Psicología desde el Caribe ISSN 0123-417X
e ISSN 2011-7485
No. 2-3, enero-junio 1999
Fecha de recepción: Diciembre 18 de 1998

Antecedentes, situación y perspectivas para el desarrollo institucional de la psicología en Latinoamérica

Julio F. Villegas*

* Psicólogo, Universidad de Chile. Doctoren Psicología Social Experimenta, Universidad Central de Venezuela. Miembro de la Sociedad Interamericana de Psicología y la Internacional Union of Scientific Psychology. (E-mail: mnassar@ctc-rmindo.net.)


Resumen

A través de un resumen histórico de las organizaciones que agrupan a los profesionales de la Psicología, el autor expone su punto de vista con respecto a la creación de un ente regional que aglutine a los psicólogos de Latinoamérica, Enumera las razones por las cuales considera que la región tiene las condiciones necesarias para asumir ladirección autónoma de la disciplina. De igual manera, plantea algunas sugerencias para la creación de una entidad para la psicología latinoamericana.

Palabras claves: Psicología, Asociación, Psicología latinoamericana


Abstract

Starting from the historical background of the organizations grouping psychologists, the author states his point of view about creating a regional association which joins Latin American psychologists. He lists some reasons for the region to assume the direction of the discipline autonomously. In the same way, he proposes some suggestions in order to create a Latin American Psychology Association.

Keywords: Psychology; Association, Latin American psychologists


Las intenciones, los propósitos y los proyectos para lograr una identidad institucional de la psicología latinoamericana tienen una larga trayectoria.

De acuerdo con los datos disponibles sobre la fundación de la más antigua organización de referencia, la Sociedad Interamericana de Psicología —SlP—, uno de sus objetivos centrales consiste en vincular a sus países miembros, buscando la posibilidad de que Latinoamérica se beneficie, en los aspectos relevantes de la psicología, de aquellas naciones donde la disciplina ya alcanza altos niveles de desarrollo, segán lo manifiesto Eduardo Krapf de Argentina, su primer presidente (1951).

La SlP ha contado desde su inicio con latinoamericanos en su junta directiva, y al ya señalado primer presidente se suman en el mismo cargo Oliver Brachfeld de Venezuela (1953-1959); José A. (1960-1966); Rogelio Díaz-Guerrero de México (1967-1969) y Amigo Angelini de Brasil (1971-1973), sólo por mencionar a quienes la han dirigido en sus primeros veinte años de existencia.

Por la lógica de la realidad, sin embargo, la presencia directiva de los latinoamericanos no tuvo igual reflejo en el contenido de los congresos interamericanos de psicología, en las publicaciones y actividades de investigación de la Sip, mayoritariamente encabezada por Usa y Canadá, y minoritariamente por la psicología latinoamericana en su conjunto.

Esta situación comenzó a cambiar en la década de los 70, cuando el interés, la asistencia y la participación latinoamericana empezaron a incrementarse de manera significativa, centrados específicamente en las áreas profesionales, en las aplicaciones de la psicología a la solución de problemas de la realidad nacional y su extensión a los problemas de índole socio-político de nuestros países. Desde luego, esto contrasta con las inquietudes preferentemente académicas de ciencia básica o fundamental predominantes en la región anglosajona de la Sip.

De esta manera, y también a raíz de las especiales reacciones que caracterizaban la época en cuanto a los conflictos políticos entre Usa y Latinoamérica, comenzaron a observarse manifestaciones de los psicólogos de nuestros países orientadas a configurar un organismo propio para la psicología latinoamericana.

Los antecedentes mis concretos, de acuerdo con nuestra experiencia, se remontan al 15o Congreso Latinoamericano de Psicología realizado en Bogotá bajo la presidencia de Rubén Ardila. Las reuniones paralelas al congreso consensualmente plantearon la conveniencia de conformar un organismo propio para la psicología latinoamericana, en función de intereses considerados incompatibles y conflictivos con los de Usa y en concordancia con la reacción antiimperialista que caracterizaba a aquellos tiempos. Idénticas reacciones se produjeron en los siguientes congresos interamericanos de psicología realizados en Miami, 1977; Lima, 1979 y Santo Domingo, 1981, sin que en ninguno de ellos hubiéramos obtenido avances concretos, iniciativas de producción y/o resultados evaluados.

Quizás esto mismo, y en respuesta a los repetidos fracasos, hizo que estas inquietudes prácticamente no se presentaran en los congresos de Quito, 1983; Caracas, 1985; La Habana, 1987, Buenos Aires, 1989 y San José en 1991.

Además de los repetidos fracasos también es posible que el desempeño de Gerardo Marín como Secretario General de la SlP desde 1975 hasta 1983 haya proyectado al interior de la entidad la participación y el desarrollo de los psicólogos latinoamericanos, obteniendo con ello una mayor satisfacción y logro de nuestros objetivos.

Por otro lado, y como tercera razón, debemos mencionar que también la década de los 70 permitió la caracterización de organizaciones latinoamericanas de psicología. En 1973 nació la Asociación Latinoamericana de Psicología Social (Alapso) y en 1975 la Asociación Latinoamericana de Análisis y Modificaciones del Comportamiento (AlAMOC), que con sus reuniones, publicaciones y libros escritos por psicólogos de nuestros países, programas académicos latinoamericanos y en sus respectivas especialidades han logrado desarrollar nociones de importancia; la Asociación Venezolana de Psicología Social (Avepso); la Asociación Chilena de Psicología Social (Achipso), hoy desafortunadamente inactiva.

En la misma década de los 70 se inició la publicación en español y portugués de libros de texto y de divulgación escritos por psicólogos latinoamericanos, en sus diversas especialidades, que ya hacen parte de la bibliografía en los programas nacionales de formación, lo cual contrasta con la bibliografía casi exclusivamente estadounidense y europea que se utilizaba en las escuelas de psicología latinoamericanas hasta esa fecha.

Al mismo tiempo, progresivamente se ha venido desarrollando e institucionalizando un conjunto de publicaciones periódicas en la psicología latinoamericana absolutamente reconocidas e incorporadas al sistema internacional, como es la Revista Latinoamericana de Psicología a nivel regional y las revistas nacionales de México, Colombia y Chile, sólo por señalar las más cercanas a mi experiencia, y el reconocimiento y la consolidación de programas de postgrado a nivel de maestrías y doctorados en psicología latinoamericana definitivamente establecidos, al menos en México, Colombia, Venezuela y Brasil.

En este marco general, las inquietudes para configurar una entidad propiamente latinoamericana para la psicología renacieron en el 24° Congreso Interamericano de Psicología, realizado en Santiago en 1993; se replantearon en el 25° Congreso de San Juan en 1995, y bajo la orientación de los psicólogos agrupados en el Mercosur volvieron a presentarse en el 26° Congreso de Sao Paulo del presente año. En Chile, las reuniones se centraron preferentemente en las posibilidades de reactivar las asociaciones latinoamericanas ya existentes y en la creación de otras, como la Asociación Latinoamericana de Psicología de la Salud (Alapsa).

En el Congreso celebrado en Puerto Rico se manifestó particular interés en los programas para la normalización de la enseñanza y la formación de un pregrado en psicología relacionado con el proyecto Alfa y la separación cada vez más evidente entre la psicología básica, fundamental o académica versus la psicología aplicada, profesional o tecnológica, cuya presencia es evidente en la región, según documento suscrito por cinco ex presidentes de la SlP. Aparentemente, en el Congreso de Sao Paulo se expuso la iniciativa de crear un ente latinoamericano que asumiera la conducción del desarrollo de la psicología en nuestros países en un nuevo marco general de referencia que caracteriza a nuestra época.

En este y en los próximos años la mayoría de los países latinoamericanos celebran 50 años de la existencia formal, académica, universitaria y profesional para la psicología.

Como lo señalamos en la celebración de los 50 años de la psicología en la Universidad de Chile, ya no podemos recurrir a la excusa de la inexperiencia, a falta de tradición o a la inmadurez para asumir la dirección autónoma de nuestra disciplina en su directa relación con el desarrollo nacional (Villegas, 1997). Considero que lo anterior es igualmente válido para toda la realidad latinoamericana. No tenemos pretextos para no asumir nuestra responsabilidad. Debemos entenderla como una exigencia personal a la que estamos obligados, pues tenemos que responder a los requerimientos de la sociedad. Y sin duda estamos preparados para ello.

Las condiciones que en el pasado impidieron la institucionalización de la psicología latinoamericana han cambiado, y en la actualidad configuran un escenario no sólo propicio sino demandante y, reitero, obligatorio, por lo menos en los siguientes sentidos, algunos ya señalados en este trabajo, y otros que se desprenden lógicamente del texto.

  1. Cincuenta años de tradición académica, universitaria y profesional invalidan los argumentos de inexperiencia, inmadurez y carencia de antecedentes evaluables en la mayoría de los países de la región.
  2. Las reacciones de competencia y de resentimiento de la psicología latinoamericana frente a la psicología anglosajona ya no tienen razón de ser, y hoy, en vez de motivaciones reactivas, han surgido tendencias pro-activas que en nada perjudican a las otras entidades involucradas, como es el caso de la SlP, sino que más bien clarifican sus respectivas áreas de acción y superan las dimensiones de dominio - sumisión; independencia - dependencia; competencia - cooperación.
  3. Contamos con experiencias diferentes pero indudablemente aprovechables que provienen de organismos regionales autónomos, como la acamoc, la Alapso y la Alapsa. Del mismo modo pueden incluirse en este rubro las iniciativas y logros de entidades nacionales como la Avepso; la Somexpso, la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, la Seo de Psicología y muchas otras.
  4. Podemos exhibir publicaciones periódicas ya establecidas y reconocidas nacional e internacionalmente del rango de la Revista Latinoamericana de Psicología, editada en Colombia; la Revista de Psicología Social; la Revista Chilena de Psicología; la Revista Terapia Psicológica, los Archivos Brasileños de Psicología, y otras.
  5. Lo mismo ocurre a nivel de libros escritos y editados por psicólogos latinoamericanos que ya han sido incorporados a la bibliografía de los programas de formación.
  6. Tenemos un desarrollo sustentable y en perfeccionamiento de los programas de postgrado a nivel de Maestría y Doctorado, por lo menos en México, Venezuela, Brasil y Colombia, y existe la posibilidad de crearlos en otros países de la región.
  7. Disponemos de regulaciones para el ejercicio profesional establecidas y perfectibles en México, Venezuela, Colombia y Chile, basadas en leyes constitucionales y normativas regulares.
  8. Observamos el desarrollo emergente de nuevas áreas aplicadas de particular relevancia para la realidad latinoamericana, cada vez más activas y en proceso de consolidación, como es el caso de la Psicología de la Salud, la Psicología Política, la Psicología Ambiental, la Psicología Forense, la Psicología Comunitaria, todas ellas de innegable valor para los problemas de la realidad latinoamericana.
  9. La psicología latinoamericana puede ya demostrar una creciente capacidad organizativa y de gestión a nivel de los eventos internacionales realizados por las asociaciones regionales mencionadas en el numeral 3o, al punto de que ya son muchas las reuniones efectuadas en los diferentes países de la región. Todavía más: de los 26 congresos interamericanos de psicología que se han realizado, sólo el de 1955, el de 1964 y el de 1976 tuvieron lugar fuera de Latinoamericana, y el próximo se realizará en Margarita, Estado de Nueva Esparta (Venezuela) para 1999.
  10. Ya no podemos tomar como excusa nuestra ausencia o lejanía de las instancias encargadas de tomar las decisiones, por cuanto en Latinoamérica los psicólogos hemos tenido y tenemos acceso a cargos y responsabilidades a nivel de rectoría en las universidades, decanato en las Facultades y dirección en las escuelas o departamentos e institutos de investigación. De igual modo, hemos incursionado en los gobiernos de nuestros respectivos países ocupando posiciones a nivel de ministerios y subsecretarías en la política nacional. Incluso es digno de desatacar el reconocimiento social que significa el otorgamiento del Premio Nacional de Ciencias al primer psicólogo latinoamericano que lo obtiene: José Miguel Salazar de Venezuela en 1996.
  11. Con mayor o menor participación, e incluso con la oposición crítica de algunas universidades latinoamericanas que tienen escuelas y departamentos encargados de la formación profesional, desde 1994 está en marcha el Programa América Latina Académica (Alfa), dedicado a la cooperación entre instituciones de enseñanza superior de la psicología y a promover la creación de roles para programas específicos, postgrados, seminarios especializados, proyectos de investigación e intercambio de alumnos y académicos.

Nos parece que una iniciativa como ésta amerita una discusión y participación amplia y transparente, en la cual han estado enfrentando muchas dificultades los colegas e instituciones que no disponen de un referente aglutinador de la psicología latinoamericana.

Todas estas razones y, por cierto, otras que no he mencionado sólo por desconocimiento, tienen además un marco general de desarrollo democrático en el subcontinente, en la mayoría de los casos con procesos dolorosos, trágicos, traumáticos e incompletos, pero todos ellos perfectibles y esperanzadores y no ajenos a la contribución de la psicología, demandada incluso por los dirigentes y responsables de las políticas nacionales, según lo expresó claramente Maira (1993). Esto último, la demanda de los políticos para exigir contribuciones psicológicas al desarrollo de la democracia, constituye, a nuestro juicio, un desafío que ya no podemos eludir.

En los intentos que se han hecho hasta ahora por configurar una entidad para la psicología latinoamericana, es posible que no hayamos logrado identificar tareas y objetivos concretos para realizar dicha tarea. Por eso me atrevo a señalar algunos, simplemente como sugerencias.

Considero importante la realización del Primer Congreso Latinoamericano de Psicología, evento en el cual podamos dar a conocer el estado actual de nuestra disciplina y profesión y compartir e intercambiar las experiencias nacionales. De esta manera, cada 2 o 3 años podríamos ir evaluando los avances y progresos.

Debemos diseñar, discutir y aprobar las bases reglamentarias y estatutarias para la formación de una entidad latinoamericana de psicología, aprovechando los documentos ya existentes en los que hemos trabajado y mejorándolos con todas las sugerencias que sean necesarias.

Es conveniente establecer una política genera! de publicaciones científicas representativa y oficial de la psicología latinoamericana en cooperación con la actual Revista Latinoamericana de Psicología, que se constituya en una alternativa y no en competencia de una publicación como ésta ampliamente reconocida en el ámbito internacional.

Hoy más que nunca considero factible la revitalización de una entidad como el Centro de Información Psicológica Latinamericana (Cipla), promovido en el Instituto de Psicología de la Universidad de Venezuela a partir de 1980, cuyo objetivo principal era constituir una base de datos que reuniera la investigación científica a nivel de pre y postgrado realizada en la psicología de los diferentes países de nuestra región.

Con base en lo anterior podríamos incrementar notablemente la investigación trasncultural en psicología latinoamericana, en la cual varios investigadores han mostrado sus trabajos en sus respectivos países, para observar las diferencias EmicS en cualquiera de los problemas comunes a nuestra realidad subcontinental. He tenido y mantengo este tipo de experiencias, y las considero altamente relevantes.

No me parece un despropósito examinar sólo con la intención de explorar las posibilidades de realizar lo que muchos otros profesionales han logrado y quizá constituir una Confederación Latinoamericana de Colegios Profesionales de Psicología (ClaCpsy), que sirva para intercambiar experiencias sobre el control y la tuición del ejercicio profesional en situaciones compartidas en nuestra realidad y ciertamente muy distintas a las que se presentan en Europa, Usa y Canadá, por decir lo menos.

Pienso, finalmente, que podríamos imitar, perfeccionar y recrear programas que, pese a todas sus vicisitudes, han logrado subsistir, progresar e incrementar el progreso. Me refiero a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales que todos conocemos como Flacso. La pregunta es: ¿Por qué no aspirar a una Facultad Latinoamericana de Psicología, que podríamos denominar Flapsy, dedicada a la planificación, implementación y realización de un postgrado en las áreas que se consideren prioritarias para la psicología de nuestros países?

En este trabajo sólo hemos querido señalar que en la psicología latinoamericana, la inmadurez, la inexperiencia o la falta de reconocimiento ya dejaron de ser pretextos que no se corresponden con los 50 años de existencia que tenemos.

Con los recursos que contamos y con las exigencias socio-culturales que se nos demanda, no asumir la responsabilidad en la conducción del desarrollo de la psicología en Latinoamérica podría catalogarse como más que temor, más que desgano, más que desidia. Considero que constituiría una excusa para no asumir una genuina obligación histórica, en la que invito a involucrarnos con responsabilidad y entusiasmo.


Bibliografía

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VILLEGAS F., J. y TORO, J.P. (1997). "La psicología en Chile". En M. Alonso (editorial). La psicología latinoamericana (en prensa).


Psicología desde el Caribe
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Barranquilla (Colombia)
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