Revista Psicologia Desde El Caribe

ISSN Electrónico:2011-7485
ISSN Impreso:0123-417X
Nº 18 Julio-Diciembre de 2006


VÍNCULOS DE APEGO EN NIÑOS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA Intrafamiliar*

José Amar Amar**, Margarita Berdugo de Gómez***

* Este artículo está basado en la investigación Vínculos de apego en niños víctimas de la violencia intrafamiliar. Una investigación en sectores de estrato 1 y 2 de la ciudad Barranquilla, realizada por Margarita Berdugo como requisito para optar por el título de Magíster en Psicología, de la Universidad del Norte.

** Psicólogo, Sociólogo e Historiador. Ph.D con grado de mayor en psicología social de Columbia Pacific University. Director del Centro de Investigaciones en Desarrollo Humano (cidhum) de la Universidad del Norte. jamar@uninorte.edu.co

*** Magíster en Psicología, Universidad del Norte. Dirección: Universidad del Norte, Km 5 vía a Puerto Colombia, Barranquilla (Colombia).


Resumen

El objetivo de esta investigación fue describir los vínculos de apego que establecen los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva con las personas de su ambiente más próximo. El estudio se realizó con una muestra de 27 niños, entre 9 y 12 años de edad, que viven en sectores socioeconómicamente en desventaja de la ciudad de Barranquilla (Colombia). El método fue el de la Teoría Fundada o Grounded Theory de Glasser & Strauss (1967), el cual contribuyó a generar posturas a partir de la interpretación que los niños tenían de los vínculos de apego que establecen con sus padres o cuidadores y otras personas de su entorno. Se diseñó una entrevista semi-estructurada, que contempló cuatro categorías de análisis: Confianza, Comprensión de Sentimientos, Intimidad y Disponibilidad. Los resultados permitieron determinar, en primer lugar, la presencia activa de diferentes personas y contextos en la vida de estos niños trascendiendo el ámbito de la familia nuclear. Estas figuras subsidiarias, abuelos, tíos, primos, hermanos (cumpliendo roles parentales), amigos, vecinos y profesores, entre otros, son percibidos como personas que contribuyen a la construcción de una imagen de sí mismos, les brindan afecto, confianza y se preocupan por ellos, ayudando a mitigar así las carencias de base que encuentran en una relación inadecuada con los padres. También se encontró que los niños víctimas de la violencia activa perciben mayor inaceptación por parte de sus cuidadores principales que los víctimas de la violencia intrafamiliar pasiva, hecho que se relaciona con una marcada búsqueda de reafirmación de su valía en otras figuras, sean estos sus amigos u otros adultos.

Palabras claves: Vínculos de apego, figuras de apego central y subsidiarias, violencia intrafamiliar.


Abstract

The objective of this investigation was to describe attachment relation that children who are victims of active or passive domestic violence establish with the people around them. The study was done with a sample of 27 children between the ages of 9 and 12, who live in sectors of levels 1 and 2 in Barranquilla. The Grounded Theory method of Glasser & Strauss (1967) was chosen for this investigation, and it was useful for establishing postures from the children's interpretations of their attachment relation with their parents, caregivers or other people of their environment. Following these guidelines, a semi-structured interview was designed. It contained four categories of analysis: Confidence, Comprehension of Feelings, Intimacy and Availability. The results determined, in first instance, the active presence of different people and contexts in the life of these children that go beyond the nuclear family. These subsidiary figures, like grandparents, uncles, cousins, brothers or sisters who play parental roles, friends, neighbors, and teachers, among others, are perceived as people who help them create a self-image, offer affection and confidence and look out for them. They help to mitigate the basic deficiencies of an inadequate relationship with parents. It was also found that children who were victims of active domestic violence perceive a greater rejection from their main caregivers than victims of passive domestic violence. This fact is related to a greater search for acceptance and demonstration of their worthiness from other figures, such as their friends or other adults.

Key words: Attachment, central figure, subsidiary figures and domestic violence.


INTRODUCCIÓN

Desde la perspectiva de la psicología del desarrollo, la teoría del apego ilustra la relación entre las experiencias parentales tempranas y la capacidad para establecer relaciones cercanas, confortantes y compasivas con otros a lo largo de la vida. En este marco, Jonh Bowlby, pionero de la teoría del apego, sostuvo hace más de una década, que la violencia doméstica ocurre debido a una versión distorsionada de la conducta de apego que se desarrolla en la infancia y que luego es reactivada en la relación de pareja, declaración apoyada a partir de los estudios retrospectivos con adultos, (Bowlby, 1988 citado por Lewis y colaboradores, 2004).

En el caso de la violencia contra los niños, investigaciones nacionales e internacionales demuestran que las consecuencias de los actos violentos tienden a repetirse en los hijos de las víctimas, y se transmiten de generación en generación, lo cual hace que el problema se incremente, a menos que medien mecanismos para romper la cadena de violencia. Los vínculos de apego que los niños víctimas de la violencia intrafamiliar establecen íntima y socialmente con otras personas son el punto de partida de la transmisión de patrones transgeneracionales de violencia.

En Colombia, el Instituto de Bienestar Familiar, icbf, registró en el 2003, 26.824 casos de maltrato infantil, de los cuales 4.88% (1.309) correspondieron a abuso sexual; el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en 1999, informó sobre 62.123 casos de lesiones por violencia intrafamiliar; el 81% de las víctimas fueron mujeres; el número de niños y niñas víctimas del maltrato fue de 4.297 en el 2000, de los cuales el 55% fue en niñas. De los niños y niñas víctimas, 741 tenían menos de 4 años y 2.329 entre 5 y 14 años. En el 2003, informa el mismo organismo, cada tres horas hay violación de menores y se realizaron 14.239 dictámenes de violencia sexual, de los cuales el 84,4% fue contra mujeres con un promedio de edad de 13 años (Ortega, 2004).

En el 2004, el Instituto de Medicina Legal registró 3.030 casos de maltrato a menores cometidos por el padre, y 2.476, en los que la madre fue la responsable (Universidad del Norte, 2005). Todo esto lleva a estimar la violencia intrafamiliar como un problema de salud pública que afecta la integridad física y mental de los niños de un sector muy amplio de la población infantil colombiana y consecuentemente de la sociedad.

En esta investigación se considera relevante indagar sobre la forma cómo los niños víctimas de la violencia intrafamiliar se relacionan con sus padres y otras personas importantes en su vida, los encargados de su cuidado y protección, dado que esto constituye una vía para comprender mejor el problema, con miras a proponer estrategias de intervención en la familia que favorezcan el establecimiento de vínculos de apego sano y la transmisión de éstos a futuras generaciones.

Conocer sobre los vínculos de apego en niños víctimas de la violencia intrafamiliar acrecienta la comprensión del desarrollo socio-emocional del niño, de la forma cómo interactúa con su medio, cómo asume su realidad, sus emociones, necesidades y cómo en su proceso de desarrollo evoluciona hasta hacerse adulto y miembro de una familia, estableciendo modos particulares de relación.

El punto de partida de esta investigación lo constituye la revisión del estado del arte sobre vínculos de apego, que aunque muestra una amplía documentación teórica y práctica sobre el curso del apego desde la infancia hasta la adultez, carece de una profundización en lo que se refiere a la infancia media, que es el grupo poblacional que se eligió para esta investigación puesto que, como lo declaran Target M., Fonagy & Schmueli-Goetz (2003), sólo en los últimos años se ha empezado a incursionar en el estudio de los vínculos de apego en la infancia media. De hecho, no se cuenta con instrumentos estandarizados para nuestras poblaciones que favorezca la indagación en estas edades.

Por lo tanto, la elaboración e implementación de una entrevista semi-estructurada hizo posible orientar esta exploración a la población infantil vulnerada por la violencia intrafamiliar, de modo que este proyecto se constituya en un innovador aporte no sólo respecto a lo conceptual sobre violencia intrafamiliar, sino también con referencia a líneas de investigación que puedan derivarse sobre vínculos de apego.

La falta de estudios en Colombia sobre violencia intrafamiliar en el marco de las relaciones de apego, y sobre los vínculos de apego de los niños en la infancia media, convierten a esta investigación en la primera en su género en nuestro medio. Como tal, aporta una descripción del modo cómo los niños colombianos víctimas de la violencia intrafamiliar establecen vínculos afectivos, con lo cual revelan los patrones potenciales de sus relaciones adultas. Los resultados de este estudio orientarán el diseño de estrategias de intervención en comunidades de población vulnerable, a través de programas de sensibilización, prevención de patrones de relación violentos y promoción de vínculos afectivos sanos, dentro de los contextos educativos, social y familiar.

CONCEPTOS BÁSICOS SOBRE EL VÍNCULO DE APEGO

Los conceptos científicos sistemáticos sobre el vínculo de apego comienzan con John Bowlby en 1969 (Bowlby, 1993). Su observación de los problemas emocionales de los niños criados en instituciones, le llevaron a concluir que éstos tenían una gran dificultad en formar y mantener relaciones cercanas. Atribuyó este problema a la carencia de estos niños de un fuerte apego con sus madres durante la infancia. Su interés en este campo le condujo a dar una explicación etológica de cómo y por qué se establece el vínculo entre la madre y su hijo. Apoyado en la experimentación, Bowlby (1993) planteó la hipótesis de que la necesidad de vinculación entre el niño y su madre constituye una necesidad primaria y fundamental en el desarrollo de la personalidad que cumple una función de supervivencia y protección para el niño.

El sistema de apego fue considerado por Bowlby como un sistema conductual preadaptado para combatir y reducir el estrés y mantener un sentimiento de seguridad. Bajo condiciones normales, una relación de apego con un funcionamiento normal, en la cual el infante puede señalar abiertamente el malestar y recibir una respuesta sensible por parte del cuidador, servirá para amortiguar el choque del infante —y del adulto— contra niveles extremos de la situación atemorizante (Lyons-Ruth, K., 2004).

La experiencia de seguridad, afirma Fonagy, P. (1999), es el objetivo del sistema de apego que es por tanto, primero y por encima de todo, un regulador de la experiencia emocional. Este autor explica que en el desarrollo del niño, las experiencias pasadas con el cuidador son incorporadas en sus sistemas representacionales, a los cuales Bowlby denominó modelos internos activos, traducible también como modelos internos de trabajo. Según Bowlby, todo individuo elabora sus propios modelos del mundo y de sí mismo, con ayuda de los cuales percibe los hechos producidos, prevé el futuro y elabora sus planes. En estas representaciones tempranas, una característica clave es el criterio del individuo para establecer quiénes son sus figuras de apego, dónde puede encontrarlas y qué puede esperar de ellas. De allí que los conceptos de figura central y figuras subsidiarias constituyan uno de los ejes de la teoría del apego.

FIGURAS DE APEGO CENTRAL Y SUBSIDIARIAS

Generalmente la figura de apego central es la madre, quien provee los cuidados. Los estudios realizados con niños de diferentes culturas mostraron que si bien éstos preferían una figura central, buscaban otras subsidiarias como hermanos mayores y abuelos, dependiendo de la estructura familiar. La figura de apego central es buscada por el niño para proveerse de afecto, cuando está cansado, hambriento, enfermo, o se siente alarmado, y también cuando no sabe con certeza donde se encuentra (Bowlby, 1993). Cuando la encuentra busca su proximidad y obtiene la seguridad deseada; este patrón se mantiene con las figuras de apego en las distintas etapas de la vida.

Bowlby (1958) postuló que la conducta de apego tiende a dirigirse fundamentalmente hacia una figura en particular, que despierta en el niño fuertes sentimientos posesivos. El autor sostuvo que sería erróneo suponer que el niño reparte su afecto entre varias figuras, de tal manera que no lo une un fuerte vínculo con ninguna de ellas y, en consecuencia, que no extraña a ninguna persona en particular durante su ausencia. Bowlby (1993) utilizó el término monotropía para definir la tendencia manifiesta del niño a apegarse a una figura específica.

Sin embargo, las investigaciones sobre relaciones de apego han ido mostrando el papel de otros cuidadores diferentes a la madre o a su cuidador principal. Howes, Hamilton & Althusen, citados por Howes (1999), postularon tres criterios que permiten identificar relaciones de apego con múltiples cuidadores. Primero, el cuidador puede reconocerse, ya que ofrece al niño cuidado físico y emocional. En segundo lugar, el cuidador está presente a lo largo de la infancia del niño de manera continua o consistente, y en tercer lugar, el cuidador hace una inversión emocional en pro del bienestar del niño. Estos tres aspectos presentes en la relación entre otros cuidadores y el niño permite afirmar con certeza que se trata de un vínculo de apego y no de otro tipo de relación que el niño puede llegar a establecer con quienes le rodean.

Sobre el papel de las figuras subsidiarias, Ainsworth (1989) citado por Maldonado & Carrillo (2002), se refiere a los hermanos mayores como las figuras subsidiarias más frecuentes, además del padre, por el rol de cuidadores que suelen cumplir en ausencia de los padres. En un estudio exploratorio sobre el vínculo de apego con niños colombianos de estrato bajo, Maldonado & Carrillo (2002) indagaron sobre la potencialidad del hermano mayor para actuar como figura de apego subsidiaria en un contexto en el que las condiciones socioculturales exigen que con frecuencia sea el hermano mayor quien asuma el cuidado de los menores durante la ausencia de los padres; las autoras señalaron entre sus conclusiones que los hermanos mayores constituyen una fuente de seguridad y una base segura desde la cual los menores pueden explorar el ambiente.

Otra investigación realizada en Colombia (Carrillo, S., Maldonado, C., Saldarriaga, L. Vega, L. & Díaz, S. 2004) destaca el papel de la abuela como figura subsidiaria en el contexto colombiano y latinoamericano, en el que la responsabilidad del cuidado de los niños se comparte con la sí mismo positivo y un sentimiento de confianza. En el dominio interpersonal, las personas seguras tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes del sí mismo".

Los niños con apego evitativo, también llamado apego inseguro ansioso/ evitativo (Fonagy, 1999), se caracterizan porque no muestran enfado ni ansiedad cuando la madre se va de la sala, sino cuando se quedan solos. No se resisten al contacto físico con su madre, pero se acercan sin ninguna prisa a saludarla y no les provoca ninguna reacción especial de alegría. Fonagy (1999) dice que aparecen como menos ansiosos por la separación y pueden no preferir al cuidador más que al extraño. Mikulincer (1998), citado por Valdés (2002), señala que el apego ansioso se da cuando el cuidador deja de atender constantemente las señales de necesidad de protección del niño, lo que no le permite el desarrollo del sentimiento de confianza que necesita. Se sienten inseguros hacia los demás y esperan ser desplazados sobre la base de las experiencias pasadas de abandono.

Un tercer patrón de apego fue descrito como resistente o ansioso ambivalente. Los bebés identificados con este patrón muestran poca exploración y juego, y suelen ser altamente perturbados por la separación; antes de que la madre se retire, los niños buscan insistentemente la proximidad de su progenitora, pero cuando regresa, los bebés se muestran enfadados, displicentes e, incluso, llegan a pegar y a esconderse de ella.

Main & Solomon (1990) describieron el patrón de apego desorganizado! desorientado, el cual parece reflejar una gran inseguridad en el vínculo con la madre. Los niños de este grupo exhiben conductas aparentemente no dirigidas hacia un fin, y dan la impresión de desorganización y desorientación cuando se reencuentran con la madre. La mayoría de estos niños no suelen mirar a su madre cuando les coge en brazos y mantienen una expresión facial atónita. Algunos lloran después de haberse calmado y se muestran fríos y distantes. Main & Salomón (1986), citados por Lyons-Ruth (2004), escogieron el término desorganizado o desorientado para describir los comportamientos antes no reconocidos de miedo, inusual, desorganizado o conflictivos. Aparecen aprensivos, lloran se caen o ponen las manos en la boca, arquean los hombros en respuesta al retorno de sus padres; otros infantes dan vueltas en círculo, mientras simultáneamente van hacia sus padres, otros parecen desorientados, congelando todos sus movimientos, mientras exhiben una expresión como de trance o disociativo. Numerosos estudios señalan con relación al ambiente familiar, que los niños maltratados presentan una distorsión en el proceso de interacción padre-hijo, adicional a los incidentes específicos de abuso.

Con relación al tema de la transmisión intergeneracional del maltrato físico, Gómez & De Paúl (2003), en una revisión de investigaciones sobre padres que maltratan a sus hijos, encontraron una variedad de dificultades intrínsecas al proceso mismo de investigación, entre las que señalan el hecho de que la mayoría de los estudios sigan siendo retrospectivos, y se analice la historia infantil de los padres, una vez conocido su estrato como maltratadores; esta situación provoca lo que Gómez & De Paul denominan "error etiológico", y consiste en que mientras retropesctivamente la historia de maltrato conduce de forma aparentemente inevitable a maltratar, prospectivamente haber sido maltratado no lleva necesariamente al maltrato.

Kaufman & Zigler (1987), citados por Gómez & de Paul (2003), indican que en estos estudios retrospectivos se pierde información valiosa sobre personas adultas con historias de maltrato que no maltratan a sus hijos, con lo cual no se tiene una perspectiva importante sobre la transmisión del maltrato y lo que provoca una subestimación en los datos obtenidos. A pesar de estos sesgos metodológicos, Gómez & De Paul (2003) destacan el valor del conocimiento sobre los procesos por los que una historia infantil negativa influye en las personas, predisponiéndolas a experimentar a lo largo de la vida una serie de experiencias relacionales negativas, entre las que se encuentra la propia repetición del ciclo del maltrato.

Los datos obtenidos resultan importantes en los campos de la educación y la salud si se considera el daño emocional y los efectos a corto y largo plazo que producen los abusos físicos y psicológicos recibidos durante la niñez en la personalidad de los individuos, pero aún no se ha logrado conocer qué clase de maltrato afecta más a los niños y cómo protegerlos.

Rodríguez (2004) destaca como una de las causas subyacentes en la violencia intrafamiliar, los patrones culturales profundamente arraigados en las relaciones familiares, y que se sustentan en la desigualdad y la jerarquía que se han transmitido de generación en generación.

En respuesta al hecho de que los estudios sobre violencia intrafamiliar y vínculos de apego continúan apareciendo una y otra vez en el panorama de la psicología del desarrollo y la psicología social y teniendo la amplía revisión teórica realizada, en esta investigación se propuso describir las características de los vínculos de apego de los niños víctimas de la violencia intrafamiliar, a partir de las siguientes categorías previas de análisis: Confianza, Comprensión de Sentimientos, Intimidad y Dispo-

Partiendo de lo anterior, la pregunta problema que se plantea en esta investigación es ¿Cuáles son las características de los vínculos de apego que establecen con las personas de su entorno los niños entre 9 y 12 años, víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva que viven en estratos 1 y 2 de la ciudad de Barranquilla?

MÉTODO

Participantes

La muestra estuvo conformada por 27 niños y niñas entre 9 y 12 años, que viven en sectores de estrato 1 y 2 de Barranquilla (Colombia). El proceso de selección se llevó a cabo teniendo en cuenta los siguientes requisitos:

1. Niños y niñas escolarizados, entre 9 y 12 años, que han sido identificados como víctimas de la violencia intrafamiliar, a través de alguno de los siguientes canales:

• Que hayan sido remitidos a la consulta psicológica o a la dirección del colegio al que asisten, por violencia intrafamiliar y que consten estas remisiones en los registros de la Fundación Germen de Paz.

• Que la situación de violencia familiar haya sido constatada por una visita domiciliaria de parte del colegio, o por la confirmación de un miembro de la familia.

• Que haya sido presentada una denuncia por violencia intrafamiliar en una comisaría de familia o en el Instituto Colombiano de Bienestar

2. Los niños debían pertenecer a hogares en el que habita, al menos, uno de los padres. Esta amplitud en la selección facilitaría la posibilidad de contrastar diferentes condiciones familiares con la variable en estudio.

Familiar.

3. Los niños debían estar escolarizados, como un criterio de homogeni-zación de la muestra.

4. El criterio para definir los niños como receptores activos de la violencia intrafamiliar de tipo físico es que hubiesen recibido golpes de parte de adultos o con objetos, patadas, ataduras, quemaduras, atropellos con armas u otras formas. De esta categoría se presentaron 16 casos. Sin embargo, cabe anotar que simultáneamente varios de estos niños son testigos de la violencia entre sus padres u otras personas de la familia.

5. El criterio para definir los niños víctimas de la violencia intrafamiliar pasiva es que hayan sido reportados como receptores pasivos de la violencia intrafamiliar de tipo físico, que es ejercida entre sus padres o cuidadores (golpes, patadas, ataduras, quemaduras, golpes con objetos, atropellos con armas y otras). De este grupo fueron reportados 11 casos.

Técnicas e instrumentos

Teniendo en cuenta las categorías conceptuales que hicieron parte del modelo de análisis de la investigación se diseñó una guía de entrevista preliminar que permitió a los investigadores llevar a cabo una primera entrevista, en el proceso de recolección de datos, con los niños que conformaron la muestra. En la guía de entrevista se contemplaron datos generales de identificación de los sujetos y de la composición familiar. Las guías fueron sometidas a un análisis de validez de constructo mediante la técnica de jueces expertos, como también a una prueba piloto. El propósito de la aplicación de la prueba piloto fue evaluar la comprensión de las preguntas por parte de los sujetos, la inclusión de otros temas que se iban a explorar, la pertinencia y el ajuste a la población.

El proceso de entrevista a través de las guías permitió a los investigadores desarrollar preguntas abiertas y cerradas que tenían como propósito examinar las características de los vínculos de apego de los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva involucrados en el estudio, en función de las categorías: Confianza, Comprensión de Sentimientos, Intimidad y Disponibilidad

Procedimiento

1. Se revisó ampliamente la literatura en los temas vínculos de apego, instrumentos de medición del apego y violencia intrafamiliar, para establecer el estado del arte pertinente a la investigación. Se consultaron las bases de datos disponibles en la Universidad del Norte, Proquest y Ebsco, así como la información en la web en español e inglés, en las cuales se tuvo acceso a un número significativo de revistas indexadas, como se observa en la bibliografía referenciada, lo cual contribuyó a la elaboración de un referente teórico completo y actualizado.

2. Se seleccionaron los casos de los tipos de violencia intrafamiliar activa y pasiva, para la conformación de la muestra, de acuerdo con lo descrito en el procedimiento de selección de la muestra.

3. Para el proceso de estructuración y validación del instrumento se diseñó la guía de entrevista semi-estructurada preliminar y se establecieron las categorías conceptuales de análisis para indagar sobre vínculos de apego en niños víctimas de la violencia familiar, entre 9 y 12 años. Posteriormente, se realizó un análisis de validez de constructo con evaluadores expertos y se aplicó una prueba piloto.

4. El proceso de recolección de los datos se llevó a cabo a través de la entrevista semi-estructurada realizada a los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva.

5. Una vez aplicadas las entrevistas se procedió al análisis e interpretación de los datos: Las entrevistas se analizaron con el Software Ethnograph, version 5.08, el cual está especialmente diseñado para la categorización y organización de datos cualitativos. Luego se determinaron las sub-categorías emergentes que se presentaron de modo recurrentes en el curso de las entrevistas, y también las que se presentaron en pocos o solo en un caso del estudio, teniendo como base las categorías previas de observación.

6. Se discutieron los resultados obtenidos de los procedimientos investi-gativos y se sometieron a pruebas periódicas los análisis de las categorías propuestas.

RESULTADOS

Proceso de análisis de los datos

El proceso se inició con la incorporación en el software de los archivos correspondientes a la trascripción de los textos de las entrevistas realizadas a cada uno de los sujetos participantes en el estudio, y se resaltaron después los apartes de los discursos que se relacionaran con las categorías previas, con el fin de cruzar los datos cualitativos de los diferentes niños.

También se diferenció la información que correspondía a los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y los niños víctimas de la violencia intrafamiliar pasiva para el cruce de variables y el análisis comparativo. Las entrevistas se ordenaron de acuerdo con las categorías previas de observación, y se identificaron en cada una de ellas un cierto número de subcategorías emergentes que nos permitieran abordar su análisis.

El siguiente paso fue la elaboración de una categorización a partir del árbol de códigos que se introdujo en el software, con el fin de desarrollar el proceso de codificación de todos los textos de las entrevistas, de acuerdo con las categorías y subcategorías identificadas. Esta información fue incorporada nuevamente en el software y a partir de ellas se generaron reportes sobre el comportamiento de cada una de las subcategorías en los niños víctimas de la violencia activa y pasiva. A partir de los reportes que consolidaban los textos de las entrevistas según categorías, se procedió a la redacción de los resultados de cada una de las categorías y subcategorías, y éstos se sometieron a un proceso de comparación de acuerdo con los dos grupos poblacionales: niños víctimas de la violencia activa y niños víctimas de la violencia pasiva.

Para la elaboración de los resultados se procedió, en primer lugar, a describir, a partir de las entrevistas realizadas a los sujetos, las características de los vínculos de apego de los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva, en función de las categorías conceptuales de Confianza, Comprensión de Sentimientos, Intimidad y Disponibilidad.

Cada una de las categorías de análisis estuvo conformada por elementos o subcategorías que, a su vez, estuvieron calificadas, con fines metodológicos, con dos o tres valores.

DISCUSIÓN

El principal objetivo de esta investigación fue describir, desde la perspectiva de la teoría del apego, las características de los vínculos que establecen los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva con las personas de su ambiente más próximo, con miras a comprender mejor el problema y proponer estrategias de prevención e intervención más precisas y eficaces en la familia y otros espacios de socialización como son la escuela y la comunidad, para favorecer así el establecimiento de vínculos de apego sanos y la transmisión de los mismos a futuras generaciones.

1. Un primer hallazgo, presente en las cuatro categorías de análisis (Confianza, Comprensión de Sentimientos, Intimidad y Disponibilidad), apunta a la determinación de las personas significativas que conforman el entorno más próximo en la vida de estos niños. Los relatos permitieron conocer las relaciones de los niños con los miembros de su familia nuclear: madre, padre, hermanos; de su familia extensa: abuelos, tíos, primos; con sus vecinos; con sus amigos y con otros adultos como son los profesores o la psicóloga de su colegio. De esta manera se confirma la presencia activa de diferentes personas y contextos en el desarrollo psicosocial del niño, y se destaca que en esta etapa —la infancia media— las interacciones sociales con otras figuras distintas a los cuidadores primarios cubren necesidades socio-emocionales propias de su momento evolutivo, y actúan así como un valioso factor de protección que favorece el establecimiento de vínculos de apego sanos o seguros.

2. En la categoría Confianza se pudo comprobar que si bien el modelo representacional del sí mismo y de los otros, denominado por Bowlby (1993) modelos internos activos, parte de las experiencias en la relación diádica con los primeros cuidadores (sus padres) en el momento actual de vida de estos niños (la infancia media) ésta ha sido influida notablemente por otras relaciones interpersonales cercanas, establecidas con otros familiares, amigos y otros adultos importantes, como son los vecinos, los profesores y sus amigos. Esta consideración es valiosa por cuanto en el individuo la confianza en sí mismo, en sus competencias, en su autonomía, la construcción del concepto de sí mismo: su autoestima, el concepto que desarrolla sobre los otros y la forma de relacionarse con el mundo en general, se forma a través de estas interacciones y se retroalimentan a partir de las propias experiencias del niño; es decir, estos niños tienen la oportunidad de construir pedazos del sí mismo fuera del hogar al estar integrados activamente en las redes sociales, sobre todo en aquellas que les permiten comprobarse como un ser digno de ser valorado y amado.

En este sentido se encontró que los niños víctimas de la violencia activa perciben mayor inaceptación por parte de sus cuidadores principales que los niños víctimas de la violencia intrafamiliar pasiva, lo cual se relaciona con una mayor búsqueda de reafirmación de su valía en otras figuras, sean estos sus amigos u otros adultos. Se encontró que a estos niños, que conviven en sectores socio económicamente pobres, se les promueven muy tempranamente la autonomía para que aprendan a cuidarse por sí mismos, les enseñan estrategias para hacerlo, aunque paradójicamente corran riesgos de maltrato en el propio hogar. Les delegan funciones parentales y de adultos que deben desarrollar además de las propias de su edad. Esto tiene repercusiones en las relaciones de apego porque, en algunos casos, los cuidadores principales llegan a ser los hermanos, quienes en muchos sentidos compensan o suplen la desatención y los malos tratos que proviene de los padres, y se convierten los hermanos en una base segura para la exploración que estos niños hacen del mundo.

En términos generales, los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva muestran aceptación y confianza para llevar a cabo la labor parental encomendada, a pesar de la sobre-exigencia que éstas implican; con excepción de un reducido porcentaje de niños víctimas de la violencia activa, quienes cuestionan y retan el control y la imposición abusiva de los padres, con lo cual muestran así un estilo de apego inseguro con sus cuidadores.

La confianza en los otros que generan las figuras extrafamiliares se considera un valioso recurso que puede actuar como factor de protección para promover comportamientos de auto-cuidado y protección, por encima de la lealtad y el silencio ante los malos tratos y acciones abusivas de los padres.

3. La capacidad de responder y ser sensibles a las necesidades y sentimientos de las otras personas es considerada una de las condiciones esenciales en el establecimiento de vínculos afectivos. El análisis de los resultados en la categoría Comprensión de Sentimientos reveló que, en el caso de los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva, la mayoría cuenta en su medio familiar y en su entorno inmediato con personas que atienden y responden a sus necesidades emocionales, a pesar de que no en todos los casos sean los padres.

Los sentimientos de tristeza o preocupación suelen ser validados y comprendidos por los cuidadores, pero no ocurre lo mismo cuando los sentimientos en cuestión son la rabia, el enojo o la frustración. Sin embargo, esta necesidad de ser comprendidos es suplida generalmente por sus coetáneos, ya sean sus amigos o hermanos. Estos hallazgos son coherentes con lo estimado por diferentes autores (Wenfield, 2005; Sánchez-Queija & Oliva, 2003), quienes reconocen el paso de la niñez a la adolescencia como una oportunidad para establecer otros estilos de relación y una posible modificación en los modelos internos activos a partir de las nuevas experiencias, entre ellas, el descubrimiento mutuo entre los pares que favorece la confianza y la regulación de emociones.

Se encontró que las relaciones de apego de los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa con relación a los del grupo de violencia activa tiene implicaciones diferentes con respecto a la percepción que tienen los niños del afecto y el control de los padres. Los niños víctimas de la violencia activa experimentan más rechazo, inaceptación y trato violento, verbal y físico, independientemente de que también reciban gestos de afecto, consuelo y compañía. La relación hacia sus padres suele ser desafiante y de desconfianza. Esto lleva a identificar un estilo de apego ansioso evitativo en muchos de estos niños, característica menos frecuente en el grupo de niños víctimas de la violencia intrafamiliar pasiva.

Se encontró que estos niños buscan apoyo emocional y físico cuando tienen problemas, primero en sus padres, pero si no se sienten correspondidos, encuentran otras personas que les proporcionan el bienestar deseado. Es evidente que al estar expuestos frecuentemente a situaciones familiares difíciles, desarrollan una gran sensibilidad y competencia para identificar los sentimientos de otros y actuar ante ellos, incluyendo su capacidad para resolver conflictos. Los niños también justifican cuando se mantienen al margen de los sentimientos y problemas de los otros; demuestran que tienen claro cuándo actúan y cuándo no. En los casos en los que los niños declaran que no responden ante los problemas de los otros, explican sus experiencias anteriores de rechazo y desarrollan cierta actitud de desconfianza en el medio.

4. El análisis de la categoría Intimidad reveló, al contrastar los dos grupos, niños víctimas de la violencia activa y víctimas de la violencia pasiva, patrones muy similares con relación a la búsqueda de la proximidad y el contacto con figuras que proveen protección, quienes son una fuente de afecto y apoyo emocional. Por ello, se puede aseverar que los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva buscan estar acompañados. Cuando esta necesidad de contacto no es satisfecha por los cuidadores primarios, los niños recurren a otros adultos que les inspiran confianza, como vecinos o familiares cercanos y a sus pares, y expresan una sensación de bienestar por contar con estas personas.

Con esta evidencia se confirma el valor de las redes sociales en el desarrollo socio-emocional del niño, lo cual constituye un potencial factor de protección para los niños vulnerados por la violencia intra-familiar.

Además, al revisar los resultados de la categoría Intimidad, fue posible establecer una diferencia relevante con relación a las manifestaciones de temor a la pérdida y a la separación de las figuras centrales, así como la identificación de figuras de evitación o retracción, presentes estas dos condiciones en un porcentaje mayor en los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa que en los del grupo de violencia pasiva. De alguna manera no ser víctima directa del trato violento de los padres parece actuar como un factor de protección para ciertos aspectos de las interacciones con los progenitores. De hecho, a pesar de que no fue una variable controlada ni orientada para su evaluación, se encontró que ante la presencia de uno de los cuidadores violentos, el otro se muestra protector, en la mayoría de los casos porque también es una víctima dentro de esta interacción familiar.

Las figuras de evitación o retracción identificadas en el grupo de violencia activa fueron, en primer lugar, la madre; en segundo, el padre; en tercer lugar, la abuela y, en un mínimo porcentaje, un hermano. Los niños víctimas de la violencia pasiva no señalaron ninguna figura en particular, sólo generalizaron sobre la prevención que tienen ante ciertos comportamientos de otras personas. Se pudo comprobar que los niños de ambos grupos establecen vínculos estrechos con sus pares; en el caso de las niñas, cuentan con una amiga íntima, en quienes se apoyan frente las situaciones adversas, con quienes se recrean y socializan. Se encontró que los vínculos con los amigos se fortalecen en los momentos de dificultad, especialmente si se relacionan con situaciones del ambiente familiar. Las circunstancias de vida de la mayoría de estos niños han favorecido la permanencia de estas figuras, los amigos, desde tiempo atrás, lo cual contribuye a que esta sea una relación basada en la confianza pues les proporciona seguridad.

Con base en lo anterior se puede sostener que estos niños establecen un apego seguro con sus amigos y la tendencia es considerarlos personas confiables. Sólo un grupo minoritario de varones de ambos grupos dio muestras de desconfianza y relaciones a distancia en el plano socio-emocional con sus amigos.

5. Uno de los postulados básicos de la teoría del apego desarrollada por Bowlby, J. (1993) se refiere a la disponibilidad de las figuras de apego para proveer cuidado, atención, afecto y protección al niño y para responder a sus demandas ante la adversidad. Al analizar el papel y las formas de relación de las figuras centrales y subsidiarias en la vida de los niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva que conformaron este estudio, se pudo dar respuesta al objetivo específico número tres.

En relación con las características de los padres como figuras de apego, se encontró, salvo contadas excepciones, que los niños de este estudio, cuenta con la presencia y los cuidados de al menos uno de sus progenitores, quienes representan su figura de apego central, la persona a la que buscan en primer lugar para satisfacer sus necesidades físicas y emocionales. No obstante, se encontraron diferencias importantes entre el grupo de sujetos víctimas de la violencia intrafamiliar activa y los de violencia intrafamiliar pasiva, con relación a la percepción que tienen de la atención que reciben de sus padres.

Se identificó, por ejemplo, que mientras en el grupo de niños testigos de la violencia intrafamiliar (violencia pasiva) ningún sujeto manifestó explícitamente sentirse rechazado o desatendido por sus padres ante sus necesidades físicas o emocionales, un 25% del grupo de víctimas de violencia activa sí lo hizo. Estos niños declaran que evitan o huyen de su madre o de su padre porque conocen sus reacciones violentas o su desatención y buscan o se protegen, entonces, con otras personas, como los amigos, un familiar cercano o los vecinos.

De lo anterior se deduce que el estilo de apego que este porcentaje de niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa ha establecido con sus cuidadores principales, o al menos con uno de ellos, se caracteriza por la evitación, el temor y el rechazo debido a las experiencias anteriores de desatención, negligencia, abandono y trato violento de estos cuidadores.

Sin embargo, encontramos que frente a estas apreciaciones generalizadas sobre las implicaciones que tiene el establecimiento de este vínculo con relaciones futuras, estos niños demuestran que buscan y encuentran atención y protección en otras figuras, es decir, conservan la confianza en otras personas que han demostrado corresponder a sus demandas. De alguna manera estas figuras representan una base segura para relacionarse en diferentes dimensiones de su vida y mitigan así las carencias de base que encuentran en una relación inadecuada con los padres.

Al describir en la categoría anterior, Intimidad, el establecimiento de vínculos con los amigos queda suficientemente ilustrado el papel de estos como figuras importantes en la vida socio-emocional de estos niños.

CONCLUSIONES

A partir de estos resultados, las estrategias de intervención directa con los niños, en las familias, en las escuelas y en las comunidades deben estar orientadas al fortalecimiento de los aspectos relevantes que se indican en cada una de las categorías analizadas. De esta forma se propone:

- La conformación de grupos o redes de poyos de niños víctimas de la violencia intrafamiliar activa y pasiva que participen de manera sistemática en programas psisociales, que permitan el fortalecimiento de la autoestima, construcción del concepto de sí mismo y, en particular, su aceptación como seres con fortalezas y debilidades, dignos de ser amados. Temas como la expresión de sentimientos, la regulación de las emociones y el manejo de conflictos deben ser incluidos en estos programas de apoyo, para ofrecer así a los niños patrones de relación alternativos a los que han vivenciado en su vida familiar.

- Activar en estas comunidades programas de Escuela de Padres que brinden orientación y resocialización permanente a los principales cuidadores de estos niños en su funciones de crianza. Impulsar la gestión socializadora de la escuela, identificada como un entorno adecuado y generadora de confianza en los niños.

- Capitalizar las oportunidades de participación de los niños víctimas de la violencia intrafamiliar en entidades y actividades que favorecen su autorrealización, como son las instituciones deportivas, religiosas y ongs de orientación social.


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Revista Psicologia Desde El Caribe
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