https://dx.doi.org/10.14482/memor.57.958.762

Más allá de la educación: la diversificación de las demandas del movimiento estudiantil chileno en tiempos de crisis (2022-2024)

Beyond education: the diversification demands of the Chilean student movement in times of crisis

Camila Ponce Lara

camila.poncelara@gmail.com

Doctora en Sociología. Máster en Políticas Comparadas con mención en América Latina. Investigadora en la Alpen-Adria-Universität Klagenfurt (Austria).

https://orcid.org/0000-0002-9834-3591


Resumen

Este artículo examina el nuevo ciclo del movimiento estudiantil chileno en el contexto pospandemia, luego de los movimientos masivos del estallido social de 2019 y el mayo feminista. Aunque el movimiento estudiantil actual mantiene su lucha histórica por una educación gratuita y de calidad, enfrenta desafíos inéditos al operar en un entorno caracterizado por demandas sociales más diversas que incluyen la igualdad de género, la justicia ambiental o la redacción de una nueva constitución. A su vez, la relación con un gobierno liderado por exdirigentes estudiantiles introduce tensiones que dificultan la movilización, en un contexto donde la baja participación estudiantil facilita su fragmentación. Este análisis se fundamenta en metodologías cualitativas, enfocándose en fuentes secundarias, como artículos de prensa, redes sociales de las organizaciones y artículos académicos, para explorar las dinámicas actuales, desde las tensiones políticas hasta la transformación del movimiento hacia causas de solidaridad internacional, como el "Acampe por Palestina". Concluye con una reflexión sobre las perspectivas futuras del movimiento y sus esfuerzos para mantener su relevancia y capacidad de influencia en el panorama político y social chileno.

Palabras clave: movimiento estudiantil chileno, movimiento en la pospandemia, Acampe por Palestina, gobierno de Gabriel Boric.


Abstract

This article explores the recent cycle of the Chilean student movement within the post-pandemic landscape, following the mass mobilizations of the 2019 social uprising and the Feminist May protests. While the current student movement continues its longstanding fight for free, quality education, it faces new challenges in a context marked by broader social demands, including gender equality, environmental justice, and the drafting of a new constitution. Additionally, the presence of a government led by former student leaders creates tensions that complicate mobilization efforts, especially in a setting of low student engagement that contributes to fragmentation. This analysis employs qualitative methodologies, drawing on secondary sources such as press articles, social media accounts of organizations, and academic publications, to examine contemporary dynamics —from political tensions to the movement's engagement with international solidarity causes, such as the "Camp for Palestine". The article concludes with reflections on the movement's prospects and its efforts to remain relevant and influential within Chile's evolving political and social landscape.

Keywords: Chilean student movement, post-pandemic mobilization, camp for Palestine, Gabriel Boric'sgovernment.

Recibido: 5 de diciembre de 2024

Aceptado: 3 de julio de 2025


Introducción

El ciclo del movimiento estudiantil chileno en la pospandemia presenta una paradoja sin precedentes: mientras sus antiguos líderes ocupan las más altas esferas del poder ejecutivo, el movimiento experimenta una de sus crisis más profundas de participación y legitimidad. Esta situación se inscribe en una trayectoria histórica de movilización social que ha marcado las últimas dos décadas en Chile.

El movimiento estudiantil ha experimentado distintas olas de protesta que han ido ampliando progresivamente sus demandas y actores. Se inició con las movilizaciones secundarias del "Mochilazo" en 2001 (Rasp, 2023; Ponce, 2024a) y se consolidó con la revoluciónpingüina de 2006 (Leyton, 2006; Donoso, 2014), que puso en evidencia las falencias estructurales del sistema educativo heredado de la dictadura. Este ciclo alcanzó un punto de inflexión en 2011 con el surgimiento de un potente movimiento universitario que cuestionó la mercantilización de la educación superior (Gajardo, 2011; Mayol et al., 2011; Ponce, 2024a). Posteriormente, las demandas se ampliaron hacia una crítica más profunda de las desigualdades sociales, manifestándose en el mayo feminista de 2018 (Ponce, 2020; Lamadrid y Benitt, 2019) y alcanzando su máxima expresión en las movilizaciones masivas del estallido social o #ChileDespertóde 2019 (Somma et al., 2020; Pleyers y Hernández, 2023). Esta trayectoria evidencia cómo el movimiento estudiantil ha sido un actor clave en la reconfiguración del panorama político chileno, articulando demandas que han transitado desde lo sectorial educativo hacia un cuestionamiento más amplio del modelo social y económico.

En este contexto de transformación, el movimiento estudiantil enfrenta desafíos sin precedentes que motivan tres preguntas fundamentales. Primero, ¿cómo la presencia de exlíderes estudiantiles en el gobierno afecta la capacidad de movilización del movimiento? Segundo, ¿de qué manera la pandemia ha transformado los repertorios de acción y las formas de organización estudiantil? Tercero, ¿qué factores explican la actual crisis de legitimidad del movimiento? Para abordar estas interrogantes, el análisis se fundamenta en un marco teórico que articula las contribuciones teóricas de Tarrow (2012) sobre ciclos de protesta, McAdam (1999) sobre estructuras de oportunidades políticas y Melucci (1988) sobre nuevos movimientos sociales. Esta combinación teórica permite examinar tanto las dinámicas internas del movimiento estudiantil como su relación con el contexto político más amplio, conectando los momentos de visibilidad e invisibilidad con las configuraciones cambiantes del poder institucional.

La comprensión de los movimientos estudiantiles contemporáneos requiere distinguir entre dos conceptos fundamentales en la teoría de los movimientos sociales: los ciclos y las olas de protesta. Según Tarrow (2012), mientras las olas de protesta tienden a ser fenómenos episódicos y unitarios, los ciclos de protesta representan procesos más complejos caracterizados por múltiples surgimientos y declives de la acción colectiva. Durante un ciclo de protesta, la movilización social experimenta fases de intensificación, transformación espacial y morfológica, y eventual disminución, en un proceso dinámico en el que la tensión entre movimientos y autoridades fluctúa constantemente.

Esta conceptualización se complementa con el análisis de Melucci (1988) sobre los nuevos movimientos sociales, quien identifica una dialéctica fundamental entre momentos de "latencia" y "visibilidad". Durante los períodos de latencia, los movimientos sociales no desaparecen, sino que se sumergen en un proceso de reinvención cultural y rearticulación de significados colectivos. Estos momentos son cruciales, pues permiten la experimentación con nuevos códigos culturales y formas organizativas. Por su parte, las fases de visibilidad, caracterizadas por la movilización pública masiva, funcionan como momentos de demostración en los que los movimientos exhiben la viabilidad de modelos alternativos de organización social y política.

La interrelación entre latencia y visibilidad resulta fundamental para la sos-tenibilidad de los movimientos sociales. Durante la latencia, se fortalecen los vínculos internos y se desarrollan nuevos marcos interpretativos, mientras que los momentos de visibilidad permiten ampliar las bases de apoyo y legitimar públicamente las demandas del movimiento. Esta dinámica entre momentos visibles e invisibles explica cómo los movimientos sociales logran persistir y renovarse incluso en contextos aparentemente desfavorables para la movilización.

La teoría de la Estructura de Oportunidades Políticas (McAdams, 1999) complementa este análisis al examinar cómo las variaciones en el ambiente político influyen en estos ciclos y momentos de visibilidad. Esta perspectiva enfatiza el rol de elementos dinámicos como la cohesión de las élites, los realineamientos electorales y la disponibilidad de aliados estratégicos en determinar las posibilidades de movilización efectiva. Así, los ciclos de protesta no solo responden a dinámicas internas del movimiento, sino que están profundamente condicionados por las configuraciones cambiantes del poder institucional y las relaciones entre actores políticos.

Esta investigación analiza el período 2022-2024 mediante una aproximación cualitativa basada en el análisis documental y el estudio sistemático de comunicaciones oficiales y redes sociales del movimiento estudiantil chileno. El diseño metodológico articula diversos niveles de análisis para abordar la complejidad del fenómeno estudiado.

Se realizó una revisión exhaustiva de literatura académica reciente sobre el movimiento estudiantil en Chile, con énfasis en trabajos que abordan las transformaciones pospandemia y la relación entre movimientos estudiantiles y el gobierno. Esta selección bibliográfica se efectuó mediante búsquedas en bases de datos académicas utilizando descriptores específicos relacionados con el movimiento estudiantil chileno y sus actuales desafíos.

En cuanto a fuentes primarias, se examinaron comunicados oficiales de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) y federaciones universitarias claves como FECH, FEUC y FEUSACH1emitidos durante el período de estudio. Se realizó además un seguimiento sistemático de las cuentas oficiales en redes sociales de estas mismas organizaciones, lo que permitió acceder a información actualizada sobre convocatorias, declaraciones y actividades del movimiento. Los petitorios nacionales estudiantiles de los últimos tres años fueron analizados con especial atención a la evolución de sus demandas y sus justificaciones discursivas. Paralelamente, se efectuó un registro de la cobertura mediática en prensa nacional sobre las movilizaciones estudiantiles, incluyendo tanto medios tradicionales como digitales alternativos, con particular atención a reportajes sobre la relación entre el gobierno de Boric y el movimiento estudiantil.

Para el estudio del caso específico del "Acampe por Palestina", se incorporó la observación de publicaciones en redes sociales tanto de las federaciones participantes como de la cuenta específica de la Coordinadora por Palestina, junto con otras organizaciones estudiantiles vinculadas a esta causa. Este material se complementó con el seguimiento de la cobertura periodística de la toma.

Este nuevo ciclo de movilización estudiantil no solo hereda un legado histórico cargado de significados, sino que también enfrenta el desafío de integrar y amplificar los liderazgos y las demandas que surgieron durante estos eventos cruciales en la historia reciente de Chile. La articulación de estas demandas y la continua búsqueda de justicia social reflejan una transformación en la conciencia política de la juventud chilena (Muñoz y Ponce, 2019), la cual se ha visto empodera-da por las luchas pasadas (Muñoz, 2015) y las intersecciones entre diversas formas de activismo.

A pesar de la herencia de energía y dinamismo que han caracterizado a las movilizaciones anteriores, el movimiento estudiantil contemporáneo se enfrenta a desafíos de visible complejidad. Si bien persiste en su lucha por una educación gratuita y de calidad, se desarrolla en un entorno donde las exigencias de justicia social y política son cada vez más variadas y numerosas (Donoso, 2021). A las demandas tradicionales se suman cuestiones urgentes relacionadas con la igualdad de género, la justicia medioambiental o la redacción de una nueva constitución. Esta diversificación de la agenda estudiantil plantea la necesidad de un enfoque más holístico y multidimensional, que considere las interconexiones entre estas problemáticas y su impacto en la vida cotidiana de los estudiantes y de la sociedad en general.

Un factor crítico en este escenario es la situación del Crédito con Aval del Estado (CAE), que a diciembre de 2022 registraba 777 171 personas endeudadas, con una morosidad total del sistema de 59,8 %, que involucra a 464 652 personas deudoras. Como señalan Kremerman et al. (2016), este crédito resulta ser más un gasto que una inversión para el Fisco, evidenciando las fallas estructurales del modelo de financiamiento educativo en Chile. La respuesta del actual gobierno a esta problemática, aunque incluye un proyecto de ley presentado recientemente, no ha satisfecho las expectativas de una condonación total, lo cual ha generado frustración tanto en estudiantes actuales como en quienes llevan años arrastrando estas deudas.

El debate inconcluso por una nueva constitución, tras el rechazo de dos proyectos constitucionales en plebiscitos recientes, añade una capa adicional de complejidad al panorama político. La lucha por una constitución que refleje los anhelos de una sociedad más justa e inclusiva continúa siendo un eje central de movilización, lo cual ha generado una creciente desilusión y desconfianza hacia las instituciones políticas establecidas (Heiss, 2023; Oyarzo, 2024). Esta situación provoca un sentimiento de urgencia entre los actores del movimiento estudiantil, quienes deben navegar en un entorno en el que la esperanza de transformación institucional se ha visto frustrada.

Un factor adicional que complica el escenario es la tensión política existente con el actual gobierno, que está compuesto por exdirigentes estudiantiles. Este hecho, lejos de facilitar un diálogo constructivo, ha obstaculizado los procesos de organización y movilización, y ha generado un contexto de expectativas contradictorias entre los líderes estudiantiles actuales y aquellos que ocupan posiciones de poder. Como señalan algunos autores, el gobierno actual cuenta con más experiencia en asambleas universitarias, pero una limitada trayectoria en el arte de gobernar (Bellolio, 2023), y su principal ventaja hoy es su emergente clivaje generacional, puesto que ha logrado convocar jóvenes de segmentos populares (Luna, 2022).

En este panorama desafiante, el reto principal del movimiento estudiantil radica en mantener vigente el legado de un movimiento que ha sido un actor clave en la política chilena, mientras busca nuevas fuentes de inspiración, modos de acción colectiva y formas de politización adaptadas a la realidad actual. Ejemplos de estas nuevas modalidades de movilización incluyen las acampadas en solidaridad con el pueblo palestino, que han surgido en diversas partes del mundo y representan una expansión del espectro de acción estudiantil hacia temas de solidaridad internacional.

Este artículo está organizado en seis secciones interconectadas que examinan los principales desafíos y dinámicas del movimiento estudiantil chileno. La primera, explora el movimiento bajo el gobierno de Gabriel Boric, abordando las tensiones que surgen al relacionarse con un gobierno liderado por exdirigentes estudiantiles y las limitaciones políticas para responder a sus demandas. La segunda, revisa las demandas estudiantiles en el contexto pospandémico, analizando cómo la crisis sanitaria intensificó las brechas educativas y llevó al movimiento a priorizar temas de acceso y precarización en la educación. La tercera, analiza la transformación de los repertorios de protesta, examinando cómo el movimiento ha adaptado y renovado sus formas de acción colectiva. La cuarta, se centra en la desafección y crisis de legitimidad del movimiento, examinando los factores que afectan su cohesión y la capacidad para movilizar a una generación menos identificada colectivamente. La quinta, analiza el "Acampe por Palestina" como caso específico de acción reciente, que ilustra la expansión del movimiento hacia temas de solidaridad internacional y justicia global. Finalmente, el capítulo concluye con reflexiones que analizan la reconfiguración del movimiento en tres dimensiones claves: renovación organizativa, adaptación a nuevas formas de participación y articulación entre lo local y global.

Esta investigación contribuye a la comprensión de cómo los movimientos sociales se transforman cuando sus antiguos líderes acceden al poder institucional un fenómeno cada vez más relevante en América Latina. Asimismo, aporta al debate sobre la renovación de las formas de participación política juvenil en contextos pospandémicos y de crisis de representación, ofreciendo elementos valiosos para entender las dinámicas contemporáneas de los movimientos estudiantiles en la región.

Un gobierno proveniente del movimiento estudiantil: desafíos y tensiones internas

Uno de los desafíos más complejos que enfrenta el actual movimiento estudiantil chileno es la relación con un gobierno cuyos líderes claves emergieron precisamente de las filas de este mismo movimiento. Esta situación, aunque podría interpretarse como una ventaja, dada la cercanía ideológica y la experiencia compartida, ha resultado en una serie de tensiones y expectativas no satisfechas que han debilitado la cohesión y el impacto del movimiento estudiantil en el contexto político actual.

El presidente Gabriel Boric, antes de entrar a la política institucional como diputado del Frente Amplio, fue líder estudiantil y presidente de la CONFECH y de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) en 2012. Junto a él, otras figuras prominentes del gobierno, como Camila Vallejo, ministra vocera, quien también presidió la CONFECH y la FECH en 2011, son representantes de una generación de líderes que encabezaron las movilizaciones estudiantiles por una educación pública gratuita y de calidad. Además, otros actores claves del gabinete y la administración, como Giorgio Jackson, exministro y expresidente de la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile (FEUC), y Miguel Crispi, jefe de asesores y expresidente de la FEUC en 2010, provienen de los mismos círculos de activismo estudiantil (Ponce, 2024a).

La paradoja de esta situación se refleja en los datos de movilización estudiantil. Las marchas nacionales han experimentado una dramática reducción en participación: con marchas que superaron el millón de personas en 2019 (Somma et al., 2020), se pasó a una centena en 2022 (Martin, 2022), número que se mantiene en 2024 (Vidal, 2024). La frecuencia de movilizaciones también ha disminuido significativamente, registrándose poca constancia de marchas nacionales en 2024 en comparación con las marchas diarias realizadas en 2019 (Somma et al., 2020) o las semanales del movimiento de 2011 (Ponce, 2024a). Esta disminución puede analizarse desde la perspectiva de las estructuras de oportunidades políticas de McAdam (1999), que sugiere que la presencia de aliados en el gobierno puede, paradójicamente, debilitar la capacidad de movilización de los movimientos sociales.

El proceso constituyente, inicialmente visto como un triunfo de las movilizaciones sociales con el Apruebo en el plebiscito de entrada (Ganter et al., 2024), terminó agravando esta desmovilización. El fracaso de dos proyectos constitucionales consecutivos ha profundizado la desconfianza hacia los mecanismos institucionales de cambio (Heiss, 2023), incluso cuando estos están liderados por antiguos dirigentes estudiantiles. Esta situación ha generado un agotamiento en las bases estudiantiles, que ven cómo una de sus principales demandas -la transformación constitucional que permitiría reformar estructuralmente el sistema educativo- se diluye en sucesivos procesos fallidos. La demanda por una nueva constitución fue central para el movimiento estudiantil previo (Ponce, 2024a) y durante el estallido social de 2019, en el que se vincularon las demandas educativas con la transformación estructural del modelo chileno (Cortés, 2022). Esta frustración ha contribuido significativamente a la crisis de legitimidad del movimiento, lo cual ha evidenciado las limitaciones de las estrategias tradicionales de movilización.

A pesar de esta convergencia histórica entre el movimiento estudiantil y el gobierno, la administración de Boric ha enfrentado dificultades significativas para cumplir con las expectativas generadas a partir de sus años como activista y líder del movimiento estudiantil. Como presidente, se ha visto obligado a adoptar posiciones más moderadas, dialogar con partidos de la coalición de gobierno que anteriormente criticó (Stefanoni, 2024) y enfrentar una baja aprobación que no supera el 32 % en sus tres años de gobierno (CEP, 2024). Esta moderación se refleja también en nombramientos estratégicos como el de Carolina Tohá (PPD) en el Ministerio del Interior y Mario Marcel, cercano al Partido Socialista, en Hacienda.

Entre los principales obstáculos del gobierno destaca la falta de una estrategia clara y coherente en distintos niveles, diluida tras el fracaso del proceso constituyente (Stefanoni, 2024) y enfrentada a una fuerte posición (Sanhueza, 2023), lo que ha impactado directamente en la reforma del sistema educativo. Este sistema continúa exhibiendo signos de profunda desigualdad y debilitamiento luego del período de pospandemia. A esto se suman los efectos adversos en la calidad y equidad de la educación, agravados por la crisis sanitaria global, que exacerbó las brechas de acceso y rendimiento entre estudiantes de diferentes sectores socioeconómicos (Garrido, 2020).

Uno de los compromisos más simbólicos y esperados del gobierno de Boric ha sido la promesa de abordar la deuda del CAE, sistema que ha endeudado a generaciones de estudiantes (Gajardo y Grau, 2018) y que simboliza las fallas estructurales del modelo de financiamiento educativo en Chile. No obstante, las respuestas del gobierno en relación con la condonación de esta deuda han sido percibidas como lentas y bastante alejadas de lo que se había prometido en un comienzo, lo que ha generado frustración tanto entre los estudiantes actuales como entre aquellos que llevan años arrastrando el peso de esta deuda. A pesar de los discursos y las intenciones iniciales, solo al final de la escritura de este artículo se presentó un proyecto de ley, que debe ser aprobado por el Senado, para darles solución a los deudores del CAE, lo que no ha significado una condonación total, sino un ajuste de pago para estos deudores2>. Todo esto ha debilitado la confianza en la capacidad del gobierno para cumplir con sus promesas en el ámbito de la educación.

Este panorama ha generado una disonancia evidente entre las expectativas depositadas en el gobierno por parte de los movimientos sociales y su capacidad para ejecutar reformas estructurales significativas. El hecho de que muchos de los líderes del gobierno actual hayan sido parte activa del movimiento estudiantil añade una capa de complejidad a esta relación. Si bien sus trayectorias personales y políticas están intrínsecamente vinculadas a las luchas por una educación gratuita y de calidad, su desempeño en el poder ha sido criticado por la falta de avances concretos en esta área, lo que ha erosionado su legitimidad ante sectores importantes del movimiento.

Además, es relevante destacar que los líderes históricos del movimiento estudiantil provienen de organizaciones políticas de izquierda, muchas de ellas vinculadas a la actual coalición de gobierno. Este hecho introduce un desafío particular para el movimiento, ya que los estudiantes se ven enfrentados a un "opositor cercano", es decir, un gobierno que en gran medida comparte su origen ideológico y que ha sido representado por figuras que surgieron del mismo movimiento estudiantil. Esta cercanía política dificulta la capacidad del estudiantado para adoptar una postura crítica y confrontacional hacia el gobierno, lo cual genera tensiones en cuanto a la definición de una agenda opositora clara.

En contraste, los momentos de mayor movilización y avance del movimiento estudiantil se produjeron durante los gobiernos de derecha, particularmente bajo las administraciones de Sebastián Piñera. Durante estos dos periodos, el movimiento logró una gran cohesión y capacidad de convocatoria, debido a una clara oposición a las políticas gubernamentales, que no abordaban las demandas estructurales del sistema educativo. El malestar del estudiantado frente al programa de gobierno de Piñera, tanto en su primer como en su segundo mandato, fue un catalizador clave para la movilización masiva, lo que subraya la importancia de un contexto político adverso para la revitalización del movimiento.

En el contexto actual, en el que el gobierno está encabezado por antiguos líderes estudiantiles, como el presidente Gabriel Boric y otros exdirigentes de federaciones universitarias, el movimiento enfrenta el desafío inédito de redefinir su posicionamiento político. Esta configuración ha generado una paradoja significativa: el movimiento ha debido fortalecer su capacidad crítica y radicalizar sus posturas precisamente frente a quienes fueron sus compañeros de militancia. La brecha creciente entre las promesas de transformación estructural del sistema educativo y las limitadas reformas implementadas ha provocado un progresivo dis-tanciamiento entre las organizaciones estudiantiles actuales y la administración de Boric, demostrando que los vínculos históricos compartidos no impiden una firme oposición cuando las expectativas de cambio sustantivo no se materializan.

Las demandas del movimiento estudiantil chileno en el contexto pospandemia

En el período posterior a la pandemia, las demandas del movimiento estudiantil chileno han evolucionado en respuesta a un panorama marcado por profundas desigualdades sociales, económicas y educativas exacerbadas por la crisis sanitaria. Aunque las movilizaciones estudiantiles han continuado como una extensión de las luchas iniciadas en el estallido social de 2019, han adquirido nuevos matices que reflejan las urgencias surgidas en este contexto de crisis prolongada.

Uno de los aspectos más relevantes ha sido la incorporación de nuevas exigencias en la agenda estudiantil, entre ellas la crisis alimentaria, el aumento del desempleo juvenil, la violencia de género, el deterioro de la salud mental y la creciente brecha en el acceso a servicios educativos de calidad. Estas demandas no solo reflejan la continuidad de las reivindicaciones históricas por una educación pública, gratuita y de calidad, sino que también evidencian la necesidad de abordar problemas estructurales agudizados por la pandemia. En este sentido, las movilizaciones estudiantiles han sido una plataforma para visibilizar y denunciar las desigualdades sociales que afectaron de manera más intensa a los sectores vulnerables durante la emergencia sanitaria.

En 2023, la CONFECH elaboró un petitorio nacional con 80 demandas que abarca diversas áreas, destacando especialmente la reforma de las universidades privadas para que adopten un rol más público y comprometido con el bienestar social (Castro, 2023), como también generar soluciones frente a problemáticas como la salud mental de los estudiantes, la infraestructura de la universidad o el CAE, tal como se puede observar en la figura 1. Este planteamiento refleja una crítica directa al sistema elitista y mercantilista que ha caracterizado la educación superior en Chile. Asimismo, se exigió una reformulación del sistema de admisión a la educación superior, con un enfoque en la expansión de programas propedéuticos que permitan mayor acceso a estudiantes de sectores desfavorecidos.

Otro eje central del petitorio fue la reivindicación de los derechos y condiciones laborales de los docentes. Los estudiantes demandaron un mayor reconocimiento y apoyo a los profesores, subrayando la sobrecarga de responsabilidades que enfrentan, así como los problemas de violencia y el deterioro del prestigio de la profesión (Castro, 2023). Estas demandas no solo apuntan a mejorar la calidad de la educación, sino también a dignificar el rol del docente en un contexto educativo cada vez más complejo.

La transformación de las demandas estudiantiles refleja una expansión del movimiento. Si en 2019 la educación gratuita y la reforma constitucional dominaban la agenda, para 2022 la condonación del CAE y la salud mental emergieron como preocupaciones centrales. En 2024, el foco se ha ampliado para incluir la reforma universitaria integral y la justicia climática. Esta transformación de las demandas puede compararse con procesos similares en otros países latinoamericanos. En Argentina, el movimiento estudiantil ha priorizado la defensa del de la universidad pública y a la libertad democrática (Rojas, 2024; Larrondo, 2024); en México, la violencia de género en las universidades (Pogliaghi et al., 2020); y en Brasil, la resistencia a la extrema derecha (Pérez et al., 2023). Estas nuevas demandas han requerido formas innovadoras de acción colectiva, lo cual ha transformado significativamente los repertorios tradicionales de protesta del movimiento estudiantil.

Transformación de los repertorios de protesta: adaptación y renovación del movimiento

La transformación de los repertorios de protesta del movimiento estudiantil chileno refleja una profunda adaptación a las nuevas condiciones políticas y tecnológicas. Si bien las marchas masivas y las tomas de establecimientos educativos caracterizaron históricamente al movimiento, especialmente durante el ciclo 2011-2013 (Avendaño, 2014; Fernández, 2019; Fleet, 2011; Urra, 2012; Muñoz y Durán, 2019), los últimos años han evidenciado una diversificación significativa en las formas de acción colectiva.

Las tomas tradicionales, que solían extenderse por varios meses y paralizaban completamente las actividades académicas, han dado paso a ocupaciones más estratégicas y focalizadas. Un ejemplo de esta evolución son las "tomas intermitentes", en las que los estudiantes ocupan espacios específicos de las universidades por períodos cortos pero intensivos, permitiendo mantener cierta normalidad en las actividades académicas mientras se ejerce presión sobre puntos neurálgicos de la institución. Esta táctica, observada en facultades como Derecho y Humanidades de la Universidad de Chile durante 2024, demuestra una adaptación a un contexto donde la legitimidad de las interrupciones prolongadas ha disminuido.

La pandemia catalizó innovaciones significativas en los repertorios de protesta. Las asambleas virtuales, inicialmente adoptadas por necesidad, se han convertido en una herramienta permanente que permite mayor participación y registro de las discusiones. Las "protestas híbridas" combinan acciones presenciales con componentes digitales, como las "twitazos" coordinados o las transmisiones en vivo de manifestaciones, amplificando su alcance y visibilidad por distintos tipos de público.

La transformación de los repertorios de protesta durante y después de la pandemia debe entenderse desde una perspectiva que reconozca la interrelación compleja entre el activismo presencial y virtual. Como señalan Vázquez et al. (2021), este cambio no representa simplemente una digitalización de las protestas tradicionales, sino una adaptación estratégica frente a las restricciones impuestas por la crisis sanitaria. Los movimientos estudiantiles no abandonaron sus formas tradicionales de movilización, sino que desarrollaron un repertorio híbrido que combina elementos presenciales y digitales, respondiendo a las limitaciones específicas de cada contexto y momento.

Esta adaptación revela la capacidad del movimiento estudiantil para movilizar saberes y prácticas militantes preexistentes en nuevas direcciones. Lejos de ser un simple producto de la innovación tecnológica, estas transformaciones reflejan la creatividad política de las organizaciones estudiantiles para mantener la acción colectiva en condiciones adversas (Vázquez et al., 2021). La experiencia pandémica no solo forzó cambios inmediatos en las formas de protesta, sino que también dejó aprendizajes duraderos sobre cómo combinar diferentes repertorios de acción para maximizar el impacto político del movimiento.

Este proceso de adaptación y transformación no ha estado exento de tensiones y desafíos. La virtualización parcial de la protesta, si bien permitió mantener cierta continuidad en la acción colectiva durante la pandemia y post estallido social, también evidenció las brechas digitales existentes entre el estudiantado y generó nuevos debates sobre la efectividad y legitimidad de estas formas de movilización. No obstante, estas tensiones han contribuido a una reflexión más profunda sobre las posibilidades y límites de los diferentes repertorios de protesta disponibles.

La internacionalización de las protestas representa otra innovación notable. El movimiento estudiantil chileno ha desarrollado capacidades para conectarse y coordinar acciones con movimientos similares en otros países, como se evidenció en el caso del "Acampe por Palestina" y de "Universidades libres de apartheid". Esta dimensión internacional no solo enriquece el repertorio de acciones disponibles, sino que también permite compartir experiencias y estrategias con movimientos estudiantiles de otras latitudes.

Los petitorios también han evolucionado en su forma y contenido. Si antes consistían principalmente en demandas educativas específicas, ahora incorporan exigencias más amplias que conectan la educación con otras luchas sociales. Los nuevos petitorios suelen incluir demandas relacionadas con la justicia climática o fin al modelo extractivo, el feminismo y la descolonización del conocimiento, reflejando una comprensión más interseccional de las problemáticas educativas.

Desafección estudiantil y crisis de legitimidad

A pesar de la diversificación de sus repertorios de protesta, en los últimos años, el movimiento estudiantil chileno ha enfrentado una profunda crisis de legitimidad y participación, que ha debilitado severamente su capacidad para movilizar y convocar a la ciudadanía. A diferencia de períodos anteriores, cuando el movimiento estudiantil lograba llevar a miles de personas a las calles y politizar a los estudiantes en colectivos y organizaciones juveniles, la realidad actual refleja un escenario muy distinto. La participación en las elecciones de federaciones estudiantiles ha caído de manera dramática, y la articulación de demandas y petitorios carece de la cohesión y la fuerza que solía caracterizar al movimiento (Rozas-Bugueño, 2024). Por ejemplo, en 2024, las elecciones de federación contaron con una participación del 23,4 % del total de estudiantes, sin alcanzar el quórum requerido, lo que hizo necesario revisar y adaptar los estatutos universitarios, tal como se señala en el comunicado público de la FECH (ver figura 2). Aunque persisten algunos liderazgos estudiantiles, ya no tienen la misma capacidad de convocatoria, ni se observa una cohesión y unidad entre las distintas federaciones y organizaciones que lo componen. Sin embargo, esto no implica que el movimiento haya desaparecido o se encuentre irremediablemente extinto.

Este profundo debilitamiento del movimiento estudiantil chileno se remonta a un hito clave en su trayectoria reciente: las movilizaciones feministas universitarias que tuvieron lugar en 2018, conocidas como el mayo feminista. Estas masivas protestas expusieron de manera contundente las falencias y limitaciones de las estructuras tradicionales de representación estudiantil para abordar de forma efectiva y comprometida las demandas relacionadas con la violencia de género (Ponce, 2020; Follegati y Zerán, 2018). Tal como señala Camila Riquelme, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Alberto Hurtado (FEUAH) "Estamos viendo un retroceso porque existe una baja discusión política en los espacios universitarios (... ) las movilizaciones feministas afectaron muchísimo la confianza en las federaciones, pues minimizaban la violencia de género. No había un trabajo más profundo que lograra la confianza para que los estudiantes vuelvan a participar" (Riquelme, en Herrera, 2022).

Este diagnóstico refleja cómo el débil manejo de las exigencias feministas por parte de las directivas estudiantiles mermó seriamente la legitimidad de estas organizaciones ante amplios sectores del estudiantado. El caso más emblemático es el de la FECH, que desde 2019 ha enfrentado graves dificultades para convocar una participación significativa en sus elecciones, registrando un quórum que ha caído drásticamente en comparación con períodos anteriores. Este fenómeno se ha replicado en otras federaciones a nivel nacional, lo cual ha generado una sensación generalizada de desapego y desafección entre los estudiantes hacia estas estructuras representativas tradicionales.

Las líderes estudiantiles entrevistadas coinciden en señalar que el principal desafío radica en reconstruir la confianza de los estudiantes a través de un trabajo más profundo y comprometido con las demandas feministas y de diversidad. Ri-quelme enfatiza la importancia de "acercar las orgánicas estudiantiles al estudiantado y darles ese sentido de importancia, qué es y para qué sirve, para que sean reformadas acorde al nuevo tiempo" (Riquelme, en Herrera, 2022). Solo a partir de una revitalización y resignificación de los espacios organizativos estudiantiles, en sintonía con las agendas emergentes, será posible recuperar la participación y el compromiso de las nuevas generaciones.

La pandemia de Covid-19 profundizó aún más la crisis del movimiento estudiantil al limitar gravemente la interacción presencial, fundamental para fomentar la organización y el activismo entre los estudiantes. Aunque surgieron nuevas formas de acción colectiva, principalmente online, como los "pañuelazos" o "bici-cletadas" (Vázquez et al., 2021; Ponce, 2024c), la falta de acceso a los campus universitarios dificultó la creación de vínculos y redes de solidaridad, especialmente entre los "mechones"3 que ingresaban a la educación superior por primera vez (Herrera, 2022). La interrupción de las clases presenciales también agravó las desigualdades educativas, exponiendo brechas de acceso a internet y la falta de espacios adecuados para estudiar, lo cual afectó de forma desproporcionada a grupos históricamente marginados (Garrido, 2020).

La pandemia marcó un punto de inflexión significativo para el movimiento #ChileDespertó y el estallido social. Las manifestaciones, que hasta entonces se desarrollaban intensamente con concentraciones diarias en la Plaza de la Dignidad (Paredes, 2021), se vieron abruptamente interrumpidas por las restricciones sanitarias. Esta nueva realidad obligó a los activistas a reinventar sus formas de protesta, adaptándolas al contexto de distanciamiento social. Sus demandas evolucionaron para incluir no solo el rechazo al modelo neoliberal, sino también las nuevas problemáticas emergentes: el hambre, la precariedad laboral y el aumento de femicidios durante el confinamiento. Así, el movimiento social tuvo que transformarse para mantener viva la llama de la protesta en circunstancias que imposibilitaban la congregación física de las personas.

En este contexto, los estudiantes han expresado la necesidad urgente de revi-talizar los espacios universitarios como lugares de encuentro, socialización y participación política. Sabina Orellana, presidenta de la FEUC, ha señalado que "el reencuentro" es un elemento clave y fundamental para la reactivación del movimiento estudiantil. Los estudiantes, según Orellana, no deben acudir a las universidades únicamente para estudiar, sino también para participar en espacios políticos que fortalezcan los lazos comunitarios y la cohesión organizativa (Orellana, en Herrera, 2022).

Es crucial, en el contexto actual, revitalizar y resignificar las organizaciones estudiantiles para que logren una conexión más efectiva y profunda con las nuevas generaciones de estudiantes, y puedan responder adecuadamente a sus necesidades y demandas políticas emergentes. Además, se observa la necesidad imperiosa de un proceso de reforma interna en las estructuras organizativas del movimiento estudiantil, que permita una resignificación y adaptación a los desafíos contemporáneos, de modo que los estudiantes perciban en ellas un valor práctico y se sientan representados y motivados a participar activamente en estos espacios. La apropiación y empoderamiento de las organizaciones estudiantiles por parte de las nuevas generaciones no solo promovería un mayor compromiso y cohesión, sino que también facilitaría la continuidad y la relevancia de las demandas colectivas y del movimiento estudiantil en su conjunto.

A pesar de los innegables obstáculos organizativos y de la preocupante disminución en la participación estudiantil, el movimiento estudiantil chileno sigue siendo un actor clave y relevante en la arena pública, especialmente en lo que respecta a la discusión sobre el futuro de la educación en el país. Aunque su capacidad de movilización masiva ha mermado considerablemente, las federaciones estudiantiles, particularmente a través de la CONFECH, continúan desempeñando un rol articulador y preponderante en la formulación de demandas y en la representación de los intereses estudiantiles a nivel nacional. Estas organizaciones no solo trabajan por la mejora y transformación del sistema educativo, sino que han ampliado su enfoque hacia temas contemporáneos y de mayor alcance, reflejando las complejas realidades y necesidades de la juventud chilena actual.

Incluso en este contexto de crisis de legitimidad y desafección, el movimiento estudiantil chileno mantiene su capacidad de incidir en la agenda pública y de canalizar las demandas de los estudiantes. Las federaciones, a través de la CON-FECH, continúan siendo un actor relevante en la discusión sobre el futuro de la educación, articulando una agenda diversa que va más allá de las reivindicaciones tradicionales. Entre sus prioridades actuales se encuentran la reforma de las universidades privadas, la creación de programas propedéuticos que mejoren el acceso para estudiantes vulnerables, y la atención a problemáticas emergentes como la crisis ambiental, la salud mental y los derechos humanos.

Si bien la participación estudiantil en las movilizaciones masivas ha disminuido significativamente, el movimiento sigue teniendo la capacidad de generar impacto a través de otras vías de acción y organización. Incluso en un contexto de fragmentación y desmembramiento, las federaciones estudiantiles mantienen su rol como interlocutores privilegiados del estudiantado, logrando visibilizar y canalizar demandas que, si bien tienen un alcance más acotado, siguen siendo relevantes en el debate público y educativo.

La crisis de legitimidad que atraviesa el movimiento estudiantil chileno es, sin duda, un desafío de gran envergadura. Sin embargo, los esfuerzos por revitali-zar las organizaciones estudiantiles, resignificarlas frente a las nuevas generaciones y ampliar su agenda reivindicativa, sugieren que este actor mantiene un potencial considerable para revertir su actual situación y volver a posicionarse como una fuerza influyente en la transformación del sistema educativo y en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.

Revitalización momentánea: el "Acampe por Palestina"

Durante 2024, en un contexto de crisis interna y debilitamiento organizativo, el movimiento estudiantil chileno protagonizó una significativa acción de protesta en la Universidad de Chile. Esta movilización, que consistió en un acampe de dos meses en la Casa Central de la institución, se destacó tanto por su duración como por la variedad de actores y apoyos que la sostuvieron. Lejos de ser un evento aislado, esta protesta se inscribió en una ola de acampes estudiantiles de alcance global, cuyo epicentro inicial se localizó en el Norte Global, específicamente en Estados Unidos. El comienzo de este ciclo de protestas puede rastrearse en la Universidad de Columbia, en Nueva York, de acuerdo con Mansoor (2024), quien señala este evento como detonante de un ciclo de movilizaciones estudiantiles en solidaridad con Palestina. Desde entonces, se registraron más de 174 acampes en universidades de diversas regiones tan variadas como Sciences Po en París, la American Univerity en El Cairo o la Universidad de Oslo (PalestineIsEverywhere.com, 2024). Muchos de estas acciones estuvieron marcadas en por la intervención violenta de las fuerzas de seguridad, actuando bajo directrices de las autoridades universitarias y resultando en la detención de un gran número de activistas (Ponce, 2024b).

El acampe en la Universidad de Chile sobresalió por la amplitud de actores que participaron activamente en la acción colectiva. No solo se involucraron los estudiantes de distintas facultades, sino que también se sumaron funcionarios, académicos y miembros de la Coordinadora por Palestina. Esta última organización, en particular, jugó un papel crucial en el desarrollo de la protesta, ya que colaboró en la difusión de información, organizó actividades y coordinó acciones que respaldaron el "Acampe". De esta manera, el "Acampe" no solo representó una manifestación estudiantil, sino que constituyó un espacio de convergencia de demandas locales y globales, así como un ejercicio de solidaridad transversal que involucró a distintos sectores de la comunidad universitaria y a colectivos de apoyo externos. Esta convergencia de actores y causas resaltó la importancia de los apoyos transversales en las luchas estudiantiles, donde las reivindicaciones se insertaron en un marco de resistencia global.

El "Acampe" chileno tuvo características distintivas en el contexto global de protestas universitarias por Palestina. Con una duración de 60 días y aproximadamente 40 participantes activos en el "Acampe"4, superó en permanencia a experiencias similares como la de Sciences Po en París (1 noche, más de 100 participantes) (Auzeau, 2024; France 24, 2024), aunque no alcanzó la masividad del caso de Columbia (4 días, 70 participantes en el primer acampe) (Otterman, 2024). El éxito relativo del caso chileno puede atribuirse a tres factores claves: el apoyo sostenido de académicos y funcionarios universitarios, la efectiva coordinación con redes internacionales de solidaridad, y una estrategia comunicacional que logró mantener la atención mediática.

Además de la ocupación de los espacios universitarios, los estudiantes llevaron a cabo numerosas actividades de sensibilización y apoyo a la causa palestina. Durante el "Acampe", se organizaron talleres, conciertos y diversas jornadas de reflexión que abordaron temas relacionados con la situación en Palestina, facilitando espacios de diálogo y aprendizaje entre los participantes, tal como se puede observar en la figura 3, en la que se promociona una actividad artística en el frontis de la Casa Central de la Universidad de Chile. También se llevaron a cabo charlas con académicos de renombre5, tanto nacionales como internacionales, que aportaron sus perspectivas sobre la situación palestina, enriqueciendo la comprensión de los estudiantes sobre el conflicto y subrayando la importancia de la movilización en un contexto de violaciones de derechos humanos y genocidio. Estas actividades, además de visibilizar la lucha palestina dentro de la comunidad universitaria, contribuyeron a construir un sentido de comunidad y compromiso entre los participantes, promoviendo un aprendizaje crítico y solidario (Ponce, 2024b).

Si bien el "Acampe" no logró cumplir completamente con todos los objetivos planteados, entre ellos la ruptura total de los vínculos entre la Universidad de Chile y las instituciones académicas israelíes, sí se alcanzaron logros significativos. Uno de los convenios con universidades israelíes fue efectivamente suprimido, lo que representó un avance simbólico y un importante triunfo para los activistas en su lucha por la descolonización académica y la solidaridad con la causa palestina. Este logro, aunque parcial, se tradujo en un mensaje contundente sobre la capaciad de la movilización estudiantil para influir en la política universitaria y desafiar los lazos institucionales que contradicen sus principios de justicia y derechos humanos. Asimismo, la protesta generó un impacto importante en términos de sensibilización, aumentando la conciencia dentro de la comunidad universitaria y en la sociedad en general sobre la situación del pueblo palestino, problemática a menudo marginada en el discurso público.

El acampe en la Universidad de Chile concluyó después de 60 días de ocupación con resultados concretos, aunque parciales. Si bien no se logró la ruptura total de los vínculos con instituciones académicas israelíes, se consiguió la supresión de uno de los convenios, lo que representó un avance significativo para los objetivos de la movilización. Este resultado, sumado a la visibilización del conflicto palestino en el ámbito universitario, permitió a los participantes evaluar positivamente la experiencia, a pesar de las dificultades enfrentadas durante la ocupación. La extensión temporal de la movilización y la diversidad de actores involucrados constituyeron elementos distintivos de esta acción colectiva, que se suma a los repertorios de protesta desarrollados por el movimiento estudiantil en el período pospandemia.

Reflexiones finales: hacia una reconfiguración del movimiento estudiantil

El movimiento estudiantil chileno se encuentra en un momento de inflexión histórica que exige repensar profundamente sus formas de organización y acción colectiva. Este proceso de transformación se desarrolla en tres dimensiones fundamentales: la renovación de sus estructuras organizativas, la adaptación a nuevas formas de participación política y la articulación entre demandas locales y globales.

En el escenario político actual, el movimiento estudiantil chileno enfrenta una paradoja sin precedentes: mientras varios de sus antiguos líderes ocupan las más altas esferas del poder ejecutivo, el movimiento experimenta una de sus crisis más profundas de participación y legitimidad. Esta situación, aunque desafiante, plantea una oportunidad para una reflexión crítica sobre la relación entre movimientos sociales y política institucional. Si bien la presencia de exdirigentes estudiantiles en el gobierno podría interpretarse como una victoria del movimiento en su capacidad de influir en la política institucional, las tensiones emergentes demuestran que esta relación es más compleja que una simple traducción de demandas en políticas públicas.

La estructura tradicional de las federaciones estudiantiles muestra signos de agotamiento frente a las nuevas formas de participación juvenil. Como señala Rozas-Bugueño (2024), las organizaciones estudiantiles enfrentan el desafío de adaptarse a una generación que privilegia formas más horizontales y flexibles de participación política. La experiencia del activismo digital durante la pandemia, documentada por Vázquez et al. (2021), ha demostrado la necesidad de desarrollar estructuras híbridas que combinen la presencialidad con nuevas formas de organización virtual. Sin embargo, esta transformación no debe implicar el abandono de las estructuras representativas tradicionales, sino su actualización para responder a las dinámicas contemporáneas de movilización juvenil.

El fracaso de dos procesos constitucionales consecutivos (Heiss, 2023; Oyarzo, 2024) ha profundizado la crisis de legitimidad de las instituciones políticas y ha obligado al movimiento a repensar sus estrategias de cambio social. Esta situación ha tenido un doble efecto: por un lado, ha generado desencanto y frustración en las bases estudiantiles que apostaron por la vía institucional como camino de transformación; por otro, ha estimulado la búsqueda de nuevas formas de organización y protesta que trasciendan los límites de la política tradicional.

La experiencia del "Acampe por Palestina" (Ponce, 2024b) demuestra la capacidad del movimiento para encontrar nuevas formas de articulación y acción colectiva. Este caso no solo ejemplifica la expansión del movimiento hacia temas de solidaridad internacional, sino que también evidencia su potencial para renovarse y construir alianzas más allá de las demandas educativas tradicionales. La convergencia de diversos actores universitarios y sociales durante esta movilización sugiere la posibilidad de construir coaliciones más amplias que fortalezcan la capacidad de incidencia del movimiento estudiantil en un contexto cada vez más complejo.

Un desafío central para el futuro del movimiento es la construcción de un nuevo relato que conecte con las preocupaciones de las generaciones actuales. Si bien las demandas por educación gratuita y de calidad mantienen su vigencia, es necesario articularlas con nuevas urgencias, como la crisis climática, la justicia de género y la precarización laboral. Esta actualización programática debe ir acompañada de una renovación en las formas de comunicación y organización que aproveche las herramientas digitales sin perder la potencia de la movilización territorial.

La fragmentación actual del movimiento, aunque problemática, también puede verse como una oportunidad para repensar sus formas de articulación. La diversidad de colectivos y demandas no necesariamente implica debilidad si se logran construir mecanismos de coordinación más flexibles y adaptados a la realidad contemporánea. La clave está en mantener la capacidad de acción conjunta sin sacrificar la autonomía y especificidad de las diferentes expresiones del movimiento estudiantil.

El caso del CAE resulta emblemático de los desafíos que enfrenta el movimiento en su relación con el gobierno actual. Con casi un millón de personas que a fines de 2022 se encontraban pagando este crédito (Kremerman et al., 2016), las respuestas insuficientes del gobierno han generado una brecha cada vez mayor entre las expectativas de transformación y las políticas implementadas. Esta situación evidencia las contradicciones entre el discurso histórico del movimiento y las posibilidades reales de cambio desde el gobierno, y plantea interrogantes fundamentales sobre la capacidad de los movimientos sociales para traducir sus demandas en políticas públicas efectivas cuando sus representantes acceden a posiciones de poder.

Para enfrentar estos desafíos, será fundamental que el movimiento estudiantil desarrolle estrategias en múltiples niveles. En primer lugar, deberá crear estructuras organizativas más flexibles que combinen la representación formal con nuevas formas de participación directa, respondiendo a las preferencias de una generación menos identificada con las estructuras jerárquicas tradicionales. En segundo lugar, necesitará fortalecer su capacidad para construir alianzas estratégicas con otros movimientos sociales sin perder la especificidad de las demandas estudiantiles, aprovechando las intersecciones con luchas como el feminismo, el ambientalismo y los derechos laborales. Finalmente, deberá innovar en sus formas de comunicación y movilización, utilizando eficazmente las herramientas digitales mientras mantiene su presencia territorial, fundamental para la construcción de identidades colectivas.

El análisis desarrollado sugiere la necesidad de profundizar tres líneas de investigación para comprender mejor la evolución del movimiento estudiantil chileno: un estudio comparado de movimientos estudiantiles en gobiernos progresistas latinoamericanos, un análisis longitudinal de la transformación de los repertorios de protesta pospandemia, y una investigación sobre las nuevas formas de organización estudiantil en la era digital. Estas perspectivas permitirían comprender mejor cómo los movimientos estudiantiles se adaptan a contextos políticos cambiantes, especialmente cuando sus antiguos líderes acceden a posiciones de poder institucional.

En conclusión, el movimiento estudiantil chileno se encuentra en un proceso de transformación que, aunque desafiante, demuestra su capacidad histórica de adaptación y renovación. Lejos de desaparecer, el movimiento está experimentando un período que podría caracterizarse como de "latencia", en términos de Melucci (1988), en el que la aparente disminución de su visibilidad pública coexiste con un proceso de rearticulación interna y búsqueda de nuevas formas de incidencia política. La manera en que resuelva las tensiones actuales y reconfigure sus formas de organización será crucial no solo para su propio futuro, sino también para el desarrollo más amplio de los movimientos sociales en Chile y América Latina. El desafío consiste en mantener su relevancia como actor político y social, capaz de articular demandas y movilizar a nuevas generaciones en la construcción de una sociedad más justa y democrática, mientras navega las complejas aguas de un escenario político en el que sus antiguos compañeros de lucha ahora ejercen posiciones de poder.


1Federaciones de la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica y la Universidad de Santiago, respectivamente.

2El gobierno ha propuesto la eliminación del cae, reemplazándolo por el fes (Financiamiento Público para la Educación Superior). La novedad principal de este plan es que los bancos quedarán fuera del sistema, buscando eliminar la especulación, el abuso y el lucro en el ámbito educativo. En cuanto a la deuda acumulada bajo el CAE, se plantea su condonación, basándose en criterios de justicia y mérito, con una reorganización de los pagos en condiciones más justas (Gobierno de Chile, 2024). Sin embargo, aún no se han dado a conocer los detalles específicos de estos criterios, lo que genera incertidumbre sobre cómo se implementarán en el mediano y largo plazo, y si el proyecto será finalmente aprobado. Algunas críticas señalan que esta propuesta tiene similitudes con el plan presentado anteriormente por el expresidente Piñera (Gálvez, 2024), lo que ha generado descontento en quienes esperaban un cambio más profundo por parte de un gobierno que ha tenido la educación como eje central de su programa.

3Nombre para denominar a los nuevos estudiantes.

4Según el reportaje de Parrani, ver: Parrani (23, junio de 2024). "Seis carpas en el Patio Domeyko: Los protagonistas del acampe que sacude a la U. de Chile". La Tercera.

5Un ejemplo de ello fue la charla sobre el rol de las universidades israelís en el genocidio en curso, realizaron por la postdoctorante Maya Wind, quien se ha especializado en estos temas durante los últimos años (Ponce, 2024b).


Referencias

Auzeau, P. (2024, 24 de abril). Sciences Po Paris occupée par des militants pro-Palestine, le campus évacué dans la nuit. LeFigaro. https://etudiant.lefigaro.fr/article/etudes/sciences-po-paris-occupee-par-des-militants-pro-palestine-20240424/

Bellolio, C. (2023). Gabriel Boric o las peripecias de los hijos de la transición chilena. Nueva Sociedad, 305, 64-73.

Castro, J. (2023, 19 de abril). Petitorio Confech 2023: estas son las 80 demandas que le hicieron al Mineduc. El Desconcierto. https://eldesconcierto.cl/2023/04/19/petitorio-con-fech-2023-estas-son-las-80-demandas-que-le-hicieron-al-mineduc

CEP Chile (2024). Estudio Nacional de Opinión Pública. Encuesta CEP N° 92, agosto-septiembre. https://static.cepchile.cl/uploads/cepchile/2024/10/20-204558_lez9_PPT-CEP-92_ ANEXOS_20112024.pdf

Cortés, A. (2022). Chile, fin del mito: estallido, pandemia y ruptura constituyente. Ril Editores.

Donoso, S. (2014). La reconstrucción de la acción colectiva en el Chile post-transición: el caso del movimiento estudiantil (pp. 1-45). Clacso.

Donoso, S. (2021). El movimiento estudiantil chileno y su (re) articulación con la política institucional. En Política y movimientos sociales en Chile (pp. 77-102). LOM Ediciones.

Fernández Labbé, J. (2019). Politización estudiantil y rol de la toma en las movilizaciones de 2011 en Chile. Temas Sociológicos, 24, 159-193.

Fleet, N. (2011). Movimiento estudiantil y transformaciones sociales en Chile. Polis, 10(30).

Follegati, L. y Zerán, F. (2018). Mayo feminista. La rebelión contra el patriarcado.

France 24 (2024, 26 de abril). "Students occupy Paris's Sciences Po university in pro-Palestinian protest". https://www.france24.com/en/europe/20240426-students-occupy-paris-s-sciences-po-university-in-pro-palestinian-protest

Gajardo, F. y Grau, N. (2018). Sistema educativo chileno. En D. Calderón y F. Gajardo (Comps.), Chile del siglo XXI: Propuestas desde la economía (pp. 179-196). Ediciones Bóll y Estudios Nueva Economía.

Gajardo, S. V. (2012). El resplandor de las mayorías y la dilatación de un doble conflicto: El movimiento estudiantil en Chile el 2011. Anuario del Conflicto Social, 1.

Ganter-Solís, R., Fuentealba-González, S. y Bustos-Meza, C. (2024). Subjetividad política (inter) generacional en activistas estudiantiles de la ciudad de Concepción-Chile (1990-2022). Revista Austral de Ciencias Sociales, 46, 51-74.

Garrido, M. (2020). Educar en tiempos de pandemia: acentuación de las desigualdades en el sistema educativo chileno. Revista Caminhos da Educagao: diálogos, culturas e diversidades, 2(2), 43-68.

Gobierno de Chile. (2024). Ley fin al CAE: Presidente presenta características del proyecto. https://www.gob.cl/noticias/ley-fin-al-cae-presidente-presenta-principales-alcan-ces-proyecto/

Gálvez, R. (2024, 10 de octubre). Uno con intereses y el otro, no, pero ambos sin bancos: comparativa de los proyectos de Piñera y Boric que superan el CAE. La Tercera.

https://www.latercera.com/nacional/noticia/uno-con-intereses-y-el-otro-no-pero-am-bos-sin-bancos-comparativa-de-los-proyectos-de-pinera-y-boric-que-superan-el-cae/OPYVXCCJMBGAHLOOMCCF3WIUCU/

Heiss, C. (2023). El proceso constituyente en Chile. Nueva Sociedad, 305, 126-135.

Herrera, J. (2022, 16 de diciembre). Momento crítico del movimiento estudiantil. https://brunner.cl/2022/12/momento-critico-del-movimiento-estudiantil/

Kremerman, M., Páez, A. y Sáez, B. (2023). Endeudar para gobernar y mercantilizar: El caso del CAE. Fundación Sol. Documento de trabajo. https://fundacionsol.cl/blog/estudios-2/ post/endeudar-para-gobernar-y-mercantilizar-el-caso-del-cae-2023-7333

Lamadrid, S. y Benitt, A. (2019). Cronología del movimiento feminista en Chile 2006-2016. EstudosFeministas, 27(3), 1-15. https://doi.org/10.1590/1806-9584-2019v27n354709

Larrondo, M. (2024). Activismos políticos juveniles en la Argentina reciente: Apuntes sobre la construcción del primer compromiso (2015-2023). En C. Ponce et al. (Eds.), Encrucijadas de la resistencia en América Latina: Movimientos sociales en época de crisis y polarización (pp. 173-190). Ariadna ediciones..

Leyton, J. C. G. (2006). La rebelión de las y los estudiantes secundarios en Chile Protesta social y política en una sociedad neoliberal triunfante. OSAL, 7(20), 107-116.

Luna, J. P. (2022). Una promesa llamada Gabriel Boric. Nueva Sociedad, 299, 44-56.

Mansoor, S. (2024, 19 de abril). Pro-Palestinian Columbia Student Protests Continue Despite Arrests, Suspensions. Time.com. https://time.com/6969335/pro-palestinian-co-lumbia-student-protests-continue-after-arrests/

Martin, S. (2022, 15 de septiembre). Aumenta la tensión debido a las protestas estudiantiles y el no a la constitución. Euronews. https://es.euronews.com/2022/09/15/chile-aumenta-la-tension-con-las-protestas-estudiantiles

Mayol, A., Azócar, C. y Brega, C. (2011). El clivaje público/privado: horizonte último del impacto del movimiento estudiantil en Chile 2011. Kütral: Revista de Sociología, 2(3), 9-32.

McAdam, D. (1999). Political process and the development ofblack insurgency, 1930-1970. University of Chicago Press.

Muñoz, V. (2011). Generaciones: juventud universitaria e izquierdas políticas en Chile y México (Universidad deChile-UNAM 1984-2006). LOM ediciones.

Muñoz, V. y Ponce, C. (2019). Juventud y política en sociedades de cambio. Revista Temas Sociológicos, 24, 9-22.

Muñoz, V. y Durán, C. (2019). Los jóvenes, la política y los movimientos estudiantiles en el Chile reciente. Ciclos sociopolíticos entre 1967 y 2017. Izquierdas, 45, 129-159.

Otterman, S. (2024, 18 de abril). The students inside the encampment are sitting in rows, their arms linked. New York Times. https://www.nytimes.com/live/2024/04/18/nyre-gion/columbia-university-protests#5396e3b9-a319-53f0-8125-9f0860d36e43

Oyarzo, G. (2024). El giro territorial de los movimientos sociales chilenos: claves para comprender la participación política después de la derrota del proceso constituyente. En C. Ponce et al. (Eds.), Encrucijadas de la resistencia en América Latina: Movimientos sociales en época de crisis y polarización (pp. 55-74). Ariadna ediciones.

PalestineIsEveryWhere (2025). Encampments globally. https://www.palestineise-verywhere.com/

Paredes, J. P. (2021). La "Plaza de la Dignidad" como escenario de protesta. La dimensión cultural en la comprensión del acontecimiento de octubre chileno. Revista de Humanidades de Valparaíso, 17, 27-52.

Parrani, G. (2024, 23 de junio). Seis carpas en el Patio Domeyko: Los protagonistas del acampe que sacude a la U. de Chile. La Tercera. https://www.latercera.com/la-terce-ra-domingo/noticia/seis-carpas-en-el-patio-domeyko-los-protagonistas-del-acam-pe - que-sacude-a-la-u- de -chile/23LjPZjK3NHHRIMCSOX3N2YW2M/#

Perez, O., Ponce, C. y Vázquez, M. (2023). La suerte está echada: Jóvenes, movilizaciones y políticas en América Latina en el escenario post pandemia. Polis (Santiago), 22(65), 3-21.

Pleyers, G. y Henríquez, K. (Eds.). (2023). Chile en movimientos. Clacso.

Pogliaghi, L., Meneses, M. y López, J. (2020). Movilización estudiantil contra la violencia

en la Universidad Nacional Autónoma de México (2018). Revista de la Educación Superior,

49(193), 65-82.

Ponce, C. (2020). El movimiento feminista estudiantil chileno de 2018: Continuidades y rupturas entre feminismos y olas globales. Izquierdas, 49, 1554-1570.

Ponce, C. (2024a). Desde las calles a la Moneda. Liderazgo estudiantil y transformación política en el Chile contemporáneo. Ril Editores.

Ponce, C. (2024b). Voces en Resistencia: estudiantes de la Universidad de Chile unidos en solidaridad con Palestina. En C. Ponce et al. (Eds.), Encrucijadas de la resistencia en América Latina: Movimientos sociales en época de crisis y polarización (pp. 97-114). Ariadna ediciones.

Ponce, C. (2024c). Más allá de la protesta: Reflexiones sobre la crisis o transformación del movimiento estudiantil chileno en 12 años. Educación y Cultura, 151, 42-48.

Rasp, L. C. (2023). StudentMovements,Politics,andPolicyinChile,2001-2012. University of Missouri-Saint Louis.

Rojas, G. (2024). Gobierno Milei en Argentina: extrema derecha, ataques a la educación y libertades democráticas. Debates em Educagao, 16(38), ei76i9-ei76i9.

Rozas-Bugueño, J. (2024). Efectos de la crisis de intermediación en los movimientos sociales: desmovilización de los movimientos estudiantil y No+AFP en Chile. En C. Ponce et al. (Eds.), Encrucijadas de la resistencia en América Latina: Movimientos sociales en época de crisis y polarización (pp. 33-54). Ariadna ediciones.

Sanhueza, A. M. (2023, 11 de marzo). La oposición a Gabriel Boric se prepara para medir sus fuerzas el 7 de mayo. El País. https://elpais.com/chile/2023-03-11/la-oposicion-a-gabriel-boric-se-prepara-para-medir-sus-fuerzas-el-7-de-mayo.html

Somma, N. M., Garretón, M., Campos, T. y Joignant, A. (2020). Radiografía del estallido social. Informe Anual Observatorio de Conflictos, 11-21.

Stefanoni, P. (2024). América Latina: ¿un momento destituyente? Nueva Sociedad, 311, 4-16.

Tarrow, S. (2010). Dynamics of Diffusion: Mechanisms, Institutions, and Scale Shift. En R. Kolins, K. M. Roberts y S. A. Soule (Eds.), The Diffusion of Social Movements: Actors, Mechanisms, and Political Effects (pp. 204-220). Cambridge University Press.

Tarrow, S. (2012). El poder en movimiento: Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Alianza Editorial.

Urra, J. (2012). La movilización estudiantil chilena en 2011. Revista del Observatorio Social de América Latina, año XIII, 31.

Vázquez, M. et al. (2021). Acciones colectivas juveniles durante la pandemia. Un estudio comparado sobre repertorios de acción, formas de organización interna y representaciones sobre la política (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España y México, 2020-2021). Clacso.

Vidal, B. (2024, 9 de julio). Movilización U. de Chile 2024: Rearticulación del movimiento estudiantil, la lucha contra el gremialismo y la urgencia de una corriente anticapitalista y antiburocrática. La Izquierda Diario. https://www.laizquierdadiario.cl/Movili-zacion-Uchile-2024-Rearticulacion-del-movimiento-estudiantil-la-lucha-contra-el-gremialismo-y