Psicología desde el Caribe ISSN 0123-417X
e ISSN 2011-7485
No. 5, julio-diciembre 2000
Fecha de recepción: Noviembre de 2000

Club 55

Ramón Rojano*

* MD, MPH. Director de Servicios Humanos de Hartford. Profesor de Terapia de Familia, Central Connecticut State University. Profesor Honorario de Psicología, University of Hartford. Profesor Adjunto de Salud Pública, University of Connecticut Health Center. Miembro de la Junta Directiva de la Academia Americana de Terapia de Familia. (e-mail: rrojano@connix.com)


Resumen

Este artículo presenta una reconceptualización del concepto de envejecimiento. Se plantea la necesidad de revisar las etapas del desarrollo psicológico descritas por Erikson. Los recientes cambios demográficos y la prolongación de la expectativa de vida justifican el replanteamiento conceptual. Actualmente la tercera edad no es la última edad. Características que se le atribuían a este período de la vida ahora corresponden a la cuarta edad. El Departamento de Servicios Humanos de Hartford ha creado el Club 55, un proyecto basado en este nuevo paradigma.

Palabras claves: Desarrollo psicosocial, integridad del yo, desesperanza, calidad de vida, adultez mayor.


Abstract

This article presents a revision of the concept of aging. It puts forward the need to revise the stages of psychological development described by Erikson. The recent demographic changes and the increase of life expectancy justify this conceptual revision. Currently, the third age is not the last age. The characteristics which have been attributed to this period of life, now belong to fourth age. The Human Services Department of Hartford has created Club 55, a project based on this new paradigm.

Key words: Psychosocial development, self integrity, hopelessness, quality of life, elderly adulthood.


Envejecer con dignidad y gracia ha sido una de las principales metas que la sociedad normalmente asigna a los seres humanos en las últimas décadas de sus vidas. Al llegar a los 55 o 60 años se espera que las personas empiecen a «hacer inventario», a bajar el ritmo y a vivir una vida diferente. Retiro, recuerdos, reposo y placidez son algunas de las palabras que muy frecuentemente se asocian con esta edad. En la práctica, esta fantasía colectiva es muy difícil de materializar. En verdad, aún muchas de las personas que se mantienen independientes y saludables al comienzo de la jubilación, encuentran que necesitan superar muchos obstáculos para poder ser felices después de los 55 años. Hechos tales como la enfermedad o muerte del cónyuge, las limitaciones físicas crecientes, la falta de sistemas apropiados de apoyo, el estigma social, o simplemente la escasez de dinero y otros factores más, son barreras que impiden a los adultos mayores vivir una vida digna y plácida.

Este que ha sido un desafío histórico-tradicional para los proveedores de servicios humanos en general, se está multiplicando cada día debido a los grandes cambios demográficos que estamos observando. Gracias a los avances médicos contemporáneos y a la implementación de programas sociales más sofisticados, el despertar del nuevo milenio coincide también con el comienzo formal de la cuarta edad. La era de las tres edades quedó ya en los anaqueles del pasado. La longevidad se ha convertido en un hecho común de la vida. La pirámide demográfica tradicional, que incluía a un pequeño porcentaje de ancianos en la cúspide y muchos niños en la base, ha cambiado; ahora muestra una distribución más igualada a través de todas las edades. En los Estados Unidos, por ejemplo, uno de cada seis americanos es por lo menos un sexagenario. Esta realidad nos habla a gritos de la la necesidad de replantear y transformar los principios, la metodología y la estructura organizativa de los programas de servicios humanos, para así poder satisfacer las necesidades de una comunidad cambiante.

Para una conceptualización apropiada de los llamados servicios para las personas mayores se hace necesario un cambio radical en el paradigma que ha sido usado tradicionalmente. Al diseñar programas que encajen con las teorías de desarrollo psicosocial, la realidad emergente nos invita a dejar de pensar en los adultos mayores como individuos que tienen necesidades diferentes a los otros adultos regulares. En realidad, las personas mayores de 55 años se ven a sí mismos como personas normales que quieren gozar la vida como cualquier otro ser humano común y corriente. En verdad, esta población desea «coger un segundo aire», refinar sus habilidades, iniciar una segunda o tercera carrera, ganar buen dinero y tener una vida tan activa, social y divertida como el resto de nosotros.

El envejecer ya no es más una invitación al descanso y la convalescencia, sino otra faceta más de una vida interesante y productiva. Ahora es común encontrar gente que se autorrealiza y materializa sus sueños no logrados después de los sesenta años de edad. Muchos deciden ir a la universidad, re-entrenarse, volver a casarse o comenzar una nueva carrera. Ahora, ya muchos saben que hay toda una vida nueva que les espera a los sesenta, setenta, ochenta o aun noventa años de la edad.

Si Erik Erikson estuviese todavía vivo y enseñando en la Universidad de Yale, no sólo habríamos tenido el placer de invitarlo a venir a Hartford a gozar del baile anual del Otoño para los adultos mayores, y a muchas otras actividades del Club 55, sino que además le hubiéramos pedido que re-escribiera su tan famosa descripción de las 8 etapas del desarrollo sicosocial.

Según sus etapas del desarrollo sicosocial, la octava y última etapa, la madurez, comprende desde los 65 años hasta la muerte. Aquí el conflicto básico es: la integridad del Yo contra la desesperanza. La tarea básica es el reconocimiento y la aceptación del ciclo vital como un trabajo terminado exitosamente. Una culminación positiva del conflicto es un sentido de aceptación de sí mismo como uno es y sentir el placer del deber cumplido. Previamente, al final de la séptima etapa, se esperaba que la persona fuera bien productiva y contribuyera al desarrollo de una nueva generación. Se espera que al entrar en la última etapa, las personas entren en un proceso como de «congelamiento», autorreflexión y muy poca actividad.

Ha llegado la hora de mirar las teorías de Erik Erikson desde una perspectiva más amplia. Debemos asignar a Erikson el valor histórico que se merece. El creó un mapa conceptual muy valioso que nos permite entender el ciclo vital de una manera rápida y precisa. Crear este tipo de teoría al comienzo de los años cincuenta no fue sólo algo brillante, sino también una acitud visionaria. No obstante, como siempre acontece, esta visión fue desarrollada en otro contexto sociodemográfico, cuando en promedio la gente no pasaba de la sexta década de vida.

Si Erikson estuviera con nosotros, no nos cabe duda de que hubiera adaptado su teoría a las nuevas realidades que hoy vivimos. Sin embargo, dado el hecho de que Erikson murió en 1994, las nuevas generaciones tienen el deber y la responsabilidad de redefinir las etapas del ciclo vital de una forma actualizada y efectiva. La realidad es que ahora la mayoría de gente de 65 años de edad no está lista para dedicarse a la reflexión y el ocio, sino que muchos tienen mucha energía y sienten el impulso de viajar, trabajar, aprender cosas nuevas, participar activamente en actividades comunitarias y vivir una vida de alta calidad.

Con este paradigma en mente, el Departamento de Servicios Humanos de la ciudad de Hartford decidió comenzar el Club 55. Coordinado a través de la nueva unidad de Recreación para el Adulto Mayor, este proyecto ofrece servicios no tradicionales a las personas mayores de 55 años. Así se obvia hablar de ancianidad, vejez, geriatría u otros términos usuales. La meta principal del programa es ayudar a los miembros del club a vivir una vida independiente, saludable, exitosa y agradable. Esta meta se alcanza proporcionando servicios educativos y preventivos, aumentando el acceso y la utilización de los servicios existentes en la comunidad y patrocinando una serie de actividades sociales y recreativas a través del año. Ahora, cuando decimos «Club 55», las personas sonríen. La idea ha sido bien recibida y cientos de personas ya se han hecho miembros del Club.

Esta respuesta comunitaria nos ha alentado a buscar cada día nuevas formas de satisfacer las demandas de la época en que vivimos. Los postulados siguientes son apenas una parte de nuestro credo: 1) Al desarrollar programas para adultos mayores no debemos dejar que las limitaciones físicas de algunos sean las variables que rijan el proceso del diseño de programas. Debemos diseñar programas para adultos regulares, y entonces dejar que las limitaciones físicas maticen o cualifiquen algunos aspectos de la forma en que esos programas se implementan. 2) Las personas de 55 años de edad o más deben ser tratadas principalmente como personas que tienen espíritus jóvenes en cuerpos que siguen un proceso de envejecimiento normal. 3) No se trata de desarrollar programas para «otra clase de ciudadanos», sino de programas que cualquiera de nosotros pudiera usar y disfrutar.

De hecho, este enfoque nos va a ayudar a desarrollar programas que nosotros mismos podemos disfrutar en nuestros años venideros.

Referencias

ERIKSON, E. (1950). ChildhoodandSociety. Nueva York, Norton.

KAPLAN, H. y SADOCK, B. (1998). Synopsisof Psychiatry. Eight Edition. Baltimore, Williams & Wilkins.

WALSH, F. (1993). Normal Family Process. Second Edition. Nueva York, The Guilford Press.


Psicología desde el Caribe
Revista de psicología de la Universidad del Norte
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Universidad del Norte
Barranquilla (Colombia)
2013
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