ISSN Electronico 2011—7485
ISSN Impreso 0123—417X
Volumen 34, n.°1, enero — abril 2017
Fecha de recepción: 9 de febrero de 2014
Fecha de aceptación: 9 de enero de 2015
DOI: http://dx.doi.org/10.14482/psdc.34.1.9777


Funcionalidad familiar, número de relaciones y maltrato en el noviazgo en estudiantes de secundaria

Family functionality, number of relationships and dating violence in high school students

César Armando Rey Anacona, Ph.D.*
Yolima Bolívar Suárez, M.S.*
Jorge Arturo Martínez Gómez, M.S.**

* Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja (Colombia)

** Universidad de San Buenaventura, Medellín (Colombia)

Recibido: Julio 5 de 2016

Aceptado: Diciembre 6 de 2016


Resumen

Se sometieron a prueba dos modelos de ecuaciones estructurales para determinar si la funcionalidad familiar y el número de experiencias de noviazgo podrían predecir las conductas de maltrato ejercidas y sufridas por un grupo de 548 estudiantes de secundaria (294 mujeres y 295 hombres), entre 12 y 22 años de edad. Para ello se utilizaron sendas listas de chequeo de experiencias de maltrato en la pareja, con el fin de informar las conductas de maltrato ejercidas y recibidas, y la Escala de Efectividad en el Funcionamiento Familiar. Se encontraron dos modelos con indicadores de bondad de ajuste (NFI, RFI, IFI, TLI, CFI) por encima de .90 y RMSA por debajo de .05. Los resultados indican que los problemas en la funcionalidad familiar podrían favorecer un mayor número de parejas y que estos dos aspectos podrían predecir los malos tratos psicológicos, emocionales y físicos, ejercidos y sufridos en el noviazgo.

Palabras clave: Violencia en el noviazgo, adolescentes, relación de pareja, funcionalidad familiar, modelos de ecuaciones estructurales.


Abstract

Two models of structural equations were tested to determine if the family functionality and the number of dating partners could predict abusive behavior exercised and suffered by a group of 548 high school students (294 women and 295 men), aged 12 and 22 years old. Two checklists of experiences of partner abuse were used to inform behaviors exercised and received, and the Effectiveness in Family Functioning Scale. Two models with indicators of goodness of fit (NFI, RFI, IFI, TLI, CFI) above .90 were found, and MSYR below .05. The results indicate that problems in family functioning could promote a major number of dating partners and that these two aspects could predict psychological, emotional and physical abuse, exercised and suffered in dating.

Keywords: Dating violence, adolescents, relationship, family functionality, structural equation modeling.


Introducción

La violencia en el noviazgo se ha convertido en un problema de salud pública de interés mundial por su impacto a nivel físico y psicológico en adolescentes y adultos jóvenes (Morris, Mrug & Windle, 2015). Entre las dificultades con las que se ha relacionado se encuentran el bajo rendimiento académico, problemas en las relaciones sociales y escolares, embarazos no deseados, abuso de sustancias psicoactivas y alcohol, estrategias de control de peso poco saludables, comportamientos sexuales de riesgo y riesgo suicida (Belshaw, Siddique, Tanner & Osho, 2012; Horner, Grogan—Kaylor, Delva, Bares, Andrade, & Castillo, 2011; Valenzuela, Ibarra, Zubarew & Correa, 2013). Los estudios realizados en colegios y universidades han reportado prevalencias entre el 21% y el 80% de jóvenes que informaron haber sido víctima de algún tipo de violencia por parte de su pareja y del 22% al 60% de jóvenes que comunicaron haber utilizado algún tipo de violencia en contra de ésta (Arbach, Nguyen & Bobbio, 2015; Gressard, Swahn & Tharp, 2015; Lehrer, Lehrer & Zhao, 2010).

Debido a lo anterior, varios estudios se han dirigido a determinar las circunstancias que podrían favorecer la victimización y la perpetración, encontrando que el haber sido maltratado en la infancia, haber presenciado violencia entre los padres, tener actitudes a favor de la violencia y las experiencias previas de violencia se podrían relacionar con la violencia en el noviazgo (Carlson, 1990; Foshee, Bauman & Linder, 1999; Foshee, Bauman, Linder, Rice & Wilcher, 2007; Gagné, Lavoie & Hébert, 2005; Kinsfogel & Grych, 2004; Lehrer et al., 2010; Makin—Byrd, Bierman & The Conduct Problems Prevention Research Group, 2013; Martínez, Vargas & Novoa, 2016; Narayan, Englund & Egeland, 2013; Sears, Byers & Price, 2007; Smith, White & Holland, 2003). La exposición a la violencia entre los padres y el maltrato infantil, en particular, podrían incidir negativamente en el desarrollo cognitivo—social y favorecer la aceptación del uso de la violencia en la pareja, promoviendo así la violencia en el noviazgo (Alvarado, 2016; Rubio, Carrasco, Amor & López, 2015; Temple, Shorey, Tortolero, Wolfe, & Stuart, 2013; Zicavo, Palma & Garrido 2012). Haber crecido en un entorno familiar caracterizado por el control autoritario, el castigo físico, el afecto negativo, la carencia de afecto, la negligencia y la baja implicación parental son otros antecedentes familiares que se han relacionado con la violencia en el noviazgo (Chase, Treboux & O’Leary, 2002; Miller, Gorman—Smith, Sullivan, Orpinas & Simon, 2009).

La conformación de relaciones en edades tempranas puede ser un factor de riesgo para experimentar y ejercer violencia de pareja, debido a la inexperiencia e inmadurez propias de la adolescencia, por lo que los(as) adolescentes están en mayor riesgo que los adultos de experimentar violencia por parte de su pareja (Silverman, Raj, Mucci & Hathaway, 2001). Por lo tanto, aunque la violencia en la familia de origen podría relacionarse con la victimización y la perpetración, el entorno familiar podría constituir también un factor de protección de esta problemática en esa etapa de la vida al promover en los hijos habilidades de comunicación y de resolución de conflictos asertivas.

Alleyne—Green, Grinnell—Davis, Clark y Cryer—Coupet (2015), exploraron en jóvenes afroamericanos la influencia que tenía la figura paterna en la reducción de las conductas violentas y las conductas sexuales de riesgo en el noviazgo. Encontraron que la percepción de cercanía con sus figuras paternas podría disminuir la violencia en el noviazgo entre los hombres, mientras que en las mujeres dicha percepción se relacionaba con un número menor de conductas sexuales de riesgo. Los resultados de este estudio señalan que los hábitos de crianza positivos en los que hay una estrecha relación con los padres podrían ejercer un papel protector contra la violencia (Rubio et al., 2015). No obstante, no se ha examinado suficientemente los aspectos del funcionamiento familiar que podrían proteger a los adolescentes de involucrarse en situaciones de violencia en el noviazgo, un conocimiento socialmente relevante ya que brindaría pautas sobre aquellos aspectos que deberían fortalecerse para prevenir esta problemática desde la familia de origen.

Para Friedemann (1995), la funcionalidad familiar es la base para la generación y permanencia del vínculo familiar, promoviendo la cohesión, la estabilidad de la familia y la salud física y mental de sus integrantes. Está relacionada con el acuerdo mutuo, el compromiso, el afecto, la comunicación, el consenso, el apoyo, la participación en las decisiones, la distribución de responsabilidades, la solidaridad y la religiosidad. Según esta autora, la funcionalidad familiar debe procurar el cumplimiento de cuatro metas universales: la espiritualidad, la estabilidad familiar, el crecimiento de sus integrantes y la reducción del estrés producido por las demandas del entorno, a través de cuatro dimensiones: (a) la coherencia, es decir, unas relaciones armónicas que promueven la unidad familiar; (b) la individuación, o sea, el desempeño de unos roles y responsabilidades que permiten aprender de otros y de sí mismos; (c) el mantenimiento del sistema, es decir, el sentido de seguridad y autonomía al interior de la familia y (d) el cambio del sistema o incorporación de nuevos conocimientos para afrontar las demandas del entorno (Friedemann, 1995; Gómez, Castillo, Díaz, Luis & Cogollo, 2013).

Esta visión de la funcionalidad familiar junto con el instrumento resultante de esta teoría: la “Escala de Efectividad en el Funcionamiento Familiar” (Friedemann, 1991), podrían dar luces sobre los aspectos de dicho funcionamiento que podrían promover relaciones armónicas y satisfactorias fuera de la familia y, por lo tanto, constituir factores de protección de la violencia de pareja en la adolescencia.

Otra variable que podría estar relacionada con la violencia en el noviazgo es el número de parejas previas de los adolescentes. Romo (2008) entrevistó a un grupo de estudiantes universitarios, algunos de los cuales no habían tenido relaciones de pareja, otros algunas relaciones y otros muchas relaciones. Algunas de estas se caracterizaron por los participantes en buenos términos, por los tratos recibidos, por sentirse a gusto con la pareja y por haber tenido un impacto positivo en la vida de los participantes, mientras que otras se describieron como tormentosas, llenas de celos y sentimientos de posesión, dejando muy dolidos a quienes las tuvieron y prevenidos con respecto a sus relaciones futuras. Por su parte, Rivera, Allen, Rodríguez, Chávez y Lazcano (2006), encontraron que en 4587 mujeres de 12 a 24 años, la victimización se relacionaba con antecedentes de relaciones sexuales. Es posible así que un número mayor de relaciones de pareja genere un riesgo mayor de ser objeto de malos tratos en la presencia de factores de riesgo, como los mencionados previamente referentes al entorno familiar.

Este estudio se planteó como objetivo someter a prueba dos modelos que incorporaban de la funcionalidad familiar como posibles predictora de las conductas de maltrato en el noviazgo, uno para la victimización y otro para la perpetración, en una muestra de adolescentes varones y mujeres, tomando el número de experiencias de noviazgo previas como una posible variable moduladora entre las dos. De esta manera, se buscaba examinar si una baja funcionalidad familiar podría poner en riesgo a los y las adolescentes de ser víctimas o victimarios de este tipo de violencia y el papel que podría tener el número de relaciones de pareja.

Método

Diseño

Se utilizó un diseño correlacional—causal, implementándose la metodología de las ecuaciones estructurales (MES) para probar los modelos señalados.

Participantes

La muestra fue no probabilística, compuesta por 589 estudiantes, 294 mujeres y 295 hombres, entre 12 y 22 años de edad (M=15.3 años, DT=1.42 años), que se encontraban cursando los grados noveno a undécimo en tres colegios públicos de la ciudad de Tunja (Boyacá, Colombia). El 44% vivían en barrios de estrato socioeconómico bajo, seguido por un 43% que vivían en barrios de estrato bajo—bajo, conforme a la clasificación del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Los y las participantes reportaron haber tenido entre una y seis relaciones de noviazgo, siendo la moda seis relaciones con un 29.7% de los participantes (n=175), seguida por tres relaciones con un 18.3% (n=108) y dos relaciones con un 18% (n=106).

Los criterios de inclusión y exclusión fueron: (a) no tener hijos; (b) tener o haber tenido una relación de noviazgo y (c) haber aceptado participar voluntariamente en la investigación y contar con el consentimiento informado firmado por parte de un tutor.

Instrumentos

Ficha sociodemográfica. Se utilizó para recoger la siguiente información de los participantes: edad, sexo, estrato socioeconómico, grado que cursaban y número de relaciones de pareja. Esto último se indagó mediante la siguiente pregunta: “¿En cuántas relaciones de noviazgo ha estado involucrado(a)?”.

Escala de Efectividad en el Funcionamiento Familiar, versión en español (ASF—E; Grupo de Investigación en Funcionalidad Familiar, 2006). Es una versión traducida y validada a nivel facial por 30 expertos y 30 familias colombianas, revisada por la autora original del instrumento (Friedemannn, 1991). Permite medir la forma cómo se organiza la familia para funcionar y responder efectivamente como sistema a las demandas del entorno. Está conformado por 20 ítems con tres opciones de respuesta, que arrojan una puntuación global cuya rango oscila entre 20 y 60 puntos, y una puntuación en las siguientes dimensiones: (a) mantenimiento del sistema, cuyos ítems hacen referencia a acciones que mantienen la estructura familiar, con el fin de cubrir sus necesidades físicas, emocionales y sociales, como dormir, ejercitarse, alimentarse, actividades recreativas y de ocio; (b) cambio del sistema, que corresponde a la incorporación de nuevos esquemas o aprendizajes en la familia como resultado de situaciones de tensión o infelicidad; (c) coherencia, definida como la unión de los integrantes de la familia y los comportamientos necesarios para mantener la unidad, caracterizados por los valores y las creencias que practican como grupo, así como el reconocimiento de las particularidad de cada miembro y (d) individuación, referente a las actividades físicas e intelectuales que amplían el panorama de una persona a través del desempeño de un conjunto de roles y responsabilidades, le enseñan acerca de sí mismo y los otros, permitiéndole interactuar afectivamente con su entorno (Criado & Rubiano, 2009; Chávez, Friedemannn & Alcorta, 2000).

Gómez et al. (2013) aplicaron el instrumento a 276 mujeres de estratos bajos de la ciudad de Cartagena (Colombia), encontrando un índice de consistencia interna de .67 para toda la escala, .58 en la subescala de coherencia y .65 en la subescala de mantenimiento.

Lista de Chequeo de Experiencias de Maltrato en la Pareja Forma A (Rey—Anacona, 2009). Permite reportar la ocurrencia de 68 formas de maltrato realizadas por la pareja en personas solteras y sin hijos, las cuales corresponden con actos de maltrato físico, emocional, psicológico, sexual y económico, por medio de una escala tipo Likert con cuatro de respuesta: “Nunca” (0), “Una vez” (1), “Algunas veces” (2) y “Muchas veces” (3). Fue validado en su contenido por jueces expertos, presentando un alfa de .96 en la puntuación total, el cual osciló entre .77 y .92 por cada tipo de maltrato, en una muestra de 403 varones y mujeres entre 15 y 30 años de edad. En esta investigación se examinó la frecuencia general y de cada uno de estos tipos de maltrato que reportó haber sufrido cada participante.

Lista de Chequeo de Experiencias de Maltrato en la Pareja Forma B (Rey—Anacona, Mateus—Cubides & Bayona—Arévalo 2010). Permite informar la realización de 82 conductas de maltrato hacia la pareja, de tipo físico, emocional, psicológico, sexual y económico, en personas solteras y sin hijos, a través de una escala tipo Likert con las mismas opciones de respuesta. El instrumento presentó un alfa de .96 en su puntuación total en una muestra constituida por 562 adolescentes entre 15 y 20 años, encontrándose que el 50.54% de la varianza podría explicarse por seis factores. En esta investigación se examinó la frecuencia general y de cada uno de estos tipos de maltrato que reportó haber ejercido cada participante.

Procedimiento

Después de contar con los permisos del caso en las instituciones educativas y el consentimiento escrito de los adolescentes y sus padres, se efectuó la aplicación de los instrumentos de manera grupal en los salones de clase, en presencia del profesor del curso. Se brindó la siguiente información para obtener el consentimiento informado de los adolescentes y sus padres: el objetivo y procedimiento de la investigación, el carácter voluntario y anónimo de la participación en el estudio, información que se presentó en un formato de consentimiento informado firmado por ambos.

Análisis estadísticos

Inicialmente se calculó el coeficiente de correlación de Spearman entre todas las variables bajo estudio con el programa SPSS versión 21.0, utilizándose esta prueba de correlación debido a que algunas de estas variables no se distribuían de manera normal. Posteriormente, se evaluaron los dos modelos de ecuaciones estructurales anunciados con el programa SPSS Amos, a través del método de máxima verosimilitud, uno para la victimización y otro para la perpetración, tomando la funcionalidad familiar como predictora de la frecuencia general de malos tratos sufridos y ejercidos, respectivamente, y el número de relaciones previas como variable moduladora. En ambos casos se examinó si la funcionalidad familiar estaba efectivamente compuesta por las cuatro dimensiones propuestas por la ASF—E (mantenimiento del sistema, cambio del sistema, individuación y coherencia) y si los cuatro tipos de maltrato (psicológicos, emocionales, físicos y sexuales) se agrupaban alrededor de la frecuencia general de malos tratos sufridos y ejercidos.

Para evaluar la calidad de estos modelos se utilizó una combinación de los indicadores propuestos por Boomsma (2000) y McDonald y Ho (2002), con los cuales se puede calcular la bondad de ajuste al modelo. Los índices analizados fueron:

    — Para el ajuste absoluto: (a) Chi—cuadrado (X², significación ≥.05) y (b) Razón Chi—cuadrado/grados de libertad (X²/gl, < 3.00).

    — Para el ajuste comparativo: (a) Índice de Bondad de Ajuste Comparativo (CFI, ≥ .90) y (b) Índice de Tucker—Lewis (TLI, ≥ .90).

    — Otros índices: (a) Índice de Ajuste Relativo (RFI, ≥ .90), (b) Índice de Ajuste Incremental (IFI, ≥ .90) y (c) Raíz de Residuo Cuadrático Promedio de Aproximación (RMSEA, <.08).

Resultados

En primera instancia se presentan los resultados de los análisis de correlación efectuados a través de la prueba de Spearman, inicialmente en relación con la victimización y luego con respecto a la perpetración, y posteriormente los resultados de los dos modelos de ecuaciones estructurales evaluados.

Como se puede observar en la Tabla 1, se encontraron correlaciones negativas estadísticamente significativas entre la puntuación global de funcionalidad familiar y la frecuencia de malos tratos recibidos de tipo emocional y económico, y entre dicha puntuación global en funcionalidad familiar y el número de relaciones previas. La frecuencia de malos tratos emocionales también correlacionó negativamente con la dimensión de mantenimiento del sistema y positivamente con la dimensión de cambio y con el número de relaciones previas, mientras que la frecuencia de malos tratos económicos correlacionó negativamente con la dimensión de coherencia. El número de relaciones previas correlacionó negativamente con todas las dimensiones de la funcionalidad familiar, excepto con cambio. No obstante, todas estas correlaciones fueron bajas.

En la Tabla 2 se describen las correlaciones entre la funcionalidad familiar, el número de relaciones de pareja y la frecuencia de malos tratos ejercidos en el noviazgo. La puntuación global de funcionalidad familiar y, particularmente, la obtenida en la dimensión de mantenimiento del sistema, correlacionaron negativamente y de forma estadísticamente significativa con la frecuencia general de malos tratos y con la de cada tipo de maltrato. El número de relaciones previas también correlacionó significativamente, pero de manera positiva, con dicha frecuencia general y por cada tipo de malos tratos, excepto con los de tipo sexual.

Además de mantenimiento, la frecuencia de malos tratos psicológicos y la de malos tratos emocionales correlacionó negativamente con la dimensión de coherencia, mientras que la frecuencia de malos tratos físicos correlacionó con las dimensiones de individuación y coherencia, en tanto que la frecuencia de malos tratos sexuales correlacionó negativamente con la dimensión de individuación. La frecuencia general de malos tratos correlacionó negativamente con la dimensión de coherencia. Sin embargo, todas estas correlaciones fueron bajas.

En relación con la victimización, el modelo de ecuaciones estructurales confirmó que la funcionalidad familiar se podría considerar una variable latente exógena compuesta por cuatro variables observadas: las dimensiones mantenimiento del sistema, cambio del sistema, individuación y coherencia, mientras que los malos tratos en el noviazgo se consideraría una variable latente endógena compuesta por cuatro variables observadas: malos tratos psicológicos, emocionales, físicos y sexuales, mientras que el número de relaciones sería una variable endógena observada (véase la Figura 1).

Por su parte, el modelo de ecuaciones estructurales referente a la perpetración, lo constituyen las mismas variables observadas y latentes que el modelo anterior, excepto los malos tratos sexuales que no pueden ser explicados por el modelo (véase la Figura 2).

Estos resultados señalan, en general, que el efecto de la funcionalidad familiar sobre los malos tratos sufridos y perpetrados puede ser potencializado por el número de relaciones, es decir, este número de relaciones sería una variable moduladora entre la funcionalidad y los malos tratos. Sin embargo, la funcionalidad familiar también tendría un efecto directo sobre los malos tratos recibidos y ejercidos. Como se observa en la Tabla 3, los índices de ajuste respaldan tanto el modelo de victimización como de perpetración.

Discusión

El objetivo de este estudio fue someter a prueba dos modelos que incorporaban varios aspectos de la funcionalidad familiar como predictores de las conductas de maltrato en el noviazgo, uno para la victimización y otro para la perpetración, en una muestra de adolescentes varones y mujeres, tomando el número de experiencias de noviazgo previas como una posible variable moduladora la funcionalidad y el maltrato. Los análisis de correlación efectuados inicialmente mostraron una relación inversamente proporcional entre la puntuación global de funcionalidad familiar y la frecuencia de malos tratos emocionales y económicos recibidos, así como entre dicho puntaje y la frecuencia general y de cada tipo de maltrato ejercido. La funcionalidad familiar y sus dimensiones también correlacionaron de manera inversamente proporcional con el número de relaciones de pareja (excepto con la dimensión de cambio), mientras que este número de relaciones correlacionó positivamente con la frecuencia de malos tratos económicos recibidos y con la frecuencia general y de cada tipo de maltrato ejercido, excepto los de tipo sexual.

Los anteriores resultados son coherentes con los obtenidos con la MES, que indican un efecto directo y negativo de la funcionalidad familiar sobre la victimización y la perpetración, así como sobre el número de relaciones de pareja, variable que resultó ser moduladora entre la funcionalidad familiar y los malos tratos recibidos y ejercidos. El modelo de victimización explicó cuatro tipos de maltrato (psicológico, emocional, físico y sexual), mientras que el modelo de perpetración tres (psicológico, emocional y físico).

Estos resultados sugieren que entre menor es la funcionalidad familiar mayor la probabilidad de ser objeto y perpetrador de malos tratos en el noviazgo en la adolescencia, lo cual es coherente con hallazgos previos en los cuales se examinó el papel de diferentes aspectos negativos de la dinámica familiar como el autoritarismo, la falta de afecto y la poca implicación parental (Chase, Treboux y O’Leary, 2002; Miller, Gorman—Smith, Sullivan, Orpinas & Simon, 2009). En particular, estos hallazgos señalan que aspectos como la capacidad del sistema familiar para cubrir las necesidades físicas y emocionales de sus integrantes, su capacidad de cambio ante situaciones estresantes, la unión de sus miembros y el reconocimiento de cada uno dentro del sistema, todos ellos medidos por la EFF—20 (Friedemann, 1995), podrían proteger a los y las adolescentes de situaciones de maltrato en el noviazgo. Además, con el respaldo de estudios confirmatorios, podrían considerarse en la prevención de esta problemática si se considera que el fortalecimiento de la funcionalidad familiar podría disminuir la probabilidad de ejercer o ser objeto de malos tratos en las primeras relaciones románticas de la adolescencia.

Los resultados también señalan que la funcionalidad familiar promovería un menor número de parejas afectivas en los y las adolescentes, lo cual podría explicarse si se asume que dicha funcionalidad favorecería la estabilidad en las relaciones afectivas y por ende una probabilidad menor de terminar dichas relaciones. Sin embargo, este aspecto debe ser examinado a profundidad a través de otros estudios.

Estos resultados también sugieren que entre mayor es el número de relaciones previas mayor sería el riesgo de ejercer malos tratos hacia la pareja en el noviazgo. Es posible que esto se deba a las mismas conductas de maltrato, ya que éstas llevarían a la finalización de las relaciones y a tener así un mayor número de parejas. No obstante, se requieren otros estudios para confirmar y dilucidar esta relación entre el número de relaciones previas y la ejecución de malos tratos en el noviazgo.

Los resultados señalan igualmente que este número de relaciones previas podría incrementar el efecto de una baja funcionalidad familiar sobre los malos tratos en el noviazgo, aunque la funcionalidad por si misma tendría un efecto directo e inverso sobre la victimización y la perpetración. Según esto, un menor número de parejas previas disminuiría el impacto negativo de una baja funcionalidad familiar, mientras que un número mayor lo incrementaría. Así, estos hallazgos sugieren que la baja funcionalidad familiar incrementaría el número de relaciones de pareja y que entre mayor es el número de relaciones mayor sería el impacto de una baja funcionalidad familiar sobre la victimización y la perpetración.

Como fortalezas de este trabajo se pueden señalar el tamaño de la muestra, la participación de hombres y mujeres, y la utilización de instrumentos y pruebas estadísticas pertinentes conforme a los objetivos del estudio. Sin embargo, la muestra no se seleccionó de manera aleatoria y los resultados tienen limitaciones en su generalización debido a la participación de adolescentes escolarizados de estratos socioeconómicos bajos, lo que hace conveniente la realización de este estudio con adolescentes no escolarizados, de otros estratos y regiones. Asimismo, se recomienda utilizar instrumentos que recojan información sobre otros aspectos de los malos tratos diferentes a la frecuencia, aspecto contemplado en los instrumentos implementados en este estudio.

En conclusión, los resultados obtenidos en esta investigación indican que la funcionalidad familiar podría tener un efecto protector en relación con la victimización y la perpetración de malos tratos en las relaciones de noviazgo en la adolescencia, promoviendo un menor número de relaciones afectivas y una menor tendencia a ser objeto o ejercer este tipo de conductas. La alta funcionalidad familiar se convierte de esta manera en un posible factor de protección a la vez que la baja funcionalidad sería un factor de riesgo de este tipo de violencia, por confirmar en estudios posteriores. Asimismo, un menor número de relaciones afectivas disminuiría la probabilidad de ejercer conductas de maltrato en el noviazgo de diferente tipo y disminuiría el impacto de la baja funcionalidad familiar sobre la realización de este tipo de conductas, aspectos que podrían tenerse en cuenta en la evaluación e identificación de los y las adolescentes involucrados en relaciones caracterizadas por tales comportamientos, una vez se cuente con estudios confirmatorios.


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Psicología desde el Caribe
Revista del Programa de Psicología de la Universidad del Norte
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Universidad del Norte
Barranquilla (Colombia)
2015
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