiste y tiene sus propias formas, estructuras y funciones, o "rugosidades" (Santos, 2004, p. 173). Así, el ejercicio de la memoria permitiría a los/as integrantes de esta comunidad minoritaria aportar un ethos inusual en el proceso de construcción sociohistórica del paisaje cultural fronterizo, lo cual contribuiría a complejizarlo, enriquecerlo y, en última instancia, desesencializarlo.

Notas sobre memoria, identidad nacional y experiencia migratoria

Raymond Williams (2004) planteó que los movimientos sociales por la libertad en la postguerra tuvieron su reflejo en "el movimiento de los historiadores para liberar retrospectivamente categorías completas de actores y actividades ignoradas durante mucho tiempo" (p. 526). Construcciones culturales como raza, religión, sexo, clase social, género hicieron la diferencia a la hora de escuchar a los/as protagonistas de la historia, de marginar a los/as subordinados/as de la historia o, al contrario, darles voz (Thompson, 1989). En otras palabras, la memoria es un recurso especialmente valioso desde el punto de vista de los grupos minoritarios, para quienes adueñarse de su propia historia es una cuestión estratégica de la que depende la perdurabilidad de su cultura. En el caso de los/as migrantes, la memoria es uno de los recursos mediante los cuales pueden significar sus trayectos, conectando sus lugares de origen, tránsito y destino en el marco de una narrativa que los/as trasciende, lo cual ha sido estudiado empíricamente por varios autores (Ceja, 2021; Marschall, 2018; Sánchez, 2020; Velasco, 2005).

Stephen Castles (2015) ha reivindicado la importancia de los factores culturales para alcanzar una visión más compleja y exacta de los fenómenos migratorios contemporáneos. En ese contexto, la identidad nacional, ya sea en el sentido que le diera Benedict Anderson (2006) al definir la nación como una comunidad imaginada o el que le imprimiera Rita Segato (2007) al entenderla como una formación de alteridad, es una construcción simbólica que permite a los/as migrantes encontrar referentes donde estos escasean, recurriendo a un repertorio compartido de relatos, imaginarios y emociones para significar su propia experiencia migratoria. Asimismo, estos repertorios están modelados por unos devenires históricos particulares y unas relaciones de fuerzas desiguales que hacen que ciertas narrativas tengan mayor peso que otras y se impongan sobre estas. Como se postula desde las teorías performativas de la identidad,

los sujetos se articulan como tales a partir de un trabajo de identificación que opera suturando identidades personales y colectivas (para sí y para otros), pero no lo hacen simplemente como a ellos les place, pues su trabajo de articulación opera bajo circunstancias que ellos no han elegido. (Briones, 2007, p. 59)

En otras palabras, el individuo se identifica, decide, negocia su subjetividad y su pertenencia grupal con referencia a unos marcos provistos por la cultura y por la historia. El condicionamiento del tiempo social tiene un peso especialmente relevante en la construcción de identidades nacionales en el Nuevo Mundo, porque está marcado por la colonialidad como aparato de producción de alteridades históricas (Segato, 2007). Es útil rescatar, a ese respecto, las aportaciones de teóricos como Hall (2003), quien introdujo la idea de identificación, noción de reminiscencias foucaultianas que hace referencia al terreno difuso, complejo y contradictorio en el que el agenciamiento del sujeto se encuentra con los límites que impone la estructura del discurso y su carga socio-histórico-política. También la noción del entremedio [in-between] de la cultura, de Bhabha (1994, p. 29), o los intersticios donde el espacio posmoderno y el tiempo poscolonial nos abocan a la traducción cultural, o la doble conciencia, de Du Bois (2007), son conceptualizaciones que remiten a esos márgenes borrosos donde la tensión entre sujeto y condicionamiento social permanece irresuelta, y es en ese carácter siempre procesual donde reside, precisamente, su riqueza.

La memoria tiene la complejidad, y el valor analítico de ser un proceso tanto racional como emocional. En Funes el memorioso, Jorge Luis Borges (1982) comienza diciendo: "Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado)" (p. 111). Así, la capacidad de recordar es investida por el escritor con el aura de lo sagrado, aunque subordinada ante la más apreciada capacidad de pensar. Hacer memoria es un acto imprevisible, azaroso, sujeto a unos factores y circunstancias cuyos mecanismos intrínsecos en gran parte ignoramos. Sabemos que la memoria y los recuerdos se desvanecen, deterioran, reprimen o desaparecen no solo por factores que concurren en la persona, sino también por condiciones del entorno biográfico. La memoria tiene la contraparte del olvido y es usual que se produzca una transformación entre la memoria y el acontecimiento que se pretende rememorar (Ricoeur, 1999). Al recordar, la subjetividad opera sobre la profundidad del pasado y la pertinencia de lo recordado. Rememorar es, al fin y al cabo, una forma -frágil, incierta, pero no por ello menos poderosa- de modelar la propia historia y la de la comunidad a la que se pertenece.

Una aproximación al paisaje cultural de la

frontera México-Estados Unidos

Establecida sobre el territorio donde el desierto de Baja California se encuentra con el océano Pacífico, en el extremo noroeste de México, la ciudad de Tijuana es uno de los municipios más poblados de ese país y la urbanización mexicana más populosa de la frontera México-Estados Unidos, con un área metropolitana habitada por 2 157 853 personas (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2020). Conectada con ella a través de la frontera internacional mediante los pasos fronterizos El Chaparral-San Ysidro y Mesa de Otay, inmediatamente al norte de Tijuana se encuentra su vecina estadounidense, San Diego, donde viven 1 423 851 personas (US Census Bureau, 2019). A su vez, Tijuana y San Diego se comunican, a través de la Autopista Interestatal 5, con el área metropolitana de Los Ángeles, a 220 kilómetros de distancia. Este gigantesco corredor económico-comercial binacional ha cobrado un dinamismo adicional desde 1994, año en que se firmó el Tratado de Libre Comercio para América del Norte -TLCAN, o NAFTA por sus siglas en inglés-, rebautizado en 2018 como Tratado México, Estados Unidos y Canadá -T-MEC, o USMCA-.

Tijuana y San Diego conforman uno de los pares de urbes conceptualizadas como "ciudades gemelas", "twin cities" o "border cuates" (Herzog, 2009; Kearney y Knopp, 1995), macrorregiones metropolitanas con interconexiones urbano-estructurales, donde la presencia de la frontera internacional redimensiona física, sociocultural y económicamente la realidad que se vive en ambos márgenes, planteando problemas que no se confinan a una única nación (Alonso Meneses, 2016; Herzog, 1991; 2015). Asimismo, en su interior existen unidades más pequeñas, áreas micropolitanas, cuyos procesos y dinámicas subnacionales se ensamblan de manera multiescalar en la globalización (Sassen, 2009). Pero la fluidez transfronteriza de bienes y personas, favorecida por los acuerdos comerciales binacionales, coexiste con estrictas políticas de control y vigilancia de la frontera. Más allá de sus continuidades, Tijuana y San Diego exhiben realidades socioeconómicas y culturales fuertemente contrastantes, que expresan las enormes asimetrías que existen entre México y Estados Unidos.

Gracias al influjo de las industrias del entretenimiento y los medios de comunicación masiva, es probable que incluso los lectores menos familiarizados con esta región sean capaces de dar una respuesta relativamente informada si se les pide una caracterización general de la frontera México-Estados Unidos. En la plataforma más popular de streaming audiovisual existe al menos una docena de productos -series y películas, documentales y de ficción- referidos a este espacio geográfico. Simplificando al extremo, la representación de la frontera que en ellos se propone tiene como protagonistas principales a personas de origen mexicano y, en menor medida, de origen estadounidense-anglosajón, y como tema central el contraste entre las culturas mexicana y estadounidense-anglosajona. Lo mexicano es frecuentemente asociado a la violencia, el narcotráfico, la corrupción y la pobreza, mientras que a lo estadounidense-anglosajón es menos retratado en sí mismo, aunque a menudo se le asigna una responsabilidad indirecta -por omisión- en los aspectos negativos que se observan al sur de la línea divisoria. La mirada, también simplificando al extremo, es la de una frontera de una sola cara (la cara sur), donde la cara norte corresponde al lugar de enunciación, desde donde se contempla con horror y un dejo de culpa lo que ocurre tan cerca pero tan lejos, al sur de la línea. Asimismo, la movilidad humana en esta región es normalmente reducida a la migración irregular o indocumentada de México a Estados Unidos. Ocasionalmente, otras formas de habitar, utilizar, moverse o estar en la frontera irrumpen en escena, como ocurrió con las noticias recientes sobre los cientos de migrantes haitianos/as que llegaron allí pidiendo asilo en Estados Unidos después de haber peregrinado por países sudamericanos como Chile y Brasil en su búsqueda infructuosa de una vida digna. Sin embargo, se trata de espasmos que no alcanzan a alterar el imaginario general difundido por las grandes usinas de la información y el entretenimiento.

De un modo similar, la academia tiende a reproducir esquemas estáticos en el abordaje de esta región. Entre la última década del siglo XX y la primera del XXI, varios especialistas coincidieron en criticar el rumbo que habían comenzado a tomar los estudios sobre la frontera México-Estados Unidos a partir de la aparición de la corriente "culturalista" encabezada, entre otros, por Gloria Anzaldúa, Renato Rosaldo y D. Emily Hicks. En aquel momento, autores como Barrera (1995), Heyman (1994), Tabuenca (1997) y Vila (2000, 2001) advirtieron que, más allá de sus buenas intenciones, esta literatura -producida en Estados Unidos- había derivado en una homogeneización de las representaciones teóricas sobre esta frontera y sus habitantes, donde la visión proyectada desde el norte prevalecía sobre las perspectivas elaboradas desde el sur, y donde el chicano -estadounidense de origen mexicano- como sujeto fronterizo por antonomasia, portador de una hibridez casi perfecta entre las culturas anglosajona y latina, dejaba fuera de alcance otras tantas formas de habitar la frontera. Hoy, esa crítica puede actualizarse -y especificarse- en referencia a los estudios empíricos sobre migración internacional en la frontera México-Estados Unidos, que se concentran mayoritariamente en la migración de origen mexicano, postergando los abordajes sobre otras comunidades de migrantes, como las sudamericanas, y más concretamente las del Cono Sur, que, aunque son menos numerosas, también habitan este espacio.

Desde un punto de vista sociocultural, las fronteras internacionales son dispositivos que tienen una función de configuración de la realidad, espacios que expresan la vocación de los Estados nacionales de reducir -para hacer más gobernable la heterogeneidad disponible en el interior y a través de ellos, y a la vez favorecen -por su propia dinámica, que separa pero también comunica, admitiendo cruces e intercambios- la expresión de esa heterogeneidad (Balibar, 2002; Mezzadra y Neilson, 2013). Por su naturaleza procesual, las fronteras internacionales se encuentran en permanente cambio y redefinición (Benedetti, 2013), y en ese sentido son indisociables de los desplazamientos humanos que tienen lugar en y a través de ellas. Como señalan Benedetti y Salizzi (2011), desde su origen destinado a controlar la movilidad del vecino hacia el interior del territorio que defienden hasta su eventual devenir en recursos que las personas utilizan para cruzar al otro lado, "lo que le da sentido al establecimiento de fronteras es el cruce o la hipótesis de cruce" (p. 151).

Partiendo de esta concomitancia del concepto de frontera y la movilidad humana, y entendiendo que un paisaje cultural es "un patrimonio colectivo" construido históricamente por "apropiaciones disímiles de los bienes naturales y culturales" (Pastor, 2014, p. 4), donde se expresan las prácticas que adoptan los grupos sociales para apropiarse de un territorio y que refleja no solo "las resistencias al poder, sino también las luchas cotidianas por la supervivencia a través de una red compleja de relaciones de poder/saber" (Dillon, 2010, p. 253), puede afirmarse que el paisaje cultural de la frontera México-Estados Unidos está en gran parte modelado por los distintos procesos de movilidad y migración que coexisten en este territorio, a veces de manera contradictoria y conflictiva. La mayor parte de estos procesos, concordantemente con los imaginarios más extendidos sobre esta frontera, tienen como protagonistas a personas de origen mexicano que cruzan a Estados Unidos. Sin embargo, lo que los estereotipos e imaginarios de trazo grueso no permiten aprehender son las luchas por la representación que subyacen en esos rasgos generales. Es indiscutible que en sus aspectos materiales y simbólicos, el paisaje cultural fronterizo está esencialmente marcado por el cruce entre la cultura mexicana y estadounidense-anglosajona, y específicamente por la migración mexicana hacia territorio estadounidense; pero también está compuesto por las aportaciones que, entre otras, las comunidades minoritarias de migrantes realizan en su afán por visibilizarse y apropiarse del territorio que habitan a partir de sus propios recorridos, imaginarios, discursos e identidades. Una de ellas es la argentina.

Migración argentina en la frontera México-Estados Unidos

La frontera México-Estados Unidos, y especialmente el área Tijuana-San Diego, no constituyen un destino habitual en los corredores de la emigración argentina.

Se estima que el 91 % de los 933 164 argentinos/as que viven fuera de su país de origen se encuentran en 13 países, entre los cuales España es el principal, Estados Unidos el segundo y México el undécimo (Allen González y Fazito, 2017). Pero la mayoría de los 18 693 argentinos/as que viven en México residen en localidades turísticas como Cancún y Playa del Carmen, en el Caribe, mientras que en Tijuana solo hay aproximadamente 900 migrantes de esa procedencia (INEGI, 2020), y de las 278 000 personas de origen argentino que viven en Estados Unidos, el 29 % se encuentran radicadas en el estado de Florida, el 18 % en California y el 10 % en Nueva York (Noe-Bustamante et al., 2019), mientras que en San Diego, de acuerdo con el último censo, hay 2432 argentinos/as (US Census Bureau, 2010). Así, se calcula que la población argentina en el área Tijuana-San Diego supera las 3300 personas, cantidad que, si bien es minoritaria en comparación con otras comunidades de migrantes residentes en esta frontera, es suficiente para ameritar estudios científicos sobre sus características. Sin embargo, es poco lo que se conoce acerca de ella, más allá de tres estudios publicados por los autores de este artículo (Navarro-Conticello, 2016; Navarro-Conticello y Alonso-Meneses, 2020a; 2020b) que permiten retratarla como una comunidad migratoria cuyos integrantes se encuentran generalmente dispersos y, ante la ausencia de redes sólidas o rutas migratorias consolidadas, sus trayectorias han sido modeladas en gran parte por el azar y las historias personales de cada migrante.

Tomando como punto de partido esta carencia de información, el objetivo de este artículo es analizar los discursos sobre la experiencia migratoria de argentinos/as residentes en Tijuana y San Diego e identificar cómo operan en ellos la memoria y la identidad nacional para dar significado a sus trayectos migratorios en un contexto de recepción atípico para esta comunidad.

■ Método

Este estudio es una investigación inédita y original derivada de la investigación realizada en el marco de la tesis de maestría del autor principal (Navarro-Conticello, 2016), que también ha dado lugar a otras dos publicaciones (Navarro-Conticello y Alonso-Meneses, 2020a; 2020b). El método utilizado es cualitativo y transversal. La muestra fue seleccionada mediante criterios no probabilísticos de disponibilidad. Los fragmentos discursivos analizados provienen de entrevistas semiestructuradas realizadas con 20 personas mayores de edad -12 hombres y 8 mujeres-, de nacionalidad argentina, 11 de ellas residentes en San Diego y 9 en Tijuana con una antigüedad de al menos un año. Los/as participantes accedieron voluntariamente a ser entrevistados/as, fueron contactados/as primero a través de informantes claves y luego mediante la técnica "bola de nieve". Las entrevistas fueron del tipo "historia de vida"", entendido como el relato que hace un sujeto, en diálogo con el investigador, de algunos de los hechos o aspectos más relevantes de su vida, que suele remitir al largo plazo y sostener una idea de temporalidad que conjuga pasado, presente y futuro, y permite indagar en cómo las personas se relacionan con su entorno (Mallimacci y Giménez, 2006). La elección de este tipo de entrevistas, semiestructuradas tipo "historia de vida", obedece a la necesidad de analizar, a partir de una guía mínimamente estructurada que contiene preguntas derivadas de los objetivos de investigación, el modo en que los/as entrevistados/as estructuran sus discursos y narran los distintos momentos de sus trayectorias vitales. Estas fueron realizadas entre mayo de 2015 y abril de 2016, tuvieron una duración aproximada de una hora y media, fueron grabadas y luego transcriptas. La transcripción permitió clasificar, seleccionar, analizar e interpretar aquellos fragmentos de discurso significativos para los objetivos de la investigación. Los nombres aquí consignados son ficticios, para proteger la identidad de los/as participantes.

Para el análisis de los fragmentos de discurso seleccionados en este artículo, hemos trabajado con el paradigma foucaultiano de discurso y con postulados de la escuela del Análisis Crítico del Discurso (Van Dijk, 1998; 2003; 2005), deudora de la obra de Michel Foucault (2008; 2010), quien concibió el discurso más allá de su estatus documental, dándole prioridad a ese "campo en el que se manifiestan, se cruzan, se entrelazan, y se especifican las cuestiones sobre el ser humano, la conciencia, el origen y el sujeto" (p. 28). Los testimonios de las personas vehiculan discursos ajenos a ellas, y -sin negar su capacidad de agencia, la autonomía y la originalidad de sus testimonios- también son un efecto y resultado de discursos y estructuras previas. El resultado final hace del discurso una práctica (pp. 62-65). Los postulados, paradigmas y herramientas teórico-metodológicas del Análisis Crítico del Discurso suelen trabajar sobre el concepto de fragmento discursivo, por lo general en forma de texto o discursos puestos por escrito (Van Dijk, 2003; Wodak y Meyer, 2003). Así, al abordar un tema, en este caso los discursos sobre las experiencias migratorias de argentinos/as residentes en la frontera Tijuana-San Diego, se pueden reunir y relacionar diferentes testimonios o fragmentos discursivos conectados por un hilo discursivo. Esta estructuración temática les da coherencia a los materiales analizados y pone de manifiesto la existencia de procesos discursivos temáticamente uniformes (Jaeger, 2003).

■ Resultados

En el relato de los/as migrantes entrevistados/as, las relaciones entre memoria, identidad nacional y experiencia migratoria aparecen principalmente vinculadas a dos grandes categorías. La primera refiere a los recuerdos y simbolizaciones del inicio del periplo migratorio, e involucra las razones o eventos que activaron la partida desde el lugar de origen y la llegada, instalación y adaptación en el lugar de destino. La segunda tiene relación con los lazos identitarios y nostálgicos con el país de origen, Argentina, especialmente a través de la idea del retorno, tanto en su planificación o ideación como en su negación o clausura. A continuación, analizaremos cada una de ellas.

La memoria de la partida y la adaptación al lugar de destino

Al abordar el recuerdo de la partida, la llegada y el asentamiento en la región Tijuana-San Diego, la mayoría de los/as entrevistados/as interpretó la fase inicial de su movilidad migratoria en un sentido positivo, como una nueva oportunidad o una etapa de crecimiento personal. El componente traumático por una crisis repentina no está ausente, pero prevalece la idea de autosuperación. En buena parte de los testimonios es posible reconocer una trayectoria que comienza con gran incertidumbre, sobre todo por el casi total desconocimiento del lugar de destino, y luego se encauza hacia la realización personal y la adaptación al nuevo contexto. A su vez, el dinamismo económico en el sur de California aflora en contraposición a la inestable Argentina. Así, desde un primer momento, la cercanía entre Tijuana y San Diego es aprovechada para acceder a las posibilidades presentes de uno u otro lado del límite internacional. Una gran parte de los/as entrevistados/ as que actualmente viven en San Diego tuvieron experiencias previas en Tijuana, y algunos de quienes hoy residen en Tijuana antes lo habían hecho en California. Esto se observa en el discurso de Armando, cocinero y empresario gastronómico, quien llegó a la frontera a través de un empresario argentino que tenía un restaurante en California.

Trabajé allá siete años con él, siempre viviendo aquí en Tijuana [...] Estaba en los dos lados y fue duro [...] A las cinco de la mañana estaba cruzando [la frontera por la garita internacional], la "línea" [fila de autos] de tres o cuatro horas, descansaba un solo día por semana. (Armando, 55 años, empresario gastronómico, vive y trabaja en Tijuana)

La frontera le permitió a Armando desarrollar su negocio en Tijuana a la par que trabajaba en California. Algo similar le ocurrió a Pablo, un joven músico que llegó en 2002 a Tijuana sin ningún contacto y aprovechó la cercanía con Estados Unidos para desarrollar su carrera profesional sin dejar de vivir en México.

La verdad, no tenía ni la urgencia de irme ni la urgencia de regresar. Entonces, pues decidí venir a la aventura, además en esa época realmente apenas estaba empezando Yahoo, no había ni fotos, ni notas, ni diarios en internet, yo no sabía nada de Tijuana, ni había visto una foto, ni la más remota idea de dónde estaba [...] Era una oportunidad de salir. [...] La verdad, hasta el día de hoy siempre he sentido que el contexto general me permite y me empuja a crecer constantemente. De alguna manera, esa es la razón por la que no me he movido de aquí. Porque sigo sintiendo que hay un campo inmenso para seguir creciendo aquí en Tijuana. Mi carrera ha despegado en Estados Unidos bastante en los últimos dos o tres años, y eso lo puedo hacer por una cuestión logística, estratégica, del lugar donde estoy. Nunca, a la fecha, he tenido ni la necesidad ni la intención de irme a vivir a Estados Unidos, y de hecho, convivir tan de cerca de ellos me ha hecho reforzar el hecho de que me gusta vivir de este lado de la frontera, pero en materia artística sí es un campo increíble, o sea, es todos los años ir a tocar o dar clases a San Francisco o a New York, o a lugares y estar en contacto con artistas realmente de muy de alto vuelo. (Pablo, 35 años, músico, vive en Tijuana y trabaja en varios países)

En ciertos casos, la adaptación está ligada a la identidad nacional. Algunos entrevistados expresaron que ser argentinos/as los/as ayudó a incorporarse a la sociedad de destino. En este tipo de lecturas aparecen argumentos históricos y socio-culturales que remiten a la herencia diaspórica legada por la cuantiosa migración ultramarina recibida por Argentina entre fines del siglo XIX y principios del XX, o al entrenamiento para la adversidad que representaron las múltiples crisis económicas atravesadas por el país.

Yo soy armenio por parte de mamá; por parte de papá, español, pero tercera generación, ya el abuelo de mi papá era inmigrante y mi abuelo materno era inmigrante, no nació en Argentina. Yo en Argentina vivía en Buenos Aires, me dedicaba a la compra y venta de alhajas y antigüedades, y era en dólares, [...] Entonces decidí venir a Los Ángeles, al norte de Los Ángeles; hay una ciudad que se llama Glendale, está pegada a Pasadena y ahí hay muchos armenios, inclusive en Glendale, en el centro, los anuncios de la calle están en armenio, como en el Korea Town están en coreano. Allá son prácticos, entonces yo llegué ahí sin saber qué hacer y entré a trabajar [...] Llegué solo, llegué en mayo y a los dos meses llegó mi mujer con dos de mis hijos. Encontré un trabajo en ventas, [...] me fue maravillosamente, terminé como director de la empresa en ventas, ganando 150 mil dólares al año, [...], a los seis meses me ascendieron a gerente y seis años después a gerente superior y terminé como director de la empresa y abrí instalaciones acá en Tijuana. Yo cuando salí [de Argentina], salí un poco enojado y salí para no volver; yo me vine porque mi opinión es que cuando uno se va y deja la posibilidad, vuelve. No, yo no voy a probar y si me va mal vuelvo, no, no, quemas las naves; y te digo, no extrañé más que afectos. Posiblemente sea porque vengo de una familia nómada, porque estamos desparramados, realmente fluyendo. (Antonio, 56 años, empresario gastronómico, vive y trabaja en Tijuana)

El testimonio de Antonio introduce indirectamente la tradición migratoria que caracteriza a la identidad argentina a propósito de sus propios antecedentes familiares, signados por la diáspora armenia provocada por el genocidio perpetrado por el ejército otomano que, al momento de redactar este artículo, acaba de ser reconocido por el presidente estadounidense Joe Biden. Llama la atención que el entrevistado explicite que solo ha echado de menos a sus afectos cuando en su discurso sobresalen aspectos más ligados a lo material, como la capacidad de hacer negocios o el éxito profesional. Probablemente, la experiencia migratoria familiar, que convierte a los miembros de su familia en nómadas de facto, haga que sean menos gravitantes para él las cuestiones ligadas a la identidad nacional argentina, como el fútbol, el asado de los domingos y el tango.

El siguiente fragmento también remite a un momento emigratorio contextualizado por la crisis de 2001, que empujó a miles de argentinos/as a emigrar. Nuevamente, rasgos de la identidad argentina aparecen como mediadores de una experiencia migratoria que comienza marcada por la incertidumbre.

Cada persona tiene una historia, pero la identidad nacional es algo que no vas a perder, es imposible, es como perder el acento. Yo tengo acá viviendo ya como 14 años y ni pierdo el acento [...] Se nota por montones de cosas, un argentino que está viviendo en España es sudaca y es argentino y no deja de serlo, y lo mismo pasa acá en México, y además no somos muchos. Y en México somos bien recibidos, realmente, con mucho cariño, yo no he tenido problemas y he sido recibido excelentemente bien [...] Yo llegué acá siendo un tipo adulto, había vivido toda la vida en Argentina, ¿entendés? Con una vida hecha, digamos, lo mío fue por una cuestión totalmente impensada, o sea, nunca me imaginé en mi vida estar en México, nunca se me pasó por la cabeza, simplemente fue una cuestión afectiva, digamos. Yo conocí a mi mujer, que es mexicana, y me vine a vivir con ella, de ahí todo. Yo no vine acá ni buscando una oportunidad de trabajo, ni buscando hacer nada, vine porque así lo sentí, en el 2002 [...] Muchas cosas se identifican. Las diásporas de la Argentina tienen que ver o con los tiempos del proceso [militar] o con el tema de la última crisis, pero en ese tiempo el tema de la crisis, digamos, a mi edad, yo viví todas las crisis argentinas que se te ocurran, todas las devaluaciones, todos los cambios en los ceros de la moneda. Para mí el tema de la crisis no es un tema que me asuste; cuando naciste en crisis, ya para vos la crisis es algo natural, te resulta raro que no haya crisis en realidad, entonces el tema del caos argentino de 2001 no me asustó, simplemente era algo más de lo que estaba pasando, como pasaron tantas cosas. (Mario, 59 años, editor, vive y trabaja en Tijuana)

Entre otros aspectos para destacar, el testimonio de Mario hace pensar en la naturalización de las crisis económicas por parte de varias generaciones de argentinos/as, al punto que estas pasan a formar parte de su vida e identidad. A su vez, el detalle de utilizar la palabra sudaca, término que originalmente -hacia la década de 1970- era utilizado despectivamente en España para referirse a los/as migrantes sudamericanos/as, principalmente chilenos/as, argentinos/as y uruguayos/as, remite indirectamente al exotismo de la frontera México-Estados Unidos en el imaginario de la migración argentina, pues Mario, un migrante con años de experiencia en esta región, sigue procesando algunos aspectos de su identidad como migrante en torno a referentes culturales derivados del contexto español, mucho más familiar para la migración argentina.

El siguiente testimonio vuelve a la cuestión de la identidad, con matices que rompen la percepción homogeneizadora del argentino o la argentina y recuerdan la importancia de atender a las particularidades intrarregionales del origen, que también son un referente habitual entre las comunidades de migrantes. El acento y las costumbres de alguien nacido en Córdoba, en Rosario, en Buenos Aires, en Jujuy, en Misiones o en Chubut nos hablan de muchas maneras de ser argentino/a, cuestionando el estereotipo centrado en el porteño y la cultura rioplatense.

Yo vengo de la Patagonia. Los patagónicos siempre nos sentimos un país aparte, incluso cuando hablas con gente de allá. De eso justamente estábamos hablando hace unos días con una amiga que está en Estados Unidos. Nos tenemos que identificar primero como patagónicos, luego argentinos, no confundir, primero patagónicos y del sur, y después da la casualidad que la Patagonia también es parte de la Argentina, pero primero somos patagónicos, y de hecho, cuando estás por ahí, el identificarse así también suaviza mucho la cosa. (Carlos, 57 años, científico, trabaja en Tijuana y vive en San Diego)

Como se aprecia en su discurso, Mario se separa estratégicamente de ciertos aspectos de la cultura argentina para "suavizar" su adaptación al contexto de destino. Así, se presenta primero como patagónico y luego como argentino, dotando a la primera presentación de identidad y calificando a la segunda como una simple "casualidad" -probablemente indeseada, podría agregarse-. De esa manera, el migrante busca convencernos de que él no es igual que otros/as argentinos/as, una manera hábil de esquivar los estereotipos y prejuicios en torno a la argentinidad.

Por otra parte, hay diferencias respecto del modo en que hombres y mujeres procesan y comunican sus recuerdos sobre los momentos iniciales del periplo migratorio. Como se vio en los ejemplos anteriores, los hombres, en su mayoría, centran sus discursos en sus trayectorias individuales y otorgan un peso mayor a los aspectos materiales o profesionales que a los componentes emocionales y afectivos. En cambio, la mayor parte de las mujeres entrevistadas centran sus discursos en el grupo familiar como una unidad migratoria y enfatizan aspectos emocionales y afectivos, como las inseguridades, los miedos y los potenciales riesgos de desequilibrio en las relaciones intrafamiliares. Así, los relatos femeninos suelen incluir consideraciones sobre los efectos que esta etapa puede haber tenido en los distintos miembros de sus familias.

Básicamente, nosotros tuvimos que salir escapando de Argentina. Se nos empezaron a cerrar todas las puertas, llegó un momento que ya no teníamos qué comer, entonces la opción era: o te vas o te morís acá. [...] Mi marido es descendiente de italianos. En ese momento ya teníamos hechos todos los papeles para que él sacara la ciudadanía y, por ende, nosotros. Tenías una espera de no sé, tres años, porque el consulado estaba lleno de argentinos. Pero nosotros no teníamos tiempo. Nosotros perdimos todo, llegamos acá con una mano atrás y la otra adelante [...] Mi marido es ingeniero electromecánico, en ese momento [.] se dedicaba a la venta de máquinas y herramientas. Si cerraban las fábricas, ¿a quién le vendías un alfiler? Había días que decía "voy a buscar trabajo", y yo le decía "pensalo, si vas y gastás y no traés nada al regreso, no tenemos con qué darle de comer a los chicos". Los chicos ya estaban en la adolescencia, y fijate cómo habrá sido que [...] para poder llegar a México unos amigos hicieron una vaquita [colecta de dinero] para poder comprar el pasaje y darle un poco de plata a mi marido para que se moviera. En ese momento se habían juntado para vivir 500 dólares. Me dejó 300 a mí porque en mi casa tampoco había plata y él se vino con 200 dólares a México. Primero se vino solo [...] Enseguida consiguió trabajo [...] Estuvimos tres años en Toluca y a mi marido lo mandaron a Tijuana y le dijeron "¿no te querés quedar y gerenciar toda la fábrica?" "Sí, pero si traigo a toda mi familia". Yo me acuerdo cuando me dijo, yo dije "me costó hacerme un lugar ahí, a disgusto, porque no estaba cómoda, pero ya tenía un lugar [...], entonces yo dije "no voy a dejar todo y empezar de cero" [...] Él estuvo como un año yendo y viniendo [entre Toluca y Tijuana, 3 horas de avión]; en ese periodo nunca vine, pero cuando vine a conocer, él ya había hecho las entrevistas con las universidades, entonces cuando yo vine de visita a conocer Tijuana ya tenía entrevista. Entonces, apenas vine, la primera que vine a ver fue esta y me hicieron la propuesta en la primera entrevista; fui a ver las otras dos, pero no me gustaron y [...] desde ese momento empecé a trabajar acá. (Elizabeth, 50 años, arquitecta, vive y trabaja en Tijuana)

El relato de Elizabeth engloba las circunstancias familiares, la cuestión educativa de los/as hijos/as cuando se cambia de país y existe el riesgo de perder cursos educativos, la crisis económica nacional y cómo golpea el núcleo familiar. Es importante en su discurso el apoyo de amigos y familiares para poder costear el proyecto migratorio; en este caso ambos cónyuges tenían formación universitaria y experiencia profesional, y eso les abrió las puertas del mercado laboral. También aparece la movilidad laboral, que implica movilidad geográfica al interior de México, vinculada a las estrategias familiares de residencia. Finalmente, la apuesta emigratoria/inmigratoria se resuelve tras sopesar pros y contras. En este caso, a diferencia de otros, la trayectoria se produjo al interior de México, sin combinarla con actividad laboral en Estados Unidos.

Los lazos con el país de origen, la nostalgia y la idea del retorno

Los/as entrevistados/as declararon, en su gran mayoría, que conservan lazos con su país de origen. En algunos casos, estas relaciones se limitan al consumo de medios de comunicación argentinos o a instancias de comunicación virtual con sus familiares y amigos. En otras ocasiones, incluyen viajes más o menos frecuentes para visitar personalmente a esos contactos. Algunos reconocen que sienten nostalgia por el país de origen, y todos -inclusive aquellos/as que en sus discursos se muestran menos proclives a vincularse afectivamente con su país natal- admiten que incorporan algunas costumbres propias de la identidad argentina en su vida cotidiana, sobre todo aquellas relacionadas con la comida, el fútbol y la música. Esto se puede apreciar a continuación en el relato de Ángel.

La identidad en mí no cambió, porque yo sigo muy ligado a la Argentina, recorro las noticias -y ahora con más facilidad- de Argentina, opino, me escribo con primos, con hermanas, con parientes y voy regularmente cada dos años. No dejo de ir a Argentina, entonces me vuelvo a empapar de cierta realidad, digo, no es lo mismo vivir en Argentina que opinar desde afuera. [...] Tengo una dirección de correo de la Librería Santa Fe que me manda las novedades, mando a pedir, me mandan los libros a mi casa. Sigo muy ligado. Y después, bueno, hay otra liga conmigo que es muy fuerte, que es el tango, porque yo vengo de una familia muy tangueros, mis tíos y mi abuelo eran muy ligados a lo que era el tango, y yo, por supuesto, tengo una colección de tango [...] Tengo una afición por el tango, soy un conocedor, me meto a estudiar, entonces eso hizo que un muchacho de cuarenta y pico de años, el año pasado, me dijo "¿por qué no hacemos un programa de tango? Vos sabés mucho de tango y a mí me encanta" [...] Y hacemos un programa de tango que ya tenemos más de 2000 visitas [...] ¿Con esto qué te quiero decir? Que sigo muy ligado. [...] Quizás lo que más extraño es un poco el fútbol. Fijate que yo prácticamente me crié entre [los barrios de] Liniers y Mataderos [en la ciudad de Buenos Aires]; mi hermana todavía vive en la vieja casa en avenida General Paz, ahí vivíamos todos, y yo tendría que haber sido más hincha de Vélez, sin embargo, yo era más hincha de River y de [Nueva] Chicago. Porque me gustaba ir a ver Nueva Chicago los sábados con los amigos que me decían "vamos". Pero en el fútbol, extraño más que nada en la nostalgia, mucho la tertulia. Es decir, de aquella época, porque sé que ahora cambiaron. De comer y tener 40 minutos para charlar con los amigos. (Ángel, 68 años, publicitario, trabaja en Tijuana y vive en San Diego)

Hay fragmentos narrativos, en los discursos, que explicitan prácticas y simbolismos que remiten a rasgos identitarios de la cultura de origen. Lo que pudiera parecer un tópico trillado, como la importancia cultural del fútbol y del tango en la identidad argentina, resulta relevante para los/as migrantes, que los actualizan y les otorgan un componente emocional. Las nuevas tecnologías asociadas al Internet facilitan a los/as entrevistados/as la posibilidad de mantenerse informados sobre lo que ocurre a más de 9000 kilómetros. Pero también facilitan llevar a cabo instancias que traducen la identidad nacional en proyectos personales, como es el caso de Ángel y su programa de radio sobre tango. En ese sentido, el siguiente testimonio entrelaza la nostalgia, la añoranza, avivadas por la facilidad para conectarse virtualmente.

Con la tecnología que hay ahora no es tan duro [...] Anoche [en la televisión argentina] daban folklore y sí, hoy hablaban de los domingos y se me caían las lágrimas, ¿viste? Porque el domingo pasado hubo justamente una junta con mis dos hijos y mis nietos y hoy se dio que [el personaje televisivo argentino] Minguito dijo eso. Sí, sí, no tengo que pensar en Argentina, porque en cuanto pienso, parece que voy para abajo y como que me quiero deprimir así, porque es un bajón. No pienso, no me agarra depresión porque no tengo solución, ¿viste? [...] El mes que viene a lo mejor viene mi hermana y quiere que yo le prepare todas comidas argentinas. Le gusta cuando yo amaso. Mi mamá amasaba todo; en [la provincia argentina de] Córdoba mamá amasaba el pan, todo; era de Córdoba mamita. (Carmen, 65 años, jubilada, vive en San Diego)

En el testimonio de Carmen se advierte cómo la memoria conecta virtualmente a esta migrante residente en San Diego, al norte de la frontera México-Estados Unidos, con la madre definitivamente ausente, y a través de ella con las costumbres argentinas, y más específicamente con aquellas de la provincia de Córdoba. Se debe tener en cuenta que Carmen tiene más de 60 años y emigró en forma relativamente reciente, en una edad madura, con lo cual una gran parte de su vida, sus recuerdos y sus relaciones siguen ancladas inexorablemente al territorio dejado atrás. Esas dimensiones vitales que la migración redimensiona hacen que las ausencias se conviertan no solo en un hecho inevitable, sino también, a veces, en un duro peaje que pagar por estar lejos de las personas queridas. Indudablemente, estos aspectos se articulan con la nostalgia y la identidad, tal como las evoca y construye el siguiente testimonio.

La argentinidad se pierde, el ser argentino no te lo quita nadie, te tira siempre algo del país, ya sea jugando la selección, mirando fútbol, escuchando un tango, vos decís "ahh, ese es mi país, porque si vos no te acordás lo que era o lo querés dejar de lado, la gente de alrededor que no es argentina te hace recordar que vos sos argentino, porque te dicen "ah, vos sos argentino", y te quedás, "ah, sí, soy argentino", y otra vez vuelves acá, a todo lo que representás vos [...] Aunque la forma de ser del argentino sí la vas perdiendo, lógico, porque te vas adaptando a la vida de acá y vas agarrando un poco más la forma gringa [...] Yo creo que lo tengo muy a flor de piel al argentino, se va mixeando un poco con lo de acá, [...] Obviamente que se extraña a la familia, las empanadas los domingos y el asado. [...] Vos le preguntás a una mina mexicana si el marido le cocina y te va a decir que no [...] Ayer hice pascualina de jamón y queso; el otro día me hice una empanada gallega, una tortilla española, una tortilla de papa. No hago asados todos los domingos porque estoy dejando la carne, eso sí. Me hizo mucho daño, antes comía toneladas, como todo argentino, y buen vino, y el mate, que me mató la gastritis. (Salteño, 41 años, empleado, vive y trabaja en San Diego)

Una vez más, la identidad parece evocar rasgos de un estilo de vida argentino estandarizado, en el que el fútbol, la comida, el vino y el mate cobran peso en el imaginario y en la cosmovisión de los/as migrantes argentinos/as. Pero también aparece aquí la toma de conciencia sobre aquello que se va perdiendo con la mixtura entre la cultura de origen y la de destino. A pesar de ello, el entorno les recuerda que son argentinos/as. También se observa una colisión entre los factores de salud y el estilo de vida, el lento adiós al consumo excesivo de carne. Paradójicamente, la gastritis aparece como el elemento disruptivo que mata la forma de ser argentina del migrante y que erosiona, al mismo tiempo, la salud y la identidad.

Otra cuestión presente en los discursos es la del retorno al lugar de origen. Si bien una gran parte de los/as entrevistados/as reconocen que han pensado más de una vez en regresar a su país de origen, la mayoría descarta esa opción. Los motivos de esa clausura, que en ocasiones es llamativamente rígida, en general están informados por comparaciones entre su situación actual y las condiciones socioeconómicas que perciben en la Argentina.

En 39 años [fuera de Argentina], muchas veces, quizás no menos de diez, pensé "yo creo que ya me voy", y después frenás, vas allá y ves mucho quilombo, desorden, inseguridad y tus primos mismos te dicen "¡¿qué?!", entonces ellos mismos te desalientan y les digo "no, no, tenés razón, tenés razón". Si yo ya tengo mi vida acá [...] Porque ya tus hijos nacieron en México, se criaron en Estados Unidos, están casados con americanos y tus nietos son americanos [...] [mis familiares] están bien, tienen un departamento en Recoleta, en Uriburu y Las Heras y la última vez yo me quedé ahí, imaginate, un lugar lindo para caminar, que te tienta otra vez, pero sin embargo vi cosas que no sé [...] Ya está todo muy mezclado, y no es que uno viva con temor, yo te puedo decir, a mí nunca me pasó nada malo, nunca gracias a Dios, ni en México ni en Estados Unidos. (Ángel, 68 años, publicitario, trabaja en Tijuana y vive en San Diego)

La tentación del regreso se diluye con la percepción de que la situación en Argentina no mejora, percepción que se construye con base en información de allegados y familiares, pero también de la situación presente y del vigor de las raíces echadas en la nueva tierra. Los siguientes tres testimonios proyectan ejemplos de esta circunstancia con diferentes matices.

Yo ya quiero quedarme acá. No veo futuro como para volverme a la Argentina, porque no tengo apoyo. Mi hermano, pobre, está viviendo el día a día, su mujer no trabaja, es desesperante, tiene dos hijos de la edad de los míos, la hija más chica está con un trabajo fijo, pero no le alcanza para nada, con casa propia y todo no le alcanza, y mi cuñada no consigue, hace rato está buscando. Viven en un departamento chiquito. (Anahí, 49 años, vendedora, vive y trabaja en Tijuana)

Uno añora mucho, extraña mucho, extraña mucho a la familia, pero para regresarte a tu país con las manos vacías no vale la pena, hacer todo esto y tirarlo para regresarte tampoco vale la pena. Lo que hay que hacer es una buena base acá y empezar a hacer una base allá. Que esto quede trabajando; hay mucha gente que vive de esto, y en este momento yo tengo casi 20 empleados. Yo creo que en el tiempo que yo llegue a poner mi negocio en [la provincia argentina de] Tucumán, yo acá tengo que tener, mínimo, 50 empleados. (Armando, 55 años, empresario gastronómico, vive y trabaja en Tijuana)

No sabes cómo me duele, porque la quisiera ver de otra manera a la Argentina. Yo sé que no voy a volver más, voy a ir de paseo, ¿viste? Porque ya mi vida la tengo hecha en otro lado, tengo más años viviendo acá que allá y no me puedo bancar [soportar] de que la hayan jodido así. (Conrado, 52 años, jubilado, vive en Tijuana)

Se advierte que es este un tópico problemático y cargado de un fuerte componente emocional, tema que a menudo incluye dudas y cierto grado de pesar por el desencuentro entre los deseos y las realidades percibidas. Debajo de la superficie es posible evocar, en algunos testimonios, el lamento ahogado -tanguero, podríamos agregar, apelando al estereotipo cultural- por lo que pudo haber sido y no fue, que es precisamente un tópico recurrente en la cultura popular y literaria argentina.

Reflexiones finales

Los fragmentos que hemos elegido vehiculan memoria y experiencia, condensan información y una visión del mundo y de sus vidas que representa parte del sentir o de lo experimentado por estos/as migrantes argentinos/as en la frontera México-Estados Unidos. En ese sentido, los hallazgos -modestos, exploratorios-de este estudio vienen a aportar nueva evidencia al conjunto de estudios sobre las particularidades y complejidades de la migración de origen argentino (e. g., Busso, 2017, 2018; García, 2017; Serra Busaniche, 2018; Viladrich, 2007; Von Essen, 2021), aunque desde un destino atípico o minoritario para esta comunidad migratoria, como lo es el área Tijuana-San Diego.

En nuestros análisis hemos pretendido ser sensibles tanto a aspectos que contienen un hilo transversal a todos los relatos, algo así como el discurso sobre la experiencia migratoria -emigratoria e inmigratoria-, como a aquellos detalles particulares que alumbran la experiencia general de la migración o de la identidad en la distancia. Evidentemente, siempre existirá un riesgo metodológico asociado al sesgo en la selección de fragmentos narrativos, a darles mayor peso a ciertos pasajes y no a otros, desviación que desemboca en ese ventrilocuismo del que hablaba Geertz (1992), consistente en hacerles decir a los/as entrevistados/as lo que más conviene a nuestras hipótesis o al hilo conjetural de nuestra investigación.

Las cronologías que pudieran encontrarse son disímiles porque los/as entrevistados/as pertenecen a generaciones distintas. Los/as une la Argentina donde nacieron y el noroeste de México y el suroeste de los Estados Unidos, donde migraron. El resultado es una memoria polifónica y colectiva, producto de la suma organizada de recuerdos personales sintetizados, en cuyo interior circula un discurso coherente sobre la experiencia compartida del destierro. De este modo, los distintos fragmentos seleccionados y el discurso que los atraviesa arrojan luz sobre una corriente migratoria que cuantitativamente es minoritaria en comparación con los destinos principales de la migración argentina, pero cualitativamente ofrece claves de experiencia personales que suelen quedar marginadas de las explicaciones más habituales sobre destinos como España o Italia, con los que hay lazos familiares y narrativas forjadas históricamente mediante la circulación migratoria entre Argentina y esos países. El caso aquí analizado arroja información sobre cómo se va gestando un destino migratorio inédito y reciente; el tiempo dirá si se convierte en un polo que atrae más migrantes argentinos/as. Sin embargo, lo cierto es que los detalles simbólicos -la chispa que salta al chocar la memoria con el discurso- y las experiencias biográficas pueden orientar la formalización de enunciados teóricos o la construcción de categorías analíticas más precisas.

En el caso que nos ocupa es posible deducir que la formación de redes en una región históricamente marginal en las rutas de la emigración argentina tiene como aspecto articulador al azar. Así, la escasa información sobre su destino en el momento de partir y las circunstancias variadas y en buena medida fortuitas que los/ as condujeron hasta este territorio desconocido diferencia a estos/as migrantes de otras comunidades de argentinos/as consolidadas en torno a rutas migratorias, redes o intereses más firmemente articulados, como las del sur de México, vinculadas claramente al turismo. Pero lo que el azar y el desconocimiento desordena y subjetiviza es reorganizado en el discurso de estos/as migrantes por tópicos comunes a toda experiencia migratoria, como la identidad, la memoria, la nostalgia y la idea del retorno, que se entretejen para darles un sentido más amplio -cultural, comunitario, social- a esos trayectos desde Argentina hacia la frontera México-Estados Unidos.

Una lectura atenta y sensible de los testimonios reseñados en el apartado de resultados de este artículo permite identificar, en torno a los dos principales nodos significantes en torno a los cuales se articula su discurso -los recuerdos o simbolizaciones del inicio del periplo migratorio y los lazos identitarios y nostálgicos con el país de origen- diversas marcas discursivas de las estrategias de negociación que estos/as migrantes despliegan en el marco de su adaptación al paisaje cultural fronterizo. En esas marcas se evidencian procesos de negociación entre elementos propios de su identidad nacional y características propias de la cultura local. Es precisamente en esa interacción que, como se señaló en el apartado introductorio, las comunidades minoritarias inscriben sus aportaciones al paisaje cultural de esta frontera, dotándolo de detalles, tonalidades, reminiscencias de una cultura lejana o exótica, tal como esta se refleja en sus portadores/as vivos/as, los/as migrantes -con sus particularidades y diferencias interindividuales-. Estas voces minoritarias se pierden en los relatos usuales sobre la frontera México-Estados Unidos, perpetuando unos imaginarios monolíticos que no reflejan la riqueza y el dinamismo de este entorno, al que permanentemente llegan y del que permanentemente se van personas de procedencias variopintas. Rescatar una de las marcas de esa polifonía oculta es, muy probablemente, la contribución principal de este estudio.

Asimismo, llama la atención que, ante la ausencia de referentes identitarios propios de este contexto específico para esta comunidad, en algunos casos los/ as migrantes argentinos/as recurran a una reserva memorística de identidades, representaciones y referentes propios de otros contextos migratorios. En algunos casos, como en el discurso de Antonio, descendiente de armenios radicado en Tijuana, los referentes se encuentran en la historia diaspórica de su familia y de su comunidad étnica, con localizaciones específicas como Glendale, al norte de California; en otros, como en el relato de Mario, el marco referencial proviene de la migración argentina en España, uno de los destinos mayoritarios de esta comunidad. Esto permite deducir que en contextos donde escasean las redes migratorias, los/as migrantes pueden recurrir a la memoria, así como a otros mecanismos de constitución de la identidad, para actualizar referentes provenientes de otros contextos donde esas redes se encuentran más desarrolladas, para otorgar significado a sus propios trayectos. En otras palabras, pueden "inventarse" -apelando al carácter creativo y de algún modo ficcional de la memoria- unos referentes culturales de los que objetivamente se encuentran desprovistos/as en su contexto de recepción. De esta manera, a partir de estos y otros artilugios, van dejando una huella particular en el paisaje cultural del lugar de destino, aportación que lleva las marcas discursivas de otros lugares y otros tiempos, a veces muy lejanos.


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