Presentacion

Ampliando miradas sobre los movimientos estudiantiles latinoamericanos: activismos no universitarios en el siglo XXI

Nicolás Dip

Doctor en Historia. División de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) (México).

nicolasdip@filos.unam.mx

https://orcid.org/0000-0001-6565-7319

Marina Larrondo

Doctora en Ciencias Sociales. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones ientíficas y Técnicas (CONICET), con sede en el Centro de Investigaciones Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (CIS- IDES), Universidad Nacional Tres de Febrero(UNTREF) (Argentina).

mlarrondo@udesa.edu.ar

https://orcid.org/0000-0003-2388-514X


Desde el siglo pasado, las ciencias sociales latinoamericanas han subrayado que los movimientos estudiantiles son un actor relevante en las sociedades de nuestra región, discutiendo sus espacios educativos en conexión con problemáticas políticas y sociales más amplias. En la actualidad, el campo de estudio en torno a esos sectores es un ámbito con constantes controversias, tanto teóricas como empíricas, que está en permanente dinamismo. Un ejemplo elocuente de este presente son las discusiones suscitadas en torno a las temporalidades más abordadas en las investigaciones. En las últimas décadas, diversas intervenciones han cuestionado la excesiva atención dada a la Reforma Universitaria de 1918 y a los movimientos de protesta de 1968. De esta manera, se han propuesto más estudios sobre experiencias que ocurren en distintos momentos de la centuria pasada e incluso se ampliaron las temporalidades para abarcar siglos como el XIX y el XXI (Larrondo, 2019; Dip, 2022; Toro Blanco et al., 2024; Pulido García, 2024).

En todo ese recorrido, los desarrollos conceptuales que construyen el objeto "movimiento estudiantil" abrevan en teorías y metodologías heterogéneas. Entre las más recurrentes se encuentran las pesquisas que reponen categorías de los estudios sobre movimientos sociales, ya sea en su faz sociológica o histórica (Vaillanty Markarian, 2021; Ordorika, 2021; Donoso, 2024). De esta óptica, los movimientos estudiantiles se definen a partir de la acción política organizada y de largo alcance del estudiantado, cuya finalidad es enfrentar problemáticas o enarbolar demandas que los inquietan como colectivo. Esta acción política que origina la condición de"movimiento" puede entenderse en un continuum que abarca desde prácticas inorgánicas y espontáneas hasta otras que se cristalizan en distintas instancias organizativas. Aunque se presupone que esas acciones no están asociadas a casos aislados, sino que ocurren simultáneamente en distintos puntos e implican un número considerable de personas y agrupamientos. Por esta razón, este tipo de estudios, deudores de las teorías sobre los movimientos sociales, incluye cuestiones comola organización, las demandas y sus cambios, las identidades, los repertorios de protesta y la acción colectiva, considerando la dimensión educativa de los actores, pero haciendo hincapié en sus proyectos políticos y sociales más amplios. El abordaje conceptual para cada uno de estos tópicos es abierto y siempre invita a (re) exploraciones, como, por ejemplo, con los enfoques decoloniales o los feminismos como prisma analítico.

No obstante, en la actualidad existen aproximaciones que cuestionan la idea de "movimiento" y proponen otros conceptos para indagar la relación entre estudiantes y política, como el de "activismo estudiantil" o el de -casi tautológicamente- "política estudiantil" (Guzmán Concha, 2022; Dip y Montiel Martínez, 2024; Dip et al., 2024). Estas críticas apuntan a diversos flancos de los enfoques basados en la teoría de los movimientos sociales, pero su principal cuestionamiento hace hincapié en que suponen un sector amplio y de largo alcance centrado en la protesta y con anclajes políticos y educativos definidos de antemano. Por el contrario, los actores político-estudiantiles pueden ser más imprecisos, fragmentarios, heterogéneos y no realizan solo acciones contenciosas. En este punto, es necesario tener en cuenta que los ámbitos educativos en los tiempos presentes poseen una estructura y una diversidad más compleja que la de los años sesenta y setenta, momento en que se fortalecieron las perspectivas centradas en los movimientos sociales, en América Latina y otras coordenadas geográficas.

Ya sea que se utilice el término "movimiento estudiantil", "activismo estudiantil", "política estudiantil" u otros similares o accesorios, es innegable que en la literatura especializada esas categorías, por lo general, son asociadas casi exclusivamente a los estudiantes universitarios. En varios artículos, libros o programas de asignaturas no aparece la aclaración de dicha relación (acción colectiva estudiantil y universidad), dándola por sentada e incluso generalizándola como la única posible (Larrondo; 2017; Larrondo y Núñez, 2021; Dip, 2023). Este tipo de naturalizaciones no implica que los actores estudiantiles "no universitarios" carezcan de relevancia, sino que expresa limitaciones y reduccionismo que muchas veces signan las ópticas de análisis. Por esa razón, es un desafío colectivo expandir las pesquisas sobre la heterogeneidad de los activismos estudiantiles en América Latina. La tarea puede favorecer más puentes de diálogo e intercambio entre diversos enfoques y experiencias sociohistóricas que hacen a las ciencias sociales de la región en el siglo XXI.

En este marco, profundizar los abordajes sobre actores político-estudiantiles no universitarios puede ampliar la mirada sobre cuatro ejes de debate y análisis en el campo de estudio en su conjunto. El primero consiste en discutir e indagar cuáles son las particularidades y las especificidades de los movimientos o activismos estudiantiles que no pertenecen a las universidades o están relacionados con ellas de forma tangencial o más indirecta. Hablar de actores político-estudiantiles incluye necesariamente la educación como problema histórico, sociológico, cultural, político, pedagógico y económico. Esto implica que se trata de grupos que tienen en el centro de su identidad la distribución de saberes, de valores y de acceso a ámbitos formales o informales, donde la educación juega un papel clave en la validación de ciertas "credenciales". Los espacios educativos son heterogéneos y por eso también poseen esa condición las personas y sectores que materializan su socialización en ellos. De esta manera, la especificidad de cada uno de estos actores se vincula con las características sociohistóricas del ámbito educativo en cuestión.

La educación popular, primaria, secundaria, normalista, de preparatorias o bachilleratos -por solo nombrar algunas de las nominaciones más usuales de los espacios no universitarios, las cuales no necesariamente son equivalentes en los distintos países de la región- cuentan con sus propios anclajes sociales, culturales, económicos, políticos y pedagógicos. Incluso es necesario no perder de vista que existen escenarios formales y reconocidos por el Estado y otros que no comparten esa condición. Por eso, para cada ámbito se pueden encontrar múltiples interrogantes que iluminan experiencias de socialización política en contextos diferentes a los recintos universitarios: ¿qué implicancias tiene el hecho de ser menor de edad para el Estado en el accionar y/o en la protesta política estudiantil?, ¿cuándo y cómo se produce la participación de personas que son consideradas, muchas veces, como "niños", "niñas" y "jóvenes"? O, por ejemplo, si se toma el caso de las escuelas normales rurales mexicanas, cuyos activismos son dejados en un segundo plano en la literatura más recurrente sobre la Universidad Nacional Autónoma de México, ¿qué dimensiones poseen esas mismas cuestiones para sectores juveniles que forman parte de escenarios campesinos y agrarios, lejos del estereotipo estudiantil hegemónico de las grandes urbes y ciudades capitales?

No es extraño encontrarse con ópticas sociales y académicas que al referirse a los movimientos o activismos estudiantiles del presente recurran a disquisiciones con ciertos tintes nostálgicos. Para ciertos enfoques, estos actores "ya no son lo que eran", como si hubiera una especie de prototipo o misión teleológica que no acontece, pero que paradójicamente tendría que suceder para recubrir de legitimidad a lo contemporáneo. Este es el reduccionismo que se padece cuando se busca analizar los activismos estudiantiles actuales desde los modelos asociados a la Reforma de 1918 y los movimientos de protesta de 1968. Por esta razón, un segundo eje de debate bastante acuciante es profundizar sobre las relaciones entre activismos estudiantiles, condiciones de vida y culturas juveniles, entendiendo esto último como los sentidos que los jóvenes construyen sobre el mundo social, su propio mundo y sobre la educación. Desde ya que no debe darse por sentado que existe una relación entre actores estudiantiles y juventud. Puede haber estudiantes y actores político-estudiantiles que no necesariamente comparten esa condición histórica y múltiple. Pero sí es clave entender que lo que los jóvenes demandan a los diversos espacios educativos que integran cambia con el tiempo. Para iluminar las formas en que lo hacen es necesario comprender las propias transformaciones que experimentan lo generacional y lo cultural en distintos contextos históricos. De esta manera, en la actualidad es relevante replantearse cuáles son los puentes temáticos y analíticos que cruzan los campos de estudio sobre los activismos estudiantiles y las juventudes, para encontrar más herramientas de retroalimentación en ámbitos que, si bien no comparten todas sus problemáticas, sí poseen experiencias de investigación mancomunadas.

El tercer eje, que dista de ser novedoso, pero no pierde relevancia, trata de la relación entre los movimientos o activismos estudiantiles y las identidades políticas más amplias, en su plano identitario, organizativo y operativo, como así también el vínculo entre la acción estudiantil y la de otros movimientos sociales. El panorama global y latinoamericano del siglo XXI necesita ahondar en las investigaciones sobre las participaciones "desde dentro" y las intervenciones "desde fuera" que realizan en los espacios educativos y de participación política estudiantil las diversas fuerzas políticas y sociales contemporáneas. Esta problemática se vuelve acuciante con lo que se nombra, no sin debates de por medio, como las "nuevas derechas globales", que cuentan con manifestaciones particulares en el continente, como las de Javier Milei en Argentina, Jair Bolsonaro en Brasil y Nayib Bukele en El Salvador. Esto no solo pone en el centro el interrogante de qué relaciones tienen los escenarios educativos con esas corrientes políticas, sino otros tópicos más interesantes, como la pregunta sobre si esas experiencias poseen activismos estudiantiles propios o si tienen consenso y apoyo entre otros actores políticos-educativos y juveniles. En esta tarea, no solo son necesarios los estudios de casos a nivel nacional, los cuales se están realizando en distintos países (Semán, 2023; Larrondo; 2025), sino lograr pesquisas más amplias en las que puedan compararse experiencias de diversos puntos de América Latina. Incluso, faltan análisis sobre la circulación transnacional de figuras o actores claves por múltiples escenarios político-educativos de la región y por coordenadas geográficas que trascienden a la misma, porque "latinos" no solo se encuentran en su continente.

Finalmente, el último eje de estudio y debate que se puede profundizar en todo el campo de estudio, a partir de la preocupación sobre los activismos no universitarios, es el que hace referencia a la biografía de las personas y grupos que integran o están relacionados con las militancias estudiantiles. Pierre Bourdieu advertía en sus estudios clásicos sobre la necesidad de controlar la "ilusión biográfica", esas concepciones que representan las trayectorias de los individuos desde una linealidad evidente en sí misma, en las que cada momento de su vida justifica al otro (Bourdieu, 1989). En realidad, los itinerarios vitales son mucho más azarosos, contradictorios y fragmentarios, lejos de racionalidades que se explican de manera teleológica desde su propio origen. De esta manera, reconstruir diversas trayectorias político-estudiantiles puede visualizar no solo la complejidad de esos activismos, sino también de los espacios educativos, políticos y sociales de los que forman parte (Carli, 2023). Además, ayudaría a discutir cierto sesgo adultocéntri-co del campo de estudio, porque si bien existe una literatura significativa sobre la trayectoria biográfica de los viejos protagonistas de la Reforma Universitaria de 1918, e incluso de experiencias político-estudiantiles de los años sesenta y setenta, se cuenta con mucho menos material sobre las generaciones de fines del siglo XX y, sobre todo, del XXI. A lo que se suma que ese reduccionismo generacional también está asociado a uno educativo, dado que se privilegian las biografías universitarias en detrimento de otras. Con lo cual la tarea que debe llevarse a cabo es laboriosa, pero promisoria, si se busca expandir los aportes del campo de estudio sobre movimientos estudiantiles en las ciencias sociales contemporáneas de América Latina.

Este dossier se titula "Ampliando miradas sobre los movimientos estudiantiles latinoamericanos: activismos no universitarios en el siglo XXI" porque busca abordar a dichos actores desde los cuatro ejes de debate y estudio que se indicaron anteriormente: 1) indagar la especificidad de los sectores estudiantiles que forman parte de espacios educativos que no se reducen al ámbito universitario; 2) analizar los diversos vínculos entre esos activismos estudiantiles, sus condiciones de vida y las culturas juveniles; 3) escudriñar las relaciones entre dichas experiencias y las identidades político-sociales más amplias; y 4) reconstruir sus trayectorias vivenciales para entender sus heterogéneos escenarios de socialización política y educativa.

Varias de las problemáticas y dimensiones contenidas en esos ejes se encuentran representados en los cinco artículos que forman parte de este dossier, realizados por académicas y académicos que pertenecen a distintos países e instituciones. Si se leen todos los textos en conjunto se visualiza un espacio de discusión e intercambio entre diversos enfoques teórico-metodológicos e investigaciones empíricas que abrevan en los siguientes tópicos: el activismo estudiantil en experiencias migrantes; las prácticas político-estudiantiles en ámbitos educativos primarios y secundarios (nivel medio); experiencias vinculadas a la educación popular y a la educación no formal; y casos más híbridos que, si bien pueden estar relacionados con instancias educativas formales, e incluso con la universidad, tienen formas muy específicas de socialización política estudiantil.

La contribución "Si no nos dejan ir a la escuela, construiremos la nuestra": experiencias políticas estudiantiles del movimiento Dreamer" es de Carolina Agui-lar Román. Este estudio muestra la relevancia de reconstruir los itinerarios latinoamericanos que se radican más allá de la región. Por esta razón, el artículo indaga en un espacio estudiantil que comenzó a formase en Estados Unidos a principios del siglo XXI y sigue vigente en la actualidad. Las leyes estadounidenses permiten la educación a estudiantes indocumentados hasta la preparatoria y, por ello, los "dreamers" se han movilizado para lograr su ingreso a la educación superior. Lo interesante es que se trata de un grupo compuesto mayoritariamente por jóvenes originarios de América Latina y es liderado por mujeres y disidencias sexo-genéricas. De esta manera, la autora pretende dar cuenta de su compleja trayectoria y de su protesta interseccional contra distintas formas de criminalización, en la que se cruzan demandas migrantes, educativas y feministas.

El artículo "El mundo que teníamos y el mundo que queríamos. Claves para pensar la experiencia de Jóvenes en Resistencia Alternativa (JRA) y su apuesta de horizontalidad y autonomía urbana" fue escrito por Mina Lorena Navarro Trujillo y Carlos Piñeyro Nelson. Este grupo estudiantil transcurre entre 2003 y 2019. Está integrado en gran parte por universitarios, pero los autores destacan su capacidad de intervenir en "proyectos autogestivos" que van más allá de ese campo particular, como los emprendimientos editoriales, los seminarios de educación popular, el trabajo barrial en el oriente de Ciudad de México y otras prácticas de formación político-culturales. La investigación fue desarrollada por dos exintegrantes de la organización, quienes realizan un abordaje crítico de su propia experiencia para visualizar los alcances y límites en torno al pasaje de los activismos estudiantiles a no estudiantiles y a la "horizontalidad" como dinámica de toma de decisiones en una organización en post de prácticas autónomas urbanas.

El trabajo de Natalié Andiara Be Cardoso, "Experiencias de autonomía y democracia en los gremios estudiantiles", reconstruye la formación y el accionar de sindicatos de estudiantes entre 2018 y 2020 en más de veinte escuelas primarias de la Red Municipal de Educación de Florianópolis, en Brasil, donde participan alumnos de primero a noveno grado. La autora desarrolla una metodología centrada en el análisis de las narrativas de los propios protagonistas para exhibir sus aprendizajes en la toma de decisiones colectivas y sus críticas al espacio escolar. Estas experiencias, integradas por estudiantes niños y adolescentes de 7 a 15 años, poseen efectos sobre su tránsito en la propia escuela, pero también en sus trayectorias individuales posteriores. Lo destacable del análisis es que logra vincular esta problematización particular con los debates más amplios que afronta el resto de la literatura sobre movimientos estudiantiles brasileños y latinoamericanos.

Este dossier contiene también dos artículos dedicados a la educación media argentina y a la problemática de las derechas contemporáneas, en la cual ocupa un lugar paradigmático la elección de Javier Milei como presidente. El estudio "La política en la escuela secundaria en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Tensiones y conflictos en torno a la nueva derecha y la agenda de género" fue realizado por Pedro Núñez, Matías Manelli y Estefanía Otero. A partir del trabajo de campo desarrollado en 2023 con grupos focales y entrevistas, la investigación reconstruye y examina las percepciones estudiantiles sobre las formas de participación política en dos temáticas claves: las demandas juveniles por cuestiones de género y el auge de posiciones que abrevan en la "derecha libertaria". Este trabajo muestra tanto las cercanías y distancias entre las narrativas escolares y juveniles, como las transformaciones que ha experimentado el activismo estudiantil secundario desde el fin de la dictadura militar en 1983 hasta la actualidad.

Por su parte, el artículo de Marina Larrondo, "¿Llegar para quedarse? La irrupción de las derechas en el movimiento estudiantil secundario en la Argentina reciente (2020-2024)", aborda el itinerario de dos organizaciones en el Área Metropolitana de Buenos Aires: Estudiantes Organizados y La Libertad Avanza. Sus hallazgos evidencian la presencia de las derechas en los activismos estudiantiles y cómo en los últimos años el ascenso de estas corrientes ha transformado las políticas juveniles con nuevas identidades, demandas y marcos de acción colectiva. Como afirma la propia Larrondo, las consecuencias de estos cambios en el movimiento estudiantil y en la vida cotidiana escolar se encuentran en proceso. Aunque es importante prestarles atención porque, muchas veces, estas experiencias no son visualizadas como corresponde por una literatura que, en ocasiones, asocia acríticamente activismos estudiantiles y/o juveniles con tendencias "progresistas" o de izquierdas.

A partir de sus cinco contribuciones, este dossier espera problematizar la pluralidad de vivencias políticas estudiantiles, a la vez que abordar temporalidades y controversias que ponen en cuestión las delimitaciones más recurrentes. Además, es una invitación a entrar en contacto con el empleo de diversos métodos de las ciencias sociales para el estudio de los activismos estudiantiles latinoamericanos. No obstante, a la luz de los ejes planteados, queda claro que aún falta mucho camino por recorrer para consolidar un campo de estudio capaz de abarcar las múltiples caras de la política estudiantil, tanto en el sur, el centro y el norte, como en el este y el oeste, de ese conglomerado geopolítico, social, económico y cultural complejo que se llama -con varios entredichos de por medio- América Latina.


Referencias

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Nicolás Dip, Marina Larrondo

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